viernes, 28 de junio de 2013

Pena, peníta, pena


Bajonazo. Ya puedo decir que me he encontrado con una de las mayores decepciones del año. Esperaba este "El hombre de acero" como agua de mayo, y de primeras pintaba que las expectativas se iban a cumplir por todos los implicados en ella. Pero desgraciadamente, en esta ocasión el resultado  ha sido inferior (bastante inferior) a la suma de todas sus partes.

Clark Kent (Henry Cavill) un joven con misteriosos y enormes poderes de origen desconocido, se dedica a vagar por el mundo para buscar una explicación a estos. Una serie de hallazgos harán que todo de precipite, haciendo que Clark Kent se vea obligado a decidir si salir de su anonimato, encarar su destino y hacer frente a la mayor amenaza que ha sufrido nunca el planeta.

Pues, como ya he dicho, y como ya mostré en su día, esta película era una de las que más esperaba. Nunca he sido un gran conocedor de Superman, ni gran seguidor de sus tebeos, más allá de algunas etapas puntuales imprescindibles en cualquier tebeofilo que se precie, pero si una película asociaba a dos de los directores que más me han interesado en la pasada década, podía contar con mi dinero. Por eso mismos la decepción ha sido mayor. Y es que Zack Snyder, probablemente mi director favorito entre los surgidos la pasada década, ha realizado aquí su peor película. Así de simple. No digo que sea una absoluta perdida de tiempo, pero la balanza se inclina claramente hacía lo negativo.

El guión, por ejemplo, es una suma de despropósitos (los más) e ideas brillantes (alguna que otra hay). Entre las brillantes, la estructura del guion. En lugar de hacer un seguimiento cronológico de la evolución del personaje, está narrada con flashbacks. Me parece una buena manera de romper así el esquema típico de película de superhéroes tantas veces visto: trauma infantil-despertar de poderes adolescente-desorientación vital-decisión de hacer el bien-conversión en superhéroe.  Además los flashbacks, no es que sean maravillosos, pero cumplen con su función (aunque el que peor queda es el que tendría que haber sido más emotivo…), en gran parte gracias a la labor de los actores que interpretan a Clark Kent de niño y adolescente y a la labor de Diane Lane y Kevin Costner como Ma y Pa Kent. También podrían haber estado bien las referencias mesiánicas si hubieran estado mejor resueltas, pero no es el caso. Quitando esto, el resto dela historia deja bastante que desear. Más que problemas puntuales, el fallo esta en el enfoque dado a la historia, que es demasiado serio. No hay prácticamente ningún chiste. Y la historia de amor, por más que los actores hagan lo posible para defenderla, queda forzadísima. Por momentos parece que ha Superman le han puesto novia para que nadie piense que es homosexual. Yo creo que  esto ha sido culpa sobre todo de Goyer y Nolan, ya que Snyder ha demostrado en todas sus películas su sentido del humor irónico respecto a lo contaba en sus películas. Han aplicado el acercamiento serio y realista que utilizaron con Batman, que no hay que olvidar que no deja de ser un humano, y claro, aquí no funciona.Vale que Superman tiene que encontrar su lugar en el mundo y tiene un origen trágico, pero quien tiene esos poderes no puede tomarse la vida con la misma seriedad que Bruce Wayne. Alguien así tiene que estar más relajado y menos circunspecto. Tampoco me gustó nada la resolución de la pelea final: es bastante ridícula y forzada   SPOILER No ha podido vencer a Zod en ningún momento, y de repente le hace una llave Nelson (de esas de Pressing Catch...) y con eso le reduce por completo. Ya podía haber hecho eso desde el principio, y le   ahorraba un montón de trabajo al servicio de limpieza, que va a sudar la gota gorda para recoger tanto escombro… Y luego está el tema de que acabe con la vida de Zod, y se quede tan tranquilo. Pega un grito –¡¡¡YEEEAOU!!!, y con eso se queda tan tranquilo. ¡Vamos, hombre! FIN DEL SPOILER

Y ahora lo que más me duele que falle en la película, y es la puesta en escena de Zack Snyder. Este tío ha firmado acción como nadie, logrando secuencias entre lo epatante y lo ironico pero siempre rebosantes de adrenalina (“Amanecer de los muertos”, “300” y “Sucker Punch”) pero también logrando ser elegante y majestuoso cuando la ocasión lo requería (“Watchmen”). Bueno pues esta ocasión requería todo eso, y se queda en corrección. Las batallas son espectaculares, pero no logran emocionar al espectador como debieran. Y luego está el hecho de que, no se sí se ha visto una sobredosis de películas de los 60 en la preparación de esta cinta o qué, pero se ha empeñado en incluir zooms y rodar todo como si fuera cinema-verité con pulso tembloroso. ¿Con que motivo? Estamos hablando de una película con un personaje más grande que la vida. Estoy no hay que rodarlo con cámara en mano y con picados absurdos, si no capturando la inmensidad de sus acciones. Y esto es algo que sorprende viniendo de un hombre que ha puesto la cámara en los sitios más inimaginables en sus anteriores trabajos.

Otra cosa que no me gusto mucho fue el diseño de Kripton, que tiene un diseño biomecánico (vale que H.R. Giger mola, pero no siempre hay que hacerle referencia...) que no le pega mucho, con unas naves que parecen una mezcla entre una cagarruta de oveja y una mariquita. La música de Hans Zimmer no está del todo mal, pero tampoco triunfa del todo: parece un continuo crescendo que no termina de fructificar en el tema mítico que la película estaba pidiendo a gritos.
Y los actores, bueno, cumplen bastante dignamente con su cometido, menos uno de ellos, el que menos me esperaba que fallase: Michael Shannon. Este hombre ha bordado prácticamente todo lo que ha hecho, y aquí compone un villano que ni aterra ni genera compasión, que es lo que la ocasión pedía a gritos. Y luego esta su destino, uno de los más ridículos que se ha visto nunca para un villano en una película de superheroes.

Hasta ahora he evitado, voluntariamente, compararla con el "Superman" de Richard Donner. Y es que esta película queda deslucida por si misma. Si la comparamos con el gran trabajo que realizó Donner, queda a la altura del barro...

En fin, una oportunidad malgastada. Si, como se ha rumoreado, esto es el origen de la Liga de la Justicia (hay algunos guiños, pero demasiado sutiles como para despertar la simpatía en el espectador geek... Nada que ver con el festival que fueron "El increible Hulk" y "Iron man"), espero que enderecen el asunto, porque mala manera es esta de iniciar varias franquicias... Para dejar mejor sabor de boca, acabo con una canción llamada "Superman", que siempre me ha gustado. Andarse al loro, que los 90 están a punto de volver a ponerse de moda...


jueves, 20 de junio de 2013

Recuperando clásicos (X): "El club de la lucha"


Pues ya estaba tardando mucho esta película en aparecer por aquí, pero eso va a quedar arreglado, ya que el otro día saqué un rato y volví a disfrutar de esta obra maestra.
Finales del siglo XX en una ciudad norteamericana cualquiera. Jack (Edward Norton) es un alto empleado de uan empresa automovilística, que a pesar de aparentemente tenerlo todo para no ser infeliz, lo es totalmente. Su insomnio le lleva a probar de todo, hasta que descubre que la única manera de dormir es hacerse pasar por enfermo terminal y acudir a grupos de autoayuda, para así sentir la cercanía de la gente. Esto es solo el principio de una espiral que le llevará a conocer a personas límite como Marla (Helena Bonhan-Carter) y Tyler Durden (Brad Pitt) que le harán replantearse su vida y sacarán facetas completamente desconocidas de él.
A PARTIR DE AQUI ABSTENERSE LOS QUE NO HAYAN VISTO LA PELÍCULA ¡¡Y QUE LA VEAN DE UNA VEZ!! ¡¡PERO YA MISMO!!
¡Como me la jugó el cabrón de David Fincher! Ahí estaba yo con mis amigos el día del estreno, 5 de
Noviembre de 1999, con 18 años y ganas de ver lo nuevo del tío que había dirigido "Seven" y "The game", que eran buenos thrillers y tal. Pero de ahí a estar preparado para que Fincher demoliese mis cimientos como hacen con los edificios del final de la película, había un trecho... Y es que esta película es todo un collejón en el pescuezo. Es para mí generación lo que para la generación de los  60 fue "El graduado": una llamada a despertar y darse cuenta de que la vida no es todo lo que llevan años intentando hacer que creas. Ser consciente de esto de esto te va doler tanto como las hostias que se ven en la película. Pero al igual que le pasa a los personajes, gracias a todo este sufrimiento, es posible que aprendas a valorar más las cosas que tienes en la vida y el alcance de tus capacidades.
El origen de esta película hay que buscarlo en la novela del mismo nombre de Chuck Palaniuhk, que desconozo, pero que habiendo leído tres o cuatro obras de su autor, seguro que se trata de una debil hilazón de episodios entre humorísticos y truculentos con más o menos gracía... De ahí podría haber salido algo meramente entretenido como lo fue por ejemplo "Asfixia", la otra adaptación que se ha hecho de una obra de este hombre. Pero afortunadamente ahí estaba David Fincher, el mejor realizador surgido en los últimos 20 años, que ya había intentado hacerse con los derechos de la novela, pero no pudo, y que por esas cosas de la vida, le fue ofrecido el proyecto cuando Danny Boyle lo rechazo. Y quizás Boyle hubiera logrado algo bueno, pero yo creo que unicamente Fincher era el director capaz de  destruir todo con esta película.
Porque esta es la película más punk de todos los tiempos. O por lo menos la más punk que yo me he echado a la cara. ¿Por qué que puede haber más punk que ridiculizar a los grupos de autoayuda y crecimiento para ensalzar un grupo de autodestrucción que finalmente es retratado como una cuadrilla de borregos descerebrados sin cabeza capaz de acatar cualquier orden que se les dé sin plantearse motivos o consecuencias? Tal y como lo retrata esta película son igual de tontos (o de listos, según como se mire) los grupos de autoayuda y los grupos antisistema o antiglobalización o como quiera llamarse. No es el pertenecer a algo lo que te hace mejor o peor persona, sino la reflexión que te haya motivado a hacerlo. Por eso yo siempre he pensado que esta película debería formar parte del programa educativa de todos los institutos. Pero estoy convencido que va a ser más fácil que se descubra el bacon light a que ocurra esto, pero la esperanza es lo último que se pierde...

Pero la manera que tiene Fincher de remover conciencias es más sutil de lo que podría parecer. Lo que visto de manera (muy) superficial, podría ser tomado como una apología de la violencia (violencia que es mostrada en todo su crudeza, salpicando al espectador con fluidos y huyendo de toda banalización), es en realidad una llamada a volver a entrar en contacto con nosotros mismos y a reflexionar sobre el mundo que nos rodea y el papel que jugamos en él. A veces ese aprendizaje viene a base de hostias, pero bienvenidas sean si nos hacen despertar e intentar cambiar esta sociedad pasteurizada en la que vivimos. Y siguiendo con las interpretaciones erróneas, otra chorrada más que se oye sobre esta película es que es machista. A mi parecer no lo es en absoluto, ya que los hombres son retratados como seres bastante infelices y con el cerebro y el corazón bastante huecos: lo mismo se apuntan a un grupo de autoayuda que se unen a un club paraterrorista de tintes sectarios. Solo hay que ver la delirante evolución del personaje de Robert Poulson: de culturista de éxito a depresivo emasculado con pechos gigantes para acabar como el primer martir del club de la lucha. Un carrerón, vamos. Además, aunque salgan pocos personajes femeninos (basicamente, solo sale uno, Marla), no creo que salga peor parado que los personajes masculinos en el balance final de la película.

Hasta ahora me he limitado a hablar de la trama de la película, que está muy bien, pero si por algo a pasado a la Historia esta cinta es por la puesta en escena de Fincher. Tomando siempre un punto perspicaz e irónico, que impregna todo el metraje de la película con un humor con bastante mala uva, hace un compendio de cine total, utilizando todas las técnicas imaginables: rupturas de la cuarta pared, planos imposibles, ralentis, imágenes subliminales, escenas en las que el negativo parece a punto de salirse del rollo, bullet time, cámaras capaces de atravesar edificios, flashbacks, flashforwards… Todo eso y mucho más, pero sin caer nunca en lo gratuito: todo son pistas que van introduciendo al espectador en este mundo fascinante y haciendo que cada vez tenga menos agarraderos, para terminar de descolocarle con el final. ¡Ay, el final! Es un giro que te hace replantearte todo lo que has visto hasta ese momento, pero que no es el objetivo único de la película. De hecho, el verla conociendo la sorpresa, aumenta su capacidad de sugestión, un poco como pasa en su contemporánea “El sexto sentido”. Así uno se va dando cuenta como Tyler Durden y Jack no hablan a la vez con nadie en la misma escena, o como no hay ningún plano de Durden en el que la cámara este por encima de la altura del hombro de Jack. O que la atracción homosexual que por momentos se siente entre Jack y Tyler Durden, no esta ahí solo para provocar a la platea.

Por último los actores, que entran en el juego y dan lo mejor de si mismos. Brad Pitt está aquí en el que probablemente sea el papel de su carrera y no duda en poner toda la carne en el asador, metafórica y explícitamente hablando… Es de agradecer aquí que no tuviera ningún miedo a insinuar la  citada homosexualidad latente en la relación entre Jack y Tyler Durden, asumiendo la mayoría de sus escenas con medio pubis al aire y prestándose a vestir en muchas secuencias una bata rosa que le convierten en toda una ama de casa. Edward Norton, que ya venía despuntando, se confirmo como uno de los mejores actores de su generación con su interpretación en este película y en “America History X”. Y Helena Bonhan-Carter empezó a cambiar aquí la imagen de chica-buena-en-películas-de-época para dejar de ducharse y peinarse e ir asumiendo su papel como futura señora de Burton. También merece una mención el simpático trabajo que realiza Meat Loaf en una de sus dos imprescindibles incursiones en el cine (la otra sería su interpretación de Eddie en “The Rocky Horror Picture Show"). Y Jared Leto, del que lo mejor que podemos decir es que encaja muy bien la paliza que le pegan.

A nivel técnico, esta cinta, como todas las de Fincher es impecable. La fotografía es estupenda con estilo oscuro y ocre que destaca el aspecto humano y marginal de la película, y que saca mucho partido a los recintos cerrados, que son la mayoría de la película. Y el montaje es de los que hacen época, con un estilo ágil fascinante, imitado hasta la extenuación por un montón de directores que han venido después con la intención de hacer sus películas rápidas y cañeras. Sin el mismo resultado, por supuesto. Y por supuesto la música. Además de la banda sonora electrónica a cargo de los Dust Brothers, suena Tom Waits, y sobre todo los Pixies. Nunca he sido mucho de los Pixies, pero la imagen de los edificios derrumbandose con "Where is my mind?" de fondo, es una de esas secuencias que no se olvidan.

Aunque también tengo que reconocer que la película tiene un bajón de ritmo cuando lleva unos 90 minutos de metraje, a partir del momento en el que los miembros del Club de la Lucha se encierran en el caserón y empiezan a vivir como una secta. Aquí la cosa se hace algo monótona. Pero afortunadamente, a partir del momento en el que desaparece Durden, la cosa remonta y no para hasta el soberbio final.


En fin, una de las mejores películas de los 90, y probablemente la cinta cuya visión más me ha afectado en la vida. Me da igual si alguien piensa que soy un pesado, insisto: todo ser humano debería verla. Y varias veces mejor que una.