El detective privado Holland March y el arreglador Jackson Heally son dos hombre que viven un tanto a la deriva, pero que que verán como sus vidas chocan, y posteriormente se cruzan al encontrarse con una trama delictiva que les pondrá al límite a todos los niveles.
Resulta difícil para alguien que vivió su en formación fílmica el auge del cine de acción norteamericano de finales de los 80 y principios de los 90 es imposible no tener en estima a alguién como Shane Black, el responsable de dar sus señas de identidad a la buddy movie de acción. A base de poner al día conceptos del noir más pulp, comedia, violencia y referencias pop (que anticiparon lo que Tarantino realizaría en las décadas venideras...), los guiones de este hombre marcaron a fuego a una generación de cinéfilos. Recuperado con dos grandes películas como "Kiss kiss bang bang" (para la cinefilia) y "Iron Man 3" (para los estudios), con este "Dos buenos tipos" retoma un proyecto personal que reafirma todas sus señas de identidad. Para lo bueno y,lastima, para lo malo.

cómica de Ryan Gosling (Crowe no sorprende porque casi siempre es genial), Black despliega una alambicada trama de cine negro que abarca desde movimientos contraculturales de protesta hasta magistrados pasando por la incipiente y casi entrañable escena pornográfica de los 70 y la entonces aun potente industria automovilistica de Detroit. Pero el disfrute no está tanto en seguir el desarrollo de la trama como en disfrutar el viaje.

Sin embargo, no todo iba a ser maravilloso, ya que quizás Black se haya dejado llevar por su ingenio y haya pecado de introducir demasiadas paradas en el camino, sobre todo en el tramo final, donde se acumulan demasiados falsos finales, entorpeciendo el ritmo de la película.

En cuanto al aspecto visual, además del cuidado diseño de producción y el buen manejo del gag, tanto de diálogo como visual, resultan curiosas las escenas de acción. Lejos de la tendencia de tour de force in crescendo que dirige el cine de acción actual, Black prefiere mantener la cinta en una escala más pequeña y surrealista, más cercana al slapstick de Buster Keaton que a la grandilocuencia de, pongamos, maestros como John McTiernan o James Cameron.
Por todo esto la resulta resulta una agradable y curiosa sorpresa, casi una rareza en el panorama del cine norteamericano actual. Solo por eso merecería ya una oportunidad.