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martes, 29 de diciembre de 2015

Un hombre firme.


James Donovan es un abogado de prestigio, que, en plena Guerra Fría, y por motivos que poco tienen que ver con la justicia, se ve obligado a defender a Rudolf Abel, supuestamente un inglés acusado de ser un espía soviético. Su trabajo se complicará aun más, cuando un piloto norteamericano caiga en las manos de los comunistas, y Rudolf Abel pase a ser moneda de cambio, y James Donovan se convierta en el negociador en este proceso.

Spielberg continua por la senda marcada por su previa "Lincoln"; tomar un hecho histórico y abordarlo más desde la perspectiva personal de su principal protagonista que de la histórica, para, al igual que aquella. refleja la determinación de un hombre por defender y llevar a cabo aquello en lo que cree. Como era de esperar, hay en esta película ecos del cine de Frank Capra (que siempre ha sido un referente para el barbudo de Ohio) y del Atticus Finch de "Matar a un ruiseñor": el protagonista en un patriota que aplica la ética y la moral hasta sus últimas consecuencias, aunque eso le haga ser atacado y practicamente repudiado por la sociedad a la que pertenece, y casi por su familia. A este respecto la secuencia que mejor define al personaje de James Donovan, (interpretado por Tom Hanks con su habitual excelencia), es el emotivo momento en la que su defendido le narra la anécdota de el "hombre firme", que además de al protagonista, ilustra muy bien la corriente de simpatía que se ha generado entre ambos. En este punto, hay que señalar la excelente labor que lleva a cabo Mark Rylance interpretando a Rudolf Abel, ese hombre templado y (aparentemente) sin sentimientos, que para el que esto firma, se trata de la mejor actuación que vista este año.

En cuanto al desarrollo de la película, la verdad es que a pesar de sus más de dos horas, transcurre en un suspiro. El realizador da muestras de su gran manejo del suspense (la persecución que abre la cinta:  el momento en el que Donovan se siente perseguido y e intenta escapar; o en la tensa secuencia del intercambio del puente); del humor, que como en casi todos los trabajos de Spielberg, se extiende a lo largo del metraje (no exento, eso sí, en esta ocasión de un poso amargo...), solo que en este caso tira más hacia lo absurdo, en lo que quizás sea consecuencia de la labor de reescritura llevada a cabo por los  hermanos Coen; de la acción con la breve pero excelentemente ejecutada secuencia del accidente aereo; y de los momentos emotivos, como la citada anécdota de "el hombre firme", o las secuencias que implican a la familia de Donovan.

Sin embargo, ha sido en la puesta en escena, donde he encontrado el problema que a mi parecer malogra en parte la película. Al contrario de otros trabajos del realizador, en los que abundaban los planos llenos de movimientos de cámara vistosos, o de planos en los que la cámara parece ser un personaje más que se asoma a la secuencia, en este caso ha optado por una puesta en escena más marcada por el montaje que por el diseño del plano. Aunque esos recursos visuales son los que han forjado el facilmente reconocible estilo de realizador, aquí, la repetición de secuencias en distintos lugares y momentos es lo que se convierte en la principal herramienta narrativa. Una elección respetable y hasta cierto punto lógica, ya que dado que la película trata del enfrentamiento entre los dos bloques de la Guerra Fria, esta es una buena manera representarlo.
El problema es cuando esta herramienta narrativa acaba teniendo como único fin el ridiculizar el sistema sovietico: hay momentos en los que se roza la caricatura de brocha gorda, y ensalzar el norteamericano hasta el punto de llegar casi a convertirse en un panfleto proamericano. Desde luego que es el punto de vista del director y que tiene algo de verdad, pero por instantes  se le escapa las cosas de la manos. Hay están las citadas secuencias paralelas que comparan el trato que reciben los prisioneros norteamericanos y los soviéticos, que probablemente tengan algo de cierto, pero con la labor de montaje que las pone en comparación, resultan un tanto maniqueas. Pero quizás el momento que más me chirrió y estuvo a punto de sacarme de la película fue la secuencia del tren a través del muro de Berlín y su posterior espejo en el lado norteamericano (no explicaré más para no destriparla), que roza los sonrojante.

Y ahora vendrán  dos grupos de personas. Por un lado, los que aduzcan que tampoco es complaciente la imagen que da del sistema americano, cínico, que da veneno para inmolarse a los espías que caigan en manos enemigas, y que esta más preocupado de dar imagen de democracia y justicia al mundo exterior que de realmente serlo. A estos les digo que aunque se vierta cierta visión descreida sobre el sistema norteamericano, al compararlo con el ruso, se vuelve en comparación, un paraiso. Y por otro, los recalcitrantes, que digan que eso no es nuevo en Spielberg, y que siempre ha sido un blando y un defensor a muerte de la tarta de manzana y el tío Sam. Y a estos les respondo que de ninguna manera. En muchas de sus películas, a pesar de su aparente ligereza, hay una visión bastante más crítica de lo que podría parecer contra EE.UU. y por extensión el capitalismo occidental. Vease la crítica a la sociedad consumista y obnubilada por las apariencias que es en última instancia "Atrapame si puedes"; el ataque a la política migratoria de Norteamérica que escondía "La terminal"; la descarnada visión del intervencionismo que daba "Munich"; o mismamente la poco épica visión que daba "Lincoln" sobre la aprobación la enmienda que abolía la exclavitud. Así que aquí no vale ese argumento de "Viniendo de quien viene era la esperable...".
De todos modos, se trata de una buena película, entretenida y bien rodada, que no es poco, pero que,deja un ligero poso de insatisfacción al final.


Y dado que esta va a ser el último post del año, desear a todo el mundo un feliz 2016.

lunes, 20 de julio de 2015

Cine en random (XI): "Loca Evasión"


A partir de un hecho real, se nos cuenta la historia de la joven Jean Lou Poplin (Goldie Hawn en la mejor interpretación que le he visto), que pondrá en jaque a toda la policía de Texas tras organizar la fuga de su marido Clovis Michael (William Atherton, cuyo mayor logro en  su carrera sería ser el sparring de la ira de la mujer de John McClane en las dos primera "Jungla de Cristal"...) de un correccional, con el objetivo de llegar a Sugarland, ciudad en la que se encuentra su hijo, apenas un bebé, en una familia de acogida, tras que les fuera retirada la custodia por sus problemas con la ley.

Tantos años admirando a Spielberg, y aun  me faltaba su estreno en largometraje cinematográfico. Un fallo un tanto imperdonable, ya que he visto hasta dos de sus primeros telefilms de larga duración: el curioso "Something evil" y el magistral "El diablo sobre ruedas". Una vez visto, puedo decir que no se trata en una película en absoluto imprescindible (se trata con suerte de un  trabajo irregular...), pero si que se trata de una propuesta interesante, sino por su valor intrínseco, si por su valor como semillero de lo que estaba por venir en la carrera del barbudo.

Se trata de un trabajo insatisfactorio principalmente por dos motivos. El principal de ellos es el guión, que resulta muy tosco, sobre todo en el tratamiento del humor. Esto resulta sorprendente en Spielberg, al tratarse de un realizador que posteriormente daría muestras de una gran habilidad para insertar humor en otros géneros como la aventura, el terror o la ciencia-ficción. Aquí los chistes son fáciles y a veces hasta zafios, con gags alargados en exceso y otros directamente sin gracia. Y el otro gran problema son los altibajos de ritmo que tiene la película: se reincide en algunos temas en exceso, y la película extiende su duración más allá de lo necesario, lo que hace que el aburrimiento se haga dueño de la situación en algunos momentos. Vale que el ritmo esta relacionado con el guión, pero es obvio que esta película necesitaba tijera por algunos sitios, y el jovencísimo Spielberg no supo hacerlo.

Los que he citado son los problemas (bastante importantes) que acarrea la película, pero sin embargo, a lo largo de la película hay semillas diseminadas de todo lo que estaba por venir en la carrera del genio de Ohio.

A nivel temático, aparece el tantas veces comentado tema cuando se habla Spielberg de la familia rota y el peso de las respondabilidades familiares, que en este caso, no deja de ser la espoleta de la trama. Y si a eso se añade la estructura de road-movie de la película, al espectador le acaba viniendo muchas veces a la cabeza "Un mundo perfecto" de Clint Eastwood, como reseñó en su día el gran Tomás Fernandez Valentí en un artículo de "Dirigido por" en el que trazaba paralelismos entre ambos cineastas. Pero más allá de esto, que es indudable, está otro de los principales temas de su filmografía que se suele pasar por alto: el de el protagonista que desclasado que busca su supervivencia y/o lugar en el mundo. ¿O es que no es acaso ese el tema de cintas aparentemente tan
dispares como "El diablo sobre ruedas", "Encuentros en la Tercera fase", "El imperio del Sol". "Inteligencia Artificial", "La terminal" o "E.T."?. Y luego estaría el tono de la cinta, que la emparenta con propuestas como "Atrapame si puedes" o "La Terminal", que es aparentemente  ligero, pero en general bastante pesimista, y  que siempre ha presidido su carrera, desde su cortometraje "Amblin", incluso. Y aquí no me puedo resistir a defender que Spielberg, en contra de lo que piensa mucha gente, que lo tacha de manera muy alegre (y superficial) de director blando y ñoño, se trata de un cineasta bastante oscuro. Y no hablo solo de sus dramas como "El color púrpura", sino de películas con finales con un mensaje tan deprimente como el de "E.T", "Munich", "En busca del arca perdida" o "Salvar al soldado Ryan", por citar solo algunas de ellas.

Una vez que ya me he despachado a gusto, a lo que íbamos.
Los apuntes que adelantan lo que esta por venir no quedan solo en lo temático y en el tono, sino también en al realización. Así en esta película encontramos ya imágenes (esos planos de reflejos en el retrovisor: una constante visual/autoguiño, también desde los tiempos de "Amblin"...) y movimientos de cámara que se convertirían en santo y seña spielbergianos. Así abundan los movimientos de cámara que siguen algo en segundo plano para terminar fijandose en un objeto que se encuentra en primer plano, o esa cámara que se asoma por la un borde del plano para terminar mostrando una imagen impactante. A esto no es ajena la excelente labor de fotografía del mítico cinematógrafo húngaro Vilmos Zigsmond, cuyo virtuosismo se hace notar, además de en los momentos de persecución, con la cámara acercándose y rodeando los distintos vehículos en lo que se puede entender como un precedente de la célebre secuencia de la huida en auto
de "La guerra de los mundos", en secuencias tan bellas como esa en la que los dos protagonistas ven desde la caravana donde se refugian cortometrajes del coyote y el correcaminos, y en el que la imagen de los dibujos animados superpuesta sobre las caras de los protagonistas a través del cristal del que lo están viendo, es una brillante manera de aunar la inocencia e impulsividad de los personajes con el destino trágico que les espera. Y para el recuerdo, una de esas imágenes, que se graban en la retina, el intento de taponar una herida de bala con pañales: no son los excrementos para los que están diseñados lo que recogen, sino sangre...

Una película irregular y lejos del nivel de maestría que venía de alcanzar con "El diablo sobre ruedas" y que alcanzaría cotas inauditas hasta entonces en "Tiburón", pero que deja claro que ese chaval llamado Spielberg era alguien a tener muy en cuenta

domingo, 9 de junio de 2013

Recuperando clásicos (IX): "Tiburón"



Aprovechando unos días festivos, por fín el otro día, pude ver la edición remasterizada en Blu-Ray de “Tiburón” que me compré hace 8 meses (vergüenza de mis hijos, lo sé). Y bueno, la película sigue siendo tan genial como siempre, y ahora además tiene una calidad como nunca la había visto (ya que, por edad, me pilló bastante lejos disfrutar de esta maravilla en pantalla grande).

La historia por si hay alguien que ha estado viviendo en una isla desierta los últimos 40 años es la historia de un agente de policía, Brody, que tras muchos años en Nueva York, se traslada con su familia a una pequeña localidad costera en una isla, Amity, para vivir más tranquilo. Con lo que no cuenta es con la aparición de un gran tiburón blanco de más de siete metros que se va dedicar a merendarse a los bañistas y amenaza con arruinar la temporada veraniega a comerciantes y políticos. Para enfrentarse a la bestia, contará con la ayuda de un joven oceanógrafo Hooper y un viejo lobo de mar, Quint.

Aunque la novela de Peter Benchley en la que se basa tiene pinta de ser mala como ella sola (me leí un libro de este hombre y era como para echar a correr…), las distintas rescrituras que sufrió el guion, lograron entregarnos una historia más que aceptable, con algún personaje inolvidable, como ese Ahab del siglo XX que es el capitán Quint encarnado de manera soberbia (como era habitual en él) por Robert Shaw, y un montón de secuencias que ya forman parte de la historia del cine. Y es que, a pesar de que Spielberg solo contaba con 27 años cuando dirigió esta película, y además llegó a ella de rebote, con esta cinta dio un golpe en la mesa, (algo que ya había hecho parcialmente con su anterior y también genial telefilm “El diablo sobre ruedas”) pasando a convertirse en el director más taquillero de su generación (y de paso de todos los tiempos…) y creando el concepto de blockbuster (este es el único fallo que se le puede poner a la película…).

Y es que si algo destaca en esta cinta es la puesta en escena. Más cercano que nunca a Howard Hawks, el entonces semidebutante director logra, bebiendo también de Hitchcock (en la manera de concebir el suspense y con alguna cita explícita), Lean (esa manera de fotografiar el mar) y Capra (con el personaje principal que por su moral se tiene que enfrentar en soledad a los poderes establecidos), una puesta en escena tremendamente moderna, y que desde el primer momento agarra al espectador y no lo suelta.

Aunque toda la película es genial, la parte más fascinante quizás sea toda la que transcurre en la isla, antes de embarcarse para cazar a la bestia. Hay encontramos momentos magistrales: la introducción, con el primer ataque del escualo, en el que no le vemos en ningún momento, pero que es de una efectividad aplastante; el primer ataque en la playa en el que Spielberg rompe uno de los mayores tabús del cine, la muerte de un niño (otro tio que tuvo los arrestos de hacerlo fue Carpenter
 en su primera obra maestra, “Asalto a la comisaria del distrito 13”), y logra una secuencia de suspense magistral, con apuntes de humor que sirven para descargar la tensión al principio, y con una idea genial, como es que el zoom se vaya acercando a la cara de Broody aprovechando el paso de los bañistas entre el y la cámara, hasta llegar al momento en que logra un primer plano, que rompe a continuación con un zoom de acercamiento más alejamiento de cámara, o al reves, aun no lo tengo claro (¿Alguien dijo “Vertigo”?); la presentación de Quint, totalmente mítica; la llegada de Hooper al pueblo, mientras todos los pueblerinos salen a la pesca del bicho y la posterior llegada a puerto con una pieza, que a todas luces no es la que buscaban, y que concluye con la desgarradora secuencia del reproche de la madre del niño muerto; la zambullida nocturna para ver el barco hundido…

Lo magistral de esta primera parte no hace que desmerezca la segunda parte de la película, la que transcurre en mar abierto. Al ser el espacio más cerrado, hay menos lugar para la inventiva visual de Spielberg, aunque eso no quita para que haya ideas visualmente muy poderosas, como la representación del depredador mediante los barriles que le van prendiendo a arponazos, que logra transmitir inquietud sin necesidad de enseñar nada, y que demuestran que con dos barriles es suficiente para convertir al animal en un ser casi mitológico, capaz de cualquier cosa. Además, en esta parte está mi secuencia favorita de la película (y la de la mayoría de la gente): aquella en la que Quint y Hooper empiezan compitiendo a ver quien presenta mayores cicatrices y en la que el viejo lobo de mar recuerda el incidente (que ocurrió en realidad) que vivió tras el naufragio del buque militar Indianapolis. Esta secuencia tiene mucha miga. Ya había sido reescrita en múltiples ocasiones durante la preparación del rodaje, fue Howard Slacker quien la ideo, pero mientras rodaban, Spielberg le pidió a su amigo, el mítico John Milius, que reescrbiera la secuencia. Aunque al parecer le quedó muy bien, después de eso fue el propio Shaw, que además de actor era también dramaturgo, quien le dio un repaso, lográndose así esta pieza maestra.


En la citada edición de Blu-Ray, la calidad de imagen y sonido es alucinante. Nunca se había visto tan clara esta película. Aquí voy a romper una lanza a favor de la nostalgia para decir que aunque esta disponible la opción de ver esta película en dolby 5.1 con un nuevo doblaje y en versión original, yo he optado por verla en mono con el doblaje original con el que fue estrenada. Y es que aunque en muchas ocasiones opto por la versión original, con esta película, que he visto tantas veces (algo que tambíen me pasa con otras, como, por ejemplo, "El padrino"), se me hace imposible imaginarla sin las, por otro lado estupendas, voces del doblaje realizado en los 70. Es una gran detalle por parte de la productora, y espero que cunda el ejemplo, y aunque se remastericen clásicos, se permita disfrutar del doblaje que ya forma parte del ideario cinéfilo. Pero no es solo eso una de las maravillas que ofrece este edición, ya que entre los extras hay dos documentales sobre el rodaje y el legado de la película de casi dos horas de duración (que ya debía estar en las ediciones previas en DVD) en el que se desgranan la concepción y la filmación de esta maravilla, y que esta lleno de jugosas anécdotas sobre el tormentoso rodaje. Entre otras cosas nos hacen partícipes de las ya célebres múltiples averías que sufrió el tiburón mecánico, que limitaron su aparición (y que a mi parecer, y al del propio Spielberg, mejoraron la película, al acentuar la sugerencia por encima de la presencia), el rodaje de múltiples escenas o la elección del reparto. En esto me he encontrado con la anécdota que más me ha sorprendido, y es que a Lee Marvin le ofrecieron el papel de Quint, pero lo rechazo. Y vale que Shaw está increíble, pero ¿quien puede evitar pensar que hubiera logrado Marvin con ese papelón? Nunca lo sabremos. Además, vemos intervenciones a cargo de gente como Tom Savini, Bryan Singer, Eli Roth, M. Night Shyamalan, Greg Nicotero o Kevin Smith hablando de la película y el impacto que tuvo en ellos. Una gozada.

La bestia siempre esta acechando...

Vamos, que esta película es una auténtica gozada, y en este edición aun más. Cualquier excusa es buena para recuperar esta película y volver a disfrutar de una de las más grandes películas de aventuras jamás rodadas.


viernes, 25 de enero de 2013

Aprobando la 13ª Enmienda



Spielberg ha vuelto con uno de los proyectos que durante más tiempo ha acariciado (quizás solo Tintin estuvo más tiempo esperando, casi tres décadas...), “Lincoln”. 
Lo que nos cuenta la película son los últimos meses de vida de Abraham Lincoln, probablemente el presidente más famoso de EE.UU,  y su lucha (bastante artera, por cierto) por instaurar la 13ª enmienda de su constitución, que abolía la esclavitud, a la par que intentaba poner fin a la Guerra Civil que se produjo cuando los estados del sur se independizaron y basaron su economía en las plantaciones trabajadas por esclavos.

La esclavitud no era algo nuevo en la carrera del director, ya que en mayor o menor grado, se encontraba presente en “El color púrpura” y “Amistad”. Pero si en esas películas era el eje de toda la narración, en este caso es un mero telón de fondo para mostrarnos la figura de Abraham Lincoln, y los tejemanejes inherentes a cualquier sistema político.

La película se acerca al presidente con  un aura legendaria, como deja claro la brillante primera secuencia de presentación de Lincoln, en el que no le vemos hasta transcurrido unos minutos, si no que vemos la cara y la actitud reverente que tiene la gente que se presenta a hablar con él, que muestran una admiración reverencial. Se nos muestran sus discursos y su capacidad de inspirar a las masas y fascinar al pueblo. Este exceso de épica, unido a la gran cantidad de datos que se dan y al desconocimiento que, por lo menos yo tengo de la historia norteamericana, hacen que cueste un poco empatizar con el personaje y entrar en la película.
Sin embargo, transcurrida toda esta parte y coincidiendo con la entrada en escena del hijo mayor de los Lincoln y la decisión del presidente de “ensuciarse las manos” para lograr su propósito de que se apruebe la moción y lograr que los estados confederados vuelvan a la Unión, el personaje se humaniza y la película remonta el vuelo y mantiene un nivel estupendo hasta el final. Es a partir de este momento donde encontramos las mejores secuencias: la visita al hospital de heridos de guerra que lleva a cabo con la intención de desmotivar a su hijo para que se aliste; la fascinante y dramática discusión que tiene con su mujer en la que esta le reprocha la muerte de su hijo, que hace gala de, además de un excelente trabajo actoral, una contención impresionante por parte de Spielberg; los saltos en el tiempo con el que se nos narran las maniobras (unas divertidas, otras dramáticas) para convencer a los senadores indecisos; la secuencia de la votación, con una hábil mezcla de suspense, drama y comedia; o el dramático final.

En cuanto a la realización, Spielberg, sabiamente, ha sabido quedarse en un segundo plano, sabedor de que esta es una película en la que la fuerza surge de los actores y del guión. Esto no quita para que nos regale imágenes tan poderosas como es habitual en él: el carro cargado de cadáveres chorreando sangre; el uso de los espejos en los enfrentamientos entre Abraham y su esposa; la espera de noticias a los pies del telégrafo; toda la secuencia de la votación, excepcionalmente sostenida; o el final, visto desde el punto de vista de un niño.

Todos los actores están estupendos. Daniel Day-Lewis da vida estupendamente al presidente, pero como en mi ciudad no se estrena en V.O., no he podido disfrutar de su trabajo de la voz, que seguramente habrá sido genial. Pero de cualquier manera hay dos actores que, a mi entender, le roban la función: el siempre genial Tommy Lee Jones, que da vida a un republicano radical cascarrabias y a la vez entrañable; y un irreconocible James Spader, que interpreta a uno de los encargados de las maniobras de convencimiento, en la interpretación más divertida de toda la película. Aparte de estos talentos, no se puede pasar por encima la labor de Sally Field, Joseph Gordon-Levitt, David Sthratairn, Jackie Earle Haley o Jared Harris.
La ambientación es lujosa y detallista, como tiene que ser en una cinta de estas características. La luz de Janusz Kaminski es tan estupenda como en todos los trabajos en los que ha colaborado con Spielberg, trabajando muy bien las sombras en los espacios cerrados, que son la mayoría. Y en cuanto a la partitura, John Williams se redime de la empalagosa música que realizó para la infravalorada “Caballo de batalla”, realizando una banda sonora que acompaña sin intentar en ningún momento imponerse a la trama.

Por último, me gustaría apuntar que por más que la película apuntale aun más la leyenda de Lincoln, no es tan complaciente con la política de EE.UU. como podría adelantarse. El sistema político queda retratado como corruptible y manipulable, con políticos que venden sus ideales a cambio de un puesto en la nueva administración sin ningún tipo de reparo. De hecho en un momento dado, el personaje al que da vida Lee Jones, con la ironía y la convicción que solo puede tener él, afirma de la 13ª Enmienda: “La ley más importante de la historia de los Estados Unidos se ha aprobado a través de un proceso corrupto orquestado por el hombre más puro y honrado del planeta”. La mejor descripción posible de todo lo que hemos visto.

Una interesante película, en la que quizás cuesta un poco entrar, y que no está a la altura de las obra maestras del realizador, pero, aún así, más que apreciable.


lunes, 20 de febrero de 2012

Caballo de batalla




Pues ayer vimos la última de Spielberg "War Horse", que era una cita ineludible, como todo lo que viene de este genio.
La película, aunque no lo esta haciendo mal del todo en taquilla, no lo esta petando como suelen hacerlo las peliculas del Midas de Hollywood. Y en cuanto a la crítica, pues bueno, la está recibiendo con bastante tibieza. Y aunque no es una obra maestra, esta lejos de ser mala.
El director se la ha jugado bastante. Y es que a este hombre, al que se le ha colgado tantas veces el cartel de ñoño y lacrimógeno (de manera errónea, a poco que uno se ponga a analizar su filmografia), ha decidido llevar a cabo una historia con adolescentes y animales, poniendose a tiro de todos los que le tienen manía.




Y si que es cierto, que es difícil no derramar una lágrima en algún momento de la película, y que la música puede resultar un poco machacona en su afán por emocionar, pero hasta donde se sabe, emocionarse con el cine esta lejos de ser algo malo. Además, si uno reflexiona un poco sobre la pelicula, se dará cuenta de  como algunas de las situaciones bastante susceptibles de generar llanto, han sido dejadas en off, como la muerte de ciertos personaje secundarios, entre otras.


Dandole ordenes al mismísimo Sherlock...
La luz de la película es maravillosa, variando la paleta de colores para acomodarla a lo que se quiera narrar. Los actores están en general bastante bien, quizás el que quede un poco por debajo del resto sea el protagonista, aunque es cierto que el papel era bastante difícil, y además tenía que medirse a los caballos, que están todos estupendos.
Pero lo mejor de la película es la puesta en escena de Spielberg. Aquí ha optado por planos estáticos y muy abiertos, que integran muy bien el paisaje en la historia, que recuerdan bastante a John Ford, a su manera de rodar sus westerns, y sobre todo a como encuadró "El hombre tranquilo", algo que se ve reforzado por las similaridades del paisaje inglés e irlandés. Además, encontramos el sello Spielberg en muchas secuencias, como la primera en la que se ve el nacimiento del caballo, la primera carga a caballo con los jinetes surgiendo de entre el cereal, la huida del caballo a través de las trincheras, o la secuencia de un fusilamiento, visualizada desde las aspas de un molino.




Eso si, la violencia que tiene es bastante contundente, pero que nadie se espera aquí la visceralidad de "Salvar al soldado Ryan", ya que la película ha sido concebida para ser vista por toda la familia.
En fin, que la película esta bastante bien. No es una obra maestra, pero tampoco se encuentran obras maestras todos los días en la cartelera. Animarse a verla.