
La historia es bastante sencilla: Kingpin, el jefe máximo de la mafia de Nueva York, ha secuestrado a la mujer de uno de los mejores psicólogos del mundo para obligarle a que trabaje para el y haga salir a su amada Vanessa del estado comatoso en el que se encuentra. Daredevil se entera de esto, e intentará liberarlos a ambos, descubriendo por el camino que ni las mujeres ni los hombres de ciencia no son casi nunca tan indefensas como pudiera parecer y que Kingpin siempre tendrá como punto debil su corazón. Y no me refiero al miocardio...
La verdad es que el tebeo que me ha gustado. La historia es poco ambiciosa y por eso mismo resulta simpática. Miller explica una historia de femmes fatales que hacen enloquecer a cualquiera (algo que pasaría a ser una de las constantes de su carrera) en la que Daredevil es casi una mera excusa para introducirnos en la historia, un poco como pasaba en las historias de Spirit de su admiradísimo Will Eisner. Y sale Turk, el secuaz de Kingpin, perdedor sin remedio y saco de las hostias de Matt Murdock, usado por Miller a menudo como alivio cómico.
Como la historia es sencilla, las filigranas visuales de Sienkiewicz son muy bien recibidas. Como otras obras del autor esta coloreado con acuarela, y gracias a esto hay algunas secuencias fascinantes: las carreras de Daredevil, en las que parece más demonio que nunca; ese Kingpin más grande de lo que nunca ha sido, ocupando practicamente toda la viñeta; o la progresiva degeneración que sufre el secuestrador bajo su influencia, que en las últimas viñetas termina pareciendo casi un mandril.
El final, con ese Kingpin solo y apaleado es muy irónico y anticlimático, lo que aumenta el espíritu de divertimento que recorre toda la obra.
Un tebeo que aunque sea una obra menor se lee de un tirón y resulta muy entretenido y bonito de ver. Como despedida hoy os dejó el "Pedro Navaja" de Ruben Blades. Y es que a pesar de que, a priori, no tienen mucho que ver, si lo pensamos no cuesta mucho imaginar a Pedro Navaja en los barrios chungos del Nueva York de los 80 que frecuentaba el panameño Blades, trapicheando con Turk y con El hombre sin Miedo merodeando por si se pasan de la raya. Además, la canción mola y eso es suficiente.
La verdad es que el tebeo que me ha gustado. La historia es poco ambiciosa y por eso mismo resulta simpática. Miller explica una historia de femmes fatales que hacen enloquecer a cualquiera (algo que pasaría a ser una de las constantes de su carrera) en la que Daredevil es casi una mera excusa para introducirnos en la historia, un poco como pasaba en las historias de Spirit de su admiradísimo Will Eisner. Y sale Turk, el secuaz de Kingpin, perdedor sin remedio y saco de las hostias de Matt Murdock, usado por Miller a menudo como alivio cómico.
Como la historia es sencilla, las filigranas visuales de Sienkiewicz son muy bien recibidas. Como otras obras del autor esta coloreado con acuarela, y gracias a esto hay algunas secuencias fascinantes: las carreras de Daredevil, en las que parece más demonio que nunca; ese Kingpin más grande de lo que nunca ha sido, ocupando practicamente toda la viñeta; o la progresiva degeneración que sufre el secuestrador bajo su influencia, que en las últimas viñetas termina pareciendo casi un mandril.
Con los ojos inyectados en sangre, como Daredevil cuando se pone todo loco |
Un tebeo que aunque sea una obra menor se lee de un tirón y resulta muy entretenido y bonito de ver. Como despedida hoy os dejó el "Pedro Navaja" de Ruben Blades. Y es que a pesar de que, a priori, no tienen mucho que ver, si lo pensamos no cuesta mucho imaginar a Pedro Navaja en los barrios chungos del Nueva York de los 80 que frecuentaba el panameño Blades, trapicheando con Turk y con El hombre sin Miedo merodeando por si se pasan de la raya. Además, la canción mola y eso es suficiente.