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domingo, 9 de agosto de 2020

Recuperando clásicos (XX): "Dersu Uzala"



A principios del pasado siglo, un grupo de soldados rusos son enviados a explorar y mapear la taiga siberiana, por entonces todavía muy desconocida. Al poco de iniciar su expedición conoceran a Dersu Uzala, un cazador trashumante, que conoce la taiga como nadie. Entre Dersu Uzala y el capitán de la expedición se establecerá una emotiva relación de amistad.

Si es que algo bueno ha traído la terrible situación que estamos viviendo, es que se están reestrenando muchas películas interesantes que varias generaciones no hemos podido disfrutar nunca en pantalla grande, lo cual, más allá de lo desdichado del motivo, es algo a celebrar.



Existe la creencia extendida de que el cine es el lugar idóneo para ver películas espectaculares, con muchos efectos especiales y paisajes vistosos, y que el resto de las películas se pueden disfrutar igual de bien en casa. No puedo estar más en desacuerdo con esa afirmación: primero porque el cine es el lugar idóneo para ver cualquier tipo de películas; y segundo por que si hay algún tipo de películas que se beneficien de las salas cinematográficas son, por una parte, la comedia y el terror (porque buscan generar sentimientos que son contagiosos, y en los que el ambiente que te rodea hace mucho), y, por otra, el cine más contemplativo o si se quiere llamar así, de arte y ensayo, ya que la inmersión y la atención que suele precisar este tipo de películas es muy difícil de alcanzar en el domicilio. Bueno pues ver "Dersu Uzala" fue una cara demostración de esto último. Esos planos fijos largos, esos silencios que terminan por contagiar al espectador la quietud que preside la película, y esa bellísima fotografía, nunca puede ser sentida por igual viendola en casa.

Yo tenía el recuerdo de haber visto esta cinta en casa con mi padre, hace probablemente más de 30 años, siendo un niño, y aunque se podía temer que un niño no iba a aguantar una película como esta, pese a haberla olvidado en gran parte, aun guardaba recuerdos de las sensaciones que me generó y de algunas de sus fascinantes imágenes. La revisión de esta película en pantalla grande ha reafirmado todas esas sensaciones de belleza, quietud y emoción, y me ha recordado todo el Cine que guarda dentro esta película.


Kurosawa siempre se ha considerado el maestro de (entre otras cosas) el uso de la climatología en el cine, (celebre es la anécdota en la que coincidió con su admirado John Ford y el del parche le dijo al japonés "-Sí que le gusta a usted la lluvia", a lo que Kurosawa respondió "Sí que ha visto usted mis película"...), y en este trabajo, que se desarrolla casi en su totalidad en la naturaleza, alcanza casi su grado máximo para elaborar un alegato ecologista libre de moralinas y paternalismos: pocas veces se ha conseguido capturar con la cámara con esta intensidad el frío, el sol, el hielo, o el viento. Pero si bien su virtuosismo con la
cámara y la iluminación estaba fuera de toda duda, en este visionado, me llamo la atención el uso que hace del sonido para transmitir esas sensaciones: el crepitar del fuego, el silbido del viento, el crujido de la nieve al ser pisada, el rumor del fluir del agua... Pocas veces he experimentado esa sensación de inmersión a través de los sonidos viendo una película.

Y no por más conocido, tampoco es menos fascinante el manejo del plano que demuestra el director. Hay en esta película varios momentos en los que la composición de planos llama la atención por su capacidad expresiva dentro de su aparente sencillez. Me viene a la mente el momento en el que, en los primeros compases de la película, mediante un alero del tejado de un tejado, Kurosawa separa en el mismo plano, por un lado, a los soldados rusos, y por otro, a Dersu Uzala y al capitán, demostrando de manera imperceptible pero a la vez elegantísima como, a pesar de compartir espacio, se encuentran en realidades completamente diferentes. Posteriormente cerca del final se repetirá esta misma técnica para demostrar otra vez separación: por
medio de una tubería que asciende por una pared de una habitación, el que esta solo en un universo aparte es ahora Dersu Uzala, totalmente alejado del capitán y su familia, incapaz de adaptarse a la ciudad, a pesar de haber sido en su hogar por sus achaques de salud. Igualmente, es reseñable el uso que hace del montaje dentro del plano, algo que entre otros reconoce haber aprendido Spielberg de Kurosawa, con secuencias contadas en un mismo plano sin necesidad de espectaculares travelling, sino cambiando fluidamente de un plano general a un
plano detalle, para volver a otro plano general y acabar en un plano medio. Hay varias de estas secuencias en la cinta, pero me parece particularmente reseñable esa en la que seguimos a la expedición avanzando por esos frondosos bosques, sencillas y directas sin que el virtuosismo que esconden detrás (hay que recordar que esta cinta tiene 45 años y entonces no había stedadycams, si no pesadas cámaras y raíles, que no quiero ni imaginar lo que tenía que costar montar en la selva...).

Todo este virtuosismo que comento, sería vacío si la película no estuviera llena de emotividad, sentimiento, un ecologismo profundo y sincero, y hasta en momentos, puntuales, humor. La última secuencia es particularmente emotiva, con Kurosawa, rescatando la imagen que cerraba "Los siete samurais", y que deja claro cual es el único destino que les espera a aquellos que viven, guiados por sus propios valores, al margen de la sociedad: cuando entran en contacto con ella, siempre es el mismo el vencido. Solo que aquí además de acabar con ellos, el progreso y la industrialización se encargan de que ni siquiera quede huella de los que han vivido en comunión con la naturaleza.
Y a pesar de que tal y como he comentado se trata de una película que tiene mucho de contemplación, hay que reconocer que cuando el director quiere crear tensión, lo hace de manera magistral, con secuencia como aquella que transcurre en el anochecer del páramo helado, o el rescate en el río, rodadas con pulso maestro, que hacen que una secuencia de dos hombres cortando hierba, se convierta en un momento de suspense.

Tengo que decir, que viendo a Dersu Uzala, el personaje que más me venía a la mente era mi favorito de la saga "Star Wars", Yoda. Ambos, no solo son la representación última de la bondad y tienen la misma actitud vital y viven como ermitaños el último tramo de su vida, sino que además son pequeños, pero esconden un inmenso potencial dentro de ellos. Lucas siempre reconoció a Kurosawa como un maestro, y a "La fortaleza escondida como una de las principales inspiraciones a la hora de concebir "La guerra de las galaxias", así que no cuesta nada atar cabos y ver al cazador como una modelo para el pequeño gran maestro Jedi de color verde. De hecho la manera que tiene Dersu Uzala de referirse a todo lo que forma la Naturaleza: el Sol, el agua, las plantas, los animales... como "gente" con voluntad y sentimientos, es fácil verlo como un precedente de la Fuerza que fluye por todo en la saga galáctica. Ahí lo dejo...

Por último una reflexión extracinematográfica a la que no me puedo resistir. Si hace 5 meses alguien me dice que voy a ver con la Gata en una sala de cine comercial una película del año 1975 ¿? soviética ¿¿?? dirigida por un japones ¿¿¿??? y con una mascarilla ¿¿¿¿????, no lo hubiera creído jamás, pero como cantaba Ruben Blades, "La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida..."


lunes, 6 de julio de 2020

Por fin el cine: Cinema paradiso


Por fin nos hemos estrenado en el cine post -covid y lo mejor de todo que nos hemos estrenado con todo un clásico, Cinema Paradiso.

Quien nos iba a decir que íbamos a poder verla en pantalla grande y sin gente, para nosotros solos, pues si, no todo va a ser malo...
Ganadora del Oscar a la mejor película de habla no inglesa en 1989 y dirigida por Giussepe Tornatore, es todo un homenaje al cine. 





La historia de amistad entre Salvatore y Alfredo que no solo le enseña a amar el cine y una profesión, sino que también le da las lecciones de vida que no le pudo dar su padre muerto, es sin duda lo más emotivo de este largometraje.
Por aquel entonces el único entretenimiento del pueblo era el cine, todo giraba en torno a esas películas con cortes, censuradas por el párraco, era en el cine donde se fraguaban parejas, amistades, enemistades, y todo bajo la antenta mirada de un Salvatore niño, curioso y travieso.


La llegada a la edad adulta de Salvatore, su primer amor y los buenos consejos de su amigo Alfredo, la marcha del pueblo a la gran ciudad para alcanzar un sueño y la vuelta al pueblo después de  30 años reencotrandose con los fantasmas del pasado y los recuerdos, todo bajo la atmósfera de una BSO muy especial firmada por nuestro querido Ennio Morricone (DEP), hacen que esta película te lleve a dar rienda suelta a tus emociones ( a ver quien no se resiste a  llorar).
Una película contada a base de anécdotas como la vida misma. Magnífica.

Nada más que decir, solo que merece la pena volver a verla en el cine, os la recomiendo si todavía no la habéis hecho.

Os dejo la BSO de Cinema Paradiso con el gran Ennio Morricone, que hoy nos ha dejado pero siempre nos quedará su música.



miércoles, 24 de junio de 2020

Recuperando clásicos (XIX): "Vaiana"


Esta entrada va dedicada a mis hijas, por su bondad, valentía, paciencia y buen humor durante el confinamiento.

Vaiana es la hija del jefe de una isla de la Polinesia. En dicha isla tienen un miedo atávico al mar, porque consideran que desde que Maui, un semidios, robará el corazón de la diosa de la Naturaleza Te Fiti, este se volvió en una zona pelígrosa, llena de monstruos y peligros. Sin embargo, Vaiana, que ya de bebé fue elegida por el propio oceáno como la persona digna de devolver el corazón de Te Fiti y restaurar el equilibrio, siempre ha sentido una enorme atracción por el mar, y empujada por la maldición que se empieza a apoderar de su isla, se lanzará al mar para encontrar a Maui, devolver el corazón e intentar salvar al mundo.

Esta película se estrenó en 2016, y como ya entonces no tenía la disponibilidad de tiempo de otros momentos, y además arrastraba cierto perjuicio contra Disney que me hacía preferir por esa época las producciones de su hermana Pixar por encima de las originales de la Casa del Ratón, la dejé escapar. Afortunadamente el tener de hijas pequeñas me hizo verla hace unos dos años y resarcirme, porque lo digo ya, esta obra maestra está sin dudarlo entra mis 10 películas favoritas de la pasada década. 

Empezaré hablando por su nivel de técnica, para quitarmelo de encima, no porque sea lo menos interesante, sino porque es lo más obvio. El nivel de animación de esta película que ya ha cumplido casi cinco años, sigue a mi parecer sin haber sido superado todavía por películas posteriores ni de Pixar, ni de Disney ni de ningún otro estudio. La expresividad que logran en los personajes es de una sutilidad y finura absoluta, y el manejo que demuestran de cosas tan complicadas de animar como el agua, la lava o el fuego es hipnótico.
Además los autores Musker y Clements, que en esta cinta se embarcaron por primera vez en un proyecto animado del todo por ordenador, no pudieron dejar de incluir un guiño a la animación en dos dimensiones, y utilizaron esta técnica para el personaje de Mini-Maui. Otro cosa llamativa, que estos autores ya habían ensayado en otras cintas interesantes como "Aladdin" o "Tiana y el sapo", es como intercalan secuencia animadas con un estilo totalmente distinto al de la pelicula, como ocurre en el prólogo, que ya atrapa al espectador desde el minuto cero, o en el que es mi número musical favorito de la cinta, "De nada".

Una vez que ya hemos dejado clara su excelencia a nivel técnico, vamos con lo que de verdad hace esta cinta la maravilla que es: el guión y la puesta en escena.

El guión no es alambicado ni incluye nada que no se haya visto antes en cientos de historias desde Budha a "Matrix" cumpliendo con todas las paradas (separación, iluminación por un mentor, momento de oscuridad, triunfo, vuelta a su sociedad...) del viaje del héroe que tan bien describió Campbell. Lo que no han hecho todas esas películas es tener la precisión que presenta esta obra maestra. No hay un detalle superfluo que sea añadido para el mero chiste o porque quede bonito: todo engrana a la perfección y suma algo a la trama, y hasta el más mínimo detalle es recuperado más tarde, demostrando que no ha sido
gratuito: vease el personaje de Hei-hei, el gallo que acompaña a la protagonista. Es un personaje hilarante, que tiene a su cargo los mejores gags de la película, pero no se queda en mero alivio cómico y/o adorable, tal y como ocurre en algunas cintas animadas (en varias de la propia Disney, de hecho) y acaba deviniendo en un personaje vital en la resolución del climax. Y lo mismo vale para el resto de los personajes, todos genialmente definidos e integrados, con una pareja protagonista que exuda carisma (sin caer en el típico romance de cinta Disney, que a veces funciona, pero otras lastra a la película...) desde el momento que se juntan en pantalla. Igualmente es  sobresaliente la integración que hace de las canciones, todas ellas maravillosas, en la trama, que lejos de entorpecer el ritmo, lo aceleran, aumentando también la emoción de esas escenas.

Y por último, pero no menos importante, sino más bien lo contrario, está la maravillosa puesta en escena. Hay en esta película más cine que en la mayoría de las cintas que vi la pasada década. Del ya citado prólogo, que se sigue con el momento simplemente mágico en el que el Oceano, excelentemente visualizado como ser con entidad propia y que lleva a un paso más allá la visualización que llevo a cabo James Cameron en su magistral "Abyss", escoge a Vaiana como la elegida para restaurar el equilibrio de la Naturaleza. A partir de ahí la cinta va a bascular maravillosamente entre lo aventurero, lo
fantástico, lo dramático y lo cómico. Con momentos brillantes en todos esos registros. En lo aventurero tiene tres set pieces geniales, pero si me tengo que quedar con una de ellas, me quedo, por una debilidad personal con la que involucra a los fascinantes cocos malvados, los Kakamora, que parece la versión salidos de la muy reivindicable "Waterworld", con un barco a medio camino entre Leonardo Da Vinci y el Steampunk. En lo fantástico tiene visualizaciones de mundos desbordantes de imaginación y belleza, pero lo que más delata que Musker y Clemens (recordar que ellos fueron los artífices de la resurrección de Disney de
sus momentos más bajos con "La Sirenita") son cineastas de raza, es el tono ambiguo que preside las escenas en las que Vaiana sufre una epifanía, como el descubrimiento de los barcos escondidos, la salida del arrecife, o la aparición final de la abuela; en ellas los directores juegan, con mucho acierto, a dejar en el aire si se tratan de verdad de apariciones sobrenaturales, o son la interpretación que hace Vaiana de las revelaciones que sufre. En lo dramático, destaca la crudeza de la revelación del triste origen de
Maui, narrada a través de los tatuajes vivientes que recubren su cuerpo, y que en último instancia explica su necesidad de sentirse adorado por el ser humano. Y en lo cómico, pues ya he comentado los excelentes gags que propicia el gallo Hei-hei, pero tampoco el personaje de Maui se queda atrás en su capacidad de generar momentos cómicos, con su arrogancia y sus maneras de marinero resabiado, cercano a marineros cascarrabias célebres como Long John Silver o Quint.

Por si no lo he dejado claro una de las mejores películas que he visto en mi vida, que con las múltiples revisiones, no hace más que crecer. Si alguien no la ha visto que lo haga ya mismo para reir, llorar, emocionarse y aprender, tanto de la vida como del Cine.



martes, 26 de mayo de 2020

Recuperando clásicos (XVIII): "The Warriors. Los amos de la noche"


En el peligroso Nueva York de los finales de los años 70, un carismático lider llamado Cyrus ha convocado a todas las bandas de la ciudad para hacer que firmen una tregua, se alíen y así dominen la ciudad. Sin embargo en medio de la reunión, alguien asesina a Cyrus, acusando de ello a los Warriors, una de las bandas que habían acudido desde Coney Island. Perseguidos por las otras bandas y por la policía, los Warriors deberán atravesar toda la ciudad de Nueva York intentando conservar sus vidas...

Pues aprovechando que hace poco la han puesto en Netflix, aproveché para recuperar esta clásico del cine survival y de paso descubrirselo a la Gata, que en un principio no se mostraba muy dispuesta a verla...
Hacía bastante tiempo que no la veía y me daba un poco de miedo ver como habían tratado los años (tanto los que ha cumplido la película, como los que he vivido yo...) y la verdad es que la película ha envejecido de maravilla. Tiene un ritmo tremendo, que ya te atrapa desde los estupendo títulos de crédito, que van intercalando escenas que te ponen rapidamente en antecedentes de lo que vas a ver, con planos subjetivos del metro en el que van los Warriors, sobre los que superponen los títulos de crédito, en un agresivo rojo y con una tipografía que recuerda a las pintadas callejeras. Todo lo que va a definir la película está ahí: el viaje, el movimiento, la noche, y las bandas callejeras y su iconografía.

Aunque la película está hecha a caballo entre los 70 y 80, y ya adelanta el esteticismo y efectismo que presidiría el cine de esa última década (y que marcó la secuela espiritual de "The Warriors" que llevó a cabo unos años más  tarde Walter Hill, la simpática "Calles de Fuego"), en momentos como la fascinación con la que retrata la imaginería de las bandas de la época, que en ocasiones parecen retratados con una iconicidad digna de un buen tebeo de la época  (creo que todo el mundo que ha visto esta película recuerda la banda inspirada en el beisbol, las Furias...) o los insertos musicales; pero, sin embargo, también mantiene la aspereza del cine de los 70, directo y crudo en el retrato que hace de  los personajes. Los personajes
tiene un cierto código moral, pero no son caballeros andantes ni dulces princesas, sino supervivientes que buscan salir adelante en un entorno bastante complicado. Porque a la hora de ver esta película hay que tener presente que Estados Unidos, estaba pasando una época muy difícil tanto en lo económico (con las consecuencias de la crisis del petróleo aun sintiendose en la vida diaria de la gente) como en lo social (con una juventud desarraigada y el caballo a sus anchas...). Así, a pesar de tratarse de una película de acción, no desdeña un cierto comentario social, con momentos como la reveladora secuencia en la que se encuentran con las dos parejas pijas (ellos con camisas con
chorreras y ellas con vestidos brillantes, pero aun así bastante feos todos...) que miran con recelo a los Warriors, que con su belleza desnuda, sucia y salvaje, demuestran más categoría moral y elegancia. O el final, que desmitifica el barrio como la tierra prometida, y que finalmente es reconocido como una losa que les impide seguir crecer como personas.



Y sería injusto hablar de la cinta sin reseñar sus secuencias de acción. En algunos casos se basan en el suspense, como en la que involucra la banda que va en autobus, o la banda de las Ansiosas, y en otros en el enfrentamiento físico, con algo de influencia del cine de artes marciales tan de los 70, como el enfrentamiento con las Furias y sus bates, o la pelea final en el metro. Pero lo que si que llama la atención en todos ellos es lo bien que trabaja la geografía del escenario Walter Hill: siempre se encarga de definir bien los espacios para que el espectador no se pierda, y se pueda seguir la acción sin que se escape un detalle, quedando claro en todo momento donde y haciendo que está cada personaje involucrado. Y que decir del enfrentamiento final en la playa, rodado como si fuera el duelo de un espagueti-western, con una gran anticipación, y el personaje de David Patrick Kelly, (ese actor que nació para interpretar villanos desquiciados: "Twin Peaks", "La gran huida"...) repitiendo la que probablemente sea la frase más mítica de la película: -"¡Warriors! Vamos a jugar..." mientras entrechoca tres botellas de vidrio (por ahí se dice que el actor lo que quería entrechocar eran dos palomas muertas, pero a Hill le pareció demasiado...).
Viendo la película, no pude evitar pensar en que vista a día de hoy puede parecer a ojos de algunos misógina. ¿Lo es? Yo creo que no, sus protagonistas obviamente lo son, pero el tratamiento que se da de la mujer no lo es en absoluto. De hecho el personaje de Mercy me ha parecido uno de los mejor desarrollados en la película. Es retratado sin ninguna condescendencia, sino como una mujer independiente, que toma sus decisiones, aunque eso haga que la mayoría la considere, desde su posición machista, una furcia, y que lo que en definitiva busca es escapar del mismo destino al que están destinadas sus amigas: según sus propias palabras, quedarse
preñada y estar toda la vida sin salir del barrio rodeada de churumbeles, convertida en una ama de casa forzosa. Al final de la película, no sin armarse antes para el enfrentamiento final, como una miembro (o miembra) por derecho propio de la banda que ya es, se define en su conversación con el personaje de Swann: "Me gusta viajar. Nunca he salido del barrio pero se que me gusta". Este personaje femenino no desentonaría en una película de mi adorado Verhoeven...

Mientras seguía las peripecias de los Warriors, me vino a la mente la excelente "¡Jo, que noche!", que hace poco comenté por aquí, y no lo digo solo por la obvia importancia de la ambientación neoyorkina, sino también por el tono de de Odisea (la de Homero, así en mayúscula) que tiene. No solo por el viaje de retorno a casa, y las dificultades que tienen que encarar para lograrlo, sino sobre todo por lo que supone de crecimiento personal  y autoconocimiento para los protagonistas, que además descubren al final que les ha cambiado tanto el viaje que su lugar de
origen, ya no es a donde pertenecen. Hill, que de tonto no tiene nada, se encarga además de aumentar ese tono de teatro griego; los insertos de la banda de los Riffs, que devienen casi en dioses que manejan a los héroes desde su particular Olimpo (en este caso un almacén...); los insertos de la locutora de radio, que devienen casi en un coro griego; o la aparición de la banda de las Ansiosas, que devienen en las sirenas del relato, que en lugar de
cantos hipnóticos, se sirven de minifaldas, porros y magreos entre ellas para atraerles y anularles, y que en última instancia, son igual de letales. Y que decir del deux ex machina final, con la materialización de los dioses a ras de tierra.


Y para acabar un par de apuntes. Uno es el estupendo doblaje que tiene la película. Siempre que puedo veo cosas nuevas, pero con películas que ya he visto en muchas ocasiones y tengo grabadas en mi memoria con un doblaje, tengo que verlo así. Pero es que en este caso, además grácias al doblaje vemos la labor del añorado Constantino Romero, poniendo su voz al jefe de los Riffs,  Masai, lo que aumenta el tono de Odisea que comentaba en el párrafo anterior. Y por último, lamentar que, por estupenda que sea esta película y lo bien que lo está tratando el tiempo, nunca podremos saber como hubiera quedado el remake que planeaba el malogrado Tony Scott poco antes de su muerte...

Por si alguien quería saberlo comentar que a la Gata le gustó mucho la película, pese a sus reticencias iniciales. Así que no valen excusas para no verla. Os dejo con el trailer y con unos cortos en los que la revista Rolling Stone reunió al reparto 35 años después:














martes, 21 de abril de 2020

Recuperando clásicos (XVII): "¡Jo, qué noche!"


Pues siguiendo con el aprovechamiento del tiempo para ver películas, e intentando mejorar el regustó amargo que deja la última castaña que comenté en este blog, pues me fui a alguien que pocas veces defrauda: Martin Scorsese. Pero en lugar de volver a una de sus vacas sagradas, me decidí por una película un tanto olvidada de su carrera que hacia unos 20 años que no veía, pese a que en su día recuerdo que me gustó, y que se confirma a día de hoy como una de mis favoritas del maestro: "¡Jo, que noche!" terrible título que recibió en este país en lugar del mucho menos chistoso y más sugerente "After hours".

Paul Hackett es un gris oficinista de una editorial de Manhattan, que una noche de entre semana decide salir a tomar un café. Mientras está tomando café se encuentra con una atractiva muchacha que se muestra sugerente y receptiva a sus lances, y que le cita en casa de una amiga en el Soho. Nuestro protagonista no se lo piensa ante la perspectiva de poder lograr hacer el coito esa noche, y allá que va. A partir de ahí comienza la noche más delirante y peligrosa de la vida de este hombre.

Como ya comentaba en la introducción, esta película está considerada una obra menor de Scorsese, y la gente la despacha como una comedia resultona y poco más. Quizás esto se deba a que esta obra surgió de la frustración que le generó que le paralizaran el rodaje de "La última tentación de Cristo", un proyecto que persiguió durante muchos años, a pocas semanas de iniciarlo. Ante semejante situación, y con unas ganas locas de rodar, al neoyorkino le llegó este guión  cuando el director que se iba a encargar de ella era, curiosamente, Tim Burton. Entre los productores se encontraba el que acabaría siendo el protagonista de la película Griffin Dunne, que está estupendo, por cierto. A Scorsese le gustó, y aunque se tratara de un encargo, decidió hacerlo para sacar toda las ganas de rodar que tenía. Y vaya si las puso. Tanto es así, que llegó a ganar el premio al mejor director en el Festival de Cannes de aquel 1986.

Lo primero que llama la atención es el tono de la película, una combinación de terror y comedia, que no se queda en la estructura típica de este tipo de película dar sustos y luego desengrasarlos con momentos cómicos sino que están intrínsecos al desarrollo de la trama. El cine de Scorsese siempre se ve muy fácil con ese ritmo endiablado que le imprime a muchos de sus trabajos, pero eso no significa que no deje un poso, siempre bastante amargo, en su espectador, al oponernos a nuestros rincones más oscuros. En todas sus obras nos fascina, y por que no, divierte con sus personajes al filo del abismo, pero lo que siembra en nosotros es que eso que les pasa a esos protagonistas con una moralidad, cuando menos, ambigua, es que el espectador nos convertiríamos en uno de ellos si viviéramos esas mismas circunstancias: en el fondo todos tenemos dentro a un Travis Brinckle ("Taxi Driver"), a un Henry Hill ("Uno de los nuestros"), o a un Jordan Belfort ("El lobo de Wall Street", con ese inquietante plano cerca del final en el que vemos a los asistentes al seminario que acaba impartiendo, es decir a nosotros mismos, mirando con embeleso y admiración al protagonista...). Y es por eso que su cine nos marca tanto.


Aquí mientras vamos siguiendo a la retahíla de situaciones pesadillescas (porque la película tiene la misma lógica alucinada y retorcida de las pesadillas) que le suceden al protagonista, vamos viendo que es una víctima, pero desde luego no una inocente, ya que se va mostrando como alguien con muchas más dobleces que los esperables en un anodino oficinista: en la medida de lo posible se va revelando como una persona egoísta y desagradable, que cuando se encuentra a alguien a quien manipulable, no duda en hacerlo para sacar provecho (sexual, económico, o, a partir de un momento dado, lograr simplemente que le den refugio su odisea de pesadilla). Hay un momento que resulta particularmente turbador, en el que el protagonista, tras ver una joven muerta, de primeras empieza acariciar el cadaver con cierto afán de mostrar piedad por la joven, después al ver que está desnuda bajo la sábana que la cubre, sigue mirándola, pero ya no tanto compadeciendose de su situación, como con curiosidad, pero es que al ver el bello cuerpo desnudo de la joven fallecida, lo que detectamos en su actitud es ya ¡excitación sexual! Afortunadamente, algo le interrumpe y no vemos en que podría haber acabado semejante tesitura. Situaciones como está se repiten a lo largo de la película, además casi siempre con las mujeres como objetivo, lo que revela la misoginia latente en el personaje

Antes me refería a lo que sufre el protagonista como odisea, y es que tiene mucho del viaje mitológico de Ulises. En primer lugar la sarta de situaciones límite que vive: le rapan parte de la cabeza, le persigue una turba enloquecida (con clara reminiscencias a Frankestein, puesto que Scorsese no hace ascos a homenajear ningún genero), le engañan, propicia un suicidio, tiene propuestas de se confiesa a un desconocida, presencia varios crímenes, le agreden, se convierte en una obra de arte...  Y claro, los personajes que se encuentra no desemerecen de cíclopes y sirenas del clásico de Homero: vendedoras de helados ambulantes que devienen en implacables cazadoras de delincuentes; artistas sadomasoquistas; ingenuas camareras que devienen en máquinas de rencor; camareros confiados; ancianas artistas que viven en almacenes de pubs; ladrones porromanos; taxistas adictos a la velocidad y al flamenco...Y luego está la estructura circular que presenta la historia, que encuentra su fin en el mismo punto de la partida, y que no detallaré para no arruinar la experiencia a los afortunados que la disfruten por primera vez, pero que le da un cierre y perdón por el chiste, redondo.


Y sería un crimen cerrar la entrada sin reseñar la estupenda labor de Scorsese tras las cámaras. En esta ocasión, consciente del material, llamemoslo con todas las comillas que se quiera, ligero, con el que está tratando, el realizador se vuelca en darle un tono visual juguetón, con la cámara haciendose notar mucho: ese justamente célebre plano subjetivo en el que la cámara toma el punto de vista de las llaves que le han sido lanzadas al protagonista desde un balcón, y cuya realización, al parecer, casi le cuesta la vida Griffin Dunne...; los virtuosos planos con steadycam que cierran y abren la película, a ritmo de Mozart; las secuencias de la discoteca, en la que el director hace uno de sus habituales cameos manejando un foco.... Todo ello excelentemente arropado por la labor del los siempre excelentes Michael Ballhaus en la fotografía, que le da un tono de pesadilla al Soho neoyorkino, y de Thelma Shoemaker, la montadora oficial del Scorsese en el grueso de su carrera, imprimiendo un ritmo perfecto.

He estado a punto de ponerla en el apartado películas para ocasiones, ya que al final lo que muestra la película es lo que te puede pasar si te dedicas a salir de tu casa cuando no toca, pero al final me he contenido.... En fín, i con todo lo que he contado no os han entrado ganas de verla, o revisarla, algo he hecho mal, porque se trata de una de las grandes películas del maestro (y eso que es díficil hacer un ranking con la cantidad de genialidades que este hombre nos ha brindado a lo largo de 50 años...). Así que ya sabéis.

miércoles, 12 de agosto de 2015

Películas para ocasiones (VII): "The rocky horror picture show"


Brad y Janet son dos jovenes un tanto mojigatos que tras declararse su amor y comprometerse (todo ese en la misma canción) deciden ir a darle la buena nueva al Dr. Scott, el investigador trabajando para el cual se conocieron. Sin embargo por el camino, su coche les deja tirados en una noche de tormenta, y se ven obligados a pedir ayuda en la casa más cercana, que resulta ser el castillo de Dr. Frank-N-Furter, un dulce travesti de Transexual, el planeta Transilvania. Esta noche cambiará sus destinos para siempre.


Hoy, 14 de Agosto, se cumplen 40 años del estreno de "The Rocky Horror Picture Show" y es algo que merece la pena celebrar y recordar, no por ser una gran película (aunque para mí lo es sin duda) sino porque es la cinta que podemos considerar como la precursora de lo que se ha venido a llamar "Cine de culto".





Surgida de la desesperación de Richard O´Brien, actor que tras ver que su mayor logro había sido interpretar un papel secundario en "Jesucristo Superstar" en el West End londinense, decidió volcar su pasión por las película de terror de los 50, los musicales, el travestismo y el glam de David Bowie en una obra musical. Al principio se iba a llamar "They came from Denton High" pero que en último momento pasó a llamarse "The Rocky Horror Show". Tras ser representado con moderado éxito en Reino Unido y USA, la Fox decidió convertirlo en película, manteniendo a O´Brien como actor secundario y como guionista, y poniendo al frente del proyecto a Jim Sharman, que venía de dirigir varios montajes en los que había actuado O´Brien. A este reparto se sumaron entre otros Barry Bostwick y Susan Sarandon para incorporar a la pareja protagonista, la actriz de
cabaret Little Nell para dar vida a Columbia, el cantante Meat Loaf como Eddie, el veterano Charles Gray como el narrador, y en la que sería su primera interpretación de un personaje icónico (la otra sería Pennywise en "It") Tim Curry dando vida al inolvidable Dr. Frank-N-Furter. La película se rodó en el Reino Unido con un presupuesto moderado sin mayores incidencias, y en Agosto se estrenó allí para unas semanas más tarde hacerlo en USA. El estreno, quitando buen funcionamiento en ciudades puntuales, fue un fracaso de los gordos. Sin embargo, un avispado ejecutivo de la FOX, a la vista del éxito de sesiones golfas de películas iconoclastas como "Pink Flamingos" animó a que se hiciera lo mismo en un cine de Nueva York. A partir de aquí el resto es historia. Estas sesiones funcionaron de maravilla, y este fenómeno se empezó a expandir como la peste, primero por USA y luego por todo el mundo. Pero no solo eso, el público se entragaba en los pases y empezó a interactuar con la película, dando lugar a unos rituales que con el tiempo han crecido y se han hecho canónicos. Así hasta hoy en día, en el que se ha convertido en la película con la presencia ininterrumpida más larga en salas de la historia del cine, es una de las películas que están conservadas en la Biblioteca del Congreso de USA, y es un clásico indudable del cine musical, de la ciencia-ficción y del cine homosexual.

Y ahora lo que de verdad importa ¿merece realmente la película el status del que goza? Vaya por delante que no es ninguna obra maestra: la realización es bastante tosca y poco trabajada (en algún momento se puede ver hasta microfonos colgando en la parte superior del plano...),hay algunos altibajos de ritmo, y el diseño de producción es un tanto chapucero. Y a pesar de todo es una película enormemente disfrutable, que engancha y apetece repetir de vez en cuando.


En primer lugar, el guión. El argumento es una vuelta de tuerca irónica y perversa de las tramas de películas de ciencia-ficción de los 50, demostrando que las jóvenes parejas protagonistas de aquellas películas no eran tan castas como podía parecer, y que aquellos científicos que solventaban la papeleta en último lugar, era en su mayoría parte del botín de mente de la derrota de la Alemania nazi. Peor no solo eso, sino que tienen mucho desparpajo y no se corta en mostrar travestis desatados y relaciones (sexuales) gays. Además tiene los arrestos de huir del final feliz: la ardiente pasión que posee a los personajes les deja secuelas importantes, si es que sobreviven a ellas.
Luego están los actores, que están todos ellos estupendos, conscientes del registro en el que se mueven y la película en la que está participando. Son inolvidables una Susan Sarandon jovencísima y deliciosa, que se pasa la mayora parte de la película en bragas y sujetador, demostrando que ya de joven estaba de muy buen ver, y por supuesto, Tim Curry como el mejor Frank-N-Furter imaginable. No solo por lo divertido y exagerado que está, sino porque además hace gala de una voz alucinante, la mejor del evento si quitamos a cantantes profesionales como Meat Loaf.


Y por último, pero quizás lo más importante, para que esta película sea tan mítica como es: las canciones. Son simplemente alucinantes. Desde la primera a la última. Muy influenciada en general por David Bowie, a lo largo de la cinta, dado su caracter de pastiche, hat guiños/homenajes/paródias al Beboop, al Rock cincuentero, a las baladas románticas, al cabaret, y a la canción melódica. Si me tengo que quedar con uno, sería con "Dammit Janet", pero es por motivos personales (para que os hagáis una idea  de como me gusta, la Gata con gafas y yo abrimos el baile nupcial con ella), aunque   "Double feature picture show", "Time warp", "Sweet Transviste", "Touch-a, touch-a, touch-me" o  "I can make you a man", "Hot patootie" o "Rose tinte my world" son geniales. Basicamente, ejem, todas (por si no ha quedado claro soy un fan irredento...).





En fín, que no se trata de una película para todo el mundo. Pero todo el mundo debería verla al menos un vez en la vida. Y si es posible en mucha compañía y en un cine en sesión golfa mejor. Y si es posible con actores amateurs que interpreten la película y con el publico interactuando con ello mucho mejor. Y si encima es en San Francisco en un cine con bastantes gays locazas desatados, miel sobre hojuelas.







Imagino que la mayoría de los que leáis esto ahora estaréis en la playa o de viaje por ahí y os dará pereza. Que no os de, es una película muy fresquita y divertida para estas fechas. Así que a animarse todo el mundo.