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jueves, 13 de junio de 2013

El hijo adolescente como condena


Precedida por el éxito que logró en el Festival de Málaga, el finde pasado fuimos a ver el última película de Gracia Querejeta. Fue una casualidad que la vieramos justo después de habernos enterado de la muerte de su padre, uno de los productores más importantes de la historia del cine español y responsable de que el cine español sea a día de hoy un fijo en el circuito de festivales prestigiosos.

Jon (Aaron Piper) es un chico vasco al borde de cumplir los 15 años que es expulsado del colegio por motivos disciplinarios. Su madre Margo (Maribel Verdu), viuda desde hace cinco años, se ve incapaz de educarle y decide enviarlo con su abuelo Max (Tito Valverde), un militar retirado de férreos valores que vive solo en el Levante desde que hace tres años se separase sin motivo aparente de su mujer. Como es lógico nieto y abuelo chocaran bastante. Y a pesar de sus intentos de darle valores, el muchacho acabará metiéndose en problemas.

Gracia Querejeta siempre ha tenido un rincón en mi corazón cinéfilo. Todas sus películas me han gustado bastante. Tiene una manera bastante reposada de narrar cosas que nos afectan a todos en mayor o menor grado, como es la familia como elemento que condiciona nuestras vidas, para bien y para mal, y los secretos que hay en ellas. Además me encanta la manera que tiene de enfrentarse a los muertos: en nuestra sociedad los muertos son algo intocable, y en sus películas los personajes siempre se ven lastrados por sus finados, que se mantienen sobre ellos como una los que les impide crecer. Hasta que no son capaces de reconocer sus sentimientos (negativos y positivos) hacia ellos, sus protagonistas no son capaces de dejar atrás el pasado y avanzar. Este aspecto me parece algo muy necesario en nuestra cultura, en la que los sentimientos hacia los muertos siempre tienen que ser inmaculados, o silenciados cuando son negativos. Por todo esto tenía bastantes ganas de ver este trabajo. Y por todo ello, me apena decir que aquí ha realizado la que quizás sea su peor película, lo que no significa que sea mala, pero si que resulta un poco decepcionante viniendo de quien viene.

La película tiene su mayor problema en el casting de los actores adolescentes: lo hacen todos rematadamente mal. Ninguno de ellos resulta creíble, lo que hace que sus acciones parezcan más impuestas por el guion que motivadas por su personalidad. Dirigir a actores jóvenes y noveles es siempre complicado, pero no esperaba encontrarme esto en un trabajo de Querejeta, que hasta ahora si había destacado por algo, era por dirigir bien a actores adolescentes, como demostró en la emotiva “Hector”, en la que presentó toda una camada de actores jóvenes que cumplieron más que bien con su trabajo.
El guion tampoco es una de los mejores que ha escrito esta mujer, ya que a veces parece avanzar a trompicones, sin que haya mucho sentido a las decisiones que toman los personajes. Vale que son adolescentes, y que en esa edad no hay nadie al volante, pero se lo podían haber trabajado un poco más… También es cierto que si hubieran tenido mejores actores defendiéndolos, serían más creíbles las acciones de los personajes. Y la historia deja igualmente bastantes cabos sueltos, sobre los que se llama la atención en algún momento, pero que terminan por no llevar a ninguna parte.

Pero tampoco es que sea todo negativo. Si hay dos cosas que esta cinta se vea con agrado son algunas de sus actuaciones. Por un lado esta Maribel Verdú, que en este momento se halla en una madurez interpretativa estupenda y tiene a su cargo el momento más emotivo de la película. Y por otra parte estaría el largo tiempo desaparecido Tito Valverde, que borda su papel de abuelo solitario e incapaz de expresar sus sentimientos. Esperemos que no se vuelva a hacer tanto de rogar para regresar a la gran pantalla de nuevo, ya que se trata de uno de los grandes de este país, por mucho que ahora no esté de moda.

Una película aceptable, pero que no alcanza el nivel de otras obras de esta mujer, que posiblemente ha entregado aquí su trabajo menos redondo.