Precedida por el éxito que logró en el Festival de Málaga, el finde pasado fuimos a ver el última película de Gracia Querejeta. Fue una casualidad que la vieramos justo después de habernos enterado de la muerte de su padre, uno de los productores más importantes de la historia del cine español y responsable de que el cine español sea a día de hoy un fijo en el circuito de festivales prestigiosos.

Gracia Querejeta siempre ha
tenido un rincón en mi corazón cinéfilo. Todas sus películas me han gustado
bastante. Tiene una manera bastante reposada de narrar cosas que nos afectan a
todos en mayor o menor grado, como es la familia como elemento que condiciona
nuestras vidas, para bien y para mal, y los secretos que hay en ellas. Además me
encanta la manera que tiene de enfrentarse a los muertos: en nuestra sociedad
los muertos son algo intocable, y en sus películas los personajes siempre se
ven lastrados por sus finados, que se mantienen sobre ellos como una los que
les impide crecer. Hasta que no son capaces de reconocer sus sentimientos (negativos y positivos) hacia ellos, sus protagonistas no son capaces de dejar
atrás el pasado y avanzar. Este aspecto me parece algo muy necesario en nuestra
cultura, en la que los sentimientos hacia los muertos siempre tienen que ser
inmaculados, o silenciados cuando son negativos. Por todo esto tenía bastantes ganas de ver este trabajo. Y por todo ello, me apena decir
que aquí ha realizado la que quizás sea su peor película, lo que no significa
que sea mala, pero si que resulta un poco decepcionante viniendo de quien
viene.

El guion tampoco es una de los
mejores que ha escrito esta mujer, ya que a veces parece avanzar a trompicones,
sin que haya mucho sentido a las decisiones que toman los personajes. Vale que
son adolescentes, y que en esa edad no hay nadie al volante, pero se lo podían
haber trabajado un poco más… También es cierto que si hubieran tenido mejores
actores defendiéndolos, serían más creíbles las acciones de los personajes. Y
la historia deja igualmente bastantes cabos sueltos, sobre los que se llama la
atención en algún momento, pero que terminan por no llevar a ninguna parte.
