Seamos honestos: así de lejos,
esta serie no es que resulte muy atractiva. Lo más normal es verla como un
burdo intento de servirse del auge de la televisión actual para tomar un
personaje icónico e intentar aprovecharse del nombre para sacar más partido a
una idea ya agotada (como demostraron las muy mediocres “El dragón rojo” y
“Hannibal. El origen”). Afortunadamente, si uno se libra de los prejuicios (a
mí me costó unos cuantos meses y la reseña que le dedico TFV para decidirme),
se encuentra con una serie más que interesante.
Lo primero que hay que agradecer
es la inteligencia que han demostrado sus creadores para alejarse de todos los
precedentes cinematográficos del personaje. Y es que a pesar de que en los
títulos figure como basada en el primero de los libros en el que aparece Lecter
(“El dragón rojo”, que generó dos adaptaciones: la primera irregular a cargo de
un primerizo Michael Mann y la segunda absolutamente mediocre y prescindible a cargo del temible Brett Ratner,
especialista en destrozar franquicias), de ella unicamente toma los personajes
principales, desarrollando una trama del todo nueva y estableciendo un universo
y una relación entre los protagonistas ausentes en las adaptaciones previas.
Y es que lo que más llama la
atención de esta serie es la valentía a la hora de mostrar una sociedad
completamente enfermiza: todos los personajes principales tienen algo que les hace
sentirse aislados, o los convierte directamente en monstruos.

La presentación que se hace de
los crímenes contribuye mucho a enrarecer el tono de la propuesta, ya que todos
los asesinatos son presentados de manera muy recargada y excesiva, quedando convertidos en muchas ocasiones en
macabras esculturas. Este ambiente enfermizo que se respira en la serie ayuda
mucho también la luz, que convierte algunas de las escenas en terroríficos
cuadros vivientes. Hasta los apuntes cómicos tienen un reverso tétrico. Por
ejemplo la estupenda secuencia en la que vemos a Lecter cocinando: se intercalan las imágenes en las que se le ve buscando ideas en recetarios, con otras en las que busca en su tarjetero direcciones de gente que le sirva materia prima para sus platos...
Y aunque una serie de televisión
es siempre producto de colaboración y se le suele dar el mérito al creador, en
este caso Bryan Fuller (cuyo trabajo previo desconozco) no hay que pasar por
alto la labor de los directores que están detrás de la mayoría de los
capítulos. Entre ellos que encontramos a
gente tan interesante como David Slade (la interesante “30 días de
noche”), John Dahl (que en los 90 hacía peliculones como “Red Rock West”),
Guillermo Navarro (que es el cinematógrafo habitual de Guillermo del Toro), o
Peter Medak (que hoy ha caído en el olvido, pero que hay que recordar que es
el director de “Al final de la escalera”…).
Como nota anecdótica, apuntar la
conexión hispánico con dos curiosidades: el famoso cocinero José Andrés ha sido
contratado como consejero gastronómico, y probablemente por eso, en un momento
de la serie, vemos a Lecter ¡¡¡Partiendo y comiendo jamón ibérico!!! No sabe
nada el tió…