jueves, 13 de abril de 2017

La isla de los monstruos.


En el año 1973 tras ponerse en marcha la red global de satelites, aparece una isla desconocida. El gobierno norteamericano autoriza una expedición mixta de científicos y militares con la esperanza de poder explotar los posibles recursos minerales de la isla. Y aunque todo apunta que la isla puede ser un lugar referenciado por varias leyendas, nadie imaginan lo que encontraran allí.

La irregular e interesante pero frustrante "Godzilla" funcionó a nivel económico lo suficientemente bien como para que Legendary Pictures se planteara poner en marcha un Universo Cinematográfico compartido (que estudio no aspira a eso hoy día...) sobre monstruos gigantes. Después del reptil japonés, el turno lógico era el de el rey de los monstruos gigantes: King Kong.

Afortunadamente esta película enmienda casi todos los errores que desmerecían la película del monstruo nipón. Aquella cinta, probablemente (mal) influenciada por el cine de Nolan, confundía seriedad con calidad y el conjunto se resentía: si aspiras a hacer algo tan serio, tienes que apoyarte sobre unos personajes bien definidos que cuyas vivencias te interesen, y desde luego no era el caso, con unos personajes planos y un reparto desacertadísimo, más allá del siempre genial Bryan Cranston. En "Kong: La isla Calavera" se ha optado en todo momento por la diversión, sin que eso vaya en contra de la historia, más bien al contrario, ya que se siente más cohesionada y emotiva que la citada "Godzilla".
Ya de primeras es de agradecer que los responsables de la película es que hayan sido capaces deponer en marcha una película sobre el simio gigante dandole su propia personalidad sin traicionar la tradición del personaje, ni caer en el mimetismo nostálgico-cinefilo que desembocó en la tibia recepción que tuvo el "King Kong" de Peter JacksonInciso: Es esta última película mejor de lo que se dijo; lastrada por los excesos megalomanos de un Jackson que por entonces se creía el Rey del Mundo, que confundía duración con importancia, con una primera hora de metraje totalmente innecesaria, y un Jack Black simplemente estrangulable, el balance final de la cinta era positivo, con momentos inolvidables como King Kong persiguiendo rubias por Broadway.
Una de las mejores ideas del ultimo Godzilla occidental era que su diseño huía de todo realismo jurásico para erigirse en una figura mitológica sin correspondencia alguna con la naturaleza. Bien, pues aquí siguen la misma senda: este King Kong, como el primero, tiene aspecto bípedo y antropomórfico, y recupera también de la entrega original (y a día de hoy aun la mejor...) el que sea carnivoro (algunos simios lo son, pero los gorilas no...) para demostrar que no estamos ante un gorila sobrealimentado, sino sobre una suerte de deidad, ajena a toda explicación lógica.
No es la de 1933 la única película previa del primate gigante referenciada, ya que el remake setentero auspiciado por Dino DeLaurentis también se deja sentir. La referencia más obvia es la ambientación en los 70 (entonces contemporanea, ahora evocada), pero en este caso, más allá de la estupenda selección musical, se opta por la versión más oscura de dicha década, aquella marcada por la Guerra Fría, la derrota de USA en Vietnam y el escándalo Watergate. De hecho, la película tiene una interesante carga política (relativa, no olvidemos que estamos hablando de un blockbuster protagonizado por un gorila gigante...) al retratar al ejercito americano como una banda de derrotados sin ningún objetivo en la vida, capitaneados por un hombre aun más frustrado, que focaliza en Kong la rabia por haber sido retirado de la guerra. Y también del remake de Guillermin hereda la avaricia de las grandes empresas como detonante inicial de la trama.
Volviendo con la cinta de Gareth Edwards, la otra idea que mejor funcionaba era que Godzilla se erigía en el defensor último de la Tierra como consecuencia de las actitudes irresponsables de la Humanidad, quedando el ejercito, y la raza humana en general, como auténticos peleles. Aquí también retoman esa idea y la aumentan, convirtiendo, como ya he comentado, a los militares en un problema extra (que roza la oligofrenia algunos de sus miembros: vease la desternillante secuencia del soldado que se inmola...) al que el gorila debe enfrentarse al intentar proteger al planeta de una amenaza mucho mayor. Esto da a la película algunos de los mejores momentos de la cinta, con esos cruces de miradas y reflejos en la pupila que lleva al paroxismo los duelos de miradas mantenidas que creo Leone. Si alguien podía mantener la mirada a un gorila de 30 metros, ese tenía que ser Samuel L. Jackson.
Aquí no hay ningún tipo de recato en mostrar que el gorila desde el primer momento y como tal protagoniza la primera y divertidísima secuencia. A continuación, tras unos estupendos títulos de crédito, que trascurren sobre imágenes de noticiarios cinematográficos pasamos a la tan temida en este tipo de películas presentación de personajes. Afortunadamente este tramo esta resuelto con suficiente desparpajo e ironía como para  lograr unos personajes capaces de no resultar sonrojantes (los que mejor funcionan son los que tiene buenos actores detrás, como el citado Jackson, John Goodman, y John C. Reilly...) y no aburrir hasta la reaparición de Kong. Aquí me voy a extender, porque Vogt-Roberts, que venía de rodar la simpática y sencilla "The Kings of the summer" se descuelga con una de las mejores secuencias de acción vistas en bastante tiempo. Tras atravesar en helicóptero una tormenta que traía al recuerdo la tormenta de arena de  "Mad Max. Furia en la carretera", los exploradores llegan a la isla y se dedican a incordiar a los que allí viven con suspuestos intereses científicos a base de bombas hasta que Kong hace acto de presencia recortado contra el sol del horizonte, en una imagen memorable y un claro homenaje a "Apocalipsis Now". El resto forma ya parte de las mejor secuencias que ha brindado el cine de monstruos gigantes.

A partir de aquí la película logra mantener con bastante tino el tono aventurero. Lo primero que es de agradecer es que el realizador ruede los bellos parajes vietnamitas con sentido de la maravilla y logrando que generen auténtica sensación de descubrimiento y de maravilla, un talento algo perdido hoy en día, en el que la infografía se ha convertido en algo tan andar por casa, que ha hecho que se ruede igual la visita a un mundo fantástico que un paseo campestre. Y otro punto a favor es que consigue transmitir con éxito la sensación la sorpresa sienten los protagonistas al ver cosas como bueyes gigantes o arañas monstruosas: es un mundo desconocido en el que el paisaje más bello puede virar en trampa mortal (el estupendo y sangriento ataque de la araña) y el bicho más aberrante puede albergar una inesperada paz (los citados bueyes o el tronco viviente). Hay momentos en los que se trabaja aceptablemente bien la atmosfera, como todo la llegada al cementerio de huesos, y otros en los que la cosa se desmelena en aras del entretenimiento descerebrado, a la altura del Zack Snyder más desatado (o sea el de la incomprendida y muy estimable "Sucker Punch"). Todo ello sin renunciar en ningún momento al sentido del humor, a ratos negro y lleno de mala y otros que convierten a la cinta casi en un slapstick surrealista.

Si hay que buscarle algún fallo a la película ese sería que se deja de lado la faceta trágica y romántica del personaje. En lo relativo a lo primero, si que es cierto que se insinua en momentos como ese que vendría a ser la versión monstruosa de la ya típica imagen del policía inadaptado pero obsesionado con su trabajo que come comida basura solo ante la televisión: sin saberse observado por un hombre, el simio se dedica a comerse, en soledad y con la mirada perdida, un pulpo que previamente le ha atacado (¿un homenaje a "Old Boy"?). Pero hay queda la cosa. Y en cuanto a la debilidad de Kong por las mujeres jóvenes y hermosas, también aparece por ahi, pero como no se lo han trabajado previamente, queda como un pegote impuesto por la mitología del personaje. Ya puestos a innovar, podían haber elevado la apuesta y convertir a Kong en una suerte de monje ermitaño y celibe, comprometido con la protección de la isla y ajeno a toda tentación carnal. Otra  vez será...

Todo ello muy perdonable, ya que no empobrece el conjunto de la que es desde ya una seria candidata a la película más entretenida del año. Ojala el próximo Godzilla y las películas futuras del Monsterverso (atención a la secuencia postcréditos) sigan este camino.