Mostrando entradas con la etiqueta Quentin Tarantino. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Quentin Tarantino. Mostrar todas las entradas

viernes, 5 de febrero de 2016

Demasiado(s) odio(sos).


En pleno invierno en Wyoming, unos años después de la Guerra Civil americana, el cazarecompensas John "La horca" Ruth, lleva a su prisionera Daisy Domergue (excelente Jennifer Jason Leigh) a bordo de una diligencia con la intención de que sea entregada para ser ajusticiada. Sin embargo una tremenda tormenta de nieve hará que tengan que refugiarse en la mercería de Minnie, una fonda en la que todo es mucho más complicado de lo que aparenta.

Pues tras muchas vueltas y amenazas de no llegar a materializarse nunca, llegó la 8ª película de Quentin Tarantino. Y como siempre en él, venía cargada de expectación. Aunque en este caso, Tarantino (re)cae en el que para mí es su mayor fallos: la autoindulgencia. En los peores momentos de su filmografía, queda tan extasiado con su trabajo, que es incapaz de desechar tramos de película que no añaden nada y que hacen que el ritmo se resienta. Aquí el problema esta en la primera mitad de la película.

Y eso que la cinta empieza bien, con ese estupendo y larguísimo plano inicial de una cruz de piedra con un Cristo crucificado, que, arropado por la tensa música de Morricone, tiene la doble función de adelantar el martirio que van a sufrir los protagonistas, y que también le sirve como hito para marcar el tiempo en los saltos en el tiempo que irán apareciendo en la narración. El viaje en la diligencia que se sucede a continuación resulta interesante, trayendo a la mente la magistral "La diligencia" (sin alcanzar su nivel, por supuesto...), ya que a la vez que permite presentar a los personajes, muestra la sociedad violenta, machista, rencorosa y racista en la que se va a desarrollar la historia.

El problema es cuando se produce la llegada a la mercería de Minnie, momento en el que la película se transforma en un whodunit al más puro estilo de "Los diez negritos" de Agatha Christie. Tarantino sigue aquí presentando el resto de los personajes de la función y el lugar en el que va a transcurrir toda la historia. Pero en su intención de generar suspense en el espectador, incluye secuencias y detalles que no conducen a nada (la fijación de las cuerdas entre las distintas edificaciones, la puerta que precisa ser apuntalada para que no sea abierta por la tormenta de nieve...), y en lugar de inquietud lo que llega a generar es tedio (yo llegué a cabecear de sueño...). La cocción a fuego lento es la mejor manera de crear suspense, pero cuando uno deja un plato demasiado tiempo al fuego, puede ponerse correoso e incomestible.

Afortunadamente el de Knoxville consigue reconducir la trama, y a partir del flashback que narra el personaje de Samuel L. Jackson (tan genial como siempre), el interés remonta y no decae hasta el final. A partir de este momento, el referente pasa a ser, al igual que lo fue en su primeriza "Reservoir dogs", "La cosa" de John Carpenter (no creo que la presencia de Kurt Russell se trate de algo casual...), y se desata la paranoia y la desconfianza. Lo que sigue de aquí hasta el final es un  ejercicio de suspense bien narrado, personajes que nunca son lo que dicen ser, cambios de puntos de vista, flashbacks marca de la casa y sangre, muchas sangre. Y eso que estamos hablando de Tarantino, que nunca se suele cortar con la hemoglobina... A la construcción del suspense contribuye en no poca medida la música de Ennio Morricone, que tras ver muchos de sus temas utilizados en las películas de el realizador, por fin ha accedido a componerle música original, que al parecer, utiliza en parte música no utilizada para ¡again! "La cosa" de John Carpenter (y aviso que no será la última vez que aparezca el maestro del terror en este entrada...)
.
Un aspecto que me ha llamado mucho la atención es que Tarantino ha realizado su película más política. Esto es toda una sorpresa, porque el cine de este hombre nunca se ha caracterizado por su interés en retratar la sociedad que le rodea. Pero la verdad es que aquí ha andado bastante acertado en mostrar un país dividido y lleno de rencor. Es fácil ver en esos personajes racistas, desconfiados y violentos un reflejo de la Norteamérica actual, siempre al borde de la revuelta racial y condenada por su avaricia y esa violencia a punto de estallar ante el más mínimo suceso.

Mucho se ha hablado del rodaje en Ultra Panavisión y 70 mm. Aunque yo no he conseguido verla en ese formato (por aquí solo se ha estrenado en ese formato en un único cine en Barcelona...), no termino de ver la utilidad, más allá de lograr publicidad extra y reivindicar su amor por el celuloide y el cine a la antigua usanza. Por lo menos de la manera en la que está rodada. El manejo que hace de  la profundidad de campo, pudiera haber sido realizado en otro formato tranquilamente, como ha ndemostrado Tarantino y su inestimable colaborador el genial Robert Richardson (el mejor cinematografo de la actualidad para el que esto firma...) en otros trabajos previos. Pero es que tampoco se termina de aprovechar las capacidades del formato panorámico en lo que a composición del plano se refiere para generar suspense. Algo que si que ocurría en el uso que se daba al formato alargado en las magistrales "Lawrence de Arabia" y "La noche de Halloween" (otra vez Carpenter, aunque no preocuparse que ya va a ser la última que le nombro...), o sin ir más lejos en la reciente y genial "It follows".

En fin, que aunque "Los odiosos ocho" no se trata de una película despreciable, si que resulta decepcionante, sobre todo viniendo de realizar trabajos tan estupendos como "Malditos bastardos" o "Django desencadenado": si a estas películas vuelvo cada cierto tiempo y las disfruto tanto o más que la primera vez, ahora mismo no tengo ganas de volver a la mercería de Minnie.

viernes, 25 de abril de 2014

Recuperando clásicos (XII): "Malditos bastardos"


Hace unos días recuperé esta película. En su día me gustó mucho, pero me dejó un pelín decepcionado, por un motivo que luego explicaré. En este nuevo visionado, he disfrutado aun más y no ha habido lugar para la insatisfacción.

Durante la Segunda Guerra Mundial, en la Francia ocupada, a Soshana, la única superviviente de una familia de judíos franceses se le presenta la oportunidad de vengarse de los judíos y en particular de Hans Landa, el brillante y cruel oficial de las SS conocido como " El Cazajudios" que acabó con los suyos. Por otra parte, el ejercito norteamericano infiltra en las lineas enemigas un escuadrón conocido como "Los Bastardos". Este comando, capitaneado por el oficial indio-judío Aldo Raine tiene un único objetivo: matar nazis.




Sé que lo he dicho más veces, pero ahí va de nuevo: Tarantino da lo mejor de sí cuanto más se acerca los géneros, tanto a nivel de escritura como de realización. Sus películas más flojas me parecen "Pulp Fiction" y "Jackie Brown". No son malas películas, pero a estas dos cintas yo les encuentro un exceso de afán por decir "aquí estoy yo". Con chispazos brillantes. Pero ombliguismo a fin de cuentas. Afortunadamente, con "Kill Bill 1&2" dejó de lado eso y todo mejoró. Alcanzando su cumbre (por ahora, que espero que siga por esta senda) con "Malditos Bastardos" y "Django desencadenado".


Voy a empezar con lo que me chocó en su día y que hizo de su primera visión una experiencia muy divertida pero algo frustrante. Es la estructura teatral que tiene la trama, una losa que lastra muchas de las películas de este hombre. No me cuesta mucho imaginar una representación teatral de esta obra en cinco actos. Por momentos, parece que el director va directamente a las partes que le divierten o en las que se sabe fuerte, dejando de lado la progresión de la trama. Hay que reconocer que no se trata de algo que el director haya ocultado en sus obras, que casí siempre están dividas en bloques, o capítulos con título y todo. Es una decisión personal y respetable (Tarantino firma la película) y hasta cierto punto lógica, viniendo de un creador que ha hecho del mash-up cinematográfico la razón de ser de su carrera, pero que a mí me saca a veces de sus películas: el ritmo se resiente, y la trama queda menos fluida. Este problema se nota sobre todo en "Kill Bill", que en su separación por capítulos, que a la vez delimitan los distintos géneros que quería rememorar, la quita cohesión a la historia. Aquí afortunadamente, el número de capítulos es menor que en "Kill Bill", (porque el numero de géneros que revisita es menor), y esa sensación disminuye. Esta tendencia a hacer cambios radicales de tono sería aun menor en "Django desencadenado" que le quedó más homogénea. En el buen sentido.
Y siguiendo con el tema de los géneros, aquí está el otro punto que me hizo en su día no disfrutar todo lo que debía de esta película. Y es que tras oír a Tarantino diciendo a diestro y siniestro a cualquier micrófono que le acercaran, que sus referentes habían sido "Aquel maldito tren blindado" (de la que retomo el título que tuvo esta cinta en su estreno norteamericano...), "Doce del patíbulo", "Los cañones de Navarone" o "El desafío de las aguilas", uno esperaba encontrarse una película de comandos en la Segunda Guerra Mundial pasada por el personal prisma de este hombre. Y de eso en esta película hay poco. O por lo menos, menos de lo que yo esperaba. Porque que nadie se lleve a engaño: no estamos ante una cinta bélica. La ambientación en la Segunda Guerra Mundial es un marco para ambientar y llevar al espectador a un sitio icónico en el que Tarantino puede jugar con él. La cita que abre la película ya es una declaración de principios, con  ese "Erase una vez en la Francia ocupada...". Y el poco interés por el rigor histórico que demuestra a lo largo de la cinta, lo confirma. Poco le interesa la historia. Lo que quiere es contarnos una película de suspense. Y muy buena además.

La primera secuencia deja claro por donde van a ir los tiros. Una de esas escenas que le dejan a uno ya clavado en el asiento. Tarantino demuestra un manejo del suspense envidiable a la par que presenta el personaje más celebre de esta película, Hans Landa y lanzó al estrallato a Christoph Waltz. Luego volveremos a él. En este secuencia, el realizador evoca con la misma soltura a Hitchcock, Ford (del que Tarantino incomprensiblemente reniega, pero que quizás le haya influido más de lo que piensa, como demuestra ese plano de la puesta abierta al campo...) y los omnipresentes en la obra de este director, DePalma (el movimiento de cámara que
atraviesa los muros es inconfundible) y Leone (esa dilatación del tiempo es inconfundible). Después de esto tendremos otras secuencias en este estilo, no tan bien resueltas pero casí: la reyerta en el bar (que por un pelo no queda anulada por un exceso de duración); el primer encuentro entre Soshana y Hans Landa; y la secuencia final en la que confluyen todas las subtramas que se  han ido mostrando y Tarantino hace su homenaje definitivo al cine. Y no sería justo reconocerle ignorar otros buenos momentos, que funcionan a pesar de no ser set pieces: la secuencia en la que se presenta a "El Oso Judio" (sorprendentemente bien interpretado por Eli Roth) a ritmo de Ennio Morricone; o la divertida  y cinéfila (de manera implícita y explícita) secuencia en los cuarteles británicos, en la que encontramos a un Mike Myers irreconocible, y al mítico protagonista de "Los pájaros", Rod Taylor, dando vida al mismísimo Winston Churchill.

Ya he dejado caer antes la importancia que tiene la interpretación que Christoph Waltz hace de Hans Landa para que la película funcione. El entonces semidesconocido actor compone un personaje fascinante, a medio camino entre el típico subordinado eficiente, arribista y lameculos y un psicópata de los de toda la vida. Me parece encomiable lo que consigue, ya que en manos de cualquier otro hubiera caído en el ridículo más espantoso y dado al traste con la película, y aquí logra ser a la par divertido y terrorífico. Imprescindible eso sí, ver la película en V.O. para disfrutar del trabajo de este hombre en todo su esplendor. El resto de los actores, aunque no realizan una labor tan llamativa, tampoco están nada mal. Melanie Laurent borda el papel de víctima ansiosa de venganza, pero quizás el que más me ha gustado el Fassbender, que aquí empezaba a despuntar en el panorama internacional y compone como solo el sabe hacer a un oficial ingles, crítico de cine en su vida de civil, que por momentos parece hermano del militar del David Niven de "Los cañones de Navarone".

No puedo acabar esta entrada sin alabar la labor de iluminación de Robert Richardson, el mejor cámara de la actualidad, ni la selección musical de Tarantino, tan ecléctica como siempre yendo de Morriconne a Bowie con Giorgio Moroder sin despeinarse.



Se me ha hinchado la cabeza de ver películas de Tarantino...
Una gran película, de la que aun no he encontrado a nadie que hable mal. Yo solo puedo esperar que un día de estos haga esa película de comandos que tenía que haber sido esta. O que por lo menos siga trabajando los géneros. Esto último parece que si se va a cumplir, ya que ese  western titulado "The Hateful Eight", que ya en su título referencia al nombre original de "Doce del patíbulo", "The dirty dozen" (crucemos los dedos) y del que hace unos días hizo una lectura de guión en un teatro (que curioso...) sigue adelante después de toda la polémica de filtración de guión, renuncia al proyecto y demás. Ojala se cumpla.


jueves, 7 de febrero de 2013

El esclavo cool



Tras haber rehecho las blaxploitation ("Jackie Brown"), el cine de artes marciales ("Kill Bill"), el cine de progama doble y serie Z ("Death Proof") y las películas de guerra ("Malditos bastardos), ahora le tocaba el turno al género que más le ha influido en su carrera, el spaghetti-western, y la verdad es que la ha quedado bastante redonda.

La película nos cuenta la historia de Django (Jamie Foxx), un esclavo que mientras es transportado por unos negreros es liberado por el Dr Schultz (Christoph Waltz), un dentista reconvertido en cazador de recompensas, para que le ayude a dar con tres fugitivos que está buscando. Tras realizar esta empresa, surge la amistad entre ellos, y Schultz acepta ayudar a Django en la búsqueda y rescate de su mujer Bromhilda (Kerry Washington), que ha sido vendida al despreciable terrateniente Calvin Candie (Leonardo DiCaprio).

Mucho tiempo llevaba Tarantino acechando el spaghetti-western (¿o es que no lo son, aunque sea encubiertos, "Kill-Bill" y "Malditos bastardos"?) como para no terminar hincándole el diente. Hasta que finalmente lo que tenía que pasar ha pasado y aquí tenemos "Django desencadenado". Era un paso del todo lógico, pero había que cogerlo con pinzas, ya que Tarantino es capaz de elaborar maravillas, pero también mediocridades.



La película tiene dos partes bien diferenciadas. La primera es la que se inscribe por completo en el spaghetti-western, con un montón de referencias al genero en general, y a Leone en particular. No es casual que los protagonistas sean una pareja de cazarecompensas, como en "El bueno, el feo y el malo", o ese hiperrealismo tan característico del genero que se ve tanto en la actitud agresiva de los personajes (el Oeste tuvo que ser un sitio muy violento en el que no cabía la caballerosidad ni la misericordia) como en la ambientación y caracterización de los personajes (quizas desde "Los señores del acero" de Verhoeven no se veían tantos personajes desaliñados y con los dientes picados en una película, no librandose ni el antaño niño bonito DiCaprio...)
En la segunda parte el tono cambía bastante, y se acerca al tono que presentaban las películas de los 70 que trataban el tema de la esclavitud negra, muy descarnado y nada condescendiente. Llama la atención en este tramo la capacidad de Tarantino para distinguir la violencia de tebeo que se disfruta por el espectador, de la violencia que existió (latigazos, ataques por perros, marcajes a fuego, encierros...), y que, aunque es mostrada de manera más sutil, no por ello, pierde fuerza, quedando marcadas estas secuencias durante todo el metraje en el espectador. No es una visión nada complaciente del pasado de EE.UU. Aun así, en esta parte encontramos también unos cuantos tiroteos muy bien rodados y con la sangre salpicando por doquier.
De entrada, daba mucho miedo la duración, ya que el mayor fallo de Tarantino es, sin duda, su autoindulgencia, y su incapacidad de meter la tijera antes de que el público se termine hartando de sus chistes o filigranas visuales (hay unos cuantos ejemplos a lo largo de su filmografía...). Pero en este caso, le ha quedado bastante ajustada la cosa: la historia da para aguantar bien las más de dos horas y media de metraje, y sus dialogos son chispeantes y divertidos, sin quedar reducidos a chistes y guiños que, en ocasiones, unicamente parecían hacerle gracía a si mismo. De hecho, tenemos la que probablemente sea la secuencia más divertida de toda la filmografía de Tarantino: el intento de linchamiento de los heroes por parte de un proto Ku Klux Klan, que incluye un salto temporal de esos que le hicieron famoso en sus inicios. Además, lo que podría haber sido un pegote durante la última media hora de película, queda muy bien, y no se hace pesado en absoluto.
Los actores están todos muy bien, ya que una de las cosas que mejor hace Tarantino, a mi entender, es dirigir actores. Más allá de la pareja que forman Django y Schultz, que encarnan a la que quizás sea la mejor relación fraternal que ha mostrado nunca el director, los que roban las secuencias son los villanos a los que dan vida DiCaprio y Samuel L. Jackson. El primero de ellos compone a un repugnante negrero que se ampara en la pseudociencia para justificar su negocio, vicioso y perverso (atención a la relación con su hermana viuda...). Y el segundo da vida al que quizás sea el mayor hallazgo de la película, ese esclavo negro que ejerce de manera delegada la violencia con igual o más saña que el patrón para lograr mantener su estatus en la hacienda (atención a su última secuencia, que es simplemente inolvidable...)
La realización no desmerece en absoluto al guión. El director ha sabico controlar bien la duración de las secuencias manteniendo el suspense (cosa que no siempre ha hecho...) y además es capaz de elaborar de jugar con elipsis, saltos en el tiempos, tics visuales del spaghetti western (como los zooms...) sin caer en el exceso, y logrando que estos enriquezcan la película sin entorpecerla. Es capaz incluso de darnos alguna imagen de una belleza tremenda, como ese plano de la sangre salpicando el algodón, excelente metafora visual de la esclavitud.
En cuanto a la parte técnica, la fotografía, como siempre que esta a cargo de Robert Richardson, es muy buena, aunque no alcanza las cotas de excelencia que alcanzó en "Kill Bill" o "La invención de Hugo". Y por último, la música, como siempre en Tarantino, estupenda y ecléctica como pocas, yendo de Luis Bacalov, con el estupendo tema de la entretenida película a la que se rinde homenaje en el titulo, hasta el hip-hop con un curioso tema, "Unchained", que mezcla a 2Pac con James Brown, pasando por el imprescindible Johnny Cash, con la canción que da disco al ultimo volumen de las American Recordings, "Ain´t no grave", y por supuesto, unos cuantos temas de Ennio Morricone.

La película es una gozada de principio a fin. Totalmente recomendable. Aquí tenéis una selección de sus estupendas cancinoes: