En pleno invierno en Wyoming, unos años después de la Guerra Civil americana, el cazarecompensas John "La horca" Ruth, lleva a su prisionera Daisy Domergue (excelente Jennifer Jason Leigh) a bordo de una diligencia con la intención de que sea entregada para ser ajusticiada. Sin embargo una tremenda tormenta de nieve hará que tengan que refugiarse en la mercería de Minnie, una fonda en la que todo es mucho más complicado de lo que aparenta.

Y eso que la cinta empieza bien, con ese estupendo y larguísimo plano inicial de una cruz de piedra con un Cristo crucificado, que, arropado por la tensa música de Morricone, tiene la doble función de adelantar el martirio que van a sufrir los protagonistas, y que también le sirve como hito para marcar el tiempo en los saltos en el tiempo que irán apareciendo en la narración. El viaje en la diligencia que se sucede a continuación resulta interesante, trayendo a la mente la magistral "La diligencia" (sin alcanzar su nivel, por supuesto...), ya que a la vez que permite presentar a los personajes, muestra la sociedad violenta, machista, rencorosa y racista en la que se va a desarrollar la historia.
El problema es cuando se produce la llegada a la mercería de Minnie, momento en el que la película se transforma en un whodunit al más puro estilo de "Los diez negritos" de Agatha Christie. Tarantino sigue aquí presentando el resto de los personajes de la función y el lugar en el que va a transcurrir toda la historia. Pero en su intención de generar suspense en el espectador, incluye secuencias y detalles que no conducen a nada (la fijación de las cuerdas entre las distintas edificaciones, la puerta que precisa ser apuntalada para que no sea abierta por la tormenta de nieve...), y en lugar de inquietud lo que llega a generar es tedio (yo llegué a cabecear de sueño...). La cocción a fuego lento es la mejor manera de crear suspense, pero cuando uno deja un plato demasiado tiempo al fuego, puede ponerse correoso e incomestible.
Afortunadamente el de Knoxville consigue reconducir la trama, y a partir del flashback que narra el personaje de Samuel L. Jackson (tan genial como siempre), el interés remonta y no decae hasta el final. A partir de este momento, el referente pasa a ser, al igual que lo fue en su primeriza "Reservoir dogs", "La cosa" de John Carpenter (no creo que la presencia de Kurt Russell se trate de algo casual...), y se desata la paranoia y la desconfianza. Lo que sigue de aquí hasta el final es un ejercicio de suspense bien narrado, personajes que nunca son lo que dicen ser, cambios de puntos de vista, flashbacks marca de la casa y sangre, muchas sangre. Y eso que estamos hablando de Tarantino, que nunca se suele cortar con la hemoglobina... A la construcción del suspense contribuye en no poca medida la música de Ennio Morricone, que tras ver muchos de sus temas utilizados en las películas de el realizador, por fin ha accedido a componerle música original, que al parecer, utiliza en parte música no utilizada para ¡again! "La cosa" de John Carpenter (y aviso que no será la última vez que aparezca el maestro del terror en este entrada...)
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En fin, que aunque "Los odiosos ocho" no se trata de una película despreciable, si que resulta decepcionante, sobre todo viniendo de realizar trabajos tan estupendos como "Malditos bastardos" o "Django desencadenado": si a estas películas vuelvo cada cierto tiempo y las disfruto tanto o más que la primera vez, ahora mismo no tengo ganas de volver a la mercería de Minnie.