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miércoles, 24 de febrero de 2016

Resurreciones.


En el siglo XVIII el cazador de pieles Philip Glass, durante una campaña de cacería, fue atacado por un osa, y abandonado por su compañeros. A pesar de todo, logró sobrevivir e inicia un viaje lleno de penurias para vengarse por lo sufrido.

Tras barrer en todas las entregas de premios con la sobrevaloradísima "Birdman", Gonzalez Iñarritu vuelve a la carga en su afán de llevar el cine a nuevos niveles. Y si en la anterior película todo lo que vendía era ruido sin nada de nueces, aquí hay bastantes nueces, aunque es la obra maestra que el cree.
Resulta curiosa la evolución del director mexicano: antes buscaba epatar por lo alambicado de sus guiones y ahora parece que está empeñado en llamar la atención a través del aspecto visual. Así "Biutiful", que no casualmente supuso la (amarga) ruptura con el que había sido el guionista de toda su obra hasta ese momento, Guillermo Arriaga, vendría a ser una película bisagra dentro de su filmografía, que sirvió de cierre a la previo y a la vez de presentación de lo que está por venir.

Al principio citaba "Biutiful", la estupenda película de Iñarritu protagonizada por Javier Bardem, y la cita no es gratuita, ya que esa cinta viene varias veces a la mente viendo "El renacido", sobre todo en los flashbacks, que al igual que en aquella representan vivencias previas del protagonista con un punto de ensoñación, a medio camino entre lo idílico y lo pesadillesco. La idea es buena, pero en la película que nos ocupa, a base de reincidir en ella se termina por hacer aburrida y lastra la evolución de la trama. En la genial "Las aventuras de Jeremiah Johnson", a la que "El renacido" debe mucho, no había necesidad de ningun flashback para ahondar en el pasado del protagonista. O sin ir más lejos en    "Gravity" de su amigo Alfonso Cuarón, que es otra película que también viene a la memoria viendo esta película, los flashbacks eran escrupulosamente obviados: bastaba con el poder del guión y el buen hacer de los interpretes (un esforzado DiCaprio que parece que por fin va lograr su ansiado Oscar y un estupendo Tom Hardy...) para conocer y sentir el traumático pasado de la protagonista. Iñarritu ha pensado que no era suficiente con eso...


Pues lo mismo pasa con el resto de la película: hay ideas brillantes que por repetición pierden efectividad.
Un ejemplo, la idea de renacimiento, que es fundamental en la película, como queda claro ya desde el título que ha recibido para su distribución en España. La catarsis del personaje y el renacimiento tienen sentido y son ideas poderosas, pero cuando se produce la visualización del renacer del personaje ¡por tercera vez!, por mucha imagen potente que lo represente, acaba resultando reiterativo y queda desposeído de su fuerza inicial.
Otra demostración de eso sería el uso de los planos-secuencia. Hay momentos francamente brillantes, como, por ejemplo, el primer ataque de los indios: resuelto con un plano secuencia (trucado, por supuesto), por una parte trabaja muy bien la trepidación y subjetividad (con la cámara alternando en su seguimiento de un personaje a otro) sin necesidad de recurrir a rodarlo en primera persona, y por otra, trabaja muy bien la tridimensionalidad sin recurrir al formato estereoscópico. Otro buena utilización es el ataque de la osa, violento y visceral, que a base de no cortar el plano consigue la sensación buscada: generar una sensación de tormento que no acaba nunca. Nada que añadir a estos. El problema es cuando se insisten en crear movimientos de cámara epatantes (como ese en el que la cámara se asoma a los recovecos de una catarata...), pero que no añaden nada a la trama, más allá de demostrar que Emmanuel Luzbeski es uno de los dos o tres mejores cinematografos de en activo.
Porque en esta película, el director de fotografía mexicano sigue superandose a si mismo, no solo en lo que a movimientos de cámara se refiere, sino también en lo relativo a la iluminación, ya que, al parecer, a excepción de una escena que ha recibido iluminación de apoyo, "El renacido" ha sido rodado exclusivamente con luz natural. Más allá del hito que supone a nivel técnico (que no debería importar mucho a nadie a la hora de valorar la cinta, más allá de los profesionales del tema...), esta iluminación consigue trasmitir una intimidad y una naturalidad que hacen que la película gane muchos enteros.
Y para acabar está el guión de "El renacido", que no es nada del otro mundo. En el aparecen constantes de su obra como es el peso de la azar y la casualidad, y en la visualización del sufrimiento físico. Uno no sabe si es por herencia cristiana o delectación sádica, pero todos los trabajos de Iñarritu se caracterizan por mostrar el sufrimiento físico como camino para la redención del alma. Más allá de eso presenta dos problemas para mí bastante importantes. Por un lado está el hecho de que se basa en exceso en casualidades y golpes de azar para hacer avanzar la trama. Esto, que, como ya he dicho, es una de las constantes del realizador y que no supone generalmente un problema para mí, si que lo es cuando se empeñan en venderme la trama como basada en hechos reales: si hay que inventarse cosas para lograr que la película funcione, inventemoslas lo suficientemente bien como para hacerlas creíbles. Y luego está el hecho de detalles que son ninguneados en un momento dado y luego cobran un importancia tremenda en la resolución de la historia, como todo lo relativo con la hija secuestrada del jefe indio, retratado con bastante torpeza y escasa honestidad.

Aunque leyendo la entrada pueda parecer que no me ha gustado la película, no es así. Se trata de una película correcta con algunas cosas sobresalientes, pero parcialmente fallida, y que está bastante lejos de ser la genialidad que se está pregonando. Y que además según apunta todo, va a triunfar en los Oscars, logrando el hito histórico de reportarle a Alejandro Gonzalez Iñarritu el segundo oscar consecutivo como director (solo Mankiewicz y Ford lo han logrado), y lo que es peor, pasando por encima de maravillas como "Mad Max. Furia de la carretera" o "La gran apuesta" que encierran mucho más cine en ellas...



viernes, 16 de enero de 2015

El juego de Broadway


Riggan Thomson es un actor famoso por interpretar una saga cinematográfica superheroica en los noventa. Para salir del ostracismo profesional en el que se encuentra, se propone dirigir, adaptar y protagonizar en Broadway la obra "¿De que hablamos cuando hablamos del amor" de Raymond Carver. Pero tendrá que vencer más dificultades que las que él espera.

Una de las películas que cuenta con más posibilidades de arrasar en los premios, que prometía una historia original narraba de manera muy heterodoxa. ¿Podía fallar algo? Desgraciadamente, sí.

Vista toda la carrera de Iñarritu, he llegado a la conclusión de que este hombre normalmente no tiene fé en las historias que cuenta. "21 gramos" y "Babel", terminaban resultando pedantes y artificiales por su afán de abarcar el mundo y epatar al espectador con piruetas narrativas y visuales, que una vez vista la película, devenían en innecesarias. Y es una pena, porque este hombre si que saben hacer cine, como demuestran "Amores perros" y "Biutiful", sus mejores y más desnudas películas. Pues en este "Birdman (o la inesperada virtud de la ignorancia)", se ha dejado llevar por su faceta artificiosa más que nunca, volcando todas sus energías en truquitos visuales y narrativos, en lugar de intentar exprimir las ideas interesantes que le brindaba la historia. Porque, a pesar de todo, las tiene.

Aunque el guión es mucho más típico de lo que podría parecer a simple vista, se podría haber sacado algo mejor de aquí. Los momentos de comedía no están mal resuelto, como la secuencia en la que recorre las calles en calzoncillos funcionan. Y los diálogos están bastante bien, aunque eso quizás se deban a la estupenda labor de los interpretes que los recitan. Porque si por algo se recordará la película cuando pase todo el furor de los premios, es por sus actores. La honestidad de Edward Norton y Michael Keaton es brutal. Suyas, juntos o por separado son las mejores secuencias de la película. Y lo son no solo por los buenos actores que son, sino porque se prestan a reflexionar sobre su propia carrera escudándose en sus personajes: Keaton como alguien que 20 años después aun vive a la sombra su mayor éxito; y Norton como un interprete perfeccionista y tocapelotas, al que expulsan de rodajes y que solo da lo mejor de si mismo y se siente completo cuando interpreta, siendo el resto de su vida un desastre por su actitud. También merece la pena reconocer la valentía e ironía de Naomi Watts y su beso lésbico, teniendo en cuenta que la actriz saltó a la fama por "Mullholand Drive", en la que llevaba a cabo una escena lésbica erótica de esas que no se olvidan; y la de Emma Stone, que se brinda a interpretar a una suerte de alter ego suyo si se hubiera dejado llevar por las drogas....
Y aquí acaba lo bueno, por que el resto de lo que ofrece la película es humo.

Lo primero que me molestó fue el machacón solo de batería que sirve de banda sonora a la película, que carga mucho, y que además, está por encima de todo en la pista sonora...
Lo siguiente que me decepcionó, aunque no es lo peor, es lo poco que exprime la faceta fantástica que ofrecía el guión. No se aprovecha realmente el enfrentamiento entre la ficción del personaje y la realidad del actor, más allá de esos chispazos de los poderes que presentan el actor y que no aportan nada, o la que es la más estúpida secuencia de vuelo que se ha visto en una película desde la sonrojante escena que protagonizaba Javier Bardem en la insoportable "Mar adentro". ¿Para que tiene el espectador que ver esto? ¿De que sirve más allá de para que se luzca el departamento de efectos especiales y el director de fotografía? De nada. Fuegos artificiales vacuos...

Porque vamos con lo que todo el mundo habla, el que la película sea un plano secuencia (trucado, claro está). ¿Hace eso que la película sea mejor? En absoluto. Es un pirueta visual virtuosa, pero injustificada y gratuita. ¿En verdad añade algo a la historia? No. Cuando se ha usado bien este recurso narrativo de planos secuencia en el cine ha sido por un motivo. Hitchcock lo hizo en la magistral "La soga" porque se trataba de una historia que trascurria en tiempo real y en un único escenario. Cuando Welles abrió "Semilla del mal" con un plano larguísimo lo hizo para establecer perfectamente el ambiente geográfico y emocional en el que iba a desarrollarse la historia. Cuando lo ha usado De Palma, ha sido por jugar con el espectador en sus historias alambicadas y mareantes en las que nada es lo que parece. Y no hay nada de eso aquí. Da la impresión de que Iñarritu quedó impresionado por la labor de Luzbenski en esa obra masestra que es "Gravity" de su amigo Cuarón, y dijo: "'¡¡¡En la próxima mía voy a hacer lo mismo, pero más burro todavía, aunque no tenga ningún sentido!!"


Y no puedo resistir a acabar la entrada sin llamar la atención sobre que la Marvel no se haya quejado que esta película haya fusilado el aspecto de Halcón Nocturno, que curiosamente era un intento de emular a Batman. El circulo se cierra. Juzgad vosotros mismos

Esta película es una oportunidad perdida, que intenta ser una puesta al día en clave Broadway de una película que también estaba llena de planos largos y guiños metacinematográficos, la estupenda "El juego de Hollywood" de Robert Altman. Pero no lo logra. Y es que la sombra de este director sobrevuela toda la película ¿o es casual que el autor adaptado sea Raymond Carver, autor de la obra a partir de la cual Altman parió su obra maestra "Short Cuts. Vidas cruzadas"?  Ojala Iñarritu en la película de vampiros que está preparando "The revenant", vuelve a recuperar sus pulso...