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jueves, 21 de marzo de 2013

Vuelo rasante



Todas las imagenes propiedad de El Deseo. S.A.

Muchas ganas le teníamos al regreso de Almodovar a la comedia (de hecho entraba en nuestra lista de lo más deseado…) y por fin llegó. Y bueno, no es que este mal, pero ha sido una experiencia un tanto insatisfactoria.

En un avión desde Madrid con destino a México, el tren de aterrizaje se estropea por un fallo humano. A bordo, con la clase turista drogada por parte de la tripulación, en primera encontramos a una serie de personajes de los nervios, al cuidado de unos azafatos y unos pilotos no menos enloquecidos.






Almodóvar, siempre tan excesivo, se desenvuelve mejor en temáticas desatadas, como el thriller o la comedia, géneros en los que ha brindado sus mejores obras: “¿Qué he hecho yo para merecer esto?”, “Laberinto de pasiones”, “Mujeres al borde de un ataque de nervios”, “Atame”, “Carne Trémula” y “La piel que habito”... Es en ellas donde sus tramas disparatadas encuentran mejor acomodo. En cambio, en el melodrama, su abigarrado mundo funciona en ocasiones (“La mala educación”, “La flor de mi secreto”) y en otras hunde el asunto, ya que lo estrambótico de la propuesta fulmina cualquier tipo de empatía e interés por la historia.

En este caso tenía todo de cara para dar una obra a la altura de sus mejores comedias: un reparto de intérpretes de demostrada vis cómica y todos los medios que pudiera desear. Además, tiene tras de sí un gran bagaje que le ha permitido ir sofisticando mucho su puesta en escena, ya del todo libre de esa entrañable tosquedad de sus primeras obras.
Pues a pesar de todo ello, no ha logrado la película redonda que se esperaba de él. Hay en “Los amantes pasajeros” buenos momentos y buenos chistes, y se deja ver con agrado, sin hacerse aburrida en ningún momento, pero termina quedando en tierra de nadie y deja cierta sensación de oportunidad perdida.

El prólogo, en el que tenemos a Penélope Cruz y Antonio Banderas, es la mejor muestra de ello. Tienes a dos estrellas (capaces de llevar a cabo buenas actuaciones cuando tienen suerte), y en lugar de lograr una secuencia descacharrante, pues te encuentras a los dos haciendo de pareja arrabalera y con acento sureño, que hombre, si que te hacen sonreír, pero vamos, la cosa daba para mucho más.




Pues esto es lo que pasa en el resto de la película. Tienes momentos aceptablemente buenos, que te arrancan en ocasiones carcajadas, pero que quedan un poco deslucidos. Los mejores momentos los tienen el trio de azafatos locazas a los que dan vida estupendamente Carlos Areces, Raúl Arévalo y Javier Cámara. Sus conversaciones entre ellos (impagable ese altar portátil al que le reza Areces…), o con los pilotos, son francamente divertidas y tienen a su cargo el momento estrella de la película: la interpretación de la canción “I´m so excited” de las Pointer Sisters. Es en este momento cuando sale a relucir la capacidad para componer imágenes fascinantes, pero también es cierto que queda un poco deslucido por  un exceso de duración: más concentrado hubiera quedado mejor. Los momentos de humor soez, tan característicos del director, quedan en tierra de nadie. Algunos funcionan muy bien, y otros han quedado un tanto trasnochados, merecían un trato algo más refinado para no terminar siendo una comedia chusca. Además esta audacia en los diálogos, hablando de (cito textualmente): pollas, lefa, bondage, maricones, prostitución, mamadas, follar por delante o por detrás… es mostrada de manera muy recatada. Este director nunca ha escatimado en mostrar carne, además lo hacía de manera original y profundizando en los personajes con las secuencias de sexo (solo hay que revisar los brillantes polvos de “Atame”, “Tacones lejanos”, o “Carne Trémula”).Pues aquí, aunque hay sexo, y bastante además, ¡¡¡no hay un solo desnudo en toda la película!!! Y la historia los pide a gritos.

Los actores, están todos bastante bien, y dan lo que se espera de ellos, con la excepción de Blanca Suarez, que estará muy guapa, pero no logra transmitir el dramatismo que necesitaba su personaje. Y aquí aparece otro de los fallos de la película: los intentos de inyectar dramatismo y crítica social en el guion. Son un desastre y solo hacen que entorpecer el ritmo de la cinta. El mejor ejemplo es el triangulo Paz Vega-Willy Toledo-Blanca Suarez, carente de todo interés, pero hay otros, como la relación del personaje que interpreta Jose Luis Torrijo con su hija huida de casa, sin emoción ninguna. En cuanto a la crítica social, otro fracaso, por mucho que aparezcan corruptos políticos, aeropuertos vacíos y que la clase turista esté anestesiada mientras en primera clase se toman las decisiones respecto a su futuro, estas ideas no calan en absoluto, y la película hubiese quedado mejor sin ellas.

Esta película quedará en la carrera de su director como un divertimento menor (porque se pasa rápido, a lo que ayuda su escasa duración…), y parcialmente fallido en su intento de recuperar el brío y la chispa de sus comedias ochenteras. Para despedirse esta cachonda canción de Almodóvar y McNamara, en "Laberinto de pasiones". Impagable: