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sábado, 29 de noviembre de 2014

El ojo como espejo del alma


Un joven investigador médico se dedica a estudiar el tema que siempre le ha obsesionado, los ojos de la gente. Un día conoce a una chica en una fiesta de disfraces, a la que solo consigue verle los ojos ,con la que queda fascinado. Tras bastantes pesquisas, consigue encontrarla y comienza una relación con ella, hecho que cambiará tanto su vida como su investigación.

Empujado por la recepción que había tenido en festivales como Sitges, fui a ver este "Orígenes", una mixtura entre drama romántico independiente del corte de "500 días juntos" unido con ciencia ficción de corte realista a la manera de "Primer" o "Pi". Al parecer el anterior trabajo de este director "Another Earth" tenía un tono similar. Ya veré si le dedico un tiempo. Aunque este tono también lo podemos encontrar en otras propuestas recientes, como por ejemplo, "Monster". Pero al contrario que aquella, está no termina de ensamblar bien las dos partes y el resultado se resiente...

La primera parte de la película, la que se centra más en el romanticismo, tiene los peores tics del cine romántico indie postadolescente: ubicación de postín (en esta ocasión Manhattan) en la que es inexplicable que se puedan permitir vivir dos jovenes que están empezando a ganarse la vida; protagonistas jóvenes cuidadosamente desgreñados y con gafas que luego se puedan quitar para mostrar luego lo bellos que son en realidad; desadaptados encantados de serlos y sin auténtica turbiedad dentro de ellos más allá de cierto look hipster retro desaliñado a la hora de vestir; diálogos pretendidamente profundos e inteligentes que en realidad ya están mil y una veces oídos en series y películas; fiestas adornadas con música neofolk... Vamos que vendría a ser algo así como un anuncio de Ralph Lauren. O mejor aun, un videoclip de Death Cab for Cutie. Esta parte resulta aburrida y predecible (porque hace tiempo que esas poses indies se convirtieron en auténticos clichés), además de, por lo menos a mí, un tanto exasperante.

En cambio en la segunda mitad, tras un momento intenso que sirve de bisagra y un salto de 7 años, todo gana en interés y la cinta eleva miras a nivel argumental, para plantear reflexiones más interesantes tanto relativas a las relaciones de pareja como a los planteamientos más místicos, y de puesta en escena.
Aquí hay bastantes ideas que aumentan el interés de la propuesta. La primera es la antipatía y excesiva frialdad con la que quedan retratados el matrimonio de  científicos. Hay escenas en las que parece que lo único que les mueve en su vida es la investigación por encima de su matrimonio y hasta de sus hijos. Por momentos parece que se han unido por meras cuestiones prácticas. Y ya como guinda está el comentario sobre el proyecto que tienen de construir un laboratorio en su garaje para experimentar con su hijo recien nacido ¿¿¿???? Aunque estos apuntes, redimen el tono un tanto blandengue que venía gastando la película, también es cierto que el realizador tampoco termina por llevar al límite este retrato descarnado, algo que, por ejemplo, si que hacía Vincenzo Natali en la reivindicable "Splice".
Y luego ya entrando en temas más filosóficos inherentes a la ciencia-ficción, es cierto que el tema de la trascendencia y más concretamente de la reencarnación (no es gratuito que el tramo final trascurra en la India...) sobrevuela toda la cinta. Sin embargo el director no termina por dar una explicación cerrada al tema, y esa ambigüedad, enriquece el conjunto: el espectador se queda con la duda si el protagonista en realidad ha descubierto algo, o es su afan por revivir a la persona perdida lo que le hace aferrarse a algo, cuando menos, endeble.

En cuanto a la plasmación en imágenes, aquí el realizador Mike Cahill logra desprenderse de los tics romantico-hipsters de la primera parte y se muestra más entonado. La investigación que rodea al bebe y a las imagenes que este reconoce son bastante inquietantes y están bien llevadas. Y momentos como la repetición de cierto movimiento de cámara grandilocuente al encontrar a un personaje por los ojos, o el final, quizás sean una muestra de lo que este director puede llegar a ofrecer. Esperemos que siga por ese camino.