Colin es un joven parisino enormemente creativo y algo tímido, que en una fiesta se enamora de Chloe, una mujer soñadora y optimista. Pese a las reticencias iniciales de ella, finalmente su amor crecerá hasta que acaban casándose. Sin embargo, su amor se verá ensombreciendo por problemas de salud...
¿Volverá Gondry a alcanzar el nivel de sus dos primeros trabajos? Esa es la pregunta del millón, que todos los que quedamos embelesados con ellos nos seguimos haciendo, cada vez con menos esperanza, todo sea dicho, pero que hace que sea un director a tener muy en cuenta. Eso sí, viendo que la actriz protagonistas es Audrey Tatou, pues a uno le entraba un poco de miedo de que Gondry hubiera abrazado la ñoñez empachosa de "Amelie"...
Voy a dejar claro que no conozco ni la novela de Boris Vian ni la película de los 60 que inspiró. Por eso es posible que los problemas de guión (o más bien de ritmo...) que presenta esta película, estén ya en el libro del que parte. Pero aun así, contando con que una adaptación, como su propio nombre indica, significa adaptar y transformar para adecuar a otro medio (porque lo que funciona en una disciplina no funciona en otra), algo de responsabilidad tendrán los guionistas.. Es por eso cuando la necesidad de un coguionista del nivel de Charlie Kaufman se hace patente: los guiones de Kaufman serán todo lo bizarros que se quiera, pero en todo momento plegados al desarrollo dramático de los personajes y de la historia.


Las películas de Gondry, más personales (como sería el caso de "La ciencia del sueño" y "Rebobine, por favor"), se pierden en ocasiones en la parafernalia visual y en dar riendo suelta al personal mundo de su realizador, dejando a veces de lado lo que necesita la historia. Pues en esta ocasión, en la primera mitad de de la película, se muestra tan empeñado en hacerlo, que uno no sabe si pensar si está poniendo a prueba al espectador, con tantas animaciones y un diseño de producción tan bizarro. Se podría tildar casi de una realización kamikaze, como si el realizador estuviera en las últimas, (como uno de los personajes de la película) y este trabajo se tratará del último trabajo de su carrera y tuviera que volcar en ella su mundo interior de manera desaforada, independiente de si entorpece o no la historia.
Este problema se siente, sobre todo, en su primera mitad. Aquí hay cosas como el ratón que vive en casa; los platos de cocina del personaje interpretado por Omar Sy; la obsesion con ese sosías de Sartre que tiene el amigo del protagonista; o la estúpida fusión de maquina de piano y maquina de cocteles. El realizador se habrá quedado a gusto metiendo esto en la película, pero a punto esta de sacar al espectador de ella, y de hecho seguro que lo ha hecho con muchos. Sin embargo, siendo como es una película ametralladora, a base de lanzar tantas ideas hay varias que dan en el blanco: la factoría de oficinistas tecleando como si de una cadena de montaje se tratara la vida del personaje y firmandola como Boris Viain, que es una buena manera de reflexionar sobre la aleatoriedad de la ficción, y por añaduría, de la vida misma; o el uso de la pantalla partida durante la luna de miel de los protagonistas, una manera curiosa de mostrar su muy distinta forma de ver el mundo.. Sin embargo, el hecho de volcarlas en un aluvión de rarezas, le resta impacto. Pero, afortunadamente, avanzada la película, el pulso de la película mejora.

en a partir de aquí cuando la capacidad de Gondry para crear poesía (no mera parafernalia visual) queda al fin al descubierto, con ideas muy bellas, (que no describiré con mucho detalle para no arruinar la sorpresa): la visualización de cuando contrae la enfermedad; la casa, que va empequeñeciendose confome vayan aumentando los problemas; el periplo laboral en la fabrica de armas, un tanto obvio, pero aun así interesante; la estancia en el sanatorio y el tratamiento y avance de la enfermedad, visualmente fascinante y melancólico; o el funeral, con un bello virado a blanco y negro.
Como siempre en las películas de Gondry la elección músical está muy cuidada, estando la banda sonora copada por canciones de Duke Ellington, que realiza un cameo, y cuya canción "Mood Indigo" fue el nombre con el que la película fue estrenada en los países angloparlantes. Además hay canciones de The Lumineers entre otros y la banda sonora está compuesta por uno de los integrantes de la antigua banda de Gondry, "Oui oui", con colaboración del mísmisimo Paul McCarthney.
Una película imperfecta pero interesante. Al principio de la entrada me preguntaba si Gondry volvería a alcanzar el nivel de sus primeros trabajso. Seguramente no lo haga. Pero si mantiene el nivel de esta película, conseguirá que, por lo menos, mantengamos la esperanza de que así sea.