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domingo, 2 de noviembre de 2014

La jungla humana.


Un vuelo de avión. Una retirada de un coche por una grúa. Un adelantamiento. Una boda. Todo esto son cosas que ocurren a diario y normalmente, pasan sin más. Pero en ocasiones, se tuercen las cosas y la delgadísima que separa el civismo y la humanidad (entendida como el respeto a los semejantes con los que compartimos el mundo) de la barbarie se ve sobrepasada.

Precedida por el enorme éxito en su país de origen, Argentina, y con el apoyo mediático de su productor, Pedro Almodovar, hace unos días se estrenaba "Relatos Salvajes". ¿Hay para tanto? Probablemente no, aunque es fácil entender que en el momento de frustración generalizada que vivimos como sociedad, la catarsis que plantea la película sea abrazada por el público en masa.
Aunque el título ya da pistas, a mí me pilló por completo de improviso que se tratara de una película de episodios. Y es que a pesar de que se ha hecho bastante propaganda sobre ella en los medios, en ningún sitio lo mencionan de manera abierta. Imagino que será por miedo a que a la gente le de pereza...

La intención del director y guionista es la de reflejar como el principio de no agresión que mantiene al ser humano como un animal social no es tan resistente y amplio como pensamos (hay muchas formas de violencia además del maltrato físico que esta sino socialmente admitidas, si que están toleradas) y que se puede venir abajo de por la anécdota más inesperada y anodina. Para mostrar esto el director tira por vía de la exageración  y el esperpento (en uno de los episodios es inevitable no acordarse de la pintura de Goya "Duelo a garrotazos"...).
En ocasiones funciona, pero en la mayoría de los casos, la historia se le escapa de las manos y la alarga demasiado, lo que hace que pierda fuerza y credibilidad, quedando reducido a un chiste, un acercamiento superficial, que prima lo espectacular por encima de la auténtica reflexión sobre lo que plantea. Por eso, la visión de esta película se acerca por momentos a ver un programa de sketchs por la televisión: unos con más (bastante incluso) gracia y otros con menos, según la anécdota de origen y la brillantez del realizador para llevarlo a cabo...

Así, la historia que sirve de prólogo a la película, ambientada en un avión funciona de maravilla. O la única que no presenta violencia física, pero que acaba siendo la más perversa: la del accidente de tráfico. Y la de la boda también funciona bien, pero me resultó bastante decepcionante la solución elegida por el realizador, que es demasiado amable y parece elegida para que el público salga con mejor sensación de la sala, al tratarse de la última historia en ser presentada. Me pareció una maniobra un poco tramposa...




Resumiendo, que se trata de una película aceptablemente divertida (uno se encuentra carcajeandose en varias ocasiones a lo largo del metraje...) pero que se queda corta en su afán de trascender el chiste y erigirse en retrato social...