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sábado, 2 de noviembre de 2013

No disparen al pianista


El otro día entre la variada oferta cinematográfica, cuando fuimos al cine con los amigos tuvimos a bien decidirnos por ver “Grand Piano”, que vino a ser una película de consenso, a la que nadie vetaba de primeras. Y resulta que esa es la fortaleza y a la vez la debilidad de la película: su corrección.

Tom Selznick (Elijah Wood) es el pianista más brillante de su generación, que tras intentar acometer la partitura más complicada compuesta y acabar en un desastre, se alejó de la música durante 5 años. Ahora y con motivo de rendir homenaje al que fue su mentor, vuelve a dar un concierto, que genera tremenda expectativa por ver que ha sido del antaño prodigio. Justo antes de iniciar el concierto, recibe una llamada en la que le amenazan con matarle en el acto si no ejecuta de manera perfecta la pieza con la que fracasó tan estrepitosamente.

Viendo el argumento cuesta no acordarse de la(s) genial(es) “El hombre que sabía demasiado” del gran Alfredo. Pero cuando uno ve la película, el que viene a la mente no este, sino De Palma. Aunque claro, De Palma solo hay uno…

Como ya he comentado en la introducción, lo peor de esta película es su tibieza, que le impide elevar el vuelo. Hay en ella buenos momentos, sobre todo en sus dos primeros actos, y se nota que está realizada por alguien que ama el cine. Hay momentos de buen cine, con la cámara moviéndose de manera sinuosa por ese decorado cerrado que es el auditorio donde se celebra el concierto. Y el suspense está aceptablemente bien llevado (sin pasarse tampoco: que nadie se tome sumial para ir a ver esta película...), con secuencias simpáticas, como aquella en la que el pianista se dedica a enviar un sms sin dejar de tocar el piano y todo lo que esto genera (hay otro divertido guiño a De Palma relativo al uso de la pantalla partida). Además hay que agradecerle al autor que sea capaz de narrarnos el trauma del pianista sin caer en los tan manidos flashbacks-que-explican-el-origen-de-un-trauma.

Pero eso no termina por ser suficiente. Y es que si hasta el final la puesta en escena ha podido sostener el endeble guión,  cuando la historia enfila su último tramo, la edificación se viene abajo… El final queda forzado y un poco absurdo, sin añadir algunas explicaciones que se hubieran agredecido para aclarar un poco todo el asunto. Pero peor que el final es aun esa suerte de epílogo que cierra la película. Un servidor esperaba encontrarse con una broma perversa tipo “Carrie”, y lo que hay es una secuencia irrisoria que no afea todo el conjunto.

Elijah Wood cumple bien con su ya típico papel de joven en apuros, y el villano encarnado con John Cusack se te olvida en cuanto abandonas la sala. No se ha esforzado mucho, la verdad...





Una propuesta parcialmente fallida que se deja ver sin aburrir, sobre todo por su escaso metraje,pero que daba para más. Eso sí, hay que reconocerle la valentía de realizar un cine de género, comercial y exportable, que es uno de los caminos que la maltrecha cinematografía española debería seguir. Cuantas más películas se realicen aquí, se producirán más bodrios, pero también más maravillas. Para despedirnos, "Daniel", del disco de Elton John "Don´t Shoot Me, I´m Only the Piano Man", que viene al pelo para cerrar esta entrada...