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jueves, 27 de agosto de 2020

Cine en random (XX): "Midsommar". O a propósito del terror ¿elevado?

 

Hace no mucho, revisando por aquí la excelente “El hombre de mimbre”, comentaba que su influencia seguramente se haría notar en recientes muestras de horror folklorico como “Midsommar”, algo intuible ya con lo que se veía en el trailer y las imágenes promocionales. También comente en aquella entrada que aun no había tenido valor para verla después de la MAYÚSCULA decepción que me había supuesto esa tontería pretenciosa, aburrida y  tremendamente sobrevalorada que fue “Hereditary”. Bueno, pues finalmente a base de las recomendaciones de un amigo a la Gata (conmigo no lo intento sabiendo el poco interés que me despertaba esta propuesta…), le picó la curiosidad a la mitad de este blog y acabamos viéndola… ¿Con que resultado? Pues que si bien es menos mala que su anterior propuesta (era fácil que así fuera…), no hace más que confirmar lo que ya apuntaba aquella. Diga lo que diga Scorsese…

Tengo que reconocer que Ari Larter Aster (que es un poco como Bayona, pero con más infulas artísticas y menos oficio, o sea aun peor...) ya me despertó antipatía con la actitud condescendiente que tenía en las entrevistas en las que hablaba de su anterior película (cosa que hubiera perdonado si "Hereditary" hubiera tenido algo de interés...), en la que defendía que aquella cinta no era cine de terror, sino algo más profundo, y allá va ese temible adjetivo, elevado. Y aquí voy a extenderme/desahogarme un poco, que es un tema que tiene bastante revenido desde que se empezó a usar.

Lo primero que denota esa expresión es un desprecio por el cine de terror, como si por sí mismo no fuera capaz de mirar de igual a igual a cualquier otro género más “elevado”. Si alguien cree eso de uno de los géneros que lleva brindando obras maestras desde que el cine es cine, mal empezamos. El cine de terror es probablemente el que más se basa en el poder de la imagen en movimiento para trascender el intelecto del espectador y hacerle plantearse cosas que normalmente lleva escondidas. El buen (porque como en cualquier otro género también lo hay malo…) cine de terror se sirve del miedo y el impacto que generan lo que sale en pantalla para acceder al subconsciente de la platea y hacer que se enfrente a facetas que le son incómodas de su vida y personalidad. Vamos con unos cuantos ejemplos obvios: “La semilla del
diablo” hablaba del embarazo como situación de despersonalización y de pérdida de libertad para la mujer; “La profecía” mostraba los temores de un padre por traer al mundo a alguien que va a hacer de este un lugar peor; “La mujer pantera” expone las consecuencias de la represión y los tabúes sexuales; “¿Quién puede matar a un niño?” saca a la luz el rol al que se relegan los niños en la sociedad y las consecuencias que puede tener; “La cosa” nos enfrenta a la incertidumbre de no conocer en realidad al prójimo; “La mosca” muestra de manera descarnada la enfermedad y el deterioro físico y las consecuencias que generan en los que nos rodean; “El sexto sentido”  es una reflexión sobre la  falta de comunicación entre los miembros de una familia… Me he ido a lo obvio, pero podría seguir con unos cuantos cientos de ejemplos más. Si todo esto se ha conseguido en películas que lucían con orgullo su condición de muestras de género (es decir, que perseguían como principal objetivo el de inquietar al espectador) ¿Qué derecho tiene nadie a venir a “elevar” a un género que ha logrado todo esto?


Pese a todo, imaginemos que el terror estuviera necesitado de que subieran su nivel de trascendencia e importancia cultural. Entiendo yo que la manera de hacerlo sería la misma que aplicaron, por poner un par de ejemplos bastante aceptados, Kubrick a la ciencia ficción y Nolan al cine de superhéroes: con complejidad argumental, pero sobre todo, visual y narrativa. Y ahí es donde aparece nuestro salvador del género, Ari Larter Aster. Este hombre, al que no me cuesta nada imaginarme poniendo cara de asco al encarar el cine de terror, tiene claro como redimir un género tan necesitado de ello: por un lado va a dedicarse a introducir secuencias con movimientos de cámara muy alambicados y de cierta inspiración pictórica y tono artístico para hacer del género algo auténticamente bello; por otra parte, decide que lo que va a hacer en sus películas es un guion profundo y sorprendente y poner de fondo una relaciones interpersonales muy complejas, trabajadas y retorcidas; y por último, cuando no quede más remedio que encarar los momentos de momentos de terror, estos van a ser muy impactantes a base de un gore con vocación realista. Esa es su fórmula maestra. Y aplicando esa fórmula, ¿que es lo que ha logrado?: ni más ni menos que dos alargadísimos telefilms de sobremesa con afán esteticista e insertos gore.

Porqué entremos un poco en estos tres aspectos para ver que es lo que busca y que es lo que logra en “Midsommar”…

En lo relativo al aspecto visual, es obvio que se persigue es llamar la atención del espectador por lo elaborado de algunos momentos: se delecta en la belleza de algunos encuadres y se luce con movimientos de cámara, que, en el mejor de los casos le quedan vistosos, pero acaban deviniendo siempre en vacíos y superficiales. Además, el realizador cae en el error de creer que un movimiento elaborado va a salvar la secuencia (algo que está al alcance de muy, muy pocos realizadores…), y lo que hace más bien es hundirla, ya que alarga momentos que lo que necesitaban era concisión y brío, para no acabar en lo que se convierte finalmente, momentos aburridos que lo que hace es que el espectador se desentienda que lo que se está viendo. Y truquitos como meter caras subliminales y cosas varias, enriquecen una cinta si tiene miga, sino solo son fuegos de artificio para despistar al espectador y darle gato por liebre.

Sigamos con el guion, que es lo que me resulta, si cabe, más decepcionante en esta película. Larter Aster confunde tristeza y drama con profundidad, y hay un acúmulo de momentos trágicos y retorcidos, porque hay que recordar que eso es lo que hace una película importante y seria. Si diera como resultado un guion de hierro, como, por ejemplo, hizo Bergman en  las geniales “El séptimo sello", sobre todo "La hora del lobo" que fundía con éxito terror folklórico y reflexión existencial, pues por lo menos compensaría el esfuerzo, pero aquí no es el caso. Pese a esa supuesta profundidad, los personajes no podían ser más antipáticos (porque a uno no le da ninguna pena cuando van cayendo), e idiotas, porque sus acciones y decisiones son absurdas e incomprensibles (en las de Bergman no pasaba eso...). Aquí añadir que la pésima labor de todos los interpretes no ayuda nada, algo que tampoco es y en este director, que arrancó de la siempre excelente Toni Collete la que probablemente sea la peor actuación que yo le he visto en la ya citada “Hereditary”. Sigamos la trama, que se pretende compleja y sorpresiva, lo resulta en ningún momento: desde que llegan a la comuna, es obvio todo lo que va a ocurrir. Esta falta de recursos narrativos queda a la vista con argucias tan baratas como la del uso que hacen de las drogas, que se convierten en un deux es machina en por lo menos cuatro ocasiones, como pensando “si no como justificar que un personaje haga algo totalmente absurdo, pues le drogo y asunto arreglado…”. Y luego está la total ausencia de humor, cuando la cosa lo pedía gritos, pero claro, el humor no es “elevado”. Tonterías tan manidas como el conjuro con ingesta de vello púbico para enamorar a alguien (juro que este rumor circulaba por los corrillos de mi instituto…) solo podían mantenerse si se añadía algo de ironía al asunto… y no lo hace, y así le queda. Aquí en su día hablé de las maravillas de “Crudo”, que sin renunciar a ser una comedia negra, hacía reflexionar sobre temas serios y profundos. Y que decir de toda la filmografía de mi adorado Verhoeven, que ha hecho de la ironía y el humor negro su bandera, sin renunciar por ello ni un ápice a la reflexión. Alguien debería tomar nota de estos ejemplos para muestras de “terror elevado” venideras.

Y si el guion era lo que más me decepcionaba, lo que más me indigna como seguidor del cine de terror, es el acercamiento a las secuencias que se pretenden de género, que denotan una absoluta falta de compromiso en él. Y así le queda. Larter Aster, probablemente convencido que el terror es un mero peaje a pagar para lograr que su trabajo tenga más difusión, acomete las secuencias de tensión con una desgana absoluta, casi como con vergüenza, encargándose el mismo de castrar cualquier atisbo de tensión que pudiera generar. Vease la primera secuencia de género, la del suicidio ritual. El director hace que la secuencia dure, como mínimo, el doble de lo que debería, desactivando (posiblemente a propósito….) las posibilidades terroríficas de la escena, que quedan disueltas del todo desde los primeros compases, en los que queda claro punto por punto lo que va a suceder. Pero es que cuando ya se ha resuelto, de una manera bastante perezosa, la escena, el director hace algo que se ha convertido en una seña de identidad: incluir una serie de insertos gore, que no vienen nada a cuento con el tono marcado hasta ese momento, como queriendo demostrar que, cuando quiere, el también sabe ser intenso y transgresor. Pues esta va a ser la tónica del resto de las secuencias de género, como la desaparición de dos de los protagonistas en off, que también resuelve con dos imágenes sangrientas que se saca de la manga sin ninguna justificación. O la escena final, todo un remedo del inolvidable final de la citada “El hombre de mimbre” sin gracia ninguna, careciendo de su mala uva y su poder de transgresión. Y que conste que 

Después de esta parrafada, que hace tiempo que quería soltar, ya puedo decir que me he quedado satisfecho, algo que no me ocurrió en ningún momento viendo “Midsommar”. Si alguien quiere ver cine de terror de categoría, que recupere alguna de las películas que nombró al principio, o cualquier otro clásico (moderno o antiguo, que por aquí ya me dediqué en su día a glosar las maravillas de "It follows", que consideré la mejor película de aquel año) del género: habrá siempre en ellos más honestidad, pasión y emoción que en cualquier muestra de “terror elevado”.


viernes, 24 de julio de 2020

Cine en random XIX: "J. Edgar"


Ultimamente tenía bastante olvidado a Clint Eastwood por ningún motivo en especial, así que hace poco he intentado remediar eso, y lo he hecho con la biografía del justamente infame creador y director del FBI durante casi 40 años, J. Edgar Hoover, realizada en 2011 con el título de "J. Edgar". Y la verdad es que me alegro bastante de haberlo hecho con esta película, que me ha parecido con, con sus irregularidades, bastante interesante, y superior a otras cintas biográficas de Eastwood que han gozado de más prédica, como, por ejemplo, "Invictus".

Eastwood ha articulado esta última etapa de su carrera, con el excepción de la magistral "Gran Torino", alrededor de fíguras reales más o menos importantes, con las que parece estar dejando como legado una radiografía de su país en base a diferentes retratos de personajes, que de una manera más o menos notoria, bien han constituido o bien son el reflejo de la realidad de su país. Y en este caso, al contrario que en otras ocasiones no optó por figuras cuasi anónimas, sino que se atrevió a narrar la biografía de uno de las personas que más condicionó la realidad norteamericana del siglo XX, desde el periodo de entreguerras hasta los años setenta. Este hombre consiguió gracias a los secretos que fue acumulando desde su posición de director del FBI, levantar y hundir gobiernos, y también lanzar como hundir carreras de periodistas, artistas y empresarios, Tanto poder y miedo logró, que a partir de su muerte, se cambió el reglamento para limitar el tiempo de mandato de los directores del Bureau para evitar que se volviera a dar la misma situación. Tan siniestro personaje, añadía además a su compleja personalidad una homosexualidad que le atormentaba, una compleja relación con su madre, y hay que reconocerlo, una capacidad de innovar la investigación criminal nunca vista, redimensionando la importancia de los registros y archivos, y lo que es más importante, estableciendo como método infalible de identificación el estudio de las huellas dactilares. Como se puede ver, un personaje con mucha miga, cuyo abordaje el director californiano acomete con bastante arrojo, sin cargar las tintas en los puntos más críticos, pero tampoco pasando de puntillas por ellos, retratandolo como el racista, anticomunista, reaccionario y megalomano que era (si alguien se queda con ganas de más, que se lea la exhaustiva y magnítica trilogía de los Angeles del gran James Ellroy...), pero mostrándolo como un ser humano a fin de cuentas.

El guión de partida me ha parecido bastante interesante, no ya tanto por la premisa de partida para rememorar su vida, que ha sido vista varias veces de una manera u otra (el que una recapitulación vital por el motivo que sea le haga rememorar su vida), sino por la capacidad que presenta de jugar con los distintos tiempos en los que transcurre la historia, y sobre todo por la reflexión que plantea sobre la memoria y la imagen que tenemos de nosotros mismos. Así, a partir de ciertas revelaciones que se producen en los últimos compases de la película, el espectador se tiene que replantear todo lo que ha visto, quedando los momentos más épicos, tanto los heroicos como los románticos, reducidos a meras fantasías de alguien con ansias de reconocimiento, e incapaz de asumir sus propios temores y equívocos. ¿Está mintiendo a todos los que le rodean? O lo que es peor, ¿Se está engañando a si mismo incapaz de reconocer su auténtica naturaleza y sus obras? Y si se engaña él ¿no se engaña a sí mismo el pueblo norteamericano con su propia Historia?

Además el guión le sirve a Eastwood para plantear una interesante estructura narrativa, en la que los flashbacks se insertan de manera súbita, pero no abrupta, buscando cierta rima narrativa y visual. Es decir, por un lado, no tenemos en todo momento, a veces sí, una voz en off que nos avise de que lo que viene en ese momento es el pasado por miedo a que el espectador se pierda. Y por otrao tenemos a Eastwood jugando a repetir situaciones en dos tiempos bien distintos para mostrar como han ido evolucionando los personajes. Pienso en  momentos que me parecieron particularmente brillantes, como la secuencia en la que los dos protagonistas suben al ascensor como ancianos, pero en cambio al salir de él se muestran en su juventud, las dos secuencias en las que están en el hipodromo, o los dos momentos en los que Hoover sale a saludar a un desfile al balcón de sus despacho. Momentos como este, me trajeron a la mente "Dos en la carretera", la obra maestra de Stanley Donen, y no solo
por la estructura, sin llegar "J. Edgar" a alcanzar la alambicada estructura de la cinta protagonizada por Audery Hepburn y Albert Finney, sino también por la narración que Eastwood hace de la evolución de las relaciones de pareja a través de los años. Porque uno de los ejes de la película es la relación amorosa (aunque se podría llegar a llamar marital) entre J. Edgar y su hombre de confianza Clyde Tolson (ambos muy bien defendidos por Di Caprio, con esa mezcla de vulnerabilidad y carisma que tan bien sabe manejar, y por Armie Hammer, respectivamente), retratada con bastante respeto y de una manera llana que huye de todo efectismo. De hecho, es la relación entre los dos la que reporta los momentos más interesantes de la película, tanto románticos (como el momento en que se conocen, o el final) como dramáticos (vease la pelea, o la crueldad que Hoover exhibe con Tolson en las que el muestra secuelas físicas de su enfermedad...)

Si bien, el reflejo de la relación de pareja funciona bastante bien (lo que no debería sorprendernos, dado la maestría que demostró Eastwood en "Los puentes de Madison", que miedo da lo que pudiera haber sido en manos de otro realizador....),  bastante peor funciona en un registro en el que el realizador ha demostrado una gran valía en múltiples ocasiones, como es el thriller: toda la trama de la resolución del secuestro no genera tensión, lo que se puede entender ya que esto no fuera probablemente el principal objetivo a la hora de concebirla, pero es que, además está, sorprendentemente mal rodada en los momentos que buscan generar suspense, quedando farragosos e ininteligibles. Todo una decepcionante sorpresa en un realizador tan pulcro como Eastwood. Eso sí, fuera de esta secuencias el realizador sigue haciendo ese gran uso de esas masas de oscuridad que ocupan sus planos que tanto caracteriza su cine, que brinda escenas tan interesantes, como aquella en la Hoover se traviste tras la muerte de su madre.

Por último no quería acabar la entrada sin hablar de uno de los temas que más polémica despertaron
en su día, como es el uso de los maquillajes, que fueron calificados por algunos de cómicos. A mi parecer son bastante logrados, y me sacan menos de la narración que el rejuvenecimiento digital que se marcó Scorsese en "El irlandes", técnicamente irreprochable, pero incapaz de hacernos olvidar que era alguíen de 75 años, con la cara perfecta de alguien de 40, pero absolutamente incapaz de moverse con la soltura que esperaríamos de una persona de esa edad. Si me tengo que quedar con una de las dos opciones, me quedó con la que eligió Eastwood.

Y poco más, una película con sus irregularidades, pero con mucho intereses, que merece mejor recuerdo del que goza.





martes, 2 de junio de 2020

Cine en random (XVIII): "Carga maldita"


Cuatro hombres de distintos países, todos ellos huyendo de crímenes cometidos en sus lugares de origen, malviven trabajando en una explotación petrolera de una república bananera. Cuando surge la oportunidad convertirse en los bien pagados conductores de camiones que transportan delícados explosivos por caminos suicidas, ninguno se lo pensará dos veces si eso supone recuperar parte de su vida previa.

Siguiendo con cosas que tenía ganas de ver, cayó en mis manos esta "Carga maldita" de Wiliam Friedkin, remake de "El salario del miedo" de H.G. Clouzout, al que está dedicada, y  que desconozco. La película supuso el primer clavo en el ataud profesional de Friedkin, que se estrelló comercialmente con esta película, que multiplicó por cinco su presupuesto inicial de 4 millones, y no llegó a recaudar ni la mitad. Pero los números está para los ejecutivos, porque lo que queda cuando pasa el tiempo es la cinta en si misma. Y cuarenta años después, se puede asegurar, que sin ser una obra maestra, se trata de una producción bastante interesante.

Tiene muchos puntos curiosos, como el hecho de que a la presentación de los personajes protagonistas, se les dedica una larguísimo prologo de 20 minutos, divido a su vez en tres partes, casí sin dialogo, y para colmo, con dos de ellas habladas en árabe y francés... Se ve que al realizador no le preocupaba que el público se sintiera desorientado. Pero es que además se esfuerza por hacer que todos los protagonistas sean, como poco, antipáticos (un ladrón, un alto directivo de una petrolera sin ningún escrúpulo y un terrorista musulman; y en la versión que yo vi no se nos cuenta que ha hecho el personaje que encarna Paco Rabál, pero por las manera que gasta, nada bueno...), mostrando con todo lujo de detalles las inmorales acciones de cuyas justas consecuencias están huyendo. Por cierto, señalar la estupenda labor de todos los protagonistas, que hacen todos un gran trabajo.

También es interesante la durísima representación de ¿Colombia? ¿Ecuador? (con esos carteles que anuncian la reelección del presidente de fondo en muchas escenas...) o de la empresa petrolera, retratada como una empresa despiadada, que aprovecha la pobreza de la zona y la connivencia del gobierno corrupto para tratar a sus trabajadores como otra materia prima para usar y desechar, como bien muestra toda la secuencia de la explosión y el tratamiento que se da a las víctimas. Todo esto la emparentaba en mi mente parcialmente con películas cínicas y levantadas en torno a desheradados y personajes inmorales en una misión, como "El tesoro de Sierra Madre", "Doce del patíbulo" o "Los violentos de Kelly", aunque en esta "Carga maldita" el humor y la mala leche  que exudan esas dos películas está ausente: nada nuevo en el cine de Friedkin, que nunca se distinguió por el sentido del humor de sus películas.


Pero si bien todo esto hace interesante la primera mitad de la película es cuando empieza el transporte en los camiones cuando el director lo da todo: si en "French Connection" demostró que podía hacer cosas nunca vistas con coches, aquí lo hace con camiones. Con la secuencia en la que se dedican a montar los camiones (bautizados como Lázarus y Sorcerer, este último título en versión original de la película...) para la misión suicida, montada a ritmo de la por los demás, estupenda música de Tangerine Dream, y que casi adelanta la
imprescindible secuencia de montaje de artefactos de la serie del Equipo A, parece que los derroteros van a transitar más por lo aventurero, pero es solo un espejismo,  ya que lo que va a presidir el transporte de los explosivos es la ansiedad y la tensión. Y esto lo hace Friedkin para mostrar un estupendo manejo del suspense, que brilla en toda la cinta (el paso por la estructura de madera, la voladura del obstáculo, el asalto...), pero alcanza su culmen en el tramo del puente, largo y tensísimo, y con un estupendo uso de la meteorología: uno siente la humedad, las inestabilidad y la ceguera que genera la lluvia torrencial. Si algo desmerece (un poco) toda esta parte es la tendencia a abusar de teleobjetivos, un tic visual muy en boga en aquellos tiempos, y que ha envejecido bastante mal desluciendo un poco el conjunto... Y todo el último tramo, con un marcado tono fatalista, da un cierre bastante redondo a la cinta.
Como ya decía al principio, la cinta fracasó en taquilla, algo que sus artífices achacan a que fue estrenada dos semanas después de "La guerra de las galaxias", que es una buena película, pero que dinamitó el cine de entretenimiento adulto y arriesgado que había marcado la década de los 70: Coppola, Scorsese, De Palma, Milius, Hasby... Hay por ahí unos comentarios de Friedkin y su socio que cuentan que fueron a ver al teatro Chino de Hollywood como reaccionaba la platea a su trailer, antes de un pase de la película de Lucas, y cuentan que el contraste entre su trailer oscuro y sucio, y el justamente mítico inicio de "La guerra de las galaxias" y que ellos mismo tuvieron claro que no tenían nada que hacer compitiendo en taquilla contra esta últimas...

Antes decía que esta película fue uno de los fracasos que condicionaron la carrera venidera de Friedkin, pero probablemente también fuera una de los primeros clavos en el ataud de lo que se conoció como Nuevo Hollywood, junto a otros monumentales fracasos en taquilla como "La puerta del cielo" de Cimino, "New York, NewYork" de Scorsese o "Corazonada" de Coppola. Todas ellas cintas carísimas como esta, en las que uno ve todo el esfuerzo y dinero que se invirtió. Es fácil imaginar un rodaje durísimo en un sitio sin infraestructuras, con el equipo pasándolas tan canutas como los personajes.  Friedkin fue uno de los artífices de ese cine y no de los responsables de su desaparición....En fín, nunca sabremos que hubiera pasado si esas películas hubieran funcionado.

Una película un tanto olvidada que tuvo peor suerte que la que merecía. Creo que el tiempo la ha tratado muy bien.



sábado, 16 de mayo de 2020

Cine en random (XVII): "La hora incógnita"

Una ciudad española es evacuada por que sobreviene una catástrofe. Pese a las advertencias de las autoridades, una puñado de personas, por los motivos más diversos se quedan en ella.

Esto nos está haciendo vivir situaciones inimaginadas: colas en los supermercados, gente con mascarilla por la calle, vivir en un país lleno de expertos epidemiólogos... Pero casi igual de raro me parece la situación en la que me  encontré viendo esta película: era el día de las fiestas patronales de mi ciudad y me encontré un vacío y silencio sepulcral en las calles, mientras yo me dedicaba a ver una película española apocalíptica ¿¿?? del año 1963 ¿¿¿?? dirigica y escrita (bastante bien, además), por, atención, ¿¿¿¿Mariano Ozores???? Desde luego, esta nueva normalidad nunca la hubiera imaginado ni en mis sueños más bizarros.

Por que sí, el autor de obra como "Los energéticos", o "Jet Marbella Set", que en el mejor de los casos lograba películas zafias, pero que hacían reir, o el peor abominaciones sonrojantes, en los inicio de su carrera dirigió una película que no hubiera desentonado un ápice en un capítulo de "The Twilight Zone" o "Historias para no dormir" del añorado Chicho Ibañez Serrador. Así, al igual que muchos de aquellos episodios, parte de una premisa fantástica para llevarla al ámbito de lo íntimo y desarrollar sus consecuencias de la vida diaria de los que la sufren, y en ocasiones (las mejores), como en esta película, aprovechar para hacer un acertado retrato de la sociedad española de la época. Por otra parte, con "The Twilight Zone" también le emparenta, el temor nuclear que presidió toda la Guerra Fría, que servía de contexto para muchas de aquellas historias.

Así Ozores articula un retrato coral en el que los que se quedan atrás son la gente, que por un motivo u otro, ya habían sido dejados atrás por la sociedad: un borrachín (excelentemente interpretado por ese grandísimo e infravalorado actor que fue Jose Luis Ozores...), un ladrón, una pareja de amantes infieles, un prófugo de la ley, una prostituta... Como se puede ver, no se le puede negar la valentía al realizador para articular un relato que amparado en el ser una película de género, muestra los parias de la sociedad de entonces, cosa, no olvidemos harto difícil en el franquismo de 1963, año de realización de la cinta. Si que es cierto que todo lo revierte de una pátina de humor y ternura para hacer más digerible y menos sórdido y no carga las tintas ni contra el policía ni contra el sacerdore, pero aun así consigue colar cosas tan venenosas como la pareja de desagradables viejas cotillas, capaces de jugarse la vida para poder meterse en las casas de sus vecinas y amigas y dejar al aire sus vergüenzas, o el personaje más desagradable de todos: el dueño de unos grandes almacenes, que se rebela como el más amargado cobarde y despiadado de todos ellos pese a ser el que mejor consideración social tiene. Todo estos personajes además de estar bastante bien escritos, funcionan bien por la estupenda labor de todos los actores: además del citado Jose Luis Ozores encontramos entre otros muchos a Fernando Rey o Emma Penella, todos ellos ajustadísimos.

En cuanto a la realización, pues también está bastante bien. Sin alcanzar los niveles magistrales del citado Ibañez Serrador o de, por ejemplo, Antonio Mercero en "La cabina", por citar dos ejemplos de cine fantástico español coetaneo, Ozores se las arregla bien para que la historia no tenga instantes muertos y avance rápido. Probablemente la mejor escena sea la secuencia inicial, en la que se muestra un tren que abandona una estación cargado de gente por un motivo que desconocemos, para a continuación mostrarnos como la ciudad se va vaciando mientras patrullan por ella vehículos del ejército, todo ello a ritmo de la tensa banda sonora de Adolfo Waitzman, de inspiración jazzistica. Aunque esta secuencia sea probablemente la mejor, eso no quita para que haya más momentos interesantes repartidos por el resto de la cinta, que adelantan las adaptaciones fílmicas del "Soy leyenda" de Matheson como el momento de los maniquís, o el interesante uso que hace del suspense, con esos relojes que avanzan inexorablemente, en el tramo final, con el intento desesperado de los personajes por salvar su vida. Y si bien es cierto que el dinero no sobra en esta cinta y no hay un solo plano con efectos especiales, hay que reconocer que sabe optimizar los recursos que tiene (en este caso la ciudad de Alcalá de Henares, que imagino que sería más fácil de vaciar que Madrid u otra capital...) y logra una ambientación sin muchos alardes, pero muy resultona, bien envuelta además por la fotografía en blanco y negro de Godofredo Pacheco. Y ahora que hablo de presupuestos, añadir a modo anecdótico que la película tuvo un presupuesto medio-alto para la época de 4 millones de pesetas, pero pese a eso fracasó, hundiendo la productora que Mariano Ozores había montado con sus hermanos, y haciendo que a partir de ese momento decidiera dedicarse solo a hacer películas por encargo. Y, tristemente, a la vista de lo que esta película demuestra que era capaz, lo cumplió.

Toda una curiosidad, y una película bastante interesante. Os la deja a continuación el estupendo trailer que le hicieron hace uno años para que os terminen de entrar las ganas de verla.

lunes, 11 de mayo de 2020

Cine en random (XVI): "Nómadas"


Una médico de urgencias de un hospital de Los Angeles, recibe a un paciente, aparentemente un indigente, en estado catatónico que ha sido encontrado en la calle. Mientras le está examinando, el paciente reacciona agresivamente y le susurra unas palabras en francés a su oído, justo antes de morir. A partir de ahí, la médico se pondrá a investigar su pasado, contactando con su viuda, para descubrir que al contrario de lo que aparentaba, se trata de un reputado antropólogo, el Dr Pommier, lo que le llevará a descubrir una realidad que nunca había atisbado.


Otra película visitada en el confinamiento ha sido la primera cinta del añorado John McTiernan, "Nomadas". Y la verdad es que no ha sido nada fácil, ya que se trata de una película bastante díficil de conseguir y, a mi parecer, poco reivindicada. Desde luego que no se trata de una trabajo perfecto como si que serían sus siguientes trabajos, "Depredador" y "Jungla de Cristal", pero se trata de una película con bastante interés, que ya permitía vislumbrar que en la silla del director había una persona que sabía muy bien que hacer con una cámara.
En cuanto a los motivos para que esté olvidada, me imagino que entre ellos, además de no lograr el reconocimiento en su taquilla que si que se llevaron la mayoría de sus películas, está el hecho de que el guión, el único que firmó en su carrera McTiernan, es bastante demencial, y no es muy amigable con el gran público. En primer lugar no es nada lineal, y no solo porque esté narrado a base de larguísimos flashbacks que pueden despistar un tanto al espectador, sino que además, a partir de un momento se pone a variar con los puntos de vista en un juego que puede hacer que aquellos que necesitan que una película no tenga el más mínimo agujero, se desentiendan ya del todo. Y es que, sí, la película tiene bastantes agujeros en cuanto a sucesos inexplicables, encuentros casuales y comportamientos absurdos. Además, toda la parte relativa a los sucesos luctuosos ocurridos en la casa, que busca emparentar la película con el género de mansiones encantadas  y conseguir una justificación a la aparición de la tribu, no termina de funcionar ningún momento, y de hecho, a partir de un momento dado es dejada totalmente de lado...

De cualquier manera, tampoco hay que pasarse de exigente, ya que también tiene bastantes ideas
interesantes, mostrando como lo sobrenatural está agazapado de la normalidad que nos rodea (vease la perturbadora secuencia que implica a una monja). Pero quizás la idea más interesante sea lo relativo a la caracterización de la tribus urbanas como algo sobrenatural y alejado de la realidad, a los que nunca vemos hacer nada humano como comer ni practicamente hablar: son seres decadentes y hedonistas que solo interactuan entre ellos, y tienen una serie de normas de conducta propias, como si se trataran casi de vampiros. También es interesante el proceso de fascinación/posesión/reencarnación que sufren de manera progresiva  los dos protagonistas. Hay que reconocer que si este guión hubiera caído en manos de un realizador sin pericia narrando, yo también me hubiera acabado desentendiendo de la historia, pero como el que está detrás de la cámara no es un cualquiera, sino McTiernan el que está al mando, pues me lo acabo tragando todo.


La película tiene un tono bastante ochentero en cuanto al uso de la luz y las canciones en la linea de producciones de la época como "Los viajeros de la noche" o  "Jovenes Ocultos", eso sí, sin llegar a los excesos de la por lo demás interesante "El Ansia" de Tony Scott (otra vez vampiros todos ellos...), ya que aquí está todo más comedido. No hay que temer aquí el montaje percutante y, en muchos casos, confuso, que la MTV puso de moda: a pesar de que aquí haya luces brillantes, humo y filtros, McTiernan no pierde el control y si algo puede narrarlo sin un corte, con esos elegantes movimientos de cámara que siempre le caracterizaron (o caracterizan, porque pese a que lo parezca, no está muerto...), lo hace. Además sabe cuando usar
cada registro visual: así cuando el personaje de Pommier se dedica a seguir a la tribu de pandilleros urbanos, lo hace con un tono casi documental, que lo emparente con las investigaciones de campo que se nos cuenta que realizó el personaje en la sabana o entre los Innuit. Viendo estos momentos a uno le vienen a la mente también imágenes tanto de la "La profecía" como de "Impacto", al igual que "Nomadas" retratos de una obsesión, en la que la fascinación por la imagen y más concretamente la fotografía se convierten en un puntal de la trama. En cambio, si en un momento dado la historia tiene que tomar una atmósfera más fantasmagórica y de ensoñación, muestra que sabe como hacerlo. A este respecto la película me trajo a la mente en varios momentos, de manera inesperada, la magistral "Mullholland Drive", no solo por la narrativa fragmentada (llegamos a ver en un momento dado ensoñaciones dentro de flashbacks...), sino también por la ambientación en Los
Angeles, que se convierte en un personaje más de la película, y sobre todo, por la relación que establece entre las dos mujeres protagonistas, ambigua y con cierta aura erótica (el momento en el que se despiertan juntas es impagable...). Apuntar también que en esta película McTiernan ya adelanta la justamente célebre caída al vacío del personaje de Alan Rickman en "Jungla de Cristal": parece que este hombre disfruta mucho de lanzar a sus actores desde rascacielos... Cierto es que en un momento dado cerca del final, el asalto a la casa, la cosa se le va de las manos y le queda un tanto confuso y forzada, pero en la escena que le sigue y cierra le película, recupera el tono para acabar con una secuencia tan sugerente como perturbadora.

En fín, que se trata de una película imperfecta, pero muy entretenida, sin tiempos muertos y cortita, que tiene bastante interés por si misma y no solo para completistas de este añorados director. A descubrir.



lunes, 4 de mayo de 2020

Cine en random (XV): "El hombre de mimbre"


Un polícia, católico ferviente y a punto de casarse, es reclamada en una isla perdida del norte de Escocía para investigar la denuncia de la desaparición de una muchacha de 12 años. Cuando llega a ella se encuentra con que nadie parecer echar de menos a la muchacha, ni siquiera su supuesta madre. Pero es que todo en la isla está envuelto en un halo de extrañeza que no hará más que aumentar cuanto más vaya conociendo de ella.

Otra película que ha caído en estos días de recogimiento y contemplación ha sido este "El hombre de mimbre" de 1973. Aclaro el año de producción porque en los 2000 se hizo un remake con Nicolas Cage y dirigido por el puntualmente interesante Neil LaButte, que no he tenido ocasión de ver. La película se puede encuadrar dentro de lo que se ha dado en llamar terror folklórico (apuesto a que "Midsommar", que no he tenido valor de ver después de padecer aquel timo que fue "Hereditary", le debe mucho...). Sin embargo, los referentes que más me vinieron a la cabeza viendola, fueron por un parte, "El prisionero", por qué las dos acaban con una suerte de happening y por la ubicación aislada física y emocionalmente del mundo, y por, otro lado, las narraciones de Lovecraft, con esas poblaciones endogámicas y enfermizas y que viven de espaldas a los valores reinantes en la sociedad.

Se trata de la única película que he visto de este realizador, Robin Hardy (lo cual no es raro, ya que solo hizo dos más...), sin embargo, si que tenía alguna referencia más del autor del libreto. Aunque está basado en una novela de David Pinner, "Ritual" que desconozco,  el guión es del guionista y dramaturgo de renombre Anthony Shaffer, el autor de entre otras, "La huella", con la que, por cierto, comparte cierta estructura en cuanto a acumulo giros y a  ese ambiente paranoico que recorre toda la trama, aunque en este caso, la película que nos ocupa me ha parecido bastante superior a aquella. La idea sobre la que pivota toda la historia es la de
enfrentar las creencias y valores de la sociedad occidental, con la moral judeocristiana a la cabeza, con un paganismo primigenio basado en la Naturaleza y los elementos como faros vitales. Pero todo esto, que podía asustar un poco por parecer muy sesudo, lo hace sin perder un instante, y ya desde los mismos créditos nos mete de lleno en la película, con ese viaje en hidroavión atravesando todas las Highlands escocesas, bonitas pero un auténtico páramo vistas desde el cielo mientras suena una música de corte melancólico, hasta que vislumbra la isla, con un verdor que contrasta con lo anterior y rebosa vida, y que se acompaña de una animada melodía folk. De esta manera así, guionista y director, preparan al espectador para el enfrentamiento entre los dos concepciones vitales, a la vez que demuestra que estamos llegando a un sitio basicamente inaccesible y aislado del mundo a todos los niveles.

Una vez en la isla este choque e ideas sigue, con el policía escandalizado ante la vivencia que se hace en el pueblo de temas como la muerte y la sexualidad. El protagonista, representa los más férreos valores morales de la sociedad occidental, no solo como rígido católico que como afirma en un momento dado no cree en el sexo antes del matrimonio, sino como figura de la ley que marca las normas a respetar. Así conforme va descubriendo que la muerte, el sexo y la desnudez no son un tabú en la isla, todo su ideario se empieza a desmoronar. A este respecto hay imágenes y secuencias brillantes y
turbadoras, como esa madre que se dedica a dar el pecho a su bebé apoyada en una lápida ya desvencijada de un cementerio; o la divertida y turbadora secuencia en la que el protagonista intenta reprimir la tentación sexual que le genera la mesonera de la pensión donde se hospeda, tentandole con su canto, como si de una sirena se tratara, a través de la pared que separa sus habitaciones, generando en él un estado de febril frustración. También es muy interesante el uso que hace el realizador de las canciones, todas ellas, llenas de referencias y juegos de palabras sexuales, que son cantadas tanto por niños como por ancianos, y que suenan por igual en el pub local y en la escuela, donde por cierto, los alumnos juegan
durante el recreo a celebrar rituales de fertilidad con una marcada simbología fálica ¿?. Sin embargo, el realizador, inteligentemente creo yo, no termina por decantarse ni por una creencia ni por otra, mostrando que, paganismo como cristianismo, son dos como maneras irracionales de entender la vida, dejando a ambas al mismo nivel (que es tirando a bajo, por cierto).







No sería justo hablar de la película sin reconocer la excelente labor de los actores, entre los que destacan los protagonistas Edward Woodward, y un curiosísimo Christopher Lee, alejado de la pose aristocrática que tantas veces defendió, para convertirse en un lider cuasihippie, además de una inolvidable Britt Ekland, que he descubierto, fue mujer de Peter Sellers.




Robin Hardy realizó una secuela en el siglo XXI llamada "The wicker tree", que intentaré ver si consigo encontrarla, y se quedó con las ganas de cerrar la trilogía con un crowdfounding, que no logró lo esperado, viendose frustadas en última instancia todas las posibilidades de llevarla a cabo con su muerte en poco después.

La película me ha parecido estupenda. Muchos cineastas la citan entre sus cintas favoritas y no me cuesta entenderlo: es corta e intensa, y es de esas que no se olvidan. Si os gusta el fantástico no os la perdais.





lunes, 27 de abril de 2020

Cien en random (XIV): "El discreto encanto de la burguesía"

Siguiendo con la disponibilidad de tiempo que presta el confinamiento, sigo con la tónica de ver películas que, por un motivo y otro tenía pendientes. En este caso le ha tocado a la película que le reportó el Oscar a Buñuel (ocasión que el de Calanda no desperdició para escandalizar y quedarse con toda la prensa norteamericana):"El discreto encanto de la burguesía".

La película cuenta la sucesión de problemas que se le van planteando a un grupo de gente de la alta burguesía parisina que intenta una y otra de vez de manera infructuosa llevar a cabo una cena. Y eso sería todo, pero tratandose de este director, siempre va a haber más que la premisa de partida.

Porque aquí está Buñuel de nuevo lidiando con el tema que preside en última instancia todo su cine: la frustación humana en general, y de la burguesía en particular. Pero en esta ocasión lo hace llevando al máximo el retorcido sentido del humor que siempre impregnaba sus películas, para acabar convirtiendose en una comedia (por lo menos yo me descubrí carcajeandome varias veces, y mira que la vi solo,  y eso no me pasó ni una sola vez viendo "La fiera de mi niña", que también la recuperé hace poco...). La comicidad en este
caso nace del absurdo que preside toda la cinta: resulta literalmente imposible adivinar que te vas a encontrar en el minuto siguiente de la película, con una sucesión situaciones a cual más delirante: un restaurante en el que se está celebrando un velatorio, pero que pese a ello sigue sirviendo cenas, aunque a los clientes les termina por dar aprensión y se marchan; una pareja de adinerados burgueses dueños de una inmensa casa de campo, que para tener sexo sin ser molestados tienen que irse a escondidas al jardín; un grupo de damas burguesas que no consiguen que en una cafetería les sirvan ni té, ni café, ni chocolate, ni infusiones, ¡¡ni agua!!; o ese obispo que ansía ser unicamente un jardinero; o la descacharrante aparición del ejército... Todo ello envuelto en sueños dentro de sueños, salidas de tono, derivaciones narrativas arbitrarias que no parecen llevar a ninguna parte, rupturas abruptas del espacio y el tiempo, fantasmas...

Sin embargo, la gran capacidad narrativa de Buñuel, que fue capaz de hace comprensibles (porque lo
son y con esto no quiero tirarme el rollo de listillo...) hasta a sus cortometrajes más surrealistas, hace que esas situaciones no se queden en el chascarrillo: las hace verosimiles y hasta cierto punto terroríficas. La gente que conozca los trabajos más crípticos de David Lynch creo que será capaz de entender esto que parece contradictorio. Hasta sus trabajos más alejados de la realidad, son más inteligibles de lo que parece a primera vista (vease esa reflexión sobre el miedo a la paternidad que es "cabeza borradora", o el celebérrimo capítulo octavo de la tercera temporada de "Twin Peaks", que recurre a toda la vanguardia artística de los últimos 100 años, pero que deja claro lo que quería explicar cuando acaba), gracias a que son una narradores consumados. Y si uno se pierde en un momento dado, lo único que hay que hacer es dejarse llevar por lo que te están mostrando, y la propia ficción te reconducirá a donde el autor quiera.

Una lástima que hasta ahora no la hubiera visto porque la he disfrutado mucho. No es quizás mi favorita entre sus películas, pero desde luego tiene dentro mucho cine. Y ahora que estamos con el confinamiento, lo mismo me atrevo a recuperar algún día "El angel exterminador", que viene como anillo al dedo a lo que estamos viviendo.