Tras el buen sabor de boca que me
dejó su anterior trabajo “Take shelter”, que se me escapó en sala grande, no
estaba dispuesto a cometer el mismo fallo con su nuevo trabajo. Y por eso, el
otro día nos dejamos caer por el cine para ver “Mud”, una de las mejores
películas de lo que llevamos de año.
Ellis (esplendido Tye Sheridan)
es un chico de 14 años que vive en una casa sobre el Mississippi, donde su
familia se gana la vida pescando peces que venden en el pueblo cercano. Un día
junto a su mejor amigo Neckbone (también entrañable Jacob Lofland) descubren un
barco varado en un árbol ¿? en una de las islas del rio. Al principio pretenden
convertirlo en su refugio, pero resulta que el barco ya esta ocupado por Mud
(brillante Matthew McConaghey). Este hombre, que está escondido en la isla
esperando a su novia, malvive a base de lo que pesca y encuentra en la isla, y
por eso le pide a los chicos que le ayuden llevándole comida. Aunque al
principio se muestran reticentes por las pintas de vagabundo que se gasta,
Ellis finalmente acude a llevarle comida y empieza a conocer la historia, de
este curioso hombre lleno de supersticiones y leyendas, implicándose en hechos
que cambiaran su vida para siempre.
No cuesta reconocer al leer el
argumento ecos de Tom Sawyer y Huckelberry Finn de Twain, ni influencias de
Capote o la Harper Lee de “Matar a un ruiseñor” (uno de los personajes lleva
dos ruiseñores tatuados en la mano…). Pero a pesar de esta multitud de
referentes tan conocidos, la historia no deja sensación de deja vú. Esto se
debe principalmente al que quizás sea el mayor acierto de la película, la
estupenda labor del director para adoptar el punto de vista del protagonista
adolescente en la narración del relato. Si repasamos su anterior película, la
también magnífica “Take Shelter”, no debería sorprendernos, ya que en ella
también lograba la identificación total con ese protagonista desorientado entre
los delirios y las premoniciones. En este caso, el caso no es tan extremo, ya
que se trata de la adolescencia, dolencia mental transitoria que tiene mejor
pronóstico que la aparente psicosis que atormentaba a Michael Shannoon en
aquella. A lo mejor esta identificación se da más entre el sector masculino de
la platea que en el femenino (la Gata con Gafas no refiere haberla sentido…),
pero yo me veía perfectamente reflejado en las actitudes, los pensamientos y
las decepciones del protagonista.
Todo esto envuelto en esa
atmósfera de gótico sureño que siempre rodea al Mississippi, con sus aguas
turbias, y en el que se puede encontrar de todo: desde perlas hasta cadáveres, de
fugitivos románticos a caciques rencorosos, de ancianos que intentan dejar una
vida de remordimientos detrás a barcos que cuelgan de árboles. El director
lleva la historia en este ambiente con mano firme, dejando que la historia
respire y sin alardes de puesta en escena, aunque también se pueden encontrar
grandes secuencias como la paliza que interrumpen los chavales, o el tiroteo
final, muy bien rodado. Todo ello bien arropado por la música de David Wingo y
la luz de Adam Stone, que ya le habían acompañado en su anterior trabajo.
Otro de los puntos fuertes de
esta película son las interpretaciones, ya que todos están muy bien en sus papeles. Los que más brillan son los adolescentes protagonistas y McConaghey,
pero el resto no deslucen: Sam Sephard, Michael Shanoon, Joe Don Baker… Hasta
Resse Witherspoon, que casi siempre me saca de mis casillas, cumple bastante
bien con su rol de mujer fatal. Será que es cierto eso que dicen de que buen
día lo tiene cualquiera.
Puestos a buscarle fallos, lo que
más puede chirriar es el final. Queda un poco forzado, peca de ser un pelín
blando y aclara demasiadas cosas. Es de esas películas que parece que quiere
acabar bien para que el espectador salga contento de la sala, como si no fuera
suficiente la estupenda historia que nos han contado. Un final más ambiguo y
menos optimista le hubiera sentado mejor a la trama.






