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jueves, 12 de septiembre de 2013

El fango del Mississippi


Tras el buen sabor de boca que me dejó su anterior trabajo “Take shelter”, que se me escapó en sala grande, no estaba dispuesto a cometer el mismo fallo con su nuevo trabajo. Y por eso, el otro día nos dejamos caer por el cine para ver “Mud”, una de las mejores películas de lo que llevamos de año.

Ellis (esplendido Tye Sheridan) es un chico de 14 años que vive en una casa sobre el Mississippi, donde su familia se gana la vida pescando peces que venden en el pueblo cercano. Un día junto a su mejor amigo Neckbone (también entrañable Jacob Lofland) descubren un barco varado en un árbol ¿? en una de las islas del rio. Al principio pretenden convertirlo en su refugio, pero resulta que el barco ya esta ocupado por Mud (brillante Matthew McConaghey). Este hombre, que está escondido en la isla esperando a su novia, malvive a base de lo que pesca y encuentra en la isla, y por eso le pide a los chicos que le ayuden llevándole comida. Aunque al principio se muestran reticentes por las pintas de vagabundo que se gasta, Ellis finalmente acude a llevarle comida y empieza a conocer la historia, de este curioso hombre lleno de supersticiones y leyendas, implicándose en hechos que cambiaran su vida para siempre.

No cuesta reconocer al leer el argumento ecos de Tom Sawyer y Huckelberry Finn de Twain, ni influencias de Capote o la Harper Lee de “Matar a un ruiseñor” (uno de los personajes lleva dos ruiseñores tatuados en la mano…). Pero a pesar de esta multitud de referentes tan conocidos, la historia no deja sensación de deja vú. Esto se debe principalmente al que quizás sea el mayor acierto de la película, la estupenda labor del director para adoptar el punto de vista del protagonista adolescente en la narración del relato. Si repasamos su anterior película, la también magnífica “Take Shelter”, no debería sorprendernos, ya que en ella también lograba la identificación total con ese protagonista desorientado entre los delirios y las premoniciones. En este caso, el caso no es tan extremo, ya que se trata de la adolescencia, dolencia mental transitoria que tiene mejor pronóstico que la aparente psicosis que atormentaba a Michael Shannoon en aquella. A lo mejor esta identificación se da más entre el sector masculino de la platea que en el femenino (la Gata con Gafas no refiere haberla sentido…), pero yo me veía perfectamente reflejado en las actitudes, los pensamientos y las decepciones del protagonista.

Todo esto envuelto en esa atmósfera de gótico sureño que siempre rodea al Mississippi, con sus aguas turbias, y en el que se puede encontrar de todo: desde perlas hasta cadáveres, de fugitivos románticos a caciques rencorosos, de ancianos que intentan dejar una vida de remordimientos detrás a barcos que cuelgan de árboles. El director lleva la historia en este ambiente con mano firme, dejando que la historia respire y sin alardes de puesta en escena, aunque también se pueden encontrar grandes secuencias como la paliza que interrumpen los chavales, o el tiroteo final, muy bien rodado. Todo ello bien arropado por la música de David Wingo y la luz de Adam Stone, que ya le habían acompañado en su anterior trabajo.

Otro de los puntos fuertes de esta película son las interpretaciones, ya que todos están muy bien en sus papeles. Los que más brillan son los adolescentes protagonistas y McConaghey, pero el resto no deslucen: Sam Sephard, Michael Shanoon, Joe Don Baker… Hasta Resse Witherspoon, que casi siempre me saca de mis casillas, cumple bastante bien con su rol de mujer fatal. Será que es cierto eso que dicen de que buen día lo tiene cualquiera.



Puestos a buscarle fallos, lo que más puede chirriar es el final. Queda un poco forzado, peca de ser un pelín blando y aclara demasiadas cosas. Es de esas películas que parece que quiere acabar bien para que el espectador salga contento de la sala, como si no fuera suficiente la estupenda historia que nos han contado. Un final más ambiguo y menos optimista le hubiera sentado mejor a la trama.

Pero bueno, es peccata minuta, y totalmente perdonable. No recomiendo a nadie dejar escapar esta propuesta. Y que todo apunte el nombre del director, Jeff Nichols, una de los realizadores más interesantes surgidos en los últimos años en EE.UU.


martes, 4 de diciembre de 2012

Refugiate


Ahora que por fin tengo más tiempo, voy a intentar ir recuperando las películas que me quedé con ganas de ver en el cine, y la primera de ellas ha sido este "Take shelter". Y la verdad, es que ha sido bastante interesante.
Esta cinta nos cuenta la historia de un hombre normal (Michael Shannon), con trabajo, mujer (Jessica Chastain) y una hija sordomuda, que de repente empieza a vivir una serie de visiones y pesadillas, que solo se presentan para él y que auguran un apocalipsis. Como haríamos cualquiera, el hombre se asusta bastante y se va desquiciando, pero por si esto no fuera suficiente desazón, tiene antecedentes de esquizofrenia en su familia. Su madre fue diagnosticada de esa enfermedad a una edad similar a la que el tiene ahora, dejandole a él con diez años al cuidado de su padre y hermano, algo que el se juró a sí mismo que no haría nunca. ¿Esta recibiendo el señales de lo que viene? ¿O simplemente está debutando con la misma enfermedad que su madre?

Pues esta es la premisa que nos plantea el director Jeff Nichols en su segunda película. La historia comienza con un tono de drama psicológico, que demuestra muy bien la inquietud que sufre el protagonista, ya que si el sufrir visiones fatalistas es suficiente para crisparnos a cualquiera, en su caso la angustia es doble, ya que es consciente de la posibilidad que tiene de padecer esquizofrenía. Es por eso que sus búsquedas en la biblioteca para informarse sobre enfermedades mentales, sus consultas con el doctor y sobre todo la  visita que realiza a su madre para que intentar saber cual fue la situación que vivió ella cuando debutó con la enfermedad, resultan muy emotivas e inquietantes. Son también bastante sobrecogedoras las secuencias en las que vemos como su comportamiento se va convirtiendo cada vez más extravagante e incomprensible, y como su entorno (esposa, compañeros de trabajo) reacciona ante ello, sin entender su comportamiento ni como ayudarle.

Pero la película no se queda en esa premisa dramática, sino que conforme avanza la historia y el protagonista va perdiendo el control, el ambiente se va enrareciendo progresivamente, adentrándose cada vez más en el genero fantástico, hasta que llega un momento en el que como espectador dejamos de encontrarnos sobre terreno seguro, y no sabemos si lo que ocurre es fruto de las alucionaciones, o en realidad se acerca algo aun más aterrador.


La puesta en escena es ajustada a lo que se esta contando. Es decir, no tiene grandes alardes pero es capaz de ir introduciendote en la historia a base de un ritmo pausado y encuadres que progresivamente se van haciendo más claustrofícos, introduciendonos en la mente atormentada del protagonista, para desembocar en un final estupendo. A mi me ha recordado bastante en este aspecto a las mejores obras del Polanski de los 60 y 70 ("El quimérico inquilino", "La semilla del diablo", "Repulsión") y al Peter Weir de "Picnic en Hanging Rock" y sobre todo al de "La última ola", con la que además comparte la base argumental. Además de esto, otro de los factores que hacen que el espectador se sumerja en la trama es la excelente labor de los actores. Michael Shannon esta tan fascinante como siempre (si alguien aún no ve "Boardwalk Empire", que le dedique un rato y alucine con el personaje al que da vida) y la bellísima Jessica Chastain tampoco esta nada mal, en el papel de esposa que asiste al progresivo derrumbe de su marido.

Resumiendo, una película bastante recomendable, capaz de hablar simultaneamente del miedo a lo externo (un desastre imprevisible e inevitable) y a lo más intimo (la posibilidad de estar perdiendo la cabeza), Aquí tenéis el trailer: