Tras el buen sabor de boca que me
dejó su anterior trabajo “Take shelter”, que se me escapó en sala grande, no
estaba dispuesto a cometer el mismo fallo con su nuevo trabajo. Y por eso, el
otro día nos dejamos caer por el cine para ver “Mud”, una de las mejores
películas de lo que llevamos de año.
Ellis (esplendido Tye Sheridan)
es un chico de 14 años que vive en una casa sobre el Mississippi, donde su
familia se gana la vida pescando peces que venden en el pueblo cercano. Un día
junto a su mejor amigo Neckbone (también entrañable Jacob Lofland) descubren un
barco varado en un árbol ¿? en una de las islas del rio. Al principio pretenden
convertirlo en su refugio, pero resulta que el barco ya esta ocupado por Mud
(brillante Matthew McConaghey). Este hombre, que está escondido en la isla
esperando a su novia, malvive a base de lo que pesca y encuentra en la isla, y
por eso le pide a los chicos que le ayuden llevándole comida. Aunque al
principio se muestran reticentes por las pintas de vagabundo que se gasta,
Ellis finalmente acude a llevarle comida y empieza a conocer la historia, de
este curioso hombre lleno de supersticiones y leyendas, implicándose en hechos
que cambiaran su vida para siempre.

Todo esto envuelto en esa
atmósfera de gótico sureño que siempre rodea al Mississippi, con sus aguas
turbias, y en el que se puede encontrar de todo: desde perlas hasta cadáveres, de
fugitivos románticos a caciques rencorosos, de ancianos que intentan dejar una
vida de remordimientos detrás a barcos que cuelgan de árboles. El director
lleva la historia en este ambiente con mano firme, dejando que la historia
respire y sin alardes de puesta en escena, aunque también se pueden encontrar
grandes secuencias como la paliza que interrumpen los chavales, o el tiroteo
final, muy bien rodado. Todo ello bien arropado por la música de David Wingo y
la luz de Adam Stone, que ya le habían acompañado en su anterior trabajo.

Puestos a buscarle fallos, lo que
más puede chirriar es el final. Queda un poco forzado, peca de ser un pelín
blando y aclara demasiadas cosas. Es de esas películas que parece que quiere
acabar bien para que el espectador salga contento de la sala, como si no fuera
suficiente la estupenda historia que nos han contado. Un final más ambiguo y
menos optimista le hubiera sentado mejor a la trama.