Una trastornada Jasmine (estupenda Cate Blanchett) se ve obligada a irse a vivir con su proletaria y arrabalera hermana (también estupenda Sally Hawkins) a San Francisco, viendose obligada a dejar atrás una vida de gran lujo en Manhattan tras descubrirse que las empresas de su marido no eran más que una suerte de estafa piramidal al más puro estilo Madoff.
Seguimos recibiendo las raciones anuales de Woody Allen, que a pesar de sus 78 castañas ya cumplidas, sigue haciendo gala de su poder como narrador y de su fina capacidad de observación. En lugar de suavizarse o perder energía con los años, Allen cada vez se muestra más crítico y desencantado con la sociedad actual, sobre todo con la alta burguesía que le rodea y de la que el mismo, en teoría, forma parte y que con esta película deja a la altura del barro.
Esta cruda disección se articula alrededor de la protagonista, que es retratada sin ninguna misericordia. Ya desde el principio queda reflejada como una persona arribista capaz de llegar a incluso a cambiarse el nombre para satisfacer a un hombre adinerado y así lograr atraparlo para que satisfaga sus afán por medrar económica y socialmente. Para ella el trabajar es una vergüenza, a pesar de que ella lo más parecido que ha hecho a trabajar ha sido organizar fiestas en su casa... A través de su relación con su hermana (no biológica, como ella en todo momento se encarga de reflejar de manera harto repelente) y de su manera de enfrentarse a los problemas de la vida (basicamente a base de ansiolíticos y vodka), el espectador ya ve su baja catadura moral y ética. Pero es en los flashbacks, que Allen maneja estupendamente, y que están insertados de manera abrupta pero nunca forzada en medio de la narración, donde se aprecia como ha sido ella la responsable última de su situación, "haciendose la longuis". No se planteaba nada sobre los dudosos negocios de su marido, que ella respaldaba con su firma sin plantearse nunca las consecuencias que eso podría tener para ella, ni tampoco sobre las infidelidades que llevaba años sufriendo, patentes para todo el mundo, pero que ella, de manera harto conveniente, ignoraba. Si bien es cierto, que al final se siente cierta lástima por ella, sobre todo con el tremendo plano final, el espectador es en todo momento consciente de que ella ha sido la última responsable de su situación, como muestra el hecho de que es capaz de incurrir en los mismos errores al iniciar una nueva relación, relación en la que Jasmine buscará lo mismo que en el anterior: una buena situación social y
económica.
Pero no es ella la única que recibe los dardos de Allen. El resto de los integrantes de la clase acomodada de la película, como el diplomático al que interprete Peter Sarsgaad, o las antiguas amistades de la aristocracia neoyorkina de Jasmine, tampoco es que queden nada bien. El primero es retratado como alguien que lo primero que valora para elegir pareja es que esta pueda ser de ayuda en su futura carrera política, y que quede bien en las campañas venideras. Y las otras al mostrarse incapaces de llamar la atención a su supuesta amiga de las obvias infidelidades de su marido. El único miembro que sale medianamente
bien parado es el hijastro de Jasmine, por ser capaz de renunciar a todo ese ambiente y empezar de nuevo. Para Allen la única manera que tiene la clase alta de redimirse, es alejarse de ese mundo superficial y ostentoso... De cualquier manera, aunque no quede tan malparada, la clase proletaria tampoco es que quede como la heroína de la función (no estamos en una película del temible Ken Loach...) pero por lo menos sus comportamientos, aunque malhablados y fuera de lugar, dejan entrever más honestidad.
Aunque Allen siempre es destacado por sus guiones, no está de más llamar la atención sobre su labor en la puesta en escena. Además de los estupendos flashbacks, que no incluyen carteles explicativos ni trucos visuales más allá de sutiles cambios en el vestuario o la decoración, también llama la atención lo bien que maneja el punto de vista de la narración. La narración es vista a través de los ojos de Jasmine tanto en presente como en pasado. De este manera queda clara la total despreocupación que presentaba la protagonista ante los obvios y turbios negocios de su marido y las señales de alarma que le iban indicando que algo iba mal: nada le importaba mientras ella pudiera llevar la vida que tanto deseaba.
Como siempre en las películas de Allen, los actores están todos estupendos. Y la preciosista fotografía del gran Javier Aguirresarobe, le añade un plus de turbiedad a todo: tras estos idílicos lugares que son vistos relucientes por los ojos de Jasmine, hay mucha ponzoña escondida...
Quizás no sea su mejor película, pero desde luego es mejor que la endeble pero simpática "A Roma con amor", y demuestra que Allen tiene cuerda para unos cuantos años más.
económica.
Pero no es ella la única que recibe los dardos de Allen. El resto de los integrantes de la clase acomodada de la película, como el diplomático al que interprete Peter Sarsgaad, o las antiguas amistades de la aristocracia neoyorkina de Jasmine, tampoco es que queden nada bien. El primero es retratado como alguien que lo primero que valora para elegir pareja es que esta pueda ser de ayuda en su futura carrera política, y que quede bien en las campañas venideras. Y las otras al mostrarse incapaces de llamar la atención a su supuesta amiga de las obvias infidelidades de su marido. El único miembro que sale medianamente
bien parado es el hijastro de Jasmine, por ser capaz de renunciar a todo ese ambiente y empezar de nuevo. Para Allen la única manera que tiene la clase alta de redimirse, es alejarse de ese mundo superficial y ostentoso... De cualquier manera, aunque no quede tan malparada, la clase proletaria tampoco es que quede como la heroína de la función (no estamos en una película del temible Ken Loach...) pero por lo menos sus comportamientos, aunque malhablados y fuera de lugar, dejan entrever más honestidad.

Como siempre en las películas de Allen, los actores están todos estupendos. Y la preciosista fotografía del gran Javier Aguirresarobe, le añade un plus de turbiedad a todo: tras estos idílicos lugares que son vistos relucientes por los ojos de Jasmine, hay mucha ponzoña escondida...
Quizás no sea su mejor película, pero desde luego es mejor que la endeble pero simpática "A Roma con amor", y demuestra que Allen tiene cuerda para unos cuantos años más.