Una de las cosas que más me gusta
en la vida es enterarme de los entresijos que hay en las cosas que nos rodean.
Siempre me ha interesado. Algunos dirán que es curiosidad, otros que es morbo y
otros que es una rareza, pero a mí me encanta. Además no discrimino: me
interesa el proceso de creación que hay detrás de todo, desde las sartenes (soy
la típica persona que se deleita viendo el programa “¿Cómo lo hacen?” en
Discovery…), hasta, por supuesto, las cosas que más me gustan, como el cine
(adoro los “making of”), la música o los tebeos. En el caso de estos últimos y
de los de la Marvel en particular, aun más, ya siempre me ha intrigado el saber
que hay entre bastidores de algo que ha formado parte de mi vida diaria desde
que aprendí a leer. Porque todos hemos leído/visto reportajes sobre música o
sobre el cine, pero encontrar esto sobre los tebeos era hasta ahora misión
(casi: ahí están la excelente colección “Los profesionales” del maestro
Gimenez) imposible. Pero por fin ha llegado este estupendo libro y ha arrojado
luz sobre el tema.
Este libro vendría a realizar la
misma función que hace, salvando las distancias, los imprescindibles libros de
Peter Biskind “Moteros tranquilos, toros salvajes” y “Hollywood, mentiras y
cintas de vídeo”: airear los triunfos y miserias de la Marvel, que fue capaz de
sacar a los superhéroes del ostracismo en el que se encontraban a finales de
los 50, para convertirlos en unos de los iconos más importantes de la cultura
popular de este siglo XXI. Pero, claro, en el trayecto se fueron acumulando
unos cuantos cadáveres en el armario…
Podemos ver que la imagen idílica
del Bullpen Bulletin, (que aquí nos llegó en dosis mínimas, pero que en EE.UU.
fue uno de los puntales de su éxito), con gente gastandose bromas
continuamente, improvisaciones espontaneas de canciones de los Beatles, y
visitas diarias de los aficionados afanosos de conocer a sus ídolos, existió,
pero durante poco tiempo y con matices. Siempre la realidad apesta más que la
leyenda…
Para empezar había autores, como el propio Kirby que trabajaban en su casa en Nueva Jersey todo el día, los siete días de la semana, optimizando al máximo el tiempo del que disponía, para lograr hasta 6 paginas diarias, para lograr un salario bastante magro, y que no se correspondía en absoluto con las ventas millonarias que alcanzaba su trabajo. De hecho, el libro deja bastante clara la actitud miserable que tuvo Marvel, negándose en muchos momentos a devolverle sus páginas originales para venderlas a coleccionistas. Sin que Kirby oliera en ningún momento el menor porcentaje de estas ganancias, por supuesto…
Para empezar había autores, como el propio Kirby que trabajaban en su casa en Nueva Jersey todo el día, los siete días de la semana, optimizando al máximo el tiempo del que disponía, para lograr hasta 6 paginas diarias, para lograr un salario bastante magro, y que no se correspondía en absoluto con las ventas millonarias que alcanzaba su trabajo. De hecho, el libro deja bastante clara la actitud miserable que tuvo Marvel, negándose en muchos momentos a devolverle sus páginas originales para venderlas a coleccionistas. Sin que Kirby oliera en ningún momento el menor porcentaje de estas ganancias, por supuesto…
Y el tercer padre fundador Steve
Ditko, es mostrado como un autor tremendamente creativo, pero difícil como el
solo, capaz de rumiar durante una semana un comentario recibido por un
colaborador para, en el momento más inesperado echárselo en cara. Sin olvidar
el hecho de que la mayor parte de la época en la que dibujo Spiderman, estuvo
sin dirigirse la palabra con Stan Lee…
Además la empresa aplicaba
contratos leoninos en los que ni por asomo aparecía el más mínimo
reconocimiento sobre la autoría de los personajes e historias, pero es que ni
siquiera les pagaban royalties (según cuentan, les costó unos 20 años lograr
esto ultimo…).
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Los culpables de la burbuja tebeística en 1992: Arriba: Larsen, Liefeld, McFarlane y Silvestri Abajo: Portaccio, Lee y Valentino |
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Los mismos muchachos 20 años después (no me podía resistir...): Lee, McFarlane, Larsen, Valentino, Silvestri, Liefeld, Portaccio |
Una lectura que cualquier
aficionado a los tebeos va a disfrutar de principio a fin, en la que quizás se
echa de menos, además de algunas fotos, y que preste un poco más de atención a
los tebeos en si mismos, que a veces quedan en un segundo plano entre broncas,
traiciones, premios, ventas y negociaciones. Pero es un fallo mínimo que no
ensombrece el fascinante reportaje que se nos ofrece sobre esta mítica editorial, que con sus luces y sombras nos ha marcado a muchas de las grandes obras que (por talento o por azar) han creado. Para acabar esta delirante videoclip que nos muestra a Stan Lee como más le gusta estar: siendo tratado como una estrella y rodeado de chatis: