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jueves, 15 de septiembre de 2016

Escuadron Perdido



Ante el incensante aumento de amenazas sobrehumanas, la senadora Amanda Weller decide poner en marcha un equipo especial de asalto formada por supervillanos que rozan la psicopatía en el mejor de los casos, y a los que tendrá controlados bajo amenaza de muerte.

Desgraciadamente para todos los amantes del cine y de los tebeos superheroicos, el Universo DC cinematográfico continua buscando su voz. Tras una interesante "BvS: Amanecer de la Justicia", que tenía muchas imperfecciones, pero que por lo menos tenía una voz propia, con este "Escuadron Suicida" Warner vuelve a retroceder en su pretendida construcción de un universo superheróico diferenciado. Desde el minuto cero queda claro que lo que se pretendía lograr con esta película era crear "Guardianes de la Galaxia" de DC, tirando de antihéroes a la manera de la magistral "Doce del patíbulo", y buscando un punto canalla y fresco. Pero de tanto querer ser cool y cañero, cae en el cliché: lo que se pretende irreverente y audaz, acaba resultando impostado. La mejor demostración de ellos, es el uso de la música y sobre todo, de las canciones (otro tic heredado de "Guardianes de la Galaxia", de la que llegan a fusilar un corte de manera explicita..). Aunque la selección esta muy bien hecha, en un momento dado se llega a perder la cuenta de cuantas canciones se han usado no ya en la película, sino ¡¡¡en una misma escena!!! y lo que se intentaba que fuera un elemento de ritmo, deviene en un lastre que hace sombra a lo que se ve en pantalla.

Pero lo que más me ha dolido es lo diluida que ha quedado la huella de un realizador tan personal como David Ayer.
Los interesantes y complejos personajes de casi todas sus películas ("Sin tregua", "Corazones de hierro", "Los Reyes de la Calle") brillan aquí por su ausencia. Quitando  a El Diablo, todos los personajes que no están interpretados por una estrella (o sea Will Smith, Jared Leto y Margot Robbie) son meros extras con diálogo, incapaces de generar emoción en la platea. Y con todo tampoco es para tirar cohetes: Will Smith está tan correcto como siempre, pero no ha podido resistirse a hacer de de Deadshot un mercenario con principios; y si bien es de agradecer hacer una versión del Joker que se aleja del punto punk de Nolan y lo acerca más a los excesos y derroches de la cultura gansta hiphopera con sus pistolas, sus oros y sus tatuajes, también hay que reconocer que no consigue borrar la sombra del malogrado Ledger. Bastante mejor parada sale la Harley Quinn de Margot Robbie, que deviene en icónica, pero más por la estupenda labor  de la actriz, a medio camino entre la provocación sexual, la ingenuidad y la demencia, que por el desarrollo de su personaje, que está lleno de bandazos inexplicables: vale que esté loca, pero ni esto vale para justificar los bandazos en su comportamiento.
También me resultó un poco decepcionante el manejo de las secuencias de acción, que es aceptablemente efectivo, pero carece de la contundencia esperada del firmante de "Corazones de hierro".  Es llamativa, por ejemplo, la tibieza de ideas como ese ejercito de humanos reconvertidos para la ocasión en una suerte de cuerpos de barro, carentes de sangre y facciones humanas. Vale que esto apesta a distancia que es una imposición del estudio para evitar la temida calificación "R" que impida que los adolescentes vayan a verla, pero lo que queda como resultado es una aséptica matanza digna de un videojuego del montón.

¿Desaparece del todo la personalidad de Ayer? Pues afortunadamente no, pero casi.
El tono cínico y pesimista que tenían sus trabajos se deja ver aquí en muy pequeñas ráfagas, siendo
una de las más interesantes el personaje de Amanda Waller, al que da vida una terrorífica Viola Davis, que compone una burócrata que resulta mucho más terrorífica que cualquiera de los miembros del "Escuadron Suicida" por su ausencia total de escrúpulos para lograr lo que quiere.
El aliento trágico que impregnaba sus obras previas solo asoma en todo su esplendor en todo lo relativo a El Diablo: tanto su drama personal, narrado a través de las llamas que es capaz de generar en la que para mí es la mejor secuencia de la película, como su papel en el climax, son lo más emocionante e intenso de esta cinta. Y puestos a a salvar cosas, tampoco desmerece el personaje de la Hechicera, con un origen con la chicha suficiente para que el personaje suscite interés, que además se apoya en una visualización de sus transformaciones resuelta con ingenio sin recaer unicamente en los FX.

Y eso es todo. Una película distraida que termina sabiendo a muy poco viniendo de quien y habiendo visto trailers tan alucinantes como el que os dejo a continuación, que fue con el que los espectadores comenzamos a salivar de mala manera. Craso error.


martes, 5 de enero de 2016

Las entrañas de la guerra.


En 1945, en los estertores de la 2ª Guerra Mundial, y con los alemanes cada vez más contra las cuerdas, varios escuadrones de tierra atraviesan Europa con la intención de llegar a Berlín y acabar con el Führer. A uno de esos escuadrones esta el tanque "Fury", al que para sustituir a un soldado caido en batalla, entrará a formar parte Norman Ellison, un jovencísimo soldado que no se imagina lo que va a vivir.

Vaya por delante que este película, se trata más de un estudio de personajes que de una película de batallas bélicas. Siguiendo una estructura similar a "Salvar al soldado Ryan", al principio de la narración, se introduce un personaje novato, que va a ser los ojos del espectador del espectador a la hora de relacionarse con la guerra en general, y con el batallón que maneja el tanque, en particular.

Dicho tanque que da nombre a la película en versión original, "Fury", es una metáfora de sus propios ocupantes. Lo que a primera vista parece una maquina de matar vacia e inerte, alberga en su interior vida y emociones. Los que ocupan el tanque, comen, respiran, se pelean, se reconcilian, orinan y hasta follan dentro de él, convirtiendolo casi en un ser vivo (vease el momento en el que uno de los personajes renace de él como si de un vientre materno se tratara, como bien apuntaba el siempre brillante TFV en su crítica...). Esos soldados que alberga la máquina, que si el tanque fuera un ser vivo serían sus distintos órganos y sistemas (cerebro, piernas, ojos...) siguen un proceso paralelo: lo que parecen meras herramientas de guerra, albergan en
su interior emociones más allá del afán de sangre y fuego. Desde luego que lo que más los define es su condición de soldados como demuestra su actitud en la última batalla, en la que todos deciden pelear no empujados por el heroísmo ni por proteger a sus compañeros, sino porque tras todo lo que han vivido en esa guerra de pesadilla, luchar es practicamente lo único que ya saben hacer. Sin embargo, eso no quita que, conforme el nuevo recluta va conociendo a sus nuevos compañeros, él (y el espectador), va viendo que más allá de la repulsión inicial que generan sus acciones despiadadas, se trata de personas con miedos, esperanzas y valores. El punto de inflexión es la secuencia que involucra a dos mujeres alemanas, sensible por momentos y desgarradora en un última instancia, que supondrá el inicio del cambio para la actitud del personaje de Norman ante la guerra y sus compañeros.

Ahora bien, aunque lo que más llama la atención de esta película, eso no significa que la representación de las escaramuzas sea simple. Nada más lejos de la realidad. Las secuencias de batalla son estupendas, rebosan tensión, y son muy dinámicas, lo que tiene aun más mérito, ya que el  que centro de la acción sea algo tan lento y pesado como un tanque, no lo pone nada fácil a este respecto. Además la vivencia emocional y subjetiva de los personajes, se ve reforzada por ideas tan sencillas, pero a la par tan brillantes, como hacer que no se vean las batallas en ningún momento desde el punto de vista del ejercito alemán: no se ven sus trincheras, ni el interior de sus tanques, ni siquiera las ordenes que reciben de sus superiores, a no ser que estas sean vistas por alguno de los miembros del comando americano.
Un punto y aparte merece el tratamiento que recibe la violencia en esta cinta, muy cruda, spero carente de todo efectismo. Y es que la representación bascula entre el realismo más descarnado (se ve como el tanque aplasta cabezas y cercena miembros, aunque durante los instantes justos para que el momento no pierda fuerza y la sangre y la carne dejen de perder eficacia) y el mayor de los surrealismos (como queda claro ya en ese extraña secuencia inicial, o en detalles como el trozo de rostro que el recluta novato se ve obligado a limpiar del tanque). A este citado surrealismo, contribuye mucho que los disparos de todas las armas se vean en pantalla como si de disparos de un arma laser de "Star Wars" se tratara.

Por si no ha quedado claro leyendo la crónica, "Corazones de acero" se trata de una interesantísima película bélica, capaz de encontrar su propia voz en género y una temática tan trillada como el cine bélico de la 2ª Guerra Mundial. Muy recomendable.