Ante el incensante aumento de amenazas sobrehumanas, la senadora Amanda Weller decide poner en marcha un equipo especial de asalto formada por supervillanos que rozan la psicopatía en el mejor de los casos, y a los que tendrá controlados bajo amenaza de muerte.

Pero lo que más me ha dolido es lo diluida que ha quedado la huella de un realizador tan personal como David Ayer.
Los interesantes y complejos personajes de casi todas sus películas ("Sin tregua", "Corazones de hierro", "Los Reyes de la Calle") brillan aquí por su ausencia. Quitando a El Diablo, todos los personajes que no están interpretados por una estrella (o sea Will Smith, Jared Leto y Margot Robbie) son meros extras con diálogo, incapaces de generar emoción en la platea. Y con todo tampoco es para tirar cohetes: Will Smith está tan correcto como siempre, pero no ha podido resistirse a hacer de de Deadshot un mercenario con principios; y si bien es de agradecer hacer una versión del Joker que se aleja del punto punk de Nolan y lo acerca más a los excesos y derroches de la cultura gansta hiphopera con sus pistolas, sus oros y sus tatuajes, también hay que reconocer que no consigue borrar la sombra del malogrado Ledger. Bastante mejor parada sale la Harley Quinn de Margot Robbie, que deviene en icónica, pero más por la estupenda labor de la actriz, a medio camino entre la provocación sexual, la ingenuidad y la demencia, que por el desarrollo de su personaje, que está lleno de bandazos inexplicables: vale que esté loca, pero ni esto vale para justificar los bandazos en su comportamiento.
También me resultó un poco decepcionante el manejo de las secuencias de acción, que es aceptablemente efectivo, pero carece de la contundencia esperada del firmante de "Corazones de hierro". Es llamativa, por ejemplo, la tibieza de ideas como ese ejercito de humanos reconvertidos para la ocasión en una suerte de cuerpos de barro, carentes de sangre y facciones humanas. Vale que esto apesta a distancia que es una imposición del estudio para evitar la temida calificación "R" que impida que los adolescentes vayan a verla, pero lo que queda como resultado es una aséptica matanza digna de un videojuego del montón.
¿Desaparece del todo la personalidad de Ayer? Pues afortunadamente no, pero casi.

También me resultó un poco decepcionante el manejo de las secuencias de acción, que es aceptablemente efectivo, pero carece de la contundencia esperada del firmante de "Corazones de hierro". Es llamativa, por ejemplo, la tibieza de ideas como ese ejercito de humanos reconvertidos para la ocasión en una suerte de cuerpos de barro, carentes de sangre y facciones humanas. Vale que esto apesta a distancia que es una imposición del estudio para evitar la temida calificación "R" que impida que los adolescentes vayan a verla, pero lo que queda como resultado es una aséptica matanza digna de un videojuego del montón.
¿Desaparece del todo la personalidad de Ayer? Pues afortunadamente no, pero casi.

una de las más interesantes el personaje de Amanda Waller, al que da vida una terrorífica Viola Davis, que compone una burócrata que resulta mucho más terrorífica que cualquiera de los miembros del "Escuadron Suicida" por su ausencia total de escrúpulos para lograr lo que quiere.

Y eso es todo. Una película distraida que termina sabiendo a muy poco viniendo de quien y habiendo visto trailers tan alucinantes como el que os dejo a continuación, que fue con el que los espectadores comenzamos a salivar de mala manera. Craso error.