domingo, 9 de agosto de 2020

Recuperando clásicos (XX): "Dersu Uzala"



A principios del pasado siglo, un grupo de soldados rusos son enviados a explorar y mapear la taiga siberiana, por entonces todavía muy desconocida. Al poco de iniciar su expedición conoceran a Dersu Uzala, un cazador trashumante, que conoce la taiga como nadie. Entre Dersu Uzala y el capitán de la expedición se establecerá una emotiva relación de amistad.

Si es que algo bueno ha traído la terrible situación que estamos viviendo, es que se están reestrenando muchas películas interesantes que varias generaciones no hemos podido disfrutar nunca en pantalla grande, lo cual, más allá de lo desdichado del motivo, es algo a celebrar.



Existe la creencia extendida de que el cine es el lugar idóneo para ver películas espectaculares, con muchos efectos especiales y paisajes vistosos, y que el resto de las películas se pueden disfrutar igual de bien en casa. No puedo estar más en desacuerdo con esa afirmación: primero porque el cine es el lugar idóneo para ver cualquier tipo de películas; y segundo por que si hay algún tipo de películas que se beneficien de las salas cinematográficas son, por una parte, la comedia y el terror (porque buscan generar sentimientos que son contagiosos, y en los que el ambiente que te rodea hace mucho), y, por otra, el cine más contemplativo o si se quiere llamar así, de arte y ensayo, ya que la inmersión y la atención que suele precisar este tipo de películas es muy difícil de alcanzar en el domicilio. Bueno pues ver "Dersu Uzala" fue una cara demostración de esto último. Esos planos fijos largos, esos silencios que terminan por contagiar al espectador la quietud que preside la película, y esa bellísima fotografía, nunca puede ser sentida por igual viendola en casa.

Yo tenía el recuerdo de haber visto esta cinta en casa con mi padre, hace probablemente más de 30 años, siendo un niño, y aunque se podía temer que un niño no iba a aguantar una película como esta, pese a haberla olvidado en gran parte, aun guardaba recuerdos de las sensaciones que me generó y de algunas de sus fascinantes imágenes. La revisión de esta película en pantalla grande ha reafirmado todas esas sensaciones de belleza, quietud y emoción, y me ha recordado todo el Cine que guarda dentro esta película.


Kurosawa siempre se ha considerado el maestro de (entre otras cosas) el uso de la climatología en el cine, (celebre es la anécdota en la que coincidió con su admirado John Ford y el del parche le dijo al japonés "-Sí que le gusta a usted la lluvia", a lo que Kurosawa respondió "Sí que ha visto usted mis película"...), y en este trabajo, que se desarrolla casi en su totalidad en la naturaleza, alcanza casi su grado máximo para elaborar un alegato ecologista libre de moralinas y paternalismos: pocas veces se ha conseguido capturar con la cámara con esta intensidad el frío, el sol, el hielo, o el viento. Pero si bien su virtuosismo con la
cámara y la iluminación estaba fuera de toda duda, en este visionado, me llamo la atención el uso que hace del sonido para transmitir esas sensaciones: el crepitar del fuego, el silbido del viento, el crujido de la nieve al ser pisada, el rumor del fluir del agua... Pocas veces he experimentado esa sensación de inmersión a través de los sonidos viendo una película.

Y no por más conocido, tampoco es menos fascinante el manejo del plano que demuestra el director. Hay en esta película varios momentos en los que la composición de planos llama la atención por su capacidad expresiva dentro de su aparente sencillez. Me viene a la mente el momento en el que, en los primeros compases de la película, mediante un alero del tejado de un tejado, Kurosawa separa en el mismo plano, por un lado, a los soldados rusos, y por otro, a Dersu Uzala y al capitán, demostrando de manera imperceptible pero a la vez elegantísima como, a pesar de compartir espacio, se encuentran en realidades completamente diferentes. Posteriormente cerca del final se repetirá esta misma técnica para demostrar otra vez separación: por
medio de una tubería que asciende por una pared de una habitación, el que esta solo en un universo aparte es ahora Dersu Uzala, totalmente alejado del capitán y su familia, incapaz de adaptarse a la ciudad, a pesar de haber sido en su hogar por sus achaques de salud. Igualmente, es reseñable el uso que hace del montaje dentro del plano, algo que entre otros reconoce haber aprendido Spielberg de Kurosawa, con secuencias contadas en un mismo plano sin necesidad de espectaculares travelling, sino cambiando fluidamente de un plano general a un
plano detalle, para volver a otro plano general y acabar en un plano medio. Hay varias de estas secuencias en la cinta, pero me parece particularmente reseñable esa en la que seguimos a la expedición avanzando por esos frondosos bosques, sencillas y directas sin que el virtuosismo que esconden detrás (hay que recordar que esta cinta tiene 45 años y entonces no había stedadycams, si no pesadas cámaras y raíles, que no quiero ni imaginar lo que tenía que costar montar en la selva...).

Todo este virtuosismo que comento, sería vacío si la película no estuviera llena de emotividad, sentimiento, un ecologismo profundo y sincero, y hasta en momentos, puntuales, humor. La última secuencia es particularmente emotiva, con Kurosawa, rescatando la imagen que cerraba "Los siete samurais", y que deja claro cual es el único destino que les espera a aquellos que viven, guiados por sus propios valores, al margen de la sociedad: cuando entran en contacto con ella, siempre es el mismo el vencido. Solo que aquí además de acabar con ellos, el progreso y la industrialización se encargan de que ni siquiera quede huella de los que han vivido en comunión con la naturaleza.
Y a pesar de que tal y como he comentado se trata de una película que tiene mucho de contemplación, hay que reconocer que cuando el director quiere crear tensión, lo hace de manera magistral, con secuencia como aquella que transcurre en el anochecer del páramo helado, o el rescate en el río, rodadas con pulso maestro, que hacen que una secuencia de dos hombres cortando hierba, se convierta en un momento de suspense.

Tengo que decir, que viendo a Dersu Uzala, el personaje que más me venía a la mente era mi favorito de la saga "Star Wars", Yoda. Ambos, no solo son la representación última de la bondad y tienen la misma actitud vital y viven como ermitaños el último tramo de su vida, sino que además son pequeños, pero esconden un inmenso potencial dentro de ellos. Lucas siempre reconoció a Kurosawa como un maestro, y a "La fortaleza escondida como una de las principales inspiraciones a la hora de concebir "La guerra de las galaxias", así que no cuesta nada atar cabos y ver al cazador como una modelo para el pequeño gran maestro Jedi de color verde. De hecho la manera que tiene Dersu Uzala de referirse a todo lo que forma la Naturaleza: el Sol, el agua, las plantas, los animales... como "gente" con voluntad y sentimientos, es fácil verlo como un precedente de la Fuerza que fluye por todo en la saga galáctica. Ahí lo dejo...

Por último una reflexión extracinematográfica a la que no me puedo resistir. Si hace 5 meses alguien me dice que voy a ver con la Gata en una sala de cine comercial una película del año 1975 ¿? soviética ¿¿?? dirigida por un japones ¿¿¿??? y con una mascarilla ¿¿¿¿????, no lo hubiera creído jamás, pero como cantaba Ruben Blades, "La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida..."


viernes, 24 de julio de 2020

Cine en random XIX: "J. Edgar"


Ultimamente tenía bastante olvidado a Clint Eastwood por ningún motivo en especial, así que hace poco he intentado remediar eso, y lo he hecho con la biografía del justamente infame creador y director del FBI durante casi 40 años, J. Edgar Hoover, realizada en 2011 con el título de "J. Edgar". Y la verdad es que me alegro bastante de haberlo hecho con esta película, que me ha parecido con, con sus irregularidades, bastante interesante, y superior a otras cintas biográficas de Eastwood que han gozado de más prédica, como, por ejemplo, "Invictus".

Eastwood ha articulado esta última etapa de su carrera, con el excepción de la magistral "Gran Torino", alrededor de fíguras reales más o menos importantes, con las que parece estar dejando como legado una radiografía de su país en base a diferentes retratos de personajes, que de una manera más o menos notoria, bien han constituido o bien son el reflejo de la realidad de su país. Y en este caso, al contrario que en otras ocasiones no optó por figuras cuasi anónimas, sino que se atrevió a narrar la biografía de uno de las personas que más condicionó la realidad norteamericana del siglo XX, desde el periodo de entreguerras hasta los años setenta. Este hombre consiguió gracias a los secretos que fue acumulando desde su posición de director del FBI, levantar y hundir gobiernos, y también lanzar como hundir carreras de periodistas, artistas y empresarios, Tanto poder y miedo logró, que a partir de su muerte, se cambió el reglamento para limitar el tiempo de mandato de los directores del Bureau para evitar que se volviera a dar la misma situación. Tan siniestro personaje, añadía además a su compleja personalidad una homosexualidad que le atormentaba, una compleja relación con su madre, y hay que reconocerlo, una capacidad de innovar la investigación criminal nunca vista, redimensionando la importancia de los registros y archivos, y lo que es más importante, estableciendo como método infalible de identificación el estudio de las huellas dactilares. Como se puede ver, un personaje con mucha miga, cuyo abordaje el director californiano acomete con bastante arrojo, sin cargar las tintas en los puntos más críticos, pero tampoco pasando de puntillas por ellos, retratandolo como el racista, anticomunista, reaccionario y megalomano que era (si alguien se queda con ganas de más, que se lea la exhaustiva y magnítica trilogía de los Angeles del gran James Ellroy...), pero mostrándolo como un ser humano a fin de cuentas.

El guión de partida me ha parecido bastante interesante, no ya tanto por la premisa de partida para rememorar su vida, que ha sido vista varias veces de una manera u otra (el que una recapitulación vital por el motivo que sea le haga rememorar su vida), sino por la capacidad que presenta de jugar con los distintos tiempos en los que transcurre la historia, y sobre todo por la reflexión que plantea sobre la memoria y la imagen que tenemos de nosotros mismos. Así, a partir de ciertas revelaciones que se producen en los últimos compases de la película, el espectador se tiene que replantear todo lo que ha visto, quedando los momentos más épicos, tanto los heroicos como los románticos, reducidos a meras fantasías de alguien con ansias de reconocimiento, e incapaz de asumir sus propios temores y equívocos. ¿Está mintiendo a todos los que le rodean? O lo que es peor, ¿Se está engañando a si mismo incapaz de reconocer su auténtica naturaleza y sus obras? Y si se engaña él ¿no se engaña a sí mismo el pueblo norteamericano con su propia Historia?

Además el guión le sirve a Eastwood para plantear una interesante estructura narrativa, en la que los flashbacks se insertan de manera súbita, pero no abrupta, buscando cierta rima narrativa y visual. Es decir, por un lado, no tenemos en todo momento, a veces sí, una voz en off que nos avise de que lo que viene en ese momento es el pasado por miedo a que el espectador se pierda. Y por otrao tenemos a Eastwood jugando a repetir situaciones en dos tiempos bien distintos para mostrar como han ido evolucionando los personajes. Pienso en  momentos que me parecieron particularmente brillantes, como la secuencia en la que los dos protagonistas suben al ascensor como ancianos, pero en cambio al salir de él se muestran en su juventud, las dos secuencias en las que están en el hipodromo, o los dos momentos en los que Hoover sale a saludar a un desfile al balcón de sus despacho. Momentos como este, me trajeron a la mente "Dos en la carretera", la obra maestra de Stanley Donen, y no solo
por la estructura, sin llegar "J. Edgar" a alcanzar la alambicada estructura de la cinta protagonizada por Audery Hepburn y Albert Finney, sino también por la narración que Eastwood hace de la evolución de las relaciones de pareja a través de los años. Porque uno de los ejes de la película es la relación amorosa (aunque se podría llegar a llamar marital) entre J. Edgar y su hombre de confianza Clyde Tolson (ambos muy bien defendidos por Di Caprio, con esa mezcla de vulnerabilidad y carisma que tan bien sabe manejar, y por Armie Hammer, respectivamente), retratada con bastante respeto y de una manera llana que huye de todo efectismo. De hecho, es la relación entre los dos la que reporta los momentos más interesantes de la película, tanto románticos (como el momento en que se conocen, o el final) como dramáticos (vease la pelea, o la crueldad que Hoover exhibe con Tolson en las que el muestra secuelas físicas de su enfermedad...)

Si bien, el reflejo de la relación de pareja funciona bastante bien (lo que no debería sorprendernos, dado la maestría que demostró Eastwood en "Los puentes de Madison", que miedo da lo que pudiera haber sido en manos de otro realizador....),  bastante peor funciona en un registro en el que el realizador ha demostrado una gran valía en múltiples ocasiones, como es el thriller: toda la trama de la resolución del secuestro no genera tensión, lo que se puede entender ya que esto no fuera probablemente el principal objetivo a la hora de concebirla, pero es que, además está, sorprendentemente mal rodada en los momentos que buscan generar suspense, quedando farragosos e ininteligibles. Todo una decepcionante sorpresa en un realizador tan pulcro como Eastwood. Eso sí, fuera de esta secuencias el realizador sigue haciendo ese gran uso de esas masas de oscuridad que ocupan sus planos que tanto caracteriza su cine, que brinda escenas tan interesantes, como aquella en la Hoover se traviste tras la muerte de su madre.

Por último no quería acabar la entrada sin hablar de uno de los temas que más polémica despertaron
en su día, como es el uso de los maquillajes, que fueron calificados por algunos de cómicos. A mi parecer son bastante logrados, y me sacan menos de la narración que el rejuvenecimiento digital que se marcó Scorsese en "El irlandes", técnicamente irreprochable, pero incapaz de hacernos olvidar que era alguíen de 75 años, con la cara perfecta de alguien de 40, pero absolutamente incapaz de moverse con la soltura que esperaríamos de una persona de esa edad. Si me tengo que quedar con una de las dos opciones, me quedó con la que eligió Eastwood.

Y poco más, una película con sus irregularidades, pero con mucho intereses, que merece mejor recuerdo del que goza.





lunes, 6 de julio de 2020

Por fin el cine: Cinema paradiso


Por fin nos hemos estrenado en el cine post -covid y lo mejor de todo que nos hemos estrenado con todo un clásico, Cinema Paradiso.

Quien nos iba a decir que íbamos a poder verla en pantalla grande y sin gente, para nosotros solos, pues si, no todo va a ser malo...
Ganadora del Oscar a la mejor película de habla no inglesa en 1989 y dirigida por Giussepe Tornatore, es todo un homenaje al cine. 





La historia de amistad entre Salvatore y Alfredo que no solo le enseña a amar el cine y una profesión, sino que también le da las lecciones de vida que no le pudo dar su padre muerto, es sin duda lo más emotivo de este largometraje.
Por aquel entonces el único entretenimiento del pueblo era el cine, todo giraba en torno a esas películas con cortes, censuradas por el párraco, era en el cine donde se fraguaban parejas, amistades, enemistades, y todo bajo la antenta mirada de un Salvatore niño, curioso y travieso.


La llegada a la edad adulta de Salvatore, su primer amor y los buenos consejos de su amigo Alfredo, la marcha del pueblo a la gran ciudad para alcanzar un sueño y la vuelta al pueblo después de  30 años reencotrandose con los fantasmas del pasado y los recuerdos, todo bajo la atmósfera de una BSO muy especial firmada por nuestro querido Ennio Morricone (DEP), hacen que esta película te lleve a dar rienda suelta a tus emociones ( a ver quien no se resiste a  llorar).
Una película contada a base de anécdotas como la vida misma. Magnífica.

Nada más que decir, solo que merece la pena volver a verla en el cine, os la recomiendo si todavía no la habéis hecho.

Os dejo la BSO de Cinema Paradiso con el gran Ennio Morricone, que hoy nos ha dejado pero siempre nos quedará su música.



miércoles, 24 de junio de 2020

Recuperando clásicos (XIX): "Vaiana"


Esta entrada va dedicada a mis hijas, por su bondad, valentía, paciencia y buen humor durante el confinamiento.

Vaiana es la hija del jefe de una isla de la Polinesia. En dicha isla tienen un miedo atávico al mar, porque consideran que desde que Maui, un semidios, robará el corazón de la diosa de la Naturaleza Te Fiti, este se volvió en una zona pelígrosa, llena de monstruos y peligros. Sin embargo, Vaiana, que ya de bebé fue elegida por el propio oceáno como la persona digna de devolver el corazón de Te Fiti y restaurar el equilibrio, siempre ha sentido una enorme atracción por el mar, y empujada por la maldición que se empieza a apoderar de su isla, se lanzará al mar para encontrar a Maui, devolver el corazón e intentar salvar al mundo.

Esta película se estrenó en 2016, y como ya entonces no tenía la disponibilidad de tiempo de otros momentos, y además arrastraba cierto perjuicio contra Disney que me hacía preferir por esa época las producciones de su hermana Pixar por encima de las originales de la Casa del Ratón, la dejé escapar. Afortunadamente el tener de hijas pequeñas me hizo verla hace unos dos años y resarcirme, porque lo digo ya, esta obra maestra está sin dudarlo entra mis 10 películas favoritas de la pasada década. 

Empezaré hablando por su nivel de técnica, para quitarmelo de encima, no porque sea lo menos interesante, sino porque es lo más obvio. El nivel de animación de esta película que ya ha cumplido casi cinco años, sigue a mi parecer sin haber sido superado todavía por películas posteriores ni de Pixar, ni de Disney ni de ningún otro estudio. La expresividad que logran en los personajes es de una sutilidad y finura absoluta, y el manejo que demuestran de cosas tan complicadas de animar como el agua, la lava o el fuego es hipnótico.
Además los autores Musker y Clements, que en esta cinta se embarcaron por primera vez en un proyecto animado del todo por ordenador, no pudieron dejar de incluir un guiño a la animación en dos dimensiones, y utilizaron esta técnica para el personaje de Mini-Maui. Otro cosa llamativa, que estos autores ya habían ensayado en otras cintas interesantes como "Aladdin" o "Tiana y el sapo", es como intercalan secuencia animadas con un estilo totalmente distinto al de la pelicula, como ocurre en el prólogo, que ya atrapa al espectador desde el minuto cero, o en el que es mi número musical favorito de la cinta, "De nada".

Una vez que ya hemos dejado clara su excelencia a nivel técnico, vamos con lo que de verdad hace esta cinta la maravilla que es: el guión y la puesta en escena.

El guión no es alambicado ni incluye nada que no se haya visto antes en cientos de historias desde Budha a "Matrix" cumpliendo con todas las paradas (separación, iluminación por un mentor, momento de oscuridad, triunfo, vuelta a su sociedad...) del viaje del héroe que tan bien describió Campbell. Lo que no han hecho todas esas películas es tener la precisión que presenta esta obra maestra. No hay un detalle superfluo que sea añadido para el mero chiste o porque quede bonito: todo engrana a la perfección y suma algo a la trama, y hasta el más mínimo detalle es recuperado más tarde, demostrando que no ha sido
gratuito: vease el personaje de Hei-hei, el gallo que acompaña a la protagonista. Es un personaje hilarante, que tiene a su cargo los mejores gags de la película, pero no se queda en mero alivio cómico y/o adorable, tal y como ocurre en algunas cintas animadas (en varias de la propia Disney, de hecho) y acaba deviniendo en un personaje vital en la resolución del climax. Y lo mismo vale para el resto de los personajes, todos genialmente definidos e integrados, con una pareja protagonista que exuda carisma (sin caer en el típico romance de cinta Disney, que a veces funciona, pero otras lastra a la película...) desde el momento que se juntan en pantalla. Igualmente es  sobresaliente la integración que hace de las canciones, todas ellas maravillosas, en la trama, que lejos de entorpecer el ritmo, lo aceleran, aumentando también la emoción de esas escenas.

Y por último, pero no menos importante, sino más bien lo contrario, está la maravillosa puesta en escena. Hay en esta película más cine que en la mayoría de las cintas que vi la pasada década. Del ya citado prólogo, que se sigue con el momento simplemente mágico en el que el Oceano, excelentemente visualizado como ser con entidad propia y que lleva a un paso más allá la visualización que llevo a cabo James Cameron en su magistral "Abyss", escoge a Vaiana como la elegida para restaurar el equilibrio de la Naturaleza. A partir de ahí la cinta va a bascular maravillosamente entre lo aventurero, lo
fantástico, lo dramático y lo cómico. Con momentos brillantes en todos esos registros. En lo aventurero tiene tres set pieces geniales, pero si me tengo que quedar con una de ellas, me quedo, por una debilidad personal con la que involucra a los fascinantes cocos malvados, los Kakamora, que parece la versión salidos de la muy reivindicable "Waterworld", con un barco a medio camino entre Leonardo Da Vinci y el Steampunk. En lo fantástico tiene visualizaciones de mundos desbordantes de imaginación y belleza, pero lo que más delata que Musker y Clemens (recordar que ellos fueron los artífices de la resurrección de Disney de
sus momentos más bajos con "La Sirenita") son cineastas de raza, es el tono ambiguo que preside las escenas en las que Vaiana sufre una epifanía, como el descubrimiento de los barcos escondidos, la salida del arrecife, o la aparición final de la abuela; en ellas los directores juegan, con mucho acierto, a dejar en el aire si se tratan de verdad de apariciones sobrenaturales, o son la interpretación que hace Vaiana de las revelaciones que sufre. En lo dramático, destaca la crudeza de la revelación del triste origen de
Maui, narrada a través de los tatuajes vivientes que recubren su cuerpo, y que en último instancia explica su necesidad de sentirse adorado por el ser humano. Y en lo cómico, pues ya he comentado los excelentes gags que propicia el gallo Hei-hei, pero tampoco el personaje de Maui se queda atrás en su capacidad de generar momentos cómicos, con su arrogancia y sus maneras de marinero resabiado, cercano a marineros cascarrabias célebres como Long John Silver o Quint.

Por si no lo he dejado claro una de las mejores películas que he visto en mi vida, que con las múltiples revisiones, no hace más que crecer. Si alguien no la ha visto que lo haga ya mismo para reir, llorar, emocionarse y aprender, tanto de la vida como del Cine.



martes, 2 de junio de 2020

Cine en random (XVIII): "Carga maldita"


Cuatro hombres de distintos países, todos ellos huyendo de crímenes cometidos en sus lugares de origen, malviven trabajando en una explotación petrolera de una república bananera. Cuando surge la oportunidad convertirse en los bien pagados conductores de camiones que transportan delícados explosivos por caminos suicidas, ninguno se lo pensará dos veces si eso supone recuperar parte de su vida previa.

Siguiendo con cosas que tenía ganas de ver, cayó en mis manos esta "Carga maldita" de Wiliam Friedkin, remake de "El salario del miedo" de H.G. Clouzout, al que está dedicada, y  que desconozco. La película supuso el primer clavo en el ataud profesional de Friedkin, que se estrelló comercialmente con esta película, que multiplicó por cinco su presupuesto inicial de 4 millones, y no llegó a recaudar ni la mitad. Pero los números está para los ejecutivos, porque lo que queda cuando pasa el tiempo es la cinta en si misma. Y cuarenta años después, se puede asegurar, que sin ser una obra maestra, se trata de una producción bastante interesante.

Tiene muchos puntos curiosos, como el hecho de que a la presentación de los personajes protagonistas, se les dedica una larguísimo prologo de 20 minutos, divido a su vez en tres partes, casí sin dialogo, y para colmo, con dos de ellas habladas en árabe y francés... Se ve que al realizador no le preocupaba que el público se sintiera desorientado. Pero es que además se esfuerza por hacer que todos los protagonistas sean, como poco, antipáticos (un ladrón, un alto directivo de una petrolera sin ningún escrúpulo y un terrorista musulman; y en la versión que yo vi no se nos cuenta que ha hecho el personaje que encarna Paco Rabál, pero por las manera que gasta, nada bueno...), mostrando con todo lujo de detalles las inmorales acciones de cuyas justas consecuencias están huyendo. Por cierto, señalar la estupenda labor de todos los protagonistas, que hacen todos un gran trabajo.

También es interesante la durísima representación de ¿Colombia? ¿Ecuador? (con esos carteles que anuncian la reelección del presidente de fondo en muchas escenas...) o de la empresa petrolera, retratada como una empresa despiadada, que aprovecha la pobreza de la zona y la connivencia del gobierno corrupto para tratar a sus trabajadores como otra materia prima para usar y desechar, como bien muestra toda la secuencia de la explosión y el tratamiento que se da a las víctimas. Todo esto la emparentaba en mi mente parcialmente con películas cínicas y levantadas en torno a desheradados y personajes inmorales en una misión, como "El tesoro de Sierra Madre", "Doce del patíbulo" o "Los violentos de Kelly", aunque en esta "Carga maldita" el humor y la mala leche  que exudan esas dos películas está ausente: nada nuevo en el cine de Friedkin, que nunca se distinguió por el sentido del humor de sus películas.


Pero si bien todo esto hace interesante la primera mitad de la película es cuando empieza el transporte en los camiones cuando el director lo da todo: si en "French Connection" demostró que podía hacer cosas nunca vistas con coches, aquí lo hace con camiones. Con la secuencia en la que se dedican a montar los camiones (bautizados como Lázarus y Sorcerer, este último título en versión original de la película...) para la misión suicida, montada a ritmo de la por los demás, estupenda música de Tangerine Dream, y que casi adelanta la
imprescindible secuencia de montaje de artefactos de la serie del Equipo A, parece que los derroteros van a transitar más por lo aventurero, pero es solo un espejismo,  ya que lo que va a presidir el transporte de los explosivos es la ansiedad y la tensión. Y esto lo hace Friedkin para mostrar un estupendo manejo del suspense, que brilla en toda la cinta (el paso por la estructura de madera, la voladura del obstáculo, el asalto...), pero alcanza su culmen en el tramo del puente, largo y tensísimo, y con un estupendo uso de la meteorología: uno siente la humedad, las inestabilidad y la ceguera que genera la lluvia torrencial. Si algo desmerece (un poco) toda esta parte es la tendencia a abusar de teleobjetivos, un tic visual muy en boga en aquellos tiempos, y que ha envejecido bastante mal desluciendo un poco el conjunto... Y todo el último tramo, con un marcado tono fatalista, da un cierre bastante redondo a la cinta.
Como ya decía al principio, la cinta fracasó en taquilla, algo que sus artífices achacan a que fue estrenada dos semanas después de "La guerra de las galaxias", que es una buena película, pero que dinamitó el cine de entretenimiento adulto y arriesgado que había marcado la década de los 70: Coppola, Scorsese, De Palma, Milius, Hasby... Hay por ahí unos comentarios de Friedkin y su socio que cuentan que fueron a ver al teatro Chino de Hollywood como reaccionaba la platea a su trailer, antes de un pase de la película de Lucas, y cuentan que el contraste entre su trailer oscuro y sucio, y el justamente mítico inicio de "La guerra de las galaxias" y que ellos mismo tuvieron claro que no tenían nada que hacer compitiendo en taquilla contra esta últimas...

Antes decía que esta película fue uno de los fracasos que condicionaron la carrera venidera de Friedkin, pero probablemente también fuera una de los primeros clavos en el ataud de lo que se conoció como Nuevo Hollywood, junto a otros monumentales fracasos en taquilla como "La puerta del cielo" de Cimino, "New York, NewYork" de Scorsese o "Corazonada" de Coppola. Todas ellas cintas carísimas como esta, en las que uno ve todo el esfuerzo y dinero que se invirtió. Es fácil imaginar un rodaje durísimo en un sitio sin infraestructuras, con el equipo pasándolas tan canutas como los personajes.  Friedkin fue uno de los artífices de ese cine y no de los responsables de su desaparición....En fín, nunca sabremos que hubiera pasado si esas películas hubieran funcionado.

Una película un tanto olvidada que tuvo peor suerte que la que merecía. Creo que el tiempo la ha tratado muy bien.



martes, 26 de mayo de 2020

Recuperando clásicos (XVIII): "The Warriors. Los amos de la noche"


En el peligroso Nueva York de los finales de los años 70, un carismático lider llamado Cyrus ha convocado a todas las bandas de la ciudad para hacer que firmen una tregua, se alíen y así dominen la ciudad. Sin embargo en medio de la reunión, alguien asesina a Cyrus, acusando de ello a los Warriors, una de las bandas que habían acudido desde Coney Island. Perseguidos por las otras bandas y por la policía, los Warriors deberán atravesar toda la ciudad de Nueva York intentando conservar sus vidas...

Pues aprovechando que hace poco la han puesto en Netflix, aproveché para recuperar esta clásico del cine survival y de paso descubrirselo a la Gata, que en un principio no se mostraba muy dispuesta a verla...
Hacía bastante tiempo que no la veía y me daba un poco de miedo ver como habían tratado los años (tanto los que ha cumplido la película, como los que he vivido yo...) y la verdad es que la película ha envejecido de maravilla. Tiene un ritmo tremendo, que ya te atrapa desde los estupendo títulos de crédito, que van intercalando escenas que te ponen rapidamente en antecedentes de lo que vas a ver, con planos subjetivos del metro en el que van los Warriors, sobre los que superponen los títulos de crédito, en un agresivo rojo y con una tipografía que recuerda a las pintadas callejeras. Todo lo que va a definir la película está ahí: el viaje, el movimiento, la noche, y las bandas callejeras y su iconografía.

Aunque la película está hecha a caballo entre los 70 y 80, y ya adelanta el esteticismo y efectismo que presidiría el cine de esa última década (y que marcó la secuela espiritual de "The Warriors" que llevó a cabo unos años más  tarde Walter Hill, la simpática "Calles de Fuego"), en momentos como la fascinación con la que retrata la imaginería de las bandas de la época, que en ocasiones parecen retratados con una iconicidad digna de un buen tebeo de la época  (creo que todo el mundo que ha visto esta película recuerda la banda inspirada en el beisbol, las Furias...) o los insertos musicales; pero, sin embargo, también mantiene la aspereza del cine de los 70, directo y crudo en el retrato que hace de  los personajes. Los personajes
tiene un cierto código moral, pero no son caballeros andantes ni dulces princesas, sino supervivientes que buscan salir adelante en un entorno bastante complicado. Porque a la hora de ver esta película hay que tener presente que Estados Unidos, estaba pasando una época muy difícil tanto en lo económico (con las consecuencias de la crisis del petróleo aun sintiendose en la vida diaria de la gente) como en lo social (con una juventud desarraigada y el caballo a sus anchas...). Así, a pesar de tratarse de una película de acción, no desdeña un cierto comentario social, con momentos como la reveladora secuencia en la que se encuentran con las dos parejas pijas (ellos con camisas con
chorreras y ellas con vestidos brillantes, pero aun así bastante feos todos...) que miran con recelo a los Warriors, que con su belleza desnuda, sucia y salvaje, demuestran más categoría moral y elegancia. O el final, que desmitifica el barrio como la tierra prometida, y que finalmente es reconocido como una losa que les impide seguir crecer como personas.



Y sería injusto hablar de la cinta sin reseñar sus secuencias de acción. En algunos casos se basan en el suspense, como en la que involucra la banda que va en autobus, o la banda de las Ansiosas, y en otros en el enfrentamiento físico, con algo de influencia del cine de artes marciales tan de los 70, como el enfrentamiento con las Furias y sus bates, o la pelea final en el metro. Pero lo que si que llama la atención en todos ellos es lo bien que trabaja la geografía del escenario Walter Hill: siempre se encarga de definir bien los espacios para que el espectador no se pierda, y se pueda seguir la acción sin que se escape un detalle, quedando claro en todo momento donde y haciendo que está cada personaje involucrado. Y que decir del enfrentamiento final en la playa, rodado como si fuera el duelo de un espagueti-western, con una gran anticipación, y el personaje de David Patrick Kelly, (ese actor que nació para interpretar villanos desquiciados: "Twin Peaks", "La gran huida"...) repitiendo la que probablemente sea la frase más mítica de la película: -"¡Warriors! Vamos a jugar..." mientras entrechoca tres botellas de vidrio (por ahí se dice que el actor lo que quería entrechocar eran dos palomas muertas, pero a Hill le pareció demasiado...).
Viendo la película, no pude evitar pensar en que vista a día de hoy puede parecer a ojos de algunos misógina. ¿Lo es? Yo creo que no, sus protagonistas obviamente lo son, pero el tratamiento que se da de la mujer no lo es en absoluto. De hecho el personaje de Mercy me ha parecido uno de los mejor desarrollados en la película. Es retratado sin ninguna condescendencia, sino como una mujer independiente, que toma sus decisiones, aunque eso haga que la mayoría la considere, desde su posición machista, una furcia, y que lo que en definitiva busca es escapar del mismo destino al que están destinadas sus amigas: según sus propias palabras, quedarse
preñada y estar toda la vida sin salir del barrio rodeada de churumbeles, convertida en una ama de casa forzosa. Al final de la película, no sin armarse antes para el enfrentamiento final, como una miembro (o miembra) por derecho propio de la banda que ya es, se define en su conversación con el personaje de Swann: "Me gusta viajar. Nunca he salido del barrio pero se que me gusta". Este personaje femenino no desentonaría en una película de mi adorado Verhoeven...

Mientras seguía las peripecias de los Warriors, me vino a la mente la excelente "¡Jo, que noche!", que hace poco comenté por aquí, y no lo digo solo por la obvia importancia de la ambientación neoyorkina, sino también por el tono de de Odisea (la de Homero, así en mayúscula) que tiene. No solo por el viaje de retorno a casa, y las dificultades que tienen que encarar para lograrlo, sino sobre todo por lo que supone de crecimiento personal  y autoconocimiento para los protagonistas, que además descubren al final que les ha cambiado tanto el viaje que su lugar de
origen, ya no es a donde pertenecen. Hill, que de tonto no tiene nada, se encarga además de aumentar ese tono de teatro griego; los insertos de la banda de los Riffs, que devienen casi en dioses que manejan a los héroes desde su particular Olimpo (en este caso un almacén...); los insertos de la locutora de radio, que devienen casi en un coro griego; o la aparición de la banda de las Ansiosas, que devienen en las sirenas del relato, que en lugar de
cantos hipnóticos, se sirven de minifaldas, porros y magreos entre ellas para atraerles y anularles, y que en última instancia, son igual de letales. Y que decir del deux ex machina final, con la materialización de los dioses a ras de tierra.


Y para acabar un par de apuntes. Uno es el estupendo doblaje que tiene la película. Siempre que puedo veo cosas nuevas, pero con películas que ya he visto en muchas ocasiones y tengo grabadas en mi memoria con un doblaje, tengo que verlo así. Pero es que en este caso, además grácias al doblaje vemos la labor del añorado Constantino Romero, poniendo su voz al jefe de los Riffs,  Masai, lo que aumenta el tono de Odisea que comentaba en el párrafo anterior. Y por último, lamentar que, por estupenda que sea esta película y lo bien que lo está tratando el tiempo, nunca podremos saber como hubiera quedado el remake que planeaba el malogrado Tony Scott poco antes de su muerte...

Por si alguien quería saberlo comentar que a la Gata le gustó mucho la película, pese a sus reticencias iniciales. Así que no valen excusas para no verla. Os dejo con el trailer y con unos cortos en los que la revista Rolling Stone reunió al reparto 35 años después:














sábado, 16 de mayo de 2020

Cine en random (XVII): "La hora incógnita"

Una ciudad española es evacuada por que sobreviene una catástrofe. Pese a las advertencias de las autoridades, una puñado de personas, por los motivos más diversos se quedan en ella.

Esto nos está haciendo vivir situaciones inimaginadas: colas en los supermercados, gente con mascarilla por la calle, vivir en un país lleno de expertos epidemiólogos... Pero casi igual de raro me parece la situación en la que me  encontré viendo esta película: era el día de las fiestas patronales de mi ciudad y me encontré un vacío y silencio sepulcral en las calles, mientras yo me dedicaba a ver una película española apocalíptica ¿¿?? del año 1963 ¿¿¿?? dirigica y escrita (bastante bien, además), por, atención, ¿¿¿¿Mariano Ozores???? Desde luego, esta nueva normalidad nunca la hubiera imaginado ni en mis sueños más bizarros.

Por que sí, el autor de obra como "Los energéticos", o "Jet Marbella Set", que en el mejor de los casos lograba películas zafias, pero que hacían reir, o el peor abominaciones sonrojantes, en los inicio de su carrera dirigió una película que no hubiera desentonado un ápice en un capítulo de "The Twilight Zone" o "Historias para no dormir" del añorado Chicho Ibañez Serrador. Así, al igual que muchos de aquellos episodios, parte de una premisa fantástica para llevarla al ámbito de lo íntimo y desarrollar sus consecuencias de la vida diaria de los que la sufren, y en ocasiones (las mejores), como en esta película, aprovechar para hacer un acertado retrato de la sociedad española de la época. Por otra parte, con "The Twilight Zone" también le emparenta, el temor nuclear que presidió toda la Guerra Fría, que servía de contexto para muchas de aquellas historias.

Así Ozores articula un retrato coral en el que los que se quedan atrás son la gente, que por un motivo u otro, ya habían sido dejados atrás por la sociedad: un borrachín (excelentemente interpretado por ese grandísimo e infravalorado actor que fue Jose Luis Ozores...), un ladrón, una pareja de amantes infieles, un prófugo de la ley, una prostituta... Como se puede ver, no se le puede negar la valentía al realizador para articular un relato que amparado en el ser una película de género, muestra los parias de la sociedad de entonces, cosa, no olvidemos harto difícil en el franquismo de 1963, año de realización de la cinta. Si que es cierto que todo lo revierte de una pátina de humor y ternura para hacer más digerible y menos sórdido y no carga las tintas ni contra el policía ni contra el sacerdore, pero aun así consigue colar cosas tan venenosas como la pareja de desagradables viejas cotillas, capaces de jugarse la vida para poder meterse en las casas de sus vecinas y amigas y dejar al aire sus vergüenzas, o el personaje más desagradable de todos: el dueño de unos grandes almacenes, que se rebela como el más amargado cobarde y despiadado de todos ellos pese a ser el que mejor consideración social tiene. Todo estos personajes además de estar bastante bien escritos, funcionan bien por la estupenda labor de todos los actores: además del citado Jose Luis Ozores encontramos entre otros muchos a Fernando Rey o Emma Penella, todos ellos ajustadísimos.

En cuanto a la realización, pues también está bastante bien. Sin alcanzar los niveles magistrales del citado Ibañez Serrador o de, por ejemplo, Antonio Mercero en "La cabina", por citar dos ejemplos de cine fantástico español coetaneo, Ozores se las arregla bien para que la historia no tenga instantes muertos y avance rápido. Probablemente la mejor escena sea la secuencia inicial, en la que se muestra un tren que abandona una estación cargado de gente por un motivo que desconocemos, para a continuación mostrarnos como la ciudad se va vaciando mientras patrullan por ella vehículos del ejército, todo ello a ritmo de la tensa banda sonora de Adolfo Waitzman, de inspiración jazzistica. Aunque esta secuencia sea probablemente la mejor, eso no quita para que haya más momentos interesantes repartidos por el resto de la cinta, que adelantan las adaptaciones fílmicas del "Soy leyenda" de Matheson como el momento de los maniquís, o el interesante uso que hace del suspense, con esos relojes que avanzan inexorablemente, en el tramo final, con el intento desesperado de los personajes por salvar su vida. Y si bien es cierto que el dinero no sobra en esta cinta y no hay un solo plano con efectos especiales, hay que reconocer que sabe optimizar los recursos que tiene (en este caso la ciudad de Alcalá de Henares, que imagino que sería más fácil de vaciar que Madrid u otra capital...) y logra una ambientación sin muchos alardes, pero muy resultona, bien envuelta además por la fotografía en blanco y negro de Godofredo Pacheco. Y ahora que hablo de presupuestos, añadir a modo anecdótico que la película tuvo un presupuesto medio-alto para la época de 4 millones de pesetas, pero pese a eso fracasó, hundiendo la productora que Mariano Ozores había montado con sus hermanos, y haciendo que a partir de ese momento decidiera dedicarse solo a hacer películas por encargo. Y, tristemente, a la vista de lo que esta película demuestra que era capaz, lo cumplió.

Toda una curiosidad, y una película bastante interesante. Os la deja a continuación el estupendo trailer que le hicieron hace uno años para que os terminen de entrar las ganas de verla.