martes, 26 de mayo de 2020

Recuperando clásicos (XVIII): "The Warriors. Los amos de la noche"


En el peligroso Nueva York de los finales de los años 70, un carismático lider llamado Cyrus ha convocado a todas las bandas de la ciudad para hacer que firmen una tregua, se alíen y así dominen la ciudad. Sin embargo en medio de la reunión, alguien asesina a Cyrus, acusando de ello a los Warriors, una de las bandas que habían acudido desde Coney Island. Perseguidos por las otras bandas y por la policía, los Warriors deberán atravesar toda la ciudad de Nueva York intentando conservar sus vidas...

Pues aprovechando que hace poco la han puesto en Netflix, aproveché para recuperar esta clásico del cine survival y de paso descubrirselo a la Gata, que en un principio no se mostraba muy dispuesta a verla...
Hacía bastante tiempo que no la veía y me daba un poco de miedo ver como habían tratado los años (tanto los que ha cumplido la película, como los que he vivido yo...) y la verdad es que la película ha envejecido de maravilla. Tiene un ritmo tremendo, que ya te atrapa desde los estupendo títulos de crédito, que van intercalando escenas que te ponen rapidamente en antecedentes de lo que vas a ver, con planos subjetivos del metro en el que van los Warriors, sobre los que superponen los títulos de crédito, en un agresivo rojo y con una tipografía que recuerda a las pintadas callejeras. Todo lo que va a definir la película está ahí: el viaje, el movimiento, la noche, y las bandas callejeras y su iconografía.

Aunque la película está hecha a caballo entre los 70 y 80, y ya adelanta el esteticismo y efectismo que presidiría el cine de esa última década (y que marcó la secuela espiritual de "The Warriors" que llevó a cabo unos años más  tarde Walter Hill, la simpática "Calles de Fuego"), en momentos como la fascinación con la que retrata la imaginería de las bandas de la época, que en ocasiones parecen retratados con una iconicidad digna de un buen tebeo de la época  (creo que todo el mundo que ha visto esta película recuerda la banda inspirada en el beisbol, las Furias...) o los insertos musicales; pero, sin embargo, también mantiene la aspereza del cine de los 70, directo y crudo en el retrato que hace de  los personajes. Los personajes
tiene un cierto código moral, pero no son caballeros andantes ni dulces princesas, sino supervivientes que buscan salir adelante en un entorno bastante complicado. Porque a la hora de ver esta película hay que tener presente que Estados Unidos, estaba pasando una época muy difícil tanto en lo económico (con las consecuencias de la crisis del petróleo aun sintiendose en la vida diaria de la gente) como en lo social (con una juventud desarraigada y el caballo a sus anchas...). Así, a pesar de tratarse de una película de acción, no desdeña un cierto comentario social, con momentos como la reveladora secuencia en la que se encuentran con las dos parejas pijas (ellos con camisas con
chorreras y ellas con vestidos brillantes, pero aun así bastante feos todos...) que miran con recelo a los Warriors, que con su belleza desnuda, sucia y salvaje, demuestran más categoría moral y elegancia. O el final, que desmitifica el barrio como la tierra prometida, y que finalmente es reconocido como una losa que les impide seguir crecer como personas.



Y sería injusto hablar de la cinta sin reseñar sus secuencias de acción. En algunos casos se basan en el suspense, como en la que involucra la banda que va en autobus, o la banda de las Ansiosas, y en otros en el enfrentamiento físico, con algo de influencia del cine de artes marciales tan de los 70, como el enfrentamiento con las Furias y sus bates, o la pelea final en el metro. Pero lo que si que llama la atención en todos ellos es lo bien que trabaja la geografía del escenario Walter Hill: siempre se encarga de definir bien los espacios para que el espectador no se pierda, y se pueda seguir la acción sin que se escape un detalle, quedando claro en todo momento donde y haciendo que está cada personaje involucrado. Y que decir del enfrentamiento final en la playa, rodado como si fuera el duelo de un espagueti-western, con una gran anticipación, y el personaje de David Patrick Kelly, (ese actor que nació para interpretar villanos desquiciados: "Twin Peaks", "La gran huida"...) repitiendo la que probablemente sea la frase más mítica de la película: -"¡Warriors! Vamos a jugar..." mientras entrechoca tres botellas de vidrio (por ahí se dice que el actor lo que quería entrechocar eran dos palomas muertas, pero a Hill le pareció demasiado...).
Viendo la película, no pude evitar pensar en que vista a día de hoy puede parecer a ojos de algunos misógina. ¿Lo es? Yo creo que no, sus protagonistas obviamente lo son, pero el tratamiento que se da de la mujer no lo es en absoluto. De hecho el personaje de Mercy me ha parecido uno de los mejor desarrollados en la película. Es retratado sin ninguna condescendencia, sino como una mujer independiente, que toma sus decisiones, aunque eso haga que la mayoría la considere, desde su posición machista, una furcia, y que lo que en definitiva busca es escapar del mismo destino al que están destinadas sus amigas: según sus propias palabras, quedarse
preñada y estar toda la vida sin salir del barrio rodeada de churumbeles, convertida en una ama de casa forzosa. Al final de la película, no sin armarse antes para el enfrentamiento final, como una miembro (o miembra) por derecho propio de la banda que ya es, se define en su conversación con el personaje de Swann: "Me gusta viajar. Nunca he salido del barrio pero se que me gusta". Este personaje femenino no desentonaría en una película de mi adorado Verhoeven...

Mientras seguía las peripecias de los Warriors, me vino a la mente la excelente "¡Jo, que noche!", que hace poco comenté por aquí, y no lo digo solo por la obvia importancia de la ambientación neoyorkina, sino también por el tono de de Odisea (la de Homero, así en mayúscula) que tiene. No solo por el viaje de retorno a casa, y las dificultades que tienen que encarar para lograrlo, sino sobre todo por lo que supone de crecimiento personal  y autoconocimiento para los protagonistas, que además descubren al final que les ha cambiado tanto el viaje que su lugar de
origen, ya no es a donde pertenecen. Hill, que de tonto no tiene nada, se encarga además de aumentar ese tono de teatro griego; los insertos de la banda de los Riffs, que devienen casi en dioses que manejan a los héroes desde su particular Olimpo (en este caso un almacén...); los insertos de la locutora de radio, que devienen casi en un coro griego; o la aparición de la banda de las Ansiosas, que devienen en las sirenas del relato, que en lugar de
cantos hipnóticos, se sirven de minifaldas, porros y magreos entre ellas para atraerles y anularles, y que en última instancia, son igual de letales. Y que decir del deux ex machina final, con la materialización de los dioses a ras de tierra.


Y para acabar un par de apuntes. Uno es el estupendo doblaje que tiene la película. Siempre que puedo veo cosas nuevas, pero con películas que ya he visto en muchas ocasiones y tengo grabadas en mi memoria con un doblaje, tengo que verlo así. Pero es que en este caso, además grácias al doblaje vemos la labor del añorado Constantino Romero, poniendo su voz al jefe de los Riffs,  Masai, lo que aumenta el tono de Odisea que comentaba en el párrafo anterior. Y por último, lamentar que, por estupenda que sea esta película y lo bien que lo está tratando el tiempo, nunca podremos saber como hubiera quedado el remake que planeaba el malogrado Tony Scott poco antes de su muerte...

Por si alguien quería saberlo comentar que a la Gata le gustó mucho la película, pese a sus reticencias iniciales. Así que no valen excusas para no verla. Os dejo con el trailer y con unos cortos en los que la revista Rolling Stone reunió al reparto 35 años después:














sábado, 16 de mayo de 2020

Cine en random (XVII): "La hora incógnita"

Una ciudad española es evacuada por que sobreviene una catástrofe. Pese a las advertencias de las autoridades, una puñado de personas, por los motivos más diversos se quedan en ella.

Esto nos está haciendo vivir situaciones inimaginadas: colas en los supermercados, gente con mascarilla por la calle, vivir en un país lleno de expertos epidemiólogos... Pero casi igual de raro me parece la situación en la que me  encontré viendo esta película: era el día de las fiestas patronales de mi ciudad y me encontré un vacío y silencio sepulcral en las calles, mientras yo me dedicaba a ver una película española apocalíptica ¿¿?? del año 1963 ¿¿¿?? dirigica y escrita (bastante bien, además), por, atención, ¿¿¿¿Mariano Ozores???? Desde luego, esta nueva normalidad nunca la hubiera imaginado ni en mis sueños más bizarros.

Por que sí, el autor de obra como "Los energéticos", o "Jet Marbella Set", que en el mejor de los casos lograba películas zafias, pero que hacían reir, o el peor abominaciones sonrojantes, en los inicio de su carrera dirigió una película que no hubiera desentonado un ápice en un capítulo de "The Twilight Zone" o "Historias para no dormir" del añorado Chicho Ibañez Serrador. Así, al igual que muchos de aquellos episodios, parte de una premisa fantástica para llevarla al ámbito de lo íntimo y desarrollar sus consecuencias de la vida diaria de los que la sufren, y en ocasiones (las mejores), como en esta película, aprovechar para hacer un acertado retrato de la sociedad española de la época. Por otra parte, con "The Twilight Zone" también le emparenta, el temor nuclear que presidió toda la Guerra Fría, que servía de contexto para muchas de aquellas historias.

Así Ozores articula un retrato coral en el que los que se quedan atrás son la gente, que por un motivo u otro, ya habían sido dejados atrás por la sociedad: un borrachín (excelentemente interpretado por ese grandísimo e infravalorado actor que fue Jose Luis Ozores...), un ladrón, una pareja de amantes infieles, un prófugo de la ley, una prostituta... Como se puede ver, no se le puede negar la valentía al realizador para articular un relato que amparado en el ser una película de género, muestra los parias de la sociedad de entonces, cosa, no olvidemos harto difícil en el franquismo de 1963, año de realización de la cinta. Si que es cierto que todo lo revierte de una pátina de humor y ternura para hacer más digerible y menos sórdido y no carga las tintas ni contra el policía ni contra el sacerdore, pero aun así consigue colar cosas tan venenosas como la pareja de desagradables viejas cotillas, capaces de jugarse la vida para poder meterse en las casas de sus vecinas y amigas y dejar al aire sus vergüenzas, o el personaje más desagradable de todos: el dueño de unos grandes almacenes, que se rebela como el más amargado cobarde y despiadado de todos ellos pese a ser el que mejor consideración social tiene. Todo estos personajes además de estar bastante bien escritos, funcionan bien por la estupenda labor de todos los actores: además del citado Jose Luis Ozores encontramos entre otros muchos a Fernando Rey o Emma Penella, todos ellos ajustadísimos.

En cuanto a la realización, pues también está bastante bien. Sin alcanzar los niveles magistrales del citado Ibañez Serrador o de, por ejemplo, Antonio Mercero en "La cabina", por citar dos ejemplos de cine fantástico español coetaneo, Ozores se las arregla bien para que la historia no tenga instantes muertos y avance rápido. Probablemente la mejor escena sea la secuencia inicial, en la que se muestra un tren que abandona una estación cargado de gente por un motivo que desconocemos, para a continuación mostrarnos como la ciudad se va vaciando mientras patrullan por ella vehículos del ejército, todo ello a ritmo de la tensa banda sonora de Adolfo Waitzman, de inspiración jazzistica. Aunque esta secuencia sea probablemente la mejor, eso no quita para que haya más momentos interesantes repartidos por el resto de la cinta, que adelantan las adaptaciones fílmicas del "Soy leyenda" de Matheson como el momento de los maniquís, o el interesante uso que hace del suspense, con esos relojes que avanzan inexorablemente, en el tramo final, con el intento desesperado de los personajes por salvar su vida. Y si bien es cierto que el dinero no sobra en esta cinta y no hay un solo plano con efectos especiales, hay que reconocer que sabe optimizar los recursos que tiene (en este caso la ciudad de Alcalá de Henares, que imagino que sería más fácil de vaciar que Madrid u otra capital...) y logra una ambientación sin muchos alardes, pero muy resultona, bien envuelta además por la fotografía en blanco y negro de Godofredo Pacheco. Y ahora que hablo de presupuestos, añadir a modo anecdótico que la película tuvo un presupuesto medio-alto para la época de 4 millones de pesetas, pero pese a eso fracasó, hundiendo la productora que Mariano Ozores había montado con sus hermanos, y haciendo que a partir de ese momento decidiera dedicarse solo a hacer películas por encargo. Y, tristemente, a la vista de lo que esta película demuestra que era capaz, lo cumplió.

Toda una curiosidad, y una película bastante interesante. Os la deja a continuación el estupendo trailer que le hicieron hace uno años para que os terminen de entrar las ganas de verla.

lunes, 11 de mayo de 2020

Cine en random (XVI): "Nómadas"


Una médico de urgencias de un hospital de Los Angeles, recibe a un paciente, aparentemente un indigente, en estado catatónico que ha sido encontrado en la calle. Mientras le está examinando, el paciente reacciona agresivamente y le susurra unas palabras en francés a su oído, justo antes de morir. A partir de ahí, la médico se pondrá a investigar su pasado, contactando con su viuda, para descubrir que al contrario de lo que aparentaba, se trata de un reputado antropólogo, el Dr Pommier, lo que le llevará a descubrir una realidad que nunca había atisbado.


Otra película visitada en el confinamiento ha sido la primera cinta del añorado John McTiernan, "Nomadas". Y la verdad es que no ha sido nada fácil, ya que se trata de una película bastante díficil de conseguir y, a mi parecer, poco reivindicada. Desde luego que no se trata de una trabajo perfecto como si que serían sus siguientes trabajos, "Depredador" y "Jungla de Cristal", pero se trata de una película con bastante interés, que ya permitía vislumbrar que en la silla del director había una persona que sabía muy bien que hacer con una cámara.
En cuanto a los motivos para que esté olvidada, me imagino que entre ellos, además de no lograr el reconocimiento en su taquilla que si que se llevaron la mayoría de sus películas, está el hecho de que el guión, el único que firmó en su carrera McTiernan, es bastante demencial, y no es muy amigable con el gran público. En primer lugar no es nada lineal, y no solo porque esté narrado a base de larguísimos flashbacks que pueden despistar un tanto al espectador, sino que además, a partir de un momento se pone a variar con los puntos de vista en un juego que puede hacer que aquellos que necesitan que una película no tenga el más mínimo agujero, se desentiendan ya del todo. Y es que, sí, la película tiene bastantes agujeros en cuanto a sucesos inexplicables, encuentros casuales y comportamientos absurdos. Además, toda la parte relativa a los sucesos luctuosos ocurridos en la casa, que busca emparentar la película con el género de mansiones encantadas  y conseguir una justificación a la aparición de la tribu, no termina de funcionar ningún momento, y de hecho, a partir de un momento dado es dejada totalmente de lado...

De cualquier manera, tampoco hay que pasarse de exigente, ya que también tiene bastantes ideas
interesantes, mostrando como lo sobrenatural está agazapado de la normalidad que nos rodea (vease la perturbadora secuencia que implica a una monja). Pero quizás la idea más interesante sea lo relativo a la caracterización de la tribus urbanas como algo sobrenatural y alejado de la realidad, a los que nunca vemos hacer nada humano como comer ni practicamente hablar: son seres decadentes y hedonistas que solo interactuan entre ellos, y tienen una serie de normas de conducta propias, como si se trataran casi de vampiros. También es interesante el proceso de fascinación/posesión/reencarnación que sufren de manera progresiva  los dos protagonistas. Hay que reconocer que si este guión hubiera caído en manos de un realizador sin pericia narrando, yo también me hubiera acabado desentendiendo de la historia, pero como el que está detrás de la cámara no es un cualquiera, sino McTiernan el que está al mando, pues me lo acabo tragando todo.


La película tiene un tono bastante ochentero en cuanto al uso de la luz y las canciones en la linea de producciones de la época como "Los viajeros de la noche" o  "Jovenes Ocultos", eso sí, sin llegar a los excesos de la por lo demás interesante "El Ansia" de Tony Scott (otra vez vampiros todos ellos...), ya que aquí está todo más comedido. No hay que temer aquí el montaje percutante y, en muchos casos, confuso, que la MTV puso de moda: a pesar de que aquí haya luces brillantes, humo y filtros, McTiernan no pierde el control y si algo puede narrarlo sin un corte, con esos elegantes movimientos de cámara que siempre le caracterizaron (o caracterizan, porque pese a que lo parezca, no está muerto...), lo hace. Además sabe cuando usar
cada registro visual: así cuando el personaje de Pommier se dedica a seguir a la tribu de pandilleros urbanos, lo hace con un tono casi documental, que lo emparente con las investigaciones de campo que se nos cuenta que realizó el personaje en la sabana o entre los Innuit. Viendo estos momentos a uno le vienen a la mente también imágenes tanto de la "La profecía" como de "Impacto", al igual que "Nomadas" retratos de una obsesión, en la que la fascinación por la imagen y más concretamente la fotografía se convierten en un puntal de la trama. En cambio, si en un momento dado la historia tiene que tomar una atmósfera más fantasmagórica y de ensoñación, muestra que sabe como hacerlo. A este respecto la película me trajo a la mente en varios momentos, de manera inesperada, la magistral "Mullholland Drive", no solo por la narrativa fragmentada (llegamos a ver en un momento dado ensoñaciones dentro de flashbacks...), sino también por la ambientación en Los
Angeles, que se convierte en un personaje más de la película, y sobre todo, por la relación que establece entre las dos mujeres protagonistas, ambigua y con cierta aura erótica (el momento en el que se despiertan juntas es impagable...). Apuntar también que en esta película McTiernan ya adelanta la justamente célebre caída al vacío del personaje de Alan Rickman en "Jungla de Cristal": parece que este hombre disfruta mucho de lanzar a sus actores desde rascacielos... Cierto es que en un momento dado cerca del final, el asalto a la casa, la cosa se le va de las manos y le queda un tanto confuso y forzada, pero en la escena que le sigue y cierra le película, recupera el tono para acabar con una secuencia tan sugerente como perturbadora.

En fín, que se trata de una película imperfecta, pero muy entretenida, sin tiempos muertos y cortita, que tiene bastante interés por si misma y no solo para completistas de este añorados director. A descubrir.



lunes, 4 de mayo de 2020

Cine en random (XV): "El hombre de mimbre"


Un polícia, católico ferviente y a punto de casarse, es reclamada en una isla perdida del norte de Escocía para investigar la denuncia de la desaparición de una muchacha de 12 años. Cuando llega a ella se encuentra con que nadie parecer echar de menos a la muchacha, ni siquiera su supuesta madre. Pero es que todo en la isla está envuelto en un halo de extrañeza que no hará más que aumentar cuanto más vaya conociendo de ella.

Otra película que ha caído en estos días de recogimiento y contemplación ha sido este "El hombre de mimbre" de 1973. Aclaro el año de producción porque en los 2000 se hizo un remake con Nicolas Cage y dirigido por el puntualmente interesante Neil LaButte, que no he tenido ocasión de ver. La película se puede encuadrar dentro de lo que se ha dado en llamar terror folklórico (apuesto a que "Midsommar", que no he tenido valor de ver después de padecer aquel timo que fue "Hereditary", le debe mucho...). Sin embargo, los referentes que más me vinieron a la cabeza viendola, fueron por un parte, "El prisionero", por qué las dos acaban con una suerte de happening y por la ubicación aislada física y emocionalmente del mundo, y por, otro lado, las narraciones de Lovecraft, con esas poblaciones endogámicas y enfermizas y que viven de espaldas a los valores reinantes en la sociedad.

Se trata de la única película que he visto de este realizador, Robin Hardy (lo cual no es raro, ya que solo hizo dos más...), sin embargo, si que tenía alguna referencia más del autor del libreto. Aunque está basado en una novela de David Pinner, "Ritual" que desconozco,  el guión es del guionista y dramaturgo de renombre Anthony Shaffer, el autor de entre otras, "La huella", con la que, por cierto, comparte cierta estructura en cuanto a acumulo giros y a  ese ambiente paranoico que recorre toda la trama, aunque en este caso, la película que nos ocupa me ha parecido bastante superior a aquella. La idea sobre la que pivota toda la historia es la de
enfrentar las creencias y valores de la sociedad occidental, con la moral judeocristiana a la cabeza, con un paganismo primigenio basado en la Naturaleza y los elementos como faros vitales. Pero todo esto, que podía asustar un poco por parecer muy sesudo, lo hace sin perder un instante, y ya desde los mismos créditos nos mete de lleno en la película, con ese viaje en hidroavión atravesando todas las Highlands escocesas, bonitas pero un auténtico páramo vistas desde el cielo mientras suena una música de corte melancólico, hasta que vislumbra la isla, con un verdor que contrasta con lo anterior y rebosa vida, y que se acompaña de una animada melodía folk. De esta manera así, guionista y director, preparan al espectador para el enfrentamiento entre los dos concepciones vitales, a la vez que demuestra que estamos llegando a un sitio basicamente inaccesible y aislado del mundo a todos los niveles.

Una vez en la isla este choque e ideas sigue, con el policía escandalizado ante la vivencia que se hace en el pueblo de temas como la muerte y la sexualidad. El protagonista, representa los más férreos valores morales de la sociedad occidental, no solo como rígido católico que como afirma en un momento dado no cree en el sexo antes del matrimonio, sino como figura de la ley que marca las normas a respetar. Así conforme va descubriendo que la muerte, el sexo y la desnudez no son un tabú en la isla, todo su ideario se empieza a desmoronar. A este respecto hay imágenes y secuencias brillantes y
turbadoras, como esa madre que se dedica a dar el pecho a su bebé apoyada en una lápida ya desvencijada de un cementerio; o la divertida y turbadora secuencia en la que el protagonista intenta reprimir la tentación sexual que le genera la mesonera de la pensión donde se hospeda, tentandole con su canto, como si de una sirena se tratara, a través de la pared que separa sus habitaciones, generando en él un estado de febril frustración. También es muy interesante el uso que hace el realizador de las canciones, todas ellas, llenas de referencias y juegos de palabras sexuales, que son cantadas tanto por niños como por ancianos, y que suenan por igual en el pub local y en la escuela, donde por cierto, los alumnos juegan
durante el recreo a celebrar rituales de fertilidad con una marcada simbología fálica ¿?. Sin embargo, el realizador, inteligentemente creo yo, no termina por decantarse ni por una creencia ni por otra, mostrando que, paganismo como cristianismo, son dos como maneras irracionales de entender la vida, dejando a ambas al mismo nivel (que es tirando a bajo, por cierto).







No sería justo hablar de la película sin reconocer la excelente labor de los actores, entre los que destacan los protagonistas Edward Woodward, y un curiosísimo Christopher Lee, alejado de la pose aristocrática que tantas veces defendió, para convertirse en un lider cuasihippie, además de una inolvidable Britt Ekland, que he descubierto, fue mujer de Peter Sellers.




Robin Hardy realizó una secuela en el siglo XXI llamada "The wicker tree", que intentaré ver si consigo encontrarla, y se quedó con las ganas de cerrar la trilogía con un crowdfounding, que no logró lo esperado, viendose frustadas en última instancia todas las posibilidades de llevarla a cabo con su muerte en poco después.

La película me ha parecido estupenda. Muchos cineastas la citan entre sus cintas favoritas y no me cuesta entenderlo: es corta e intensa, y es de esas que no se olvidan. Si os gusta el fantástico no os la perdais.





lunes, 27 de abril de 2020

Cien en random (XIV): "El discreto encanto de la burguesía"

Siguiendo con la disponibilidad de tiempo que presta el confinamiento, sigo con la tónica de ver películas que, por un motivo y otro tenía pendientes. En este caso le ha tocado a la película que le reportó el Oscar a Buñuel (ocasión que el de Calanda no desperdició para escandalizar y quedarse con toda la prensa norteamericana):"El discreto encanto de la burguesía".

La película cuenta la sucesión de problemas que se le van planteando a un grupo de gente de la alta burguesía parisina que intenta una y otra de vez de manera infructuosa llevar a cabo una cena. Y eso sería todo, pero tratandose de este director, siempre va a haber más que la premisa de partida.

Porque aquí está Buñuel de nuevo lidiando con el tema que preside en última instancia todo su cine: la frustación humana en general, y de la burguesía en particular. Pero en esta ocasión lo hace llevando al máximo el retorcido sentido del humor que siempre impregnaba sus películas, para acabar convirtiendose en una comedia (por lo menos yo me descubrí carcajeandome varias veces, y mira que la vi solo,  y eso no me pasó ni una sola vez viendo "La fiera de mi niña", que también la recuperé hace poco...). La comicidad en este
caso nace del absurdo que preside toda la cinta: resulta literalmente imposible adivinar que te vas a encontrar en el minuto siguiente de la película, con una sucesión situaciones a cual más delirante: un restaurante en el que se está celebrando un velatorio, pero que pese a ello sigue sirviendo cenas, aunque a los clientes les termina por dar aprensión y se marchan; una pareja de adinerados burgueses dueños de una inmensa casa de campo, que para tener sexo sin ser molestados tienen que irse a escondidas al jardín; un grupo de damas burguesas que no consiguen que en una cafetería les sirvan ni té, ni café, ni chocolate, ni infusiones, ¡¡ni agua!!; o ese obispo que ansía ser unicamente un jardinero; o la descacharrante aparición del ejército... Todo ello envuelto en sueños dentro de sueños, salidas de tono, derivaciones narrativas arbitrarias que no parecen llevar a ninguna parte, rupturas abruptas del espacio y el tiempo, fantasmas...

Sin embargo, la gran capacidad narrativa de Buñuel, que fue capaz de hace comprensibles (porque lo
son y con esto no quiero tirarme el rollo de listillo...) hasta a sus cortometrajes más surrealistas, hace que esas situaciones no se queden en el chascarrillo: las hace verosimiles y hasta cierto punto terroríficas. La gente que conozca los trabajos más crípticos de David Lynch creo que será capaz de entender esto que parece contradictorio. Hasta sus trabajos más alejados de la realidad, son más inteligibles de lo que parece a primera vista (vease esa reflexión sobre el miedo a la paternidad que es "cabeza borradora", o el celebérrimo capítulo octavo de la tercera temporada de "Twin Peaks", que recurre a toda la vanguardia artística de los últimos 100 años, pero que deja claro lo que quería explicar cuando acaba), gracias a que son una narradores consumados. Y si uno se pierde en un momento dado, lo único que hay que hacer es dejarse llevar por lo que te están mostrando, y la propia ficción te reconducirá a donde el autor quiera.

Una lástima que hasta ahora no la hubiera visto porque la he disfrutado mucho. No es quizás mi favorita entre sus películas, pero desde luego tiene dentro mucho cine. Y ahora que estamos con el confinamiento, lo mismo me atrevo a recuperar algún día "El angel exterminador", que viene como anillo al dedo a lo que estamos viviendo.



martes, 21 de abril de 2020

Recuperando clásicos (XVII): "¡Jo, qué noche!"


Pues siguiendo con el aprovechamiento del tiempo para ver películas, e intentando mejorar el regustó amargo que deja la última castaña que comenté en este blog, pues me fui a alguien que pocas veces defrauda: Martin Scorsese. Pero en lugar de volver a una de sus vacas sagradas, me decidí por una película un tanto olvidada de su carrera que hacia unos 20 años que no veía, pese a que en su día recuerdo que me gustó, y que se confirma a día de hoy como una de mis favoritas del maestro: "¡Jo, que noche!" terrible título que recibió en este país en lugar del mucho menos chistoso y más sugerente "After hours".

Paul Hackett es un gris oficinista de una editorial de Manhattan, que una noche de entre semana decide salir a tomar un café. Mientras está tomando café se encuentra con una atractiva muchacha que se muestra sugerente y receptiva a sus lances, y que le cita en casa de una amiga en el Soho. Nuestro protagonista no se lo piensa ante la perspectiva de poder lograr hacer el coito esa noche, y allá que va. A partir de ahí comienza la noche más delirante y peligrosa de la vida de este hombre.

Como ya comentaba en la introducción, esta película está considerada una obra menor de Scorsese, y la gente la despacha como una comedia resultona y poco más. Quizás esto se deba a que esta obra surgió de la frustración que le generó que le paralizaran el rodaje de "La última tentación de Cristo", un proyecto que persiguió durante muchos años, a pocas semanas de iniciarlo. Ante semejante situación, y con unas ganas locas de rodar, al neoyorkino le llegó este guión  cuando el director que se iba a encargar de ella era, curiosamente, Tim Burton. Entre los productores se encontraba el que acabaría siendo el protagonista de la película Griffin Dunne, que está estupendo, por cierto. A Scorsese le gustó, y aunque se tratara de un encargo, decidió hacerlo para sacar toda las ganas de rodar que tenía. Y vaya si las puso. Tanto es así, que llegó a ganar el premio al mejor director en el Festival de Cannes de aquel 1986.

Lo primero que llama la atención es el tono de la película, una combinación de terror y comedia, que no se queda en la estructura típica de este tipo de película dar sustos y luego desengrasarlos con momentos cómicos sino que están intrínsecos al desarrollo de la trama. El cine de Scorsese siempre se ve muy fácil con ese ritmo endiablado que le imprime a muchos de sus trabajos, pero eso no significa que no deje un poso, siempre bastante amargo, en su espectador, al oponernos a nuestros rincones más oscuros. En todas sus obras nos fascina, y por que no, divierte con sus personajes al filo del abismo, pero lo que siembra en nosotros es que eso que les pasa a esos protagonistas con una moralidad, cuando menos, ambigua, es que el espectador nos convertiríamos en uno de ellos si viviéramos esas mismas circunstancias: en el fondo todos tenemos dentro a un Travis Brinckle ("Taxi Driver"), a un Henry Hill ("Uno de los nuestros"), o a un Jordan Belfort ("El lobo de Wall Street", con ese inquietante plano cerca del final en el que vemos a los asistentes al seminario que acaba impartiendo, es decir a nosotros mismos, mirando con embeleso y admiración al protagonista...). Y es por eso que su cine nos marca tanto.


Aquí mientras vamos siguiendo a la retahíla de situaciones pesadillescas (porque la película tiene la misma lógica alucinada y retorcida de las pesadillas) que le suceden al protagonista, vamos viendo que es una víctima, pero desde luego no una inocente, ya que se va mostrando como alguien con muchas más dobleces que los esperables en un anodino oficinista: en la medida de lo posible se va revelando como una persona egoísta y desagradable, que cuando se encuentra a alguien a quien manipulable, no duda en hacerlo para sacar provecho (sexual, económico, o, a partir de un momento dado, lograr simplemente que le den refugio su odisea de pesadilla). Hay un momento que resulta particularmente turbador, en el que el protagonista, tras ver una joven muerta, de primeras empieza acariciar el cadaver con cierto afán de mostrar piedad por la joven, después al ver que está desnuda bajo la sábana que la cubre, sigue mirándola, pero ya no tanto compadeciendose de su situación, como con curiosidad, pero es que al ver el bello cuerpo desnudo de la joven fallecida, lo que detectamos en su actitud es ya ¡excitación sexual! Afortunadamente, algo le interrumpe y no vemos en que podría haber acabado semejante tesitura. Situaciones como está se repiten a lo largo de la película, además casi siempre con las mujeres como objetivo, lo que revela la misoginia latente en el personaje

Antes me refería a lo que sufre el protagonista como odisea, y es que tiene mucho del viaje mitológico de Ulises. En primer lugar la sarta de situaciones límite que vive: le rapan parte de la cabeza, le persigue una turba enloquecida (con clara reminiscencias a Frankestein, puesto que Scorsese no hace ascos a homenajear ningún genero), le engañan, propicia un suicidio, tiene propuestas de se confiesa a un desconocida, presencia varios crímenes, le agreden, se convierte en una obra de arte...  Y claro, los personajes que se encuentra no desemerecen de cíclopes y sirenas del clásico de Homero: vendedoras de helados ambulantes que devienen en implacables cazadoras de delincuentes; artistas sadomasoquistas; ingenuas camareras que devienen en máquinas de rencor; camareros confiados; ancianas artistas que viven en almacenes de pubs; ladrones porromanos; taxistas adictos a la velocidad y al flamenco...Y luego está la estructura circular que presenta la historia, que encuentra su fin en el mismo punto de la partida, y que no detallaré para no arruinar la experiencia a los afortunados que la disfruten por primera vez, pero que le da un cierre y perdón por el chiste, redondo.


Y sería un crimen cerrar la entrada sin reseñar la estupenda labor de Scorsese tras las cámaras. En esta ocasión, consciente del material, llamemoslo con todas las comillas que se quiera, ligero, con el que está tratando, el realizador se vuelca en darle un tono visual juguetón, con la cámara haciendose notar mucho: ese justamente célebre plano subjetivo en el que la cámara toma el punto de vista de las llaves que le han sido lanzadas al protagonista desde un balcón, y cuya realización, al parecer, casi le cuesta la vida Griffin Dunne...; los virtuosos planos con steadycam que cierran y abren la película, a ritmo de Mozart; las secuencias de la discoteca, en la que el director hace uno de sus habituales cameos manejando un foco.... Todo ello excelentemente arropado por la labor del los siempre excelentes Michael Ballhaus en la fotografía, que le da un tono de pesadilla al Soho neoyorkino, y de Thelma Shoemaker, la montadora oficial del Scorsese en el grueso de su carrera, imprimiendo un ritmo perfecto.

He estado a punto de ponerla en el apartado películas para ocasiones, ya que al final lo que muestra la película es lo que te puede pasar si te dedicas a salir de tu casa cuando no toca, pero al final me he contenido.... En fín, i con todo lo que he contado no os han entrado ganas de verla, o revisarla, algo he hecho mal, porque se trata de una de las grandes películas del maestro (y eso que es díficil hacer un ranking con la cantidad de genialidades que este hombre nos ha brindado a lo largo de 50 años...). Así que ya sabéis.

jueves, 16 de abril de 2020

Poco ortodoxa: Buscando su identidad


Me gustaría hablaros de una miniserie que he podido ver estos días en Netflix ( de lo poco que me permiten ver mis retoños...) , su nombre es "Poco ortodoxa" ("Unorthodox" su título original).

De producción alemana se basa en la vida de la escritora Deborah Feldman.
Está protagonizada por la joven actriz Shira Haas (quien está fantástica en su papel ), nacida en Israel en el seno de una familia judía con orígenes  polacos y húngaros, su abuelo fue superviviente del Holocausto Judio en el campo de concentración de Auschwitz.

Y bueno  que decir que la elección de esta actriz no ha sido casual ya que la serie gira en torno a la vida y "no vida" de una joven judia en una comunidad jasidista de Williamsburg ( zona de Brooklyn donde se concentra la comunidad Satmar ).



Shira Haas da vida a Esty, la protagonsita de esta miniserie, es una chica jasidista de unos 19 años que vive dentro de la comunidad Satmar. Esty, como todas las mujeres de esta comunidad debe casarse y tener hijos, ese es su cometido. No tiene formación ni ha vivido nunca experiencias fuera de esa comunidad.

 Su vida como la del resto de miembros de esa comunidad gira en torno a la Torá que marca las normas y las leyes que rigen la comunidad.


Al cumplir la mayoría de edad debe casarse de forma concertada con un chico de la comunidad,por suerte para ella este chico pertenece a una familia adinerada que se dedica al negocio de las joyas. 

Hasta aquí todo normal, mujer jasidista se prepara para casarse (siguiendo un programa especifico para convertirse en buena esposa y satisfacer todas las necesidades de su futuro marido) ,una vez dispuesta y superada las pruebas para ser buena esposa se celebra la boda ( merece la pena ver la serie solo por ver como es una boda jasidista ) , todos contentos, Esty parece feliz, pero en el fondo .. no lo es.

A partir de aquí aparecen  las dudas y la necesidad de buscar su verdadera identidad y su camino en la vida. Esty se llena de valor para escapar de la comunidad y poner rumba a Europa y más en concreto a Berlin. 


Allí vive experiencias nuevas que jamás hubiera imaginado, recupera a su madre e incluso descubre su verdadera vocación. Y  lo que es más importante recupera la autoestima y la seguridad en si misma que tenía anuladas.

Berlín para ella representa la libertad, el dejar atrás una forma de ser para encontrarse con su verdadero yo. 



Una serie que reflexiona sobre la necesidad de encontrarse a uno mismo y lo difícil que resulta a veces, todo ello enmarcado en la cultura judía ultraortodoxa y sus costumbres.

Si tenéis la posibilidad de verla os animo a hacerlo en VOS ya que está rodada en hebreo, alemán e inglés ,merece la pena.