viernes, 12 de mayo de 2017

Garrafón.


Una mañana cualquiera en Madrid. En un bar cualquiera, los parroquianos habituales y algunos que no lo son apuran sus consumiciones. Sin embargo, cuando uno de ellos sea abatido de un balazo al salir del bar, todo dará un vuelco.


Varias veces he reiterado mi amor por el cineasta bilbaino, y su importancia capital, por lo menos en lo que a mi generación respecta, en hacer que, con la magistral "El día de la bestia", viéramos el cine español como una cinematografía capaz de ir más alla de la comedia más o menos gruesa y los dramas histórico-panfletarios según la corriente política de turno. En mi caso, me hizo además descubrir mucho cine español que él reivindicaba en cuanto tenía ocasión, que me ha servido para descubrir auténticas maravillas y mostrarme que había mucho más de lo que parecía.

A lo largo de los años su cine habrá podido ser acusado de cualquier cosa (irregular, excesivo, incapaz de dar finales redondos...) pero siempre ha mostrado brío. Por eso me ha resultado particularmente decepcionante este "El Bar". Todo lo que perfila su cine está: un punto de partida explosivo, la obsesión por ambientar las historias en espacios cerrados, personajes que sacan lo peor (algunas, pocas, veces lo mejor) en situaciones extremas, el humor negro a medio camino entre el costumbrismo y la caricatura... Pero no está lo más importante: la pasión. Pese a que algunos de sus guiones tuvieran sus más y sus menos, la convicción con la que el realizador bilbaíno  rueda, logra que sus películas, aunque imperfectas, sean casi siempre interesantes. Aquí no. En sus mejores momentos, la película ofrece corrección (aunque podría ser sido filmada por cualquier artesano competente de esta o cualquier cinematografía) y en los peores, bordea peligrosamente lo tedioso, como ocurre en el alargadísimo tramo final, lleno a demás de agujeros de guión, que se hacen en este trabajo más evidentes que nunca.

No se saca provecho al punto de partida, una suerte de traslación de "La Niebla" (el libro de King y la película de Darabont) a la sociedad ibérica, algo a priori óptimo para que de la Iglesia pudiera desplegar todo su arsenal. Pues es una oportunidad perdida, porque el componente fantástico/paranoico de la trama queda del todo olvidado a partir de la mitad de la película (y esto daba para mucho a poco que se lo hubieran trabajado...), ni tampoco la caricatura de nuestra sociedad resulta tan brutalmente certera como las que realizó en "La comunidad", "Crimen Ferpecto" o "Muertos de risa".

Si acaso alguien salva (parcialmente) la función son los actores. Porque aunque lo primero que viene a la mente a la hora de pensar en  Alex de la Iglesia sea su humor descarnado y salvaje, su ausencia de complejos a la hora de encarar cualquier género y  su gran manejo de las secuencias de suspense y de acción, la gente parece olvidar lo bueno que es eligiendo y dirigiendo actores. El fue uno de los pioneros a la hora configurar repartos que hacían coincidir a figuras emergentes con actores consagrados/semirretirados, algo que con los años se convirtió casi en una constante en cualquier película española. Pero es que además es capaz de exprimir a sus interpretes para hasta lograr de ellos sus mejores trabajos: vease como logró las mejores interpretaciones de la carrera de gente como Sancho Gracia, Hugo Silva, Mario Casas, Carlos Areces, Raphael o Blanca Suarez.

Este año Alex de la  Iglesia estrena película de nuevo, un remake de una película italiana auspiciado por Mediaset. Crucemos los dedos para que este "El Bar" haya sido un tropezón aislado.

sábado, 29 de abril de 2017

¡Como está el servicio!


En Corea, durante la ocupación japonesa de principios del siglo pasado, la joven Sook-Hee, procedente de familia humilde que muchas veces ha estado implicada en asuntos turbios, es contratada por el supuesto Conde Fujiwara para trabajar como doncella de la inestable y adinerada Izumi Hineko. La intención del Conde es hacer tambalearse su ya frágil salud mental para lograr que la ingresen en un psiquiátrico y poder quedarse con su abundante herencia. A partir de aquí se pone en marcha todo un entramado de pasión, mentiras y ambición.

Siguiendo con la cobardía habitual, esta película no llegó a salas en mi ciudad, así que he tenido que verla en mi casa por otros métodos. Una lastima que así haya sido, ya que con lo cuidadas que están tanto la luz como el sonido, seguro que en sala hubiera sido una experiencia aun más satisfactoria. Habrá que agradecerselo a la audacia de los distribuidores y exhibidores...

Tras el acto reivindicativo (que ya se está convirtiendo, tristemente, en una costumbre cada vez que sale por aquí una película que se aleje minimamente de lo comercial), vamos con la película en si misma. Aunque en sus primeros trabajos, el cine de Park Chan Wook tenía cierto componente social, hay están "Joint Security Area" y "Simpathy for Mr Vengeance" para demostrarlo, a partir de la magistral "Old Boy", su cine ha ido haciendose cada vez más alambicado y juguetón. Y si bien es cierto que en las primeras películas en las que dio rienda suelta a esta vertiente fuera de la "Trilogía de la Venganza", lo que parió fueron dos tonterÍas como "I am cyborg" y "Thirst", en su primera incursión norteamericana, "Stoker", se mostró mucho más consciente del tono que necesitaba, ofreciendo como resultado, una de las películas más divertidas de aquel año. En su regreso al cine coreano con "La doncella", mantiene esas constantes, confirmando al coreano como una suerte de Brian De Palma oriental.

La historia de la que se en esta ocasión parte de las formas típicas del melodrama de época, en este caso ambientado en la ocupación japonesa de Corea a principios del siglo pasado, para ir retorciendo la trama hasta convertirla en un thriller erótico. Todos lo requiebros de la historia no persiguen otra intención de jugar con el espectador, y si uno se deja ir de la mano del realizador, la verdad es que la película se disfruta mucho. La factura de la película es impecable, tanto a nivel de fotografía, a cargo del colaborador habitual Chung Chung-hoon, como de la música. El diseño de producción, como corresponde a un film de época bastante
cuidado, aunque algunos escenarios, como la mazmorra están un poco desaprovechados. Chan Wook sigue tan obsesionado en crear encuadres preciosistas  y un punto artificiosos como siempre, lo que convierte el visionado de "La doncella" en una delicia visual. Aunque también es cierto que dicha artificiosidad queda justificada por el tono retorcido y tramposo de lo que se nos está narrando. Unido a esto también está le reconstrucción de escenas a las que vamos asistiendo a lo largo de la película según el personaje que la está narrando: es complicado hacer esto sin que resulte repetitivo, y sin embargo el realizador sabe resolver estos momentos con bastante maña. Sin embargo también hay que reconocer que hay otros momentos en los que el asunto se le va de las manos, alargando en exceso algunas secuencias que se podrían haber resuelto con muchos menos planos con los mismos o mejore resultados (vease las destrucción de la biblioteca, alargada hasta el infinito...). Si la película fuera más corta, pasaría más desapercibido, pero contando que estamos ante una cinta de casi 150 minutos, el resultado se resiente un poco.

Las dos actrices protagonistas, Kim Tae-ri y Kim Min-hee, están estupendas, sobre todo la primera y solventan muy bien momentos tan delicados como las escenas de sexo. Y ya que estamos con el sexo, aunque dichas secuencias son correctas, se desaprovecha la posibilidad de hacer que las secuencias más allá de quedar bonitas y/o excitantes, sirvan para definir más a los personajes.

Como ya he dicho al principio la película se disfruta de principio a fin, es entretenida y visualmente sofisticada, y como divertimento, poca pega se le puede poner más allá. Sin embargo, acaba pecando de intrascendente: no hay nada que vaya más allá de (mucho) entretenimiento. Y eso en un año en el que se presentó una obra maestra como "Elle" que era capaz de saltar del drama al thriller y de ahí a la comedía negra para terminar erigiendose en uno de los más pesimistas y certeros retratos de la sociedad actual vistos en los últimos años, hace que, con el paso de los días, "La doncella" se vaya desvaneciendo un poco. De todos modos, no está el panorama como para ir poniendose exquisito y rechazando propuestas tan entretenidas y sofisticadas como esta.


jueves, 13 de abril de 2017

La isla de los monstruos.


En el año 1973 tras ponerse en marcha la red global de satelites, aparece una isla desconocida. El gobierno norteamericano autoriza una expedición mixta de científicos y militares con la esperanza de poder explotar los posibles recursos minerales de la isla. Y aunque todo apunta que la isla puede ser un lugar referenciado por varias leyendas, nadie imaginan lo que encontraran allí.

La irregular e interesante pero frustrante "Godzilla" funcionó a nivel económico lo suficientemente bien como para que Legendary Pictures se planteara poner en marcha un Universo Cinematográfico compartido (que estudio no aspira a eso hoy día...) sobre monstruos gigantes. Después del reptil japonés, el turno lógico era el de el rey de los monstruos gigantes: King Kong.

Afortunadamente esta película enmienda casi todos los errores que desmerecían la película del monstruo nipón. Aquella cinta, probablemente (mal) influenciada por el cine de Nolan, confundía seriedad con calidad y el conjunto se resentía: si aspiras a hacer algo tan serio, tienes que apoyarte sobre unos personajes bien definidos que cuyas vivencias te interesen, y desde luego no era el caso, con unos personajes planos y un reparto desacertadísimo, más allá del siempre genial Bryan Cranston. En "Kong: La isla Calavera" se ha optado en todo momento por la diversión, sin que eso vaya en contra de la historia, más bien al contrario, ya que se siente más cohesionada y emotiva que la citada "Godzilla".
Ya de primeras es de agradecer que los responsables de la película es que hayan sido capaces deponer en marcha una película sobre el simio gigante dandole su propia personalidad sin traicionar la tradición del personaje, ni caer en el mimetismo nostálgico-cinefilo que desembocó en la tibia recepción que tuvo el "King Kong" de Peter JacksonInciso: Es esta última película mejor de lo que se dijo; lastrada por los excesos megalomanos de un Jackson que por entonces se creía el Rey del Mundo, que confundía duración con importancia, con una primera hora de metraje totalmente innecesaria, y un Jack Black simplemente estrangulable, el balance final de la cinta era positivo, con momentos inolvidables como King Kong persiguiendo rubias por Broadway.
Una de las mejores ideas del ultimo Godzilla occidental era que su diseño huía de todo realismo jurásico para erigirse en una figura mitológica sin correspondencia alguna con la naturaleza. Bien, pues aquí siguen la misma senda: este King Kong, como el primero, tiene aspecto bípedo y antropomórfico, y recupera también de la entrega original (y a día de hoy aun la mejor...) el que sea carnivoro (algunos simios lo son, pero los gorilas no...) para demostrar que no estamos ante un gorila sobrealimentado, sino sobre una suerte de deidad, ajena a toda explicación lógica.
No es la de 1933 la única película previa del primate gigante referenciada, ya que el remake setentero auspiciado por Dino DeLaurentis también se deja sentir. La referencia más obvia es la ambientación en los 70 (entonces contemporanea, ahora evocada), pero en este caso, más allá de la estupenda selección musical, se opta por la versión más oscura de dicha década, aquella marcada por la Guerra Fría, la derrota de USA en Vietnam y el escándalo Watergate. De hecho, la película tiene una interesante carga política (relativa, no olvidemos que estamos hablando de un blockbuster protagonizado por un gorila gigante...) al retratar al ejercito americano como una banda de derrotados sin ningún objetivo en la vida, capitaneados por un hombre aun más frustrado, que focaliza en Kong la rabia por haber sido retirado de la guerra. Y también del remake de Guillermin hereda la avaricia de las grandes empresas como detonante inicial de la trama.
Volviendo con la cinta de Gareth Edwards, la otra idea que mejor funcionaba era que Godzilla se erigía en el defensor último de la Tierra como consecuencia de las actitudes irresponsables de la Humanidad, quedando el ejercito, y la raza humana en general, como auténticos peleles. Aquí también retoman esa idea y la aumentan, convirtiendo, como ya he comentado, a los militares en un problema extra (que roza la oligofrenia algunos de sus miembros: vease la desternillante secuencia del soldado que se inmola...) al que el gorila debe enfrentarse al intentar proteger al planeta de una amenaza mucho mayor. Esto da a la película algunos de los mejores momentos de la cinta, con esos cruces de miradas y reflejos en la pupila que lleva al paroxismo los duelos de miradas mantenidas que creo Leone. Si alguien podía mantener la mirada a un gorila de 30 metros, ese tenía que ser Samuel L. Jackson.
Aquí no hay ningún tipo de recato en mostrar que el gorila desde el primer momento y como tal protagoniza la primera y divertidísima secuencia. A continuación, tras unos estupendos títulos de crédito, que trascurren sobre imágenes de noticiarios cinematográficos pasamos a la tan temida en este tipo de películas presentación de personajes. Afortunadamente este tramo esta resuelto con suficiente desparpajo e ironía como para  lograr unos personajes capaces de no resultar sonrojantes (los que mejor funcionan son los que tiene buenos actores detrás, como el citado Jackson, John Goodman, y John C. Reilly...) y no aburrir hasta la reaparición de Kong. Aquí me voy a extender, porque Vogt-Roberts, que venía de rodar la simpática y sencilla "The Kings of the summer" se descuelga con una de las mejores secuencias de acción vistas en bastante tiempo. Tras atravesar en helicóptero una tormenta que traía al recuerdo la tormenta de arena de  "Mad Max. Furia en la carretera", los exploradores llegan a la isla y se dedican a incordiar a los que allí viven con suspuestos intereses científicos a base de bombas hasta que Kong hace acto de presencia recortado contra el sol del horizonte, en una imagen memorable y un claro homenaje a "Apocalipsis Now". El resto forma ya parte de las mejor secuencias que ha brindado el cine de monstruos gigantes.

A partir de aquí la película logra mantener con bastante tino el tono aventurero. Lo primero que es de agradecer es que el realizador ruede los bellos parajes vietnamitas con sentido de la maravilla y logrando que generen auténtica sensación de descubrimiento y de maravilla, un talento algo perdido hoy en día, en el que la infografía se ha convertido en algo tan andar por casa, que ha hecho que se ruede igual la visita a un mundo fantástico que un paseo campestre. Y otro punto a favor es que consigue transmitir con éxito la sensación la sorpresa sienten los protagonistas al ver cosas como bueyes gigantes o arañas monstruosas: es un mundo desconocido en el que el paisaje más bello puede virar en trampa mortal (el estupendo y sangriento ataque de la araña) y el bicho más aberrante puede albergar una inesperada paz (los citados bueyes o el tronco viviente). Hay momentos en los que se trabaja aceptablemente bien la atmosfera, como todo la llegada al cementerio de huesos, y otros en los que la cosa se desmelena en aras del entretenimiento descerebrado, a la altura del Zack Snyder más desatado (o sea el de la incomprendida y muy estimable "Sucker Punch"). Todo ello sin renunciar en ningún momento al sentido del humor, a ratos negro y lleno de mala y otros que convierten a la cinta casi en un slapstick surrealista.

Si hay que buscarle algún fallo a la película ese sería que se deja de lado la faceta trágica y romántica del personaje. En lo relativo a lo primero, si que es cierto que se insinua en momentos como ese que vendría a ser la versión monstruosa de la ya típica imagen del policía inadaptado pero obsesionado con su trabajo que come comida basura solo ante la televisión: sin saberse observado por un hombre, el simio se dedica a comerse, en soledad y con la mirada perdida, un pulpo que previamente le ha atacado (¿un homenaje a "Old Boy"?). Pero hay queda la cosa. Y en cuanto a la debilidad de Kong por las mujeres jóvenes y hermosas, también aparece por ahi, pero como no se lo han trabajado previamente, queda como un pegote impuesto por la mitología del personaje. Ya puestos a innovar, podían haber elevado la apuesta y convertir a Kong en una suerte de monje ermitaño y celibe, comprometido con la protección de la isla y ajeno a toda tentación carnal. Otra  vez será...

Todo ello muy perdonable, ya que no empobrece el conjunto de la que es desde ya una seria candidata a la película más entretenida del año. Ojala el próximo Godzilla y las películas futuras del Monsterverso (atención a la secuencia postcréditos) sigan este camino.




viernes, 31 de marzo de 2017

Elige vida.


Más de 20 años después de  huir a Amsterdam dejando a sus amigos en la estacada y quedandose todo el botin logrado en un chanchullo, Renton decide regresar a su Edimburgo natal para intentar retomar su vida y recuperar a su gente.

Sorprendentemente, "T2: Trainspotting" esta pasando enormemente desapercibida, y es una pena, porque estamos sin duda antes una de las películas del año: una vacuna en toda regla contra tanta secuela tardía nacida a hombros de la nostalgia. Si alguien esperaba una reunión de amigos del instituto reencontrados via Facebook, plagada de buen rollo y alegría por reencontrarse, que se prepare para un guantazo en toda regla. Lo que han parido Danny Boyle, Irvine Welsh y compañía es una reflexión bastante desmitificadora sobre la nostalgia y el peligro de querer recuperar el tiempo pasado.

Hace 21 años, estando aun en el instituto, fui a ver esta película con el que entonces era uno de mis mejores amigos. Los dos salimos alucinados,  aunque quizás no del todo conscientes de que habíamos visto una de esas películas que marcaron a nuestra generación como para otras lo fue "El graduado", "Easy Rider",  "El club de la lucha" o "La naranja mecánica". Eso lo confirmaría el paso de los meses y los años cuando la leyenda de esta película fue creciendo en camisetas, posters, discos y demás. Y tenía toda la lógica, ya que esta película ofrecía un relato generacional cruel y descarnado, pero a la vez divertido y emotivo. Y a pesar de lo que muchos perezosos vieron en su día, se trata de uno de los mayores alegatos cinematográficos contra el consumo de drogas jamas realizados.


Cuando unos años después Irvine Welsh publicó "Porno" que continuaba la vida de estos personajes,  se empezó a oír que quizás había posibilidad de que fuera adaptado al cine retomando todo el equipo original... Pero todo quedó en nada, para mi tristeza. Sin embargo hace un par de años se empezó a hablar en serio de esta secuela, con McGregor y Boyle reconciliados tras años sin hablarse, y con Welsh implicado. Y ha sido mejor así, ya que ese reposo de diez años ha permitido dejar de lado la trama de "Porno" (libro recomendable, que mejoraba el original, pero que quizás era demasiado coyuntural a la época en la que fue escrito...) y convertir este reencuentro de personajes en algo mucho más interesante.

En los tiempos de recuperación de ¿glorias? pasadas que vivimos, es elogiable haber presentado esta película, que dinamita esta tendencia desde dentro. Cierto es que los 20 años que han pasado no les han hecho ningún favor a ninguno de los personajes: solo han hecho que confirmar que ese futuro sin expectativas que les empujó a engancharse al caballo, se ha cumplido de la peor manera posible. La heroina les quitó muchas cosas: hijos, amigos, madres, juventud... pero por lo menos les exigía implicación y fidelidad (el "auténtico y sincero enganche a la heroina" del que hablaban en la película original...). En el mundo actual, lo que te mantiene narcotizado y te hace alejarte de lo importante, te atrapa sin que te des cuenta y encima te sientes agradecido por ello y lo compartes en las redes sociales. Esto queda muy bien reflejado en dos momentos. El primero de ellos es el regreso de Renton a Edimburgo después de dos decadas. El protagonista observa con mirada alucinada desde el tranvía lo lejos queda la ciudad húmeda y grisacea en la que vivió su drogadicción; ahora todo esta pasteurizado e invadido por franquicias que homogeneizan todas las urbes del planeta. Y el otro es el monologo de "Elige vida/Choose life". Lo que en principio podía haber sido un peaje a pagar (a fín de cuentas se trata de uno de los momentos más famosos de la película original, reproducido hasta la saciedad en todo tipo de medios) por realizar esta secuela, se torna en algo muy distinto. Y es que no solo aclaran que la frase es una broma que Renton y Sick Boy adoptaron como mofa a una campaña antidrogas ochentera(un apunte malvado: las imágenes que sirven para rememorar esa campaña en la película muestran el eslogan en una camiseta vestida por el recientemente malogrado George Michael, que tuvo muchos problemas con las drogas...), sino que ya inmersos en el siglo XXI, la nueva letanía es una plasmación de los terrores consumistas/idioitizantes que preludiaba el de la película anterior.
Pese a todo, el hecho del que el presente sea una mierda, contrariamente a lo que tendemos a creer los seres humanos, no hace que el pasado sea mejor. De hecho la nostalgia del pasado es mostrada en la película como una losa que pesa sobre los personajes, casi como una maldición. Si algo impide que los personajes crezcan y avances, es ese afán por vivir en lo pretérito y negarse a evolucionar: el que Sick Boy sea el dueño del pub en el que pasaron su vida adolescente; el que Begbie continue empeñado en ser un delincuente con tendencias psicopáticas; la inquebrantable adicción al caballo de Spud; o el vacío que siente Renton tras el fracaso de su proyecto de vida en Londres. La adicción al pasado, de hecho, les hace más daño que la de las drogas: ahí está el hecho de que dos de los personajes se inyecten heroína en un momento dado sin mayores repercusiones... Pero no son ellos los únicos adictos a la nostalgia: hay está la terrorífica (y terriblemente realista: he visto algunas por aquellas tierras...) fiesta revival: hombres y mujeres de más de 30 años vestidas con uniforme colegial por aquello del morbo teen, y la música de baile ochentera y noventera como coartada para follar, emborracharse y drogarse sin miramientos.
Sin embargo, pese a repudiar la nostalgia, la película adopta en ocasiones un emotivo tono melancólico, a través principalmente del personaje de Spud, pese a su desastrosa vida, el más sensible y perspicaz observador de todos ellos. Él es que el aporta las más emotivas y agudas secuencias al relato. Pero además es el único que toma el pasado no como algo sobre lo que revolcarse, si no como soporte sobre lo que auparse y superar la vida que lleva. El destino de este personaje además aporta un interesante giro metanarrativo a todo lo que nos han contado las dos películas que enriquece el díptico.

La realización de la Boyle es más compacta, y se aleja un poco de la narrativa basada en anécdotas que tenía la entrega pretérita. Cuando evoca/rememora momentos de ella no lo hace para complacer al público, sino que siempre presenta un giro que enrarece la situación, como el ya comentado sobre el monólogo de "Elige vida". El realizador escoces juega bastante con las texturas de la imagen a la hora de evocar los recuerdos, pero sin tantas estridencias sonoras ni visuales con afan provocativo como en "Trainspotting": en la vida de los personajes tampoco hay lugar para ellas. Aunque eso no quita para que sea capaz de elaborar de manera más sugerente de lo que parece algunas ideas, logrando
un toque cuasi fantástico. En un momento dado, Renton, en la habitación en la que vivió aquel pesadillesco desenganche a la heroína tiempo atrás, pone aquel "Lust for life" de Iggy Pop que quedó indisolublemente ligado a la primera película. Pero al apoyar la aguja en el vinilo, los primeros compases de la canción hacen que se asuste y apague el tocadiscos de inmediato, como si estuviera invocando una fuerza maligna e incontrolable. Al final de la película, Renton regresa a la casa de sus padres y se instala de nuevo en la citada habitación, y esta vez no puede resistirse a pinchar "Lust for life". Conforme va sonando la música, la cámara se aleja, y el cuarto con Renton bailando espásticamente se va convirtiendo en una luz lejana al final de un tunel:  tras toda la película intentendo resistirse a ello, finalmente invoca la maldición y queda atrapado (de manera voluntaria) en el lugar donde vivió sus peores pesadillas. Una brillante metáfora visual que hace replantearse un poco la película, y que a mí, salvando las distancias, me recordó al final de la magistral "Mystic
River" de Clint Eastwood.

Por cierto, por si alguien se lo pregunta, ya no sé casi nada del amigo con el que fui a ver la película, pero creo que tiene dos criaturas y está separado. Yo soy padre de una niña (y otra que viene) y tengo mucho menos pelo que entonces. Y los cines en la que la vimos hace más de 15 años que no existen. Esta la vi con mi querida hermana en los multicines de un centro comercial. Choose life.





jueves, 16 de marzo de 2017

El crepúsculo del superheroe.


 En el año 2029 con los mutantes extintos, Lobezno y Charles Xavier malviven ocultos en el sur de USA escondiendo su condición de mutantes. Sin embargo, la aparición de una niña llamada Laura Kinney, una nueva mutante, hará que su vida de un vuelco, obligandoles enfrentarse a facetas que creían abandonadas.

¡¡¡¡8 años!!!! han hecho falta para que finalmente los espectadores podamos disfrutar con una película de Lobezno en solitario como está mandado.

En la entrada en la que comenté "Lobezno: Inmortal" me quejaba de la falta de ritmo, del guión enrevesado, de la escasa contundencia de la secuencias de acción y de la ausencia de emoción (y a pesar de todo esto, superaba con mucho a la execrable "X-Men Origenes: Lobezno"...). Parece ser que el director y el estudio han tomado nota de estas quejas (que fueron generalizadas: tampoco soy ningún visionario...) y todos esos problemas se han solventado (por lo menos en parte). Mangold y sus colaboradores han puesto manos a la obra para ofrecer una película que mezcla el western crepuscular y la película de carretera plagado de influencias del cine de Clint Eastwood (con "Sin perdón" y "Un mundo perfecto" a la cabeza), los relatos de niños a la huida ("La noche del cazador", "El señor de las moscas"...) y "Los niños del Brasil" con ese villano manipulador genético interpretado por Richard E. Grant, que gasta gabardina con resonancias nazis.

El guión de la película es sencillo y efectivo. Bastante predecible, pero efectivo. Plagado, como ya he comentado de referencias implícitas y explicitas, tanto visuales como argumentales, al western, la historia deja claro desde el primer momento los derroteros por los que se va a desarrollar. Sin embargo la película sabe jugar con ello, evitando en todo momento jugar al giro sorprendente-pero-vacio y aprovechando esta predecibilidad para reforzar el tono trágico-fatalista del relato. También han entendido a la perfección que uno de los puntales necesario para que esta película funcionara era la implicación del público con los personajes, y en
consecuencia, se han esmerado en dotar al relato de emoción, trabajando la dinámica de relación de esa familia disfuncional que constituyen Logan, Xavier y Laura (el realizador dice haberse inspirado en la deliciosa "Pequeña Miss Sunshine": tampoco hay que pasarse...). Además la película aporta, de manera inesperada y bastante sutil, ciertas reflexiones sobre el paso del tiempo y sus consecuencias. Ahí están esas peleas que mantiene Logan con su reverso oscuro, lo que el habría sido si no hubiera dado con Xavier y la Patrulla-X. También es interesante la reflexión que planea sobre el peso de la leyenda, con esos tebeos que reflejan las aventuras de los mutantes, y que los mutantes toman como el mapa hacia su objetivo. Sin embargo el guión tampoco es perfecto, ya que se dedica a ir diseminando pistas que quedan en nada: la inexplicada enfermedad degenerativa de Xavier; la desaparición de los mutantes y el incidente de Westchester (que los que leímos la historia "El viejo Logan" conocemos en toda su sangrienta realidad...). Esto unido a cosas como los abundantes tacos que se sueltan en la película hace que uno dude si la tan anunciada contundencia y dureza de la película no será tendrá más de pose-de-mira-que-malote-soy que de auténtica actitud. Eso explicaría que hechos tan oscuros como el incidente Westchester queden en una mera mención: el cine de superheroes si que esta preparado para tacos y desmembramientos, pero más allá de eso, no se puede indagar en la esencia violenta del personaje.


En lo que a la realización de la película se refiere, la tónica que se sigue es la misma: la de una corrección, en general notable, pero en ocasiones anodina. No se le puede echar nada en cara y hay algunos buenos momentos, como el incidente en la carretera con los caballos y la velada posterior, o la secuencia final, muy bien rodada. De la tan comentada violencia del largometraje, desde luego que ha aumentado considerablemente, y es la primera vez que se ven explicitamente los resultados de las refriegas cada vez que Lobezno saca sus garras: desmembramientos, cortes, empalamientos, decapitaciones... Pero pesar de todo esto, la película se siente por momentos demasiado estudiada y medida,  tanto que resulta casi encorsetada. Las peleas están bien ejecutadas, pero están tan milimetradas, que pierden toda sensación de urgencia o sorpresa que hubieran necesitado. Me quedo con la masacre que lleva a cabo Lobezno en la Escuela en "X-Men 2" (aun hoy la mejor entrega de todo el universo mutante), mucho más contudente y emocionante pese a ser menos explícita.

En cuanto al papel que juega la película como despedida de Hugh Jackman, la película es inmaculada demostrando un compromiso a muerte (y perdón por el chiste) al personaje al que le debe su carrera..El actor está tan bien como siempre e incluso amplia los registros que había presentado anteriormente tanto a nivel cómico como dramático. Aunque es una pena que el actor abandone el mutante canadiense (lastima me da el pobre actor que tenga que defenderlo en las películas venideras...), el librarse de  sombra quizás haga que se tengan más en cuenta las  tremendas capacidades actorales de este hombre. Y no sería justo olvidar la, como siempre, excelente labor de Patrick Stewart como Xavier en su adiós al personaje.

En cuanto al uso de la música de Johnny Cash, aunque sea algo anecdótico, me voy a extender un poco sobre ello. El trailer de "Logan" quedó tan poderoso por que usó  la maravillosa versión del "Hurt" de Nine Inch Nails que Cash hizo para la cuarta entrega (mi favorita) de las American Recordings: basta con verlo sin sonido para darse cuenta que el trailer tampoco es para tanto. En la película suena Cash en los títulos finales, con otra canción de ese mismo disco, en este caso la que lo abre, "The man comes around", la mejor canción imaginable para acompañar el apocalipsis ya usada en "Amanecer de los muertos" o "Matalos suavemente".  Usar música de Johnny Cash, sobre todo de "American Recordings", tiene algo de facilón, porque como dejo claro el citado trailer, es capaz de añadir aliento épico-crepuscular a cualquier imagen que acompañe. Sin embargo, si alguien tiene derecho a usarlas, ese es James Mangold. Nadie puede negar que él es el responsable, con su biopic de Cash "En la cuerda floja", que a día de hoy es aun su mejor trabajo, de la revalorización y difusión de la obra del Hombre de Negro (siendo yo uno de los afortunados que lo profundizó en su obra por gracias a él).




Como decía al inicio, por fín hemos recibido la película que James Hewitt se merecía, pero de ahí a decir que es una obra maestra y una de las mejores películas de superheroes jamas realizadas hay un trecho, ya que ni siquiera se trata de la mejor película de los mutantes. En mi Olimpo superheroíco-filmico constituido por "El Protegido", "Spiderman 2", "X-Men 2", "El Caballero Oscuro", "Watchmen" y "Guardianes de la Galaxia" no hay hueco para ella. Si la hubiera dirigido, por ejemplo, un Walter Hill o un John McTiernan entonados, quizás sí. Pero a Mangold le falta bastante para ser ellos...


lunes, 6 de marzo de 2017

El camino hacia los sueños.


Mia Dolan es una  camarera aspirante a actriz que vive en Los Angeles, acumulando castings fallidos. Sebastian Wilder es un músico de jazz que ansía con abrir su propio local de jazz, pero al que su desmedido amor por esta música pone siempre en dificultades para llegar a fin de mes. El destino les juntará para convertirles en una pareja con el destino marcado por la música y el cine.

El musical es un género tozudo, mil veces enterrado y otras tantas resucitado, que cada cierto tiempo desde que dejó de ser la estrella de la taquilla mundial (es decir desde los 60), da un puñetazo en la mesa demostrando que aun tiene algo que aportar.  En cada década ha habido, al menos, una película de este género  que recibe todas las bendiciones de crítica y premios y/o arrasa en taquilla: en los 70 fueron "Cabaret", "Grease" y "Fiebre del sábado noche"; en los 80 "Dirty Dancing", "Corazonada",  "Flashdance" y "Footloose"; en los 90 "El Rey León" y "La Bella y la Bestia"; y en los 2000 "Moulin Rouge" y "Chicago". A la década actual le faltaba su musical de cabecera y ese va a ser "La La Land. La ciudad de las estrellas".

A primera vista (aunque conforme avanza la película se verá solo que parcialmente), la película es todo un homenaje a esos musicales canónicos de los años 40 y 50. Ya desde los primeros compases presume de estar rodada en el formato hollywoodiense por excelencia, el Cinemascope. El guión sigue la estructura típica de las películas: chico conoce chica, chico seduce a chica cantando, chico pierde chica... El diseño de producción y las localizaciones rememoran en todo momento a estas películas de la época dorada, cuando nadie había mostrado aun el lado oscuro del sueño de triunfar en el Cine. Y la realización de bastantes de los números sigue, aparentemente, las normas de aquella época: estilizadas, clásicas y bucólicas. Pero como he dicho, este sumisión a los cánones del musical clásico es solo aparente. Y es que al contrario de aquellos, en los que el montaje afinaba todo para que no hubiera lugar a la más mínima imperfección, aquí el realizador opta por un estilo totalmente
  opuesto: el plano secuencia para representar todo el número musical. Y no lo hace solo por afán exhibicionista del realizador y del director de fotografía, sino que esta absoluta ausencia de cortes hace que los números sean más espontáneos y orgánicos, lo que les da una autenticidad que va alejando la propuesta de los citados musicales clásicos. A este distanciamiento ayuda también el hecho de que la pareja de  protagonistas, aunque cumplidores (más Emma Stone que Ryan Gosling, que hace lo que puede...), esta bastante lejos de ser virtuosos, lo que les da una pátina de realismo, un poco como pasaba con "Todos dicen I Love You" de Woody Allen, que lo aparta también de la perfección de aquellos musicales.

Y es que es cuando la historia deja de ser tan bucólica y se plantea el conflicto entre la realidad y los anhelos de sus protagonistas, la citada época dorada del musical deja de ser la referencia, y "La la land" se acerca más a las obras de Bob Fosse.  Al igual que en la obra de este hombre,  los números musicales pasan a ser fugas del subconsciente que representan los sentimientos/miedos más íntimos de los personajes. A partir de este momento es cuando la trama toma un tono menos optimista, y más, por decirlo alguna manera, introvertido. El espectáculo queda de lado:  las coreografías se hacen muchos menos vistosas o desaparecen, y las canciones tienen un trasfondo más triste.
Y así se mantiene la película hasta el momento final que es el que estas dos tendencias eclosionan para ofrecernos una bellísima secuencia optimista que no lo es, ya que lo que nos narra no es lo que realmente sucedió, sino como hubiera sido si todo hubiera sido tan perfecto como en, efectivamente, los musicales del Hollywood. Así el realizador rinde pleitesía a los musicales pretéritos, pero le da un vuelco magistral para mostrar que todo tiene un coste en esta vida, y que nunca nada es tan perfecto como nos gustaría. Vuelco, que por una de esas casualidades cósmicas de la vida, ha tenido su reflejo en los resultados de los Oscars, con sorpresa delirante y sabor agridulce, como la película.

La labor de Chazelle como ya he ido comentando, es más que estimable, ya que logra amalgamar toda la tradición musical previa para a la vez darle su propia personalidad y relevancia. En cuanto al guión demuestra valor a la hora de ser capaz de corromper los cánones marcados y dejar de lado (un poco) el final feliz. Los números musicales funcionan bastante bien, sobre todo el primero (que queda inscrito desde ya en la historia del cine musical) y el último que funciona como espejo deformado de este. El hecho de que se trate de un musical no significa que se descuiden las secuencias no musicales, con momentos de comedia (la fiesta ochentera) y drama (la tensa discusión durante la cena) bastante bien resueltos. Además el realizador tiene el cuidado de seguir mostrando la importancia de la música en estas secuencias, salvandolas de ser meros ensambles entres las secuencias musicales. Quizás en lo que si que se podría haber esforzado más en la elaboración de las canciones, dignas en general y con alguna melodía destaca, pero incapaces de trascender más allá de la película, como pasa con los mejores musicales. O por lo menos con lo que más me gustan.

De cualquier manera una estupenda película, que sabe invocar a sus referentes sin caer en el mimetismo y agradar sin caer en la complacencia servil. No es poco.



domingo, 26 de febrero de 2017

Nuestra quiniela 2017



Como todos los año antes de los Oscars, los dos creadores de este blog, hacemos nuestra apuesta por los premios, con comida/cena como recompensa para aquel que más acierte. También es cierto cada vez vamos justos de tiempo, y como sigamos así, quizás el año que viene publiquemos nuestra apuesta después de la entrega... Pero bueno, nuestra vida da para lo que da. Allá vamos.

MEJOR PELÍCULA
"La La Land. La ciudad de las estrellas" (Gata con gafas y León)

MEJOR DIRECTOR
Damien Chazelle por "La La Land. La ciudad de las estrellas" (Gata con gafas y León)


MEJOR ACTRIZ
Emma Stone por "La La Land. La ciudad de las estrellas" (Gata con gafas)
Isabelle Huppert por "Elle" (León)

MEJOR ACTOR
Denzel Washington por "Fences" (Gata con gafas)
Cassey Affleck por "Manchester frente al mar" (León)

MEJOR ACTRIZ DE REPARTO
Viola Davis por "Fences" (Gata con gafas y León)

MEJOR ACTOR DE REPARTO
Mahershala Ali por "Moonlight" (Gata con gafas y León)

MEJOR PELICULA DE ANIMACIÓN
"Vaiana" (Gata con gafas)
"Kubo y las dos cuerdas mágicas" (León)

MEJOR GUIÓN ORIGINAL
Kenneth Lonergan por "Manchester frente al mar" (Gata con gafas y León)

MEJOR GUIÓN ADAPTADO
Barry Jenkins y Tarrel Alvin McCraney por "Moonlight" (Gata con gafas)
August Wilson por "Moonlight" (León)

MEJOR PELÍCULA DE HABLA NO INGLESA
"Tonni Erdman" por Alemania


ACTUALIZACIÓN 27/2/2017
Bueno, pues después de una ceremonia que ha dejado a todo el planeta con la boca abierta, con giro sorpresa digno de Shyamalan, es el momento de reconocer que...¡¡¡hemos empatado!!! Así que habrá que ir a comer/cenar y pagar a medias. Ahora solo nos falta ver "Moonlight" a ver si merece la pena.
Seguro que el año próximo la ceremonia no da tanto que hablar