miércoles, 7 de diciembre de 2016

Preciso misticismo.


El Doctor Stephen (aunque en la versión doblada lo traduzcan misteriosamente como Steven...) Extraño es el mejor neurocirujano de Nueva York. Exitoso y pagado de si mismo, tras sufrir un accidente que le dejara sus manos destrozadas, emprenderá un viaje hasta Nepal que le cambiará su vida, mostrandole realidades que no hubiera sospechado.

La Marvel vuelve con su segunda dosis anual tras la muy resultona "Capitán América: Civil War", para abrir una de las facetas de su universo que aun seguía inexplorada, la místico fantástica, a través del "Dr. Extraño". Si hace diez años hubieran dicho que una de las producciones más esperadas del año iba a ser una protagonizada por un personaje tan bizarro y minoritario como Stephen Extraño, lo hubiera tomado por una broma, pero vivimos tiempos de bonanza para la parroquia marvelita, y por eso ahora tenemos una producción basada en él, plagada de estrellas y con un presupuesto de hordago.

La trama no es que sea muy original, ya que a simple vista queda claro que se trata de una repetición del esquema que pusieron en práctica con "Iron Man": personaje arrogante-brillante-egoista, que a través de una desgracia termina adquiriendo poderes sobrehumanos que le hacen plantearse su actitud vital y cambiar su postura ante los problemas del mundo, y de paso salvarlo.
Imagino que los odiadores del cine superheroico que hayan leído hasta aquí estarán ya afilando loscuchillos: "El cine de superheroes es todo igual". "Todas las películas de Marvel son la misma solo que cambiando los muñecos". "Es una vergüenza que los adultos consuman un cine pensado para preadolescentes"... ¿Y tienen razón? A mi parecer no, como iré comentando luego a la vista de los
 más que correctos resultados de la película. Pero tengo que reconocer que podrían tenerla. Y aquí me voy a detener un poco. Si es que hasta ahora no lo era, el cine de superhéroes, de diez años a esta parte se ha convertido en un género en si mismo, quizás menor, pero un género a fin de cuentas como pueden ser el de catástrofes, el de artes marciales, el de gangsters, la comedia romántica o el slasher. Y como tal tiene sus códigos visuales y fórmulas narrativas que se cumplen en (casi) todas sus muestras. Y a todos se nos pueden atragantar géneros (a mí mismo me pasa con la comedia romántica....) Sin embargo,  como en la cocina, aunque los ingredientes sean los mismos, las cantidades y la preparación van a ser lo que condicione el resultado: no es lo mismo "La noche de Halloween" que "Sé lo que hicisteis el último verano", ni es lo mismo "El hombre tranquilo" que "27 vestidos", ni "La aventura del Poseidón" que "Armagedon"... Que los arboles no nos impidan ver el bosque, y que los géneros no nos hagan despreciar potenciales buenas películas.

Porque a pesar de que los que tachen "Doctor Extraño" de repetitiva e impersonal, no dejen de tener algo de razón, resulta igual de difícil reconocer que Marvel Studios ha perfeccionado la fórmula de sus películas hasta lograr que funcionen como un mecanismo de relojería. Algo frías y mecánicas, quizás, pero precisas y efectivas.

El guión sin ser ningún portento presenta un equilibrio bastante ajustado entre aventuras, fantasía, comedia y drama. Pero no es esa su mayor virtud, sino su concisión, ya que consigue lo que otras películas de origen como la citada "Iron Man" o "Thor" no han logrado, y es un ritmo casi perfecto, que elude el cargar las tintas en el drama a costa de lastrar el ritmo de la película. Aquí todo fluye sin que nada entorpezca el desarrollo de la trama. Aunque es justo reconocer que el haber logrado un elenco de actores excepcionales ha debido de ser de mucha ayuda. Ya que si tienes a gente con Tilda Swinton o Beneditch Cumberbatch, tiene que ser bastante fácil que te saque chispas de cualquier guión. La primera deja con un palmo de narices a todos esos talibanes de la continuidad y el respeto a las fuentes que pusieron el grito en el cielo al ver que El Anciano iba a ser un mujer y encima occidental: el público se la cree desde el primer momento, pero es que además tiene a su cargo la mejor escena de la película, el diálogo bajo la tormenta. Y el segundo, sigue perfeccionando su papel de genio tocapelotas ensayado en  que tanto nos ha hecho disfrutar en "Sherlock" (personaje al que hay una referencia bastante directa...) o "The imitation game"  , incorporando al mejor Stephen Extraño imaginable, que sin duda está destinado a asumir el rol que hasta ahora venía asumiendo Tony Stark en cuanto a personaje carismático y vertebrador de este universo cinematográfico. Y si no, al tiempo. Y bueno, siguiendo con los actores, hay que reconocer que el siempre genial Mads Mikkelsen se esfuerza con su villano, pero la poca chicha del personaje solo permite al danés cumplir y poco más.
En cuanto al aspecto visual, a todos nos vino a la memoria con los primeros trailers la magistral "Origen" (aun hoy el mejor trabajo de Nolan...) y si bien es cierto que las referencias están ahí, a mí la película que más me vino a la mente fue la hoy un tanto injustamente olvidada "Matrix". Todo  el proceso de entrenamiento del protagonista y su descubrimiento de la nueva dimensión trae a la mente en múltiples ocasiones la película de las Wachowski. Todo esto acompañado por la música de Michael Giaccino (que pare, de nuevo, una buena banda sonora, aunque vuelva a escamotearnos esa fanfarrría que este universo se merece para desespero de mi amigo Raymond...) y bañado por la luz de Ben Davis, el iluminador que mejor ha sabido llevar al cine el color de los tebeos sin caer en delirios pop aunque es cierto que el climax de la película es puro Ditko desatado. Y ya que estamos con el climax hay que reconocerle la valentía a los autores de haber permitido un climax tan original y, paradojicamente, tan anticlimático (¡¡la batalla que lo desencadena totalmente ausente de la pantalla!!). Y fijándome en las tres ultimas propuestas de Marvel Studios, "Ant-man", "Capitán América. Civil War" y este "Doctor Extraño", resulta llamativo como tras el hiperbólico final de "Vengadores. La era de Ultrón", están tendiendo más a la contención y a cierto minimalismo (cojase con pinzas que estamos en un blockbuster...) más centrado en lo que esa confrontación final supone para el personaje o la historia que a los fuegos artificiales.
Y siguiendo con esto toca hablar de la labor de Scott Derrickson tras las cámaras. Kevin Feige, que es el mandamás en estos estudios, optó por un realizador que provenía del cine de terror y fantástico para orquestar esta superproducción, presuntamente para resaltar la faceta fantástica de la cinta. Y la verdad es que no lo hace nada mal. No desentona en ningún momento, como ya he ido comentando, y logrando que funcionen muy bien elementos, que quizás no había manejado anteriormente, como los cómicos, con todo lo relativo a la capa, divertidísima, y convertida desde ya en un icono. ¿Que cualquier otro realizador solvente hubiera podido realizarla? Probablemente. Y es que es indudable que todas las películas de Marvel Studios pecan de impersonales, con unicamente dos de sus producciones como "Iron Man 3" o "Guardianes de la galaxia" con algo más de alma de sus realizadores en ellas.

Yo compararía estas cintas con las películas de la serie Bond en cuanto a que se tratan de películas más de productor que de director, y que persiguen siempre ofrecer el mejor entretenimiento posible, triunfando o no en el intento. Quizás ninguna de las dos sagas haya cambiado el lenguaje cinematográfico, pero algunas de ellas si que terminan ocupando un lugar importante en el alma cinéfila de los espectadores. O por lo menos en la mía.


domingo, 30 de octubre de 2016

El sexo fuerte.


Michelle es una mujer de mediana edad que vive en París. De clase alta, empresaria de éxito, fuerte e independiente, su vida dará un vuelco el día que sufra una violación en su propio domicilio de manos de un encapuchado.

Paul Verhoeven es quizás mi director de cabecera, por lo menos entre los que se encuentran en activo. Se trata de uno de mis cinco realizadores favoritos en activo, junto con Spielberg, De Palma, Scorsese y Fincher. Pero entre todos estos, si me fuera la vida en ello y me obligaran a elegir, me quedaría con el holandés. Y eso a pesar de que se trata de un realizador con una carrera irregular, con algunas obras maestras alternadas con películas descompensadas y parcialmente fallidas. Los otros cuatro también ha parido obras endebles, y en ocasiones incluso abiertamente malas, pero Verhoeven pone siempre en su trabajo una pasión, una audacia y una visceralidad que hacen que prefiera sus errores (si, hablo de la reivindicable "Showgirls": "Delicias holandesas" es virtualmente indefendible) a las mejores obras de otros directores con más prédica. El hecho de que todos sus trabajos sean casi siempre juzgados por valores totalmente extracinematográficos (por polémicas derivadas de una visión absolutamente superficial de su trabajo...), no hace más que aumentar mis ganas de reivindicarlo a la mínima que tengo ocasión (este post ya se ha convertido en una de ellas...). Además en todas las entrevistas que he leído de él, que son bastantes, demuestra ser una persona encantadora y con una vida de lo más normal y familiar (lleva casado con su mujer cerca de 50 años y tiene tres hijas, una de ellas adoptada), que no se cansa de repetir cada vez que tiene ocasión que el mundo descarnado que reflejan sus películas es una convención artística, no, como tantas veces se ha pregonado, una puesta en imágenes de sus fantasías sexuales, sádicas y reaccionarias.
Después de toda este alegato, vamos con la obra maestra que es "Elle". Porque sí, el primer trabajo de Verhoeven dentro del cine francés, es una obra maestra de principio a fín. ¿Divertida? A rabiar. ¿Perturbadora? También. ¿Violenta? Bastante ¿Malvada? Muchísimo. Pero obra maestra del primer al último plano.
El primer plano: pantalla en negro mientras oímos jadeos sexuales, golpes y gritos. Lo siguiente que vemos no es, como sería lógico, la agresión, sino un gato (el de la protagonista) que mira impasible la escena. ¿Un coito subido de tono o una violacion? El siguiente plano nos da la respuesta. Vemos por fín a la  victima semidesnuda y tirada en el suelo, mientras el violador, con sangre en su pubis, se sube los calzoncillos y abandona la casa de la víctima, que es la escena del delito. Las siguientes imágenes nos muestran a la víctima recomponiendose la ropa, recogiendo los desperfectos fruto del forcejeo, tomando un vaso de agua y dandose un baño de espuma, en el cual, la sangre que todavía sigue brotando de su sexo, tiñe de rojo la espuma que cubre sus genitales, espuma con la víctima elimina con total parsimonia, casi jugueteando con ella.
Estos escasos cinco minutos son ya en si mismos una lección de cine, sin practicamente diálogos, más allá de tres o cuatro anodinas frases intercambiadas por telefono. ¿Porqué? Iré por partes.
El hecho de dejar la violación en off visual no es, como tantas veces hoy en día un acto de cobardía (Verhoeven nunca lo ha sido) para eludir irritar estómagos sensibles o calificaciones que restrinjan taquilla. Esa pantalla en negro y el posterior plano del gato son la manera en la que el puñetero y genial holandés está sembrando en nosotros la incertidumbre ¿Y si los golpes fueran parte de un extremo y perverso juego sexual? ¿Y si el gato no hiciera nada por defender a su dueña porque ya está curado de todo espanto en lo relativo a la vida afectivo/sexual de su dueña? Y la sucesión de planos posteriores de la protagonista recomponiendo su casa y su cuerpo con pasmosa templanza, amén de la bella y poderosa imagen de la sangre en el baño de espuma, solo hacen que violentar lo que tras semejante agresión espera ver el espectador.
Y a partir de aquí, el genial realizador holandés ya ha sembrado la ambivalencia y la inseguridad en el espectador para el resto del metraje. Porque aunque posteriormente el realizador recupere, sin escatimar un ápice de crudeza (como ya hizo en la "Katy Tippel" o la citada "Showgirls"...) la violación en un flashback, lo que ya conocemos del personaje y el mundo que le rodea, nos pone como espectadores en un terreno resbaladizo en el que no hay certezas narrativas ni morales a las que agarrarse. Este postura al filo del abismo va a ser las que Verhoeven nos va a obligar a mantener a lo largo de todo el metraje.
Así la protagonista de la película Michelle (magistralmente incorporada por Isabelle Huppert) lejos de ser presentada como una victima del traumático hecho vivido que a lo máximo que puede aspirar es a la venganza (según uno de los cánones más asumidos en el cine y en la ficción en general), sufre una suerte de emponderamiento brutal y descarnado. Dicho proceso le hace dejar de lado las, ya antes de la violación, escasas, convenciones sociales que le ataban para dar rienda suelta a todo lo que reprimía. Hay que señalar que este proceso de maduración no debería sorprender al espectador que conozca la filmografía de Paul Verhoeven, ya que hechos traumáticos, principalmente de naturaleza sexual han sido mostrados como espoleta para un violento paso a la madurez en muchas de sus películas: "Katy Tippel", "Viviendo a tope" y en menor medida , "Desafio total", "Showgirls" y "El libro negro". Es fácil ver en esto un reflejo de lo que que vivió el realizador a mediados de los 60, cuando su actual mujer quedó embarazada de manera no deseada y optaron por abortar, lo que le desencadenó un brote psicótico, del que afortunadamente se recuperó y que él afirma que condicionó enormemente su carrera artística.

Volviendo a "Elle", a lo largo de ella, el espectador va siendo testigo de la salida a la luz de casi todos los tabús que nuestra sociedad arrastra: la desorientación que el hombre tiene sobre su rol en la sociedad actual (el ex-marido, pero sobre todo el hijo de la protagonista  y el amante son un ejemplos prístinos, aunque haya más, como los empleados de la empresa de videojuegos que Michelle dirige...); la incomodidad con el rol de madre que muchas mujeres sienten hoy en día (como la propia protagonista, o su odiosa nuera); la sexualidad en l@s ancian@s; la existencia del Mal y su capacidad de perpetuarse como si de un enfermedad genética se tratara en las  familias; la dependencia/subyugación/interés que preside muchas de las relaciones afectivas a día de hoy; la ausencia de valores de la juventud más allá del éxito económico; o el papel del catolicismo como valor en la cultura actual. Hay es nada.

Pero lo mejor de todo esto es que el realizador va desgranando esto como ha sido siempre en su carrera, con mucha mala uva y humor, sin hacer que por esto que las reflexiones pierdan un ápice de mordiente, y sin temor a pasar en una misma secuencia de un humor negrísimo al drama más desaforado. Y no solo eso, sino que además lo hace a través de una puesta en escena basada en los detalles, en la que las imágenes y los diálogos, pese a ser crudos, nunca dejan de insinuar ideas de forma elegante.

Como muestra un botón. Al poco de haber sufrido la violación y de habersela comunicado a su entorno más íntimo, el amante de Michelle, pese a estar al tanto de lo sucedido, le propone practicar sexo, propuesta que ella rechaza argumentado que los genitales aún le duelen a consecuencia de la agresión sufrida. El amante, como opción, le pregunta por la posibilidad de ella le masturbe, a lo que ella accede con total naturalidad, no sin antes poner un papelera bajo los genitales de él, para evitar que el semen  manche la moqueta de su despacho. Lo que podía parecer casi un chiste grosero y sin tacto, que al espectador más perezoso le parecerá una confirmación de la tendencia de Verhoeven al humor de brocha gorda, deviene en una cruda pero muy efectiva demostración del pragmatismo y franqueza de la protagonista frente al sexo y la vida en general.
No voy a seguir desbrozando escenas porque me parecería terrible arruinar esta película a todo aquel que no la haya visto, pero no me puedo resistir a reseñar ese "¿Porque?" que dice un personaje al encarar su destino último, y que bien podría ser la pregunta que el director y el publico se hace ante lo que acaba de presenciar. Y el plano final, ambientado en un cementerio, genial y maliciosamente divertido.
Si a pesar de lo que me he extendido, aun hay alguién leyendo aprovecharé para dejar un ultimo par de reflexiones sobre mi admirado holandés errante.

Cierta parte de la crítica más sesuda tiende a menospreciar (de manera totalmente injustificada) su etapa norteamericana, tachando su producción de esa época como mera trabajo mercenario. Y si bien en ella hay trabajos aunque interesantes algo endebles, como "Showgirls" o "El hombre sin sombra" (que hace aguas en su segunda mitad), no es menos cierto que la solidez narrativa que ha ganado el realizador al realizar este cine más convencional le ha hecho un mejor cineasta: su interesante primera etapa holandesa, adolece de una narrativa un tanto inconexa, más apoyada en el poder de las escenas por separado que en el conjunto de la historia como un todo, lo que hacía que el resultado final acabara resintiendose algo en ocasiones. Sin embargo, tanto "El libro negro" como esta "Elle" demuestran un cuerpo narrativo más sólido, que a mi entender ha sido algo adquirido durante su etapa americana, en la que se apegarse a una narrativa más convencional (si es que el cine de este hombre ha sido alguna convencional). El paso por el "embrutecedor" (notese la ironía...) cine hollywoodiense puede llegar a ser enriquecedor.

Y por último, reivindicar la autoría de este hombre. Esta excelente película esta siendo comparada con Michael Haneke (imagino que el que Huppert, que tanto ha trabajado con el austriaco, invita a ello, poniendoselo fácil a los que valoran las películas desde la pereza...) de manera un tanto peyorativa: como si Verhoeven hubiera realizado una gran película porque se ha acercado a Haneke. Si alguna influencia hay en este película, no sería del sobrevalorado Haneke, sino de los dos genios más grandes que ha dado el cine europeo: Hitchcock y Buñuel. Los ecos de "La ventana indiscreta", "Marnie la ladrona", "Crimen perfecto", "Belle de Jour" o "Ese oscuro objeto de deseo" son bien obvios a nivel argumental. Aunque la mayor influencia de los dos maestros está en el tono, en ese acercamiento descarnado e irónico, preñado de humor malvado a lo más oscuros de nuestra supuestamente civilizada sociedad. y por supuesto en hacer siempre un cine entretenido y que huya de la contemplación y el intelectualismo altivo.

Crucemos los dedos para que, por una vez, se haga justicia y gane el Oscar a mejor película extranjera por esta maravilla, que ha sido seleccionada por Francia como representante. Los premios son meras campañas publicitarias, pero ni que sea solo porque le facilite poner en marcha su nuevo proyecto, merecerá la pena.


viernes, 30 de septiembre de 2016

El país de los (cien)mil jetas.


En el año 1994 el director de la Guardia Civil Luis Roldán se puso en contacto con Francisco Paesa, espía y embajador para que le ayudara a huir de España y evadir el dinero que el alto cargo de Interior había ido sustrayendo a base de comisiones y robos a los fondos reservados. Todo lo que pasó desde ese momento hasta la detención de Roldán en febrero de 1995 es un misterio, sobre el que esta película arroja luz.


Continua Alberto Rodriguez desempolvando la historia reciente española por la vía del thriller.
Retomando la vertiente social primigenia del género negro, el realizador andaluz ha retratado de manera descarnada los 80 mostrando sin piedad la gestación del endiosado 1992 (la interesante pero irregular "Grupo 7"),  y ha desposeido a la Transición del tono conciliador que los historiadores han querido imponerle en la magistral "La Isla Mínima". Ahora le toca el turno a los 90, que inmortaliza reflejando uno de los episodios más chuscos y delirantes de la democracia, cuyo protagonista, Francisco Paesa, curiosamente ha quedado confirmado con el tiempo como un auténtico pionero en el uso de influencias, cuentas en paraisos y blanqueo de dinero. Y también la perspectiva de los años han dado Roldan el título de visionario... al adelantarse más de 15 años a la moda de la realización de selfies en pleno desfase fiestero. Con mujeres desnudas, alcohol y hasta farlopa como atrezzo.

Al contrario que en sus dos películas previas, que iban más a lo íntimo, a la gentes a pie de calle, aquí Alberto Rodriguez eleva sus miras para retratar a los más altos en el escalafón social. Igualmente, el referente cinematográfico también cambia, aunque en toda su obra la vista se fije en el thriller norteamericano de los 70: si en "Grupo 7" y "La isla mínima" la referencia eran los ásperos y solitarios policiacos de Don Siegel y William Friedkin,  "El hombre de las mil caras" fija su mirada en las intrigas de conspiraciones políticas de Pakula o Pollack. Pasado eso sí por el prisma ibérico de la picaresca, la mala uva y el egoísmo. Porque como bien dice un personaje de la película en determinado momento, eso es algo inherente a nuestro ADN. El "Lazarillo de Tormes" no se escribió en Dinamarca, sino en la Piel de toro...

Confirmado ya como un consumado narrador, Rodriguez opta por la sencilla pero eficaz treta narrativa de contar la historia desde el prisma de un personajes secundario de la trama, en este caso Jesús Camoes, muy bien incorparado por José Coronado. Esto le permite a los guionistas impedir que el espectador se pierda a lo largo de la alambicada trama mediante los apuntes que este personaje va introduciendo con voz en off. Pero no solo se sirven de este personaje como un asidero para el espectador, sino que al tratarse de alguien que iba siempre unos pasos por detrás en el intricado plan de Paesa, los autores se sirven de él para darle un vuelco con sorpresa en el último tercio de la cinta, sin caer en temibles sorpresas abracadabrantes que hagan tambalearse todo lo (excelentemente) construido hasta ese momento.

A nivel de puesta en escena, Rodriguez filma con un desparpajo y ligereza, herencia de los Fincher y Scorsese más desinhibidos, que hacen que, a pesar de la ingente cantidad de información que suministra, el espectador no se pierda y, además la película pase como un suspiro. Porque curiosamente, la cinta también introduce bastante humor. Retorcido y sutil como el propio Paesa, pero humor. Principalmente a través de la figura de Juan Alberto Belloch, pero mi añorado Vázquez Montalban en la curiosa "Roldan. Ni vivo ni muerto"...). Tengo que reconocer que esto fue lo que más me chirrió de la película cuando la estaba viendo, sobre todo en su primera mitad, ya que este personaje siempre me ha parecido alguien despreciable, un auténtico sinvergüenza, que dejo a la Guardia Civil con sus robos sin fondos para las pensiones de los huérfanos y viudas de los caídos en acto de servicio, o ni siquiera dinero echar gasolina en los coches para que pudieran patrullar. Los autores han optado por reflejar de primeras a Roldan tal y como este sujeto se veía a si mismo. Sin embargo, conforme va avanzando la trama van desperdigando detalles maliciosos que unidos con su situación final dejan claro su naturaleza avariciosa, mentirosa y prepotente. Aunque sería injusto reducir a esto el buen trabajo del realizador, ya que también logra introducir suspense y ambiguedad cuando la historia lo necesita.
sobre todo, Luis Roldán. Porque a es delincuente, opta por presentarlo como alguien sobrio, y serio, que no sonrie nunca, y aparentemente muy seguro de lo que hace y sin nada de que avergonzarse, y casi digno de pena (en las antípodas del retrato que dió

Los actores están todos estupendos, con especial mención al siempre genial Eduard Fernandez, justo y necesario ganador de la Concha de Plata de San Sebastian al mejor actor. Incluso interpretes que no me suelen convencer, como Marte Etura o Carlos Santos, cumplen más que dignamente con su papel.

La factura de la película es intachable con una música minimalísta de Julio de la Rosa (que recuerda a los trabajos de Reznor y Atticus, para, de nuevo, Fincher), y una fotografía de Alex Catalan, que si bien no tiene un papel tan importante como en "La isla mínima", refleja muy bien con su uso de masas oscuras la turbiedad de las relaciones entre los personajes.


En definitiva, una estupenda película, que es desde ya el modelo a seguir para lo que debería ser el thriller político patrio, un género totalmente inexplorado. Y eso que cada vez que uno se asoma a un periódico, observa que hay materia prima de sobra...


jueves, 15 de septiembre de 2016

Escuadron Perdido



Ante el incensante aumento de amenazas sobrehumanas, la senadora Amanda Weller decide poner en marcha un equipo especial de asalto formada por supervillanos que rozan la psicopatía en el mejor de los casos, y a los que tendrá controlados bajo amenaza de muerte.

Desgraciadamente para todos los amantes del cine y de los tebeos superheroicos, el Universo DC cinematográfico continua buscando su voz. Tras una interesante "BvS: Amanecer de la Justicia", que tenía muchas imperfecciones, pero que por lo menos tenía una voz propia, con este "Escuadron Suicida" Warner vuelve a retroceder en su pretendida construcción de un universo superheróico diferenciado. Desde el minuto cero queda claro que lo que se pretendía lograr con esta película era crear "Guardianes de la Galaxia" de DC, tirando de antihéroes a la manera de la magistral "Doce del patíbulo", y buscando un punto canalla y fresco. Pero de tanto querer ser cool y cañero, cae en el cliché: lo que se pretende irreverente y audaz, acaba resultando impostado. La mejor demostración de ellos, es el uso de la música y sobre todo, de las canciones (otro tic heredado de "Guardianes de la Galaxia", de la que llegan a fusilar un corte de manera explicita..). Aunque la selección esta muy bien hecha, en un momento dado se llega a perder la cuenta de cuantas canciones se han usado no ya en la película, sino ¡¡¡en una misma escena!!! y lo que se intentaba que fuera un elemento de ritmo, deviene en un lastre que hace sombra a lo que se ve en pantalla.

Pero lo que más me ha dolido es lo diluida que ha quedado la huella de un realizador tan personal como David Ayer.
Los interesantes y complejos personajes de casi todas sus películas ("Sin tregua", "Corazones de hierro", "Los Reyes de la Calle") brillan aquí por su ausencia. Quitando  a El Diablo, todos los personajes que no están interpretados por una estrella (o sea Will Smith, Jared Leto y Margot Robbie) son meros extras con diálogo, incapaces de generar emoción en la platea. Y con todo tampoco es para tirar cohetes: Will Smith está tan correcto como siempre, pero no ha podido resistirse a hacer de de Deadshot un mercenario con principios; y si bien es de agradecer hacer una versión del Joker que se aleja del punto punk de Nolan y lo acerca más a los excesos y derroches de la cultura gansta hiphopera con sus pistolas, sus oros y sus tatuajes, también hay que reconocer que no consigue borrar la sombra del malogrado Ledger. Bastante mejor parada sale la Harley Quinn de Margot Robbie, que deviene en icónica, pero más por la estupenda labor  de la actriz, a medio camino entre la provocación sexual, la ingenuidad y la demencia, que por el desarrollo de su personaje, que está lleno de bandazos inexplicables: vale que esté loca, pero ni esto vale para justificar los bandazos en su comportamiento.
También me resultó un poco decepcionante el manejo de las secuencias de acción, que es aceptablemente efectivo, pero carece de la contundencia esperada del firmante de "Corazones de hierro".  Es llamativa, por ejemplo, la tibieza de ideas como ese ejercito de humanos reconvertidos para la ocasión en una suerte de cuerpos de barro, carentes de sangre y facciones humanas. Vale que esto apesta a distancia que es una imposición del estudio para evitar la temida calificación "R" que impida que los adolescentes vayan a verla, pero lo que queda como resultado es una aséptica matanza digna de un videojuego del montón.

¿Desaparece del todo la personalidad de Ayer? Pues afortunadamente no, pero casi.
El tono cínico y pesimista que tenían sus trabajos se deja ver aquí en muy pequeñas ráfagas, siendo
una de las más interesantes el personaje de Amanda Waller, al que da vida una terrorífica Viola Davis, que compone una burócrata que resulta mucho más terrorífica que cualquiera de los miembros del "Escuadron Suicida" por su ausencia total de escrúpulos para lograr lo que quiere.
El aliento trágico que impregnaba sus obras previas solo asoma en todo su esplendor en todo lo relativo a El Diablo: tanto su drama personal, narrado a través de las llamas que es capaz de generar en la que para mí es la mejor secuencia de la película, como su papel en el climax, son lo más emocionante e intenso de esta cinta. Y puestos a a salvar cosas, tampoco desmerece el personaje de la Hechicera, con un origen con la chicha suficiente para que el personaje suscite interés, que además se apoya en una visualización de sus transformaciones resuelta con ingenio sin recaer unicamente en los FX.

Y eso es todo. Una película distraida que termina sabiendo a muy poco viniendo de quien y habiendo visto trailers tan alucinantes como el que os dejo a continuación, que fue con el que los espectadores comenzamos a salivar de mala manera. Craso error.


miércoles, 31 de agosto de 2016

Perdida en la desmemoria.

La desmemoriada pez cirujano Dory ya instalada con sus amigos Nemo y Marlin, recibe un fogonazo de memoria en el que recuerda a sus padres. Decicida a encontrarlos, convence a sus amigos para que la acompañen hasta el Instituto Oceanográfico en que se crio, donde intentará encontrar a sus padres y recuperar su memoria.
Lo primero de todo aclarar que voy a intentar sacar este blog del letargo en el que lleva sumido hace dos meses. El solape de vacaciones y ocupaciones mundanas están haciendo mella en la actualización de este blog. Y me da mucha rabia, por eso espero que con esta entrada y otra que tengo conciendose consiga volver a activarlo un poco.
Tras estos instantes informativos, vamos con la película en cuestión.
No era tarea fácil acometer la secuela de "Buscando a Nemo", una de las mejores películas de animación de las últimas décadas. Y los autores lo sabían, tanto que el principal artifice, el genial Andrew Stanton, se ha dado la friolera de 13 años para hacerlo. Aunque si a uno le da por pensar mal puede ser que tuviera algo qu ver el hostión (recaudó en USA 70 millones de dolares sobre un presupuesto rumoreado de 300...) que se pegó en taquilla su debut en imagen real "John Carter", que una vez vista, desde luego no era una obra maestra, pero que merecía mejor suerte de la que tuvo... Pero dejemos de lado cotilleos y demás y vamos con "Buscando a Dory".

Como decía, era complicado, no ya superar, sino igualar la anterior película, y para mí, no lo han logrado, lo que no quita para que de todas maneras hayan conseguido una estupenda película.

¿Porque no lo han logrado? Pues principalmente porque han repetido la misma estructura que la película previa: van narrando de manera alterna la búsqueda por parte de Dory de sus padres y la de Dory por parte de Marlin y Nemo. Y si bien en "Buscando a Nemo" esto funcionaba a las mil maravillas porque las historias tanto de Nemo como de Marlin eran igual de potentes, aquí las dos tramas no tienen la misma fuerza y la película se resiente: aunque están muy lejos de ser un desastre, las partes que nos muestran los intentos de Marlin y Nemo de encontrar a Dory, desmerecen ante la odisea de la entrañable pez cirujano amnésica para conocer sus orígenes. Tampoco juega a favor de la película el hecho de que durante los primeros compases "Buscando a Dory" se muestre demasiado supeditada a su precedente, con la aparición en idénticas situaciones de personajes, por lo demás entrañables, como las tortugas o el profesor Raya.
Sin embargo todo esto se perdona gracias a que en el balance final, los aciertos pesan bastante más.
El primero y más grande de ellos, es la creación del que, desde ya, es uno de mis personajes favoritos de la Pixar, el pulpo Hank. Este personaje, que arrastra un pasado que no se revela en ningún momento, pero que seguramente no fue nada fácil (la amputación de uno de sus tentáculos y su afán de acabar su vida en un acuario lejos de toda incertidumbre y libertad así lo aseguran...), sufre el arco dramático más interesante de la película. Pero es que además se trata de un auténtico prodigio de animación: se me ocurren pocos movimientos más complejos de crear que  esinuoso baile
de los tentáculos de los cefalópodos, pero la labor de los profesionales de la Pixar es tal que no hay un momento en que una postura forzada o un tentáculo artificioso saquen al espectador de la película. Aunque siendo justos hay que reconocer que no es este el único personaje de nuevo cuño reseñable, como demuestran la orca cegata, el padre de Dory, llamado Charlie, que es un pez ¡¡¡con calvicie!!! o la beluga que psicosomatiza la incapacidad de usar su sonar. Pero si me tengo que quedar con alguno, sería con la delirante pájaro Becky, que parece recien salida de un película de Mizayaki.

Además de en cuanto a concepción, Pixar en general y Stanton en particular continuan brillando en la narrativa y puesta en escena: los flashbacks de Dory están perfectamente integrados en la trama y consiguen sortear la sensación de repetición; se exprime hasta la última gota las posibilidades que ofrecen espacios como el estanque de contacto con los niños (en la escena más subresiva de película) o la furgoneta; los momentos emotivos logran emocionar sin caer en el sentimentalismo; y la secuencia final, con su quietud, supone un cierre perfecto para estos personajes. Y no puedo cerrar esta entrada sin reconocer la magnífica labor que lleva a cabo de nuevo Anabel Alonso dando voz a Dory (sirva de homenaje el poner el trailer doblado en lugar de la versión original, como suelo hacer).

Una grandísima película, que sin llegar a igualarla, supone un continuación más que digna. Ojala el resto de las secuelas que planean en el estudio del flexo sigan con este nivel.

jueves, 30 de junio de 2016

Deliciosa anacronía


El detective privado Holland March y el arreglador Jackson Heally son dos hombre que viven un tanto a la deriva, pero que que verán como sus vidas chocan, y posteriormente se cruzan al encontrarse con una trama delictiva que les pondrá al límite a todos los niveles.

Resulta difícil para alguien que vivió su en formación fílmica el auge del cine de acción norteamericano de finales de los 80 y principios de los 90 es imposible no tener en estima a alguién como Shane Black, el responsable de dar sus señas de identidad a la buddy movie de acción. A base de poner al día conceptos del noir más pulp, comedia, violencia y referencias pop (que anticiparon lo que Tarantino realizaría en las décadas venideras...), los guiones de este hombre marcaron a fuego a una generación de cinéfilos. Recuperado con dos grandes películas como "Kiss kiss bang bang" (para la cinefilia) y "Iron Man 3" (para los estudios), con este "Dos buenos tipos" retoma un proyecto personal que reafirma todas sus señas de identidad. Para lo bueno y,lastima, para lo malo.

Partiendo de un estupendo trabajo de la pareja protagonista, en el que resulta sorprendente la vis
cómica de Ryan Gosling (Crowe no sorprende porque casi siempre es genial), Black despliega una alambicada trama de cine negro que abarca desde movimientos contraculturales de protesta hasta magistrados pasando por la incipiente y casi entrañable escena pornográfica de los 70 y la entonces aun potente industria automovilistica de Detroit. Pero el disfrute no está tanto en seguir el desarrollo de la trama como en disfrutar el viaje.
Todas las secuencias en las que aparece la hija de Ryan Gosling, son deliciosas, no solo por el buen hacer de, sino por la buena mano que sigue teniendo Black dirigiendo a niños, (casi a la altura de Spielberg). Pero es la fiesta nocturna, probablemente la mejor escena de la película, ya que auna de manera modélica humor con acción y unas gotas de emotividad, todo ello bañado por una selección excepcional de canciones de la época con unos sosias de Earth Wind & Fire tocando en directo.

Sin embargo, no todo iba a ser maravilloso, ya que quizás Black se haya dejado llevar por su ingenio y haya pecado de introducir demasiadas paradas en el camino, sobre todo en el tramo final, donde se acumulan demasiados falsos finales, entorpeciendo el ritmo de la película.



Con todo lo positivo gana. A nivel de guión, son agradables las referencias cinematográficas, no solo las referencias al cine de la época y bromas como que en un cine se proyecte "Kiss kiss Bang bang", sino que también homenajea al cine como herramienta capaz de concienciar a la gente y cambiar la realidad. También son interesantes los apuntes económicos sobre la crisis del petroleo y las referencias a la industria automovilistica de Detroit, y sobre el panorama social de la época, con unos USA al borde de la descomposición, a causa de la crisis económica y la deriva política  (atención al personaje que interpreta una recuperada Kim Basinger...) que había marcado una década que marcada por el Watergate y por Vietnam, que sirven de espejo deformado de la situación actual del país, y que arrojan una visión más amarga de lo que pudiera parecer a simple vista.
En cuanto al aspecto visual, además del cuidado diseño de producción y el buen manejo del gag, tanto de diálogo como visual, resultan curiosas las escenas de acción. Lejos de la tendencia de tour de force in crescendo que dirige el cine de acción actual, Black prefiere mantener la cinta en una escala más pequeña y surrealista, más cercana al slapstick de Buster Keaton que a la grandilocuencia de, pongamos, maestros como John McTiernan o James Cameron.

Por todo esto la resulta resulta una agradable y curiosa sorpresa, casi una rareza en el panorama del cine norteamericano actual. Solo por eso merecería ya una oportunidad.

martes, 21 de junio de 2016

De espaldas a la civilización.


A mediados del siglo XVII una familia es expulsada de su colonia por motivos desconocidos. Decididos a sobrevivir a pesar de todo, se estableceran en una zona salvaje, pero la desaparición de su hijo recien nacido, será el inicio de una auténtica pesadilla.

Amparada por su gran recepción en festivales como Sundance o Sitges, llegaba una de las propuestas fantásticas más esperadas del año. ¿Estaba justificado el revuelo? Pues, aunque, a lo mejor se ha sobredimensionado un poco este "La bruja. Una leyenda de Nueva Inglaterra", en general, si.

Lo primero que llama la atención es el estupendo guión de la película. Más allá de la construcción de los personajes y los diálogos, ambos notables, resulta llamativa la representación de la brujería como la emancipación ultima de la mujer, la única manera de lograr libertad y control total en una sociedad en la que estaba totalmente constreñida bajo el yugo de los hombres. También es digna de mención la capacidad del realizador para ir introduciendo detalles e ideas de notorio simbolismo que van enrareciendo el ambiente de la película, y lo que había empezado como cine de época va retorciendose hasta convertirse en algo completamente distinto e incomodo. Sirvan como ejemplo
la presencia de un macho cabrio, la mención reiterada de manzanas en momentos importantes de la trama, o que el motivo de la expulsión de la familia de la comunidad en la que vivía quede sin explicación, dejando a la intuición del espectador valorar si dicha expulsión fue justa o no. Esto ultimo puede parecer algo banal, pero no lo es en absoluto, ya que hace desde el principio que no tengamos asideros emocionales con los personajes, lo que imprime un tono de desconfianza a todo el relato. Gracias a eso el realizador y guionista Robert Edgerton consigue algo tan difícil de lograr como que se pongan en duda las aseveraciones que realizan los niños, algo nada frecuente en una sociedad como la actual, que convierte en dogma la bondad intrínseca de los infantes.
Estas propuestas de guión, podían quedar en meras ideas desperdiciadas si la puesta en escena no le sacara el jugo que tiene. Afortundamente lo hace y bastante. Apoyado en una fotografía naturalista hipnótica con reminiscencias de "Barry Lindon" que hace que varios planos luzcan como auténticos lienzos, el autor logra sumergir al espectador en el aislamiento y el ambiente opresivo que viven los personajes. A esta sensación contribuye también el excelente diseño de producción y de sonido. Además de esto Edgerton va haciendo cada vez más irrespirable la atmósfera intensificando la feminidad de Thomasin, la hija mayor, y el despertar sexual del hijo mediano, Caleb, con esos planos en los que el muchacho fija la mirada en escote cada vez
más turgente de su hermana, y secuencias tan estupenda como el encuentro con la bruja. Siguiendo con los pechos femeninos, que en la película se presentan en su doble vertiente de órgano sexual y de sustento de bebes, hay una gran secuencia  que involucra un cuervo y a la madre de la familia, interpretada por Kate Dickie, que sin ánimo de entrar en detalles se convierte en una brillante metáfora visual. No me deja de llamar la atención como está actriz, Katie Dickie, ha incorporado las dos secuencias de lactancia materna más perversas que recuerdo haber visto: la que tiene en la película, y la que tuvo en "Juego de tronos", en la que incorporaba a la reina del Nido de Águilas.
Volviendo con "La bruja", el director, a base de momentos como el que acaba de citar, logra ir forzando el tono de la película de tal manera que lo que parecía plenamente realista se va tornando en algo fantástico, aunque con una realización suficientemente ambigua como para sembrar la duda en el espectador sobre si lo que se ha visto es fruto de fuerzas sobrenaturales, o de toda la represión religiosa y frustración sexual acumulada. A este respecto es ejemplar el montaje de la secuencia final, la más fantasiosa de la película, que se produce después de un fundido a negro más largo de lo esperable. A través de algo aparentemente tan simple como mantener durante unas segundos más la pantalla oscura,el director logra sembrar la duda de que si se trata de un fundido con el uso habitual, es decir, el separar dos secuencias que transcurren separadas en el tiempo o el espacio, o algo más ¿Es que dicho fundido representa la perdida absoluta de contacto de la realidad del personaje protagonista de esa secuencia tras todo lo sufrido? ¿O acaso es que esa pantalla oscura lo que refleja es la muerte y lo posterior es una suerte de cielo/infierno? Cada uno que elija lo que le más le convenza.