jueves, 13 de abril de 2017

La isla de los monstruos.


En el año 1973 tras ponerse en marcha la red global de satelites, aparece una isla desconocida. El gobierno norteamericano autoriza una expedición mixta de científicos y militares con la esperanza de poder explotar los posibles recursos minerales de la isla. Y aunque todo apunta que la isla puede ser un lugar referenciado por varias leyendas, nadie imaginan lo que encontraran allí.

La irregular e interesante pero frustrante "Godzilla" funcionó a nivel económico lo suficientemente bien como para que Legendary Pictures se planteara poner en marcha un Universo Cinematográfico compartido (que estudio no aspira a eso hoy día...) sobre monstruos gigantes. Después del reptil japonés, el turno lógico era el de el rey de los monstruos gigantes: King Kong.

Afortunadamente esta película enmienda casi todos los errores que desmerecían la película del monstruo nipón. Aquella cinta, probablemente (mal) influenciada por el cine de Nolan, confundía seriedad con calidad y el conjunto se resentía: si aspiras a hacer algo tan serio, tienes que apoyarte sobre unos personajes bien definidos que cuyas vivencias te interesen, y desde luego no era el caso, con unos personajes planos y un reparto desacertadísimo, más allá del siempre genial Bryan Cranston. En "Kong: La isla Calavera" se ha optado en todo momento por la diversión, sin que eso vaya en contra de la historia, más bien al contrario, ya que se siente más cohesionada y emotiva que la citada "Godzilla".
Ya de primeras es de agradecer que los responsables de la película es que hayan sido capaces deponer en marcha una película sobre el simio gigante dandole su propia personalidad sin traicionar la tradición del personaje, ni caer en el mimetismo nostálgico-cinefilo que desembocó en la tibia recepción que tuvo el "King Kong" de Peter JacksonInciso: Es esta última película mejor de lo que se dijo; lastrada por los excesos megalomanos de un Jackson que por entonces se creía el Rey del Mundo, que confundía duración con importancia, con una primera hora de metraje totalmente innecesaria, y un Jack Black simplemente estrangulable, el balance final de la cinta era positivo, con momentos inolvidables como King Kong persiguiendo rubias por Broadway.
Una de las mejores ideas del ultimo Godzilla occidental era que su diseño huía de todo realismo jurásico para erigirse en una figura mitológica sin correspondencia alguna con la naturaleza. Bien, pues aquí siguen la misma senda: este King Kong, como el primero, tiene aspecto bípedo y antropomórfico, y recupera también de la entrega original (y a día de hoy aun la mejor...) el que sea carnivoro (algunos simios lo son, pero los gorilas no...) para demostrar que no estamos ante un gorila sobrealimentado, sino sobre una suerte de deidad, ajena a toda explicación lógica.
No es la de 1933 la única película previa del primate gigante referenciada, ya que el remake setentero auspiciado por Dino DeLaurentis también se deja sentir. La referencia más obvia es la ambientación en los 70 (entonces contemporanea, ahora evocada), pero en este caso, más allá de la estupenda selección musical, se opta por la versión más oscura de dicha década, aquella marcada por la Guerra Fría, la derrota de USA en Vietnam y el escándalo Watergate. De hecho, la película tiene una interesante carga política (relativa, no olvidemos que estamos hablando de un blockbuster protagonizado por un gorila gigante...) al retratar al ejercito americano como una banda de derrotados sin ningún objetivo en la vida, capitaneados por un hombre aun más frustrado, que focaliza en Kong la rabia por haber sido retirado de la guerra. Y también del remake de Guillermin hereda la avaricia de las grandes empresas como detonante inicial de la trama.
Volviendo con la cinta de Gareth Edwards, la otra idea que mejor funcionaba era que Godzilla se erigía en el defensor último de la Tierra como consecuencia de las actitudes irresponsables de la Humanidad, quedando el ejercito, y la raza humana en general, como auténticos peleles. Aquí también retoman esa idea y la aumentan, convirtiendo, como ya he comentado, a los militares en un problema extra (que roza la oligofrenia algunos de sus miembros: vease la desternillante secuencia del soldado que se inmola...) al que el gorila debe enfrentarse al intentar proteger al planeta de una amenaza mucho mayor. Esto da a la película algunos de los mejores momentos de la cinta, con esos cruces de miradas y reflejos en la pupila que lleva al paroxismo los duelos de miradas mantenidas que creo Leone. Si alguien podía mantener la mirada a un gorila de 30 metros, ese tenía que ser Samuel L. Jackson.
Aquí no hay ningún tipo de recato en mostrar que el gorila desde el primer momento y como tal protagoniza la primera y divertidísima secuencia. A continuación, tras unos estupendos títulos de crédito, que trascurren sobre imágenes de noticiarios cinematográficos pasamos a la tan temida en este tipo de películas presentación de personajes. Afortunadamente este tramo esta resuelto con suficiente desparpajo e ironía como para  lograr unos personajes capaces de no resultar sonrojantes (los que mejor funcionan son los que tiene buenos actores detrás, como el citado Jackson, John Goodman, y John C. Reilly...) y no aburrir hasta la reaparición de Kong. Aquí me voy a extender, porque Vogt-Roberts, que venía de rodar la simpática y sencilla "The Kings of the summer" se descuelga con una de las mejores secuencias de acción vistas en bastante tiempo. Tras atravesar en helicóptero una tormenta que traía al recuerdo la tormenta de arena de  "Mad Max. Furia en la carretera", los exploradores llegan a la isla y se dedican a incordiar a los que allí viven con suspuestos intereses científicos a base de bombas hasta que Kong hace acto de presencia recortado contra el sol del horizonte, en una imagen memorable y un claro homenaje a "Apocalipsis Now". El resto forma ya parte de las mejor secuencias que ha brindado el cine de monstruos gigantes.

A partir de aquí la película logra mantener con bastante tino el tono aventurero. Lo primero que es de agradecer es que el realizador ruede los bellos parajes vietnamitas con sentido de la maravilla y logrando que generen auténtica sensación de descubrimiento y de maravilla, un talento algo perdido hoy en día, en el que la infografía se ha convertido en algo tan andar por casa, que ha hecho que se ruede igual la visita a un mundo fantástico que un paseo campestre. Y otro punto a favor es que consigue transmitir con éxito la sensación la sorpresa sienten los protagonistas al ver cosas como bueyes gigantes o arañas monstruosas: es un mundo desconocido en el que el paisaje más bello puede virar en trampa mortal (el estupendo y sangriento ataque de la araña) y el bicho más aberrante puede albergar una inesperada paz (los citados bueyes o el tronco viviente). Hay momentos en los que se trabaja aceptablemente bien la atmosfera, como todo la llegada al cementerio de huesos, y otros en los que la cosa se desmelena en aras del entretenimiento descerebrado, a la altura del Zack Snyder más desatado (o sea el de la incomprendida y muy estimable "Sucker Punch"). Todo ello sin renunciar en ningún momento al sentido del humor, a ratos negro y lleno de mala y otros que convierten a la cinta casi en un slapstick surrealista.

Si hay que buscarle algún fallo a la película ese sería que se deja de lado la faceta trágica y romántica del personaje. En lo relativo a lo primero, si que es cierto que se insinua en momentos como ese que vendría a ser la versión monstruosa de la ya típica imagen del policía inadaptado pero obsesionado con su trabajo que come comida basura solo ante la televisión: sin saberse observado por un hombre, el simio se dedica a comerse, en soledad y con la mirada perdida, un pulpo que previamente le ha atacado (¿un homenaje a "Old Boy"?). Pero hay queda la cosa. Y en cuanto a la debilidad de Kong por las mujeres jóvenes y hermosas, también aparece por ahi, pero como no se lo han trabajado previamente, queda como un pegote impuesto por la mitología del personaje. Ya puestos a innovar, podían haber elevado la apuesta y convertir a Kong en una suerte de monje ermitaño y celibe, comprometido con la protección de la isla y ajeno a toda tentación carnal. Otra  vez será...

Todo ello muy perdonable, ya que no empobrece el conjunto de la que es desde ya una seria candidata a la película más entretenida del año. Ojala el próximo Godzilla y las películas futuras del Monsterverso (atención a la secuencia postcréditos) sigan este camino.




viernes, 31 de marzo de 2017

Elige vida.


Más de 20 años después de  huir a Amsterdam dejando a sus amigos en la estacada y quedandose todo el botin logrado en un chanchullo, Renton decide regresar a su Edimburgo natal para intentar retomar su vida y recuperar a su gente.

Sorprendentemente, "T2: Trainspotting" esta pasando enormemente desapercibida, y es una pena, porque estamos sin duda antes una de las películas del año: una vacuna en toda regla contra tanta secuela tardía nacida a hombros de la nostalgia. Si alguien esperaba una reunión de amigos del instituto reencontrados via Facebook, plagada de buen rollo y alegría por reencontrarse, que se prepare para un guantazo en toda regla. Lo que han parido Danny Boyle, Irvine Welsh y compañía es una reflexión bastante desmitificadora sobre la nostalgia y el peligro de querer recuperar el tiempo pasado.

Hace 21 años, estando aun en el instituto, fui a ver esta película con el que entonces era uno de mis mejores amigos. Los dos salimos alucinados,  aunque quizás no del todo conscientes de que habíamos visto una de esas películas que marcaron a nuestra generación como para otras lo fue "El graduado", "Easy Rider",  "El club de la lucha" o "La naranja mecánica". Eso lo confirmaría el paso de los meses y los años cuando la leyenda de esta película fue creciendo en camisetas, posters, discos y demás. Y tenía toda la lógica, ya que esta película ofrecía un relato generacional cruel y descarnado, pero a la vez divertido y emotivo. Y a pesar de lo que muchos perezosos vieron en su día, se trata de uno de los mayores alegatos cinematográficos contra el consumo de drogas jamas realizados.


Cuando unos años después Irvine Welsh publicó "Porno" que continuaba la vida de estos personajes,  se empezó a oír que quizás había posibilidad de que fuera adaptado al cine retomando todo el equipo original... Pero todo quedó en nada, para mi tristeza. Sin embargo hace un par de años se empezó a hablar en serio de esta secuela, con McGregor y Boyle reconciliados tras años sin hablarse, y con Welsh implicado. Y ha sido mejor así, ya que ese reposo de diez años ha permitido dejar de lado la trama de "Porno" (libro recomendable, que mejoraba el original, pero que quizás era demasiado coyuntural a la época en la que fue escrito...) y convertir este reencuentro de personajes en algo mucho más interesante.

En los tiempos de recuperación de ¿glorias? pasadas que vivimos, es elogiable haber presentado esta película, que dinamita esta tendencia desde dentro. Cierto es que los 20 años que han pasado no les han hecho ningún favor a ninguno de los personajes: solo han hecho que confirmar que ese futuro sin expectativas que les empujó a engancharse al caballo, se ha cumplido de la peor manera posible. La heroina les quitó muchas cosas: hijos, amigos, madres, juventud... pero por lo menos les exigía implicación y fidelidad (el "auténtico y sincero enganche a la heroina" del que hablaban en la película original...). En el mundo actual, lo que te mantiene narcotizado y te hace alejarte de lo importante, te atrapa sin que te des cuenta y encima te sientes agradecido por ello y lo compartes en las redes sociales. Esto queda muy bien reflejado en dos momentos. El primero de ellos es el regreso de Renton a Edimburgo después de dos decadas. El protagonista observa con mirada alucinada desde el tranvía lo lejos queda la ciudad húmeda y grisacea en la que vivió su drogadicción; ahora todo esta pasteurizado e invadido por franquicias que homogeneizan todas las urbes del planeta. Y el otro es el monologo de "Elige vida/Choose life". Lo que en principio podía haber sido un peaje a pagar (a fín de cuentas se trata de uno de los momentos más famosos de la película original, reproducido hasta la saciedad en todo tipo de medios) por realizar esta secuela, se torna en algo muy distinto. Y es que no solo aclaran que la frase es una broma que Renton y Sick Boy adoptaron como mofa a una campaña antidrogas ochentera(un apunte malvado: las imágenes que sirven para rememorar esa campaña en la película muestran el eslogan en una camiseta vestida por el recientemente malogrado George Michael, que tuvo muchos problemas con las drogas...), sino que ya inmersos en el siglo XXI, la nueva letanía es una plasmación de los terrores consumistas/idioitizantes que preludiaba el de la película anterior.
Pese a todo, el hecho del que el presente sea una mierda, contrariamente a lo que tendemos a creer los seres humanos, no hace que el pasado sea mejor. De hecho la nostalgia del pasado es mostrada en la película como una losa que pesa sobre los personajes, casi como una maldición. Si algo impide que los personajes crezcan y avances, es ese afán por vivir en lo pretérito y negarse a evolucionar: el que Sick Boy sea el dueño del pub en el que pasaron su vida adolescente; el que Begbie continue empeñado en ser un delincuente con tendencias psicopáticas; la inquebrantable adicción al caballo de Spud; o el vacío que siente Renton tras el fracaso de su proyecto de vida en Londres. La adicción al pasado, de hecho, les hace más daño que la de las drogas: ahí está el hecho de que dos de los personajes se inyecten heroína en un momento dado sin mayores repercusiones... Pero no son ellos los únicos adictos a la nostalgia: hay está la terrorífica (y terriblemente realista: he visto algunas por aquellas tierras...) fiesta revival: hombres y mujeres de más de 30 años vestidas con uniforme colegial por aquello del morbo teen, y la música de baile ochentera y noventera como coartada para follar, emborracharse y drogarse sin miramientos.
Sin embargo, pese a repudiar la nostalgia, la película adopta en ocasiones un emotivo tono melancólico, a través principalmente del personaje de Spud, pese a su desastrosa vida, el más sensible y perspicaz observador de todos ellos. Él es que el aporta las más emotivas y agudas secuencias al relato. Pero además es el único que toma el pasado no como algo sobre lo que revolcarse, si no como soporte sobre lo que auparse y superar la vida que lleva. El destino de este personaje además aporta un interesante giro metanarrativo a todo lo que nos han contado las dos películas que enriquece el díptico.

La realización de la Boyle es más compacta, y se aleja un poco de la narrativa basada en anécdotas que tenía la entrega pretérita. Cuando evoca/rememora momentos de ella no lo hace para complacer al público, sino que siempre presenta un giro que enrarece la situación, como el ya comentado sobre el monólogo de "Elige vida". El realizador escoces juega bastante con las texturas de la imagen a la hora de evocar los recuerdos, pero sin tantas estridencias sonoras ni visuales con afan provocativo como en "Trainspotting": en la vida de los personajes tampoco hay lugar para ellas. Aunque eso no quita para que sea capaz de elaborar de manera más sugerente de lo que parece algunas ideas, logrando
un toque cuasi fantástico. En un momento dado, Renton, en la habitación en la que vivió aquel pesadillesco desenganche a la heroína tiempo atrás, pone aquel "Lust for life" de Iggy Pop que quedó indisolublemente ligado a la primera película. Pero al apoyar la aguja en el vinilo, los primeros compases de la canción hacen que se asuste y apague el tocadiscos de inmediato, como si estuviera invocando una fuerza maligna e incontrolable. Al final de la película, Renton regresa a la casa de sus padres y se instala de nuevo en la citada habitación, y esta vez no puede resistirse a pinchar "Lust for life". Conforme va sonando la música, la cámara se aleja, y el cuarto con Renton bailando espásticamente se va convirtiendo en una luz lejana al final de un tunel:  tras toda la película intentendo resistirse a ello, finalmente invoca la maldición y queda atrapado (de manera voluntaria) en el lugar donde vivió sus peores pesadillas. Una brillante metáfora visual que hace replantearse un poco la película, y que a mí, salvando las distancias, me recordó al final de la magistral "Mystic
River" de Clint Eastwood.

Por cierto, por si alguien se lo pregunta, ya no sé casi nada del amigo con el que fui a ver la película, pero creo que tiene dos criaturas y está separado. Yo soy padre de una niña (y otra que viene) y tengo mucho menos pelo que entonces. Y los cines en la que la vimos hace más de 15 años que no existen. Esta la vi con mi querida hermana en los multicines de un centro comercial. Choose life.





jueves, 16 de marzo de 2017

El crepúsculo del superheroe.


 En el año 2029 con los mutantes extintos, Lobezno y Charles Xavier malviven ocultos en el sur de USA escondiendo su condición de mutantes. Sin embargo, la aparición de una niña llamada Laura Kinney, una nueva mutante, hará que su vida de un vuelco, obligandoles enfrentarse a facetas que creían abandonadas.

¡¡¡¡8 años!!!! han hecho falta para que finalmente los espectadores podamos disfrutar con una película de Lobezno en solitario como está mandado.

En la entrada en la que comenté "Lobezno: Inmortal" me quejaba de la falta de ritmo, del guión enrevesado, de la escasa contundencia de la secuencias de acción y de la ausencia de emoción (y a pesar de todo esto, superaba con mucho a la execrable "X-Men Origenes: Lobezno"...). Parece ser que el director y el estudio han tomado nota de estas quejas (que fueron generalizadas: tampoco soy ningún visionario...) y todos esos problemas se han solventado (por lo menos en parte). Mangold y sus colaboradores han puesto manos a la obra para ofrecer una película que mezcla el western crepuscular y la película de carretera plagado de influencias del cine de Clint Eastwood (con "Sin perdón" y "Un mundo perfecto" a la cabeza), los relatos de niños a la huida ("La noche del cazador", "El señor de las moscas"...) y "Los niños del Brasil" con ese villano manipulador genético interpretado por Richard E. Grant, que gasta gabardina con resonancias nazis.

El guión de la película es sencillo y efectivo. Bastante predecible, pero efectivo. Plagado, como ya he comentado de referencias implícitas y explicitas, tanto visuales como argumentales, al western, la historia deja claro desde el primer momento los derroteros por los que se va a desarrollar. Sin embargo la película sabe jugar con ello, evitando en todo momento jugar al giro sorprendente-pero-vacio y aprovechando esta predecibilidad para reforzar el tono trágico-fatalista del relato. También han entendido a la perfección que uno de los puntales necesario para que esta película funcionara era la implicación del público con los personajes, y en
consecuencia, se han esmerado en dotar al relato de emoción, trabajando la dinámica de relación de esa familia disfuncional que constituyen Logan, Xavier y Laura (el realizador dice haberse inspirado en la deliciosa "Pequeña Miss Sunshine": tampoco hay que pasarse...). Además la película aporta, de manera inesperada y bastante sutil, ciertas reflexiones sobre el paso del tiempo y sus consecuencias. Ahí están esas peleas que mantiene Logan con su reverso oscuro, lo que el habría sido si no hubiera dado con Xavier y la Patrulla-X. También es interesante la reflexión que planea sobre el peso de la leyenda, con esos tebeos que reflejan las aventuras de los mutantes, y que los mutantes toman como el mapa hacia su objetivo. Sin embargo el guión tampoco es perfecto, ya que se dedica a ir diseminando pistas que quedan en nada: la inexplicada enfermedad degenerativa de Xavier; la desaparición de los mutantes y el incidente de Westchester (que los que leímos la historia "El viejo Logan" conocemos en toda su sangrienta realidad...). Esto unido a cosas como los abundantes tacos que se sueltan en la película hace que uno dude si la tan anunciada contundencia y dureza de la película no será tendrá más de pose-de-mira-que-malote-soy que de auténtica actitud. Eso explicaría que hechos tan oscuros como el incidente Westchester queden en una mera mención: el cine de superheroes si que esta preparado para tacos y desmembramientos, pero más allá de eso, no se puede indagar en la esencia violenta del personaje.


En lo que a la realización de la película se refiere, la tónica que se sigue es la misma: la de una corrección, en general notable, pero en ocasiones anodina. No se le puede echar nada en cara y hay algunos buenos momentos, como el incidente en la carretera con los caballos y la velada posterior, o la secuencia final, muy bien rodada. De la tan comentada violencia del largometraje, desde luego que ha aumentado considerablemente, y es la primera vez que se ven explicitamente los resultados de las refriegas cada vez que Lobezno saca sus garras: desmembramientos, cortes, empalamientos, decapitaciones... Pero pesar de todo esto, la película se siente por momentos demasiado estudiada y medida,  tanto que resulta casi encorsetada. Las peleas están bien ejecutadas, pero están tan milimetradas, que pierden toda sensación de urgencia o sorpresa que hubieran necesitado. Me quedo con la masacre que lleva a cabo Lobezno en la Escuela en "X-Men 2" (aun hoy la mejor entrega de todo el universo mutante), mucho más contudente y emocionante pese a ser menos explícita.

En cuanto al papel que juega la película como despedida de Hugh Jackman, la película es inmaculada demostrando un compromiso a muerte (y perdón por el chiste) al personaje al que le debe su carrera..El actor está tan bien como siempre e incluso amplia los registros que había presentado anteriormente tanto a nivel cómico como dramático. Aunque es una pena que el actor abandone el mutante canadiense (lastima me da el pobre actor que tenga que defenderlo en las películas venideras...), el librarse de  sombra quizás haga que se tengan más en cuenta las  tremendas capacidades actorales de este hombre. Y no sería justo olvidar la, como siempre, excelente labor de Patrick Stewart como Xavier en su adiós al personaje.

En cuanto al uso de la música de Johnny Cash, aunque sea algo anecdótico, me voy a extender un poco sobre ello. El trailer de "Logan" quedó tan poderoso por que usó  la maravillosa versión del "Hurt" de Nine Inch Nails que Cash hizo para la cuarta entrega (mi favorita) de las American Recordings: basta con verlo sin sonido para darse cuenta que el trailer tampoco es para tanto. En la película suena Cash en los títulos finales, con otra canción de ese mismo disco, en este caso la que lo abre, "The man comes around", la mejor canción imaginable para acompañar el apocalipsis ya usada en "Amanecer de los muertos" o "Matalos suavemente".  Usar música de Johnny Cash, sobre todo de "American Recordings", tiene algo de facilón, porque como dejo claro el citado trailer, es capaz de añadir aliento épico-crepuscular a cualquier imagen que acompañe. Sin embargo, si alguien tiene derecho a usarlas, ese es James Mangold. Nadie puede negar que él es el responsable, con su biopic de Cash "En la cuerda floja", que a día de hoy es aun su mejor trabajo, de la revalorización y difusión de la obra del Hombre de Negro (siendo yo uno de los afortunados que lo profundizó en su obra por gracias a él).




Como decía al inicio, por fín hemos recibido la película que James Hewitt se merecía, pero de ahí a decir que es una obra maestra y una de las mejores películas de superheroes jamas realizadas hay un trecho, ya que ni siquiera se trata de la mejor película de los mutantes. En mi Olimpo superheroíco-filmico constituido por "El Protegido", "Spiderman 2", "X-Men 2", "El Caballero Oscuro", "Watchmen" y "Guardianes de la Galaxia" no hay hueco para ella. Si la hubiera dirigido, por ejemplo, un Walter Hill o un John McTiernan entonados, quizás sí. Pero a Mangold le falta bastante para ser ellos...


lunes, 6 de marzo de 2017

El camino hacia los sueños.


Mia Dolan es una  camarera aspirante a actriz que vive en Los Angeles, acumulando castings fallidos. Sebastian Wilder es un músico de jazz que ansía con abrir su propio local de jazz, pero al que su desmedido amor por esta música pone siempre en dificultades para llegar a fin de mes. El destino les juntará para convertirles en una pareja con el destino marcado por la música y el cine.

El musical es un género tozudo, mil veces enterrado y otras tantas resucitado, que cada cierto tiempo desde que dejó de ser la estrella de la taquilla mundial (es decir desde los 60), da un puñetazo en la mesa demostrando que aun tiene algo que aportar.  En cada década ha habido, al menos, una película de este género  que recibe todas las bendiciones de crítica y premios y/o arrasa en taquilla: en los 70 fueron "Cabaret", "Grease" y "Fiebre del sábado noche"; en los 80 "Dirty Dancing", "Corazonada",  "Flashdance" y "Footloose"; en los 90 "El Rey León" y "La Bella y la Bestia"; y en los 2000 "Moulin Rouge" y "Chicago". A la década actual le faltaba su musical de cabecera y ese va a ser "La La Land. La ciudad de las estrellas".

A primera vista (aunque conforme avanza la película se verá solo que parcialmente), la película es todo un homenaje a esos musicales canónicos de los años 40 y 50. Ya desde los primeros compases presume de estar rodada en el formato hollywoodiense por excelencia, el Cinemascope. El guión sigue la estructura típica de las películas: chico conoce chica, chico seduce a chica cantando, chico pierde chica... El diseño de producción y las localizaciones rememoran en todo momento a estas películas de la época dorada, cuando nadie había mostrado aun el lado oscuro del sueño de triunfar en el Cine. Y la realización de bastantes de los números sigue, aparentemente, las normas de aquella época: estilizadas, clásicas y bucólicas. Pero como he dicho, este sumisión a los cánones del musical clásico es solo aparente. Y es que al contrario de aquellos, en los que el montaje afinaba todo para que no hubiera lugar a la más mínima imperfección, aquí el realizador opta por un estilo totalmente
  opuesto: el plano secuencia para representar todo el número musical. Y no lo hace solo por afán exhibicionista del realizador y del director de fotografía, sino que esta absoluta ausencia de cortes hace que los números sean más espontáneos y orgánicos, lo que les da una autenticidad que va alejando la propuesta de los citados musicales clásicos. A este distanciamiento ayuda también el hecho de que la pareja de  protagonistas, aunque cumplidores (más Emma Stone que Ryan Gosling, que hace lo que puede...), esta bastante lejos de ser virtuosos, lo que les da una pátina de realismo, un poco como pasaba con "Todos dicen I Love You" de Woody Allen, que lo aparta también de la perfección de aquellos musicales.

Y es que es cuando la historia deja de ser tan bucólica y se plantea el conflicto entre la realidad y los anhelos de sus protagonistas, la citada época dorada del musical deja de ser la referencia, y "La la land" se acerca más a las obras de Bob Fosse.  Al igual que en la obra de este hombre,  los números musicales pasan a ser fugas del subconsciente que representan los sentimientos/miedos más íntimos de los personajes. A partir de este momento es cuando la trama toma un tono menos optimista, y más, por decirlo alguna manera, introvertido. El espectáculo queda de lado:  las coreografías se hacen muchos menos vistosas o desaparecen, y las canciones tienen un trasfondo más triste.
Y así se mantiene la película hasta el momento final que es el que estas dos tendencias eclosionan para ofrecernos una bellísima secuencia optimista que no lo es, ya que lo que nos narra no es lo que realmente sucedió, sino como hubiera sido si todo hubiera sido tan perfecto como en, efectivamente, los musicales del Hollywood. Así el realizador rinde pleitesía a los musicales pretéritos, pero le da un vuelco magistral para mostrar que todo tiene un coste en esta vida, y que nunca nada es tan perfecto como nos gustaría. Vuelco, que por una de esas casualidades cósmicas de la vida, ha tenido su reflejo en los resultados de los Oscars, con sorpresa delirante y sabor agridulce, como la película.

La labor de Chazelle como ya he ido comentando, es más que estimable, ya que logra amalgamar toda la tradición musical previa para a la vez darle su propia personalidad y relevancia. En cuanto al guión demuestra valor a la hora de ser capaz de corromper los cánones marcados y dejar de lado (un poco) el final feliz. Los números musicales funcionan bastante bien, sobre todo el primero (que queda inscrito desde ya en la historia del cine musical) y el último que funciona como espejo deformado de este. El hecho de que se trate de un musical no significa que se descuiden las secuencias no musicales, con momentos de comedia (la fiesta ochentera) y drama (la tensa discusión durante la cena) bastante bien resueltos. Además el realizador tiene el cuidado de seguir mostrando la importancia de la música en estas secuencias, salvandolas de ser meros ensambles entres las secuencias musicales. Quizás en lo que si que se podría haber esforzado más en la elaboración de las canciones, dignas en general y con alguna melodía destaca, pero incapaces de trascender más allá de la película, como pasa con los mejores musicales. O por lo menos con lo que más me gustan.

De cualquier manera una estupenda película, que sabe invocar a sus referentes sin caer en el mimetismo y agradar sin caer en la complacencia servil. No es poco.



domingo, 26 de febrero de 2017

Nuestra quiniela 2017



Como todos los año antes de los Oscars, los dos creadores de este blog, hacemos nuestra apuesta por los premios, con comida/cena como recompensa para aquel que más acierte. También es cierto cada vez vamos justos de tiempo, y como sigamos así, quizás el año que viene publiquemos nuestra apuesta después de la entrega... Pero bueno, nuestra vida da para lo que da. Allá vamos.

MEJOR PELÍCULA
"La La Land. La ciudad de las estrellas" (Gata con gafas y León)

MEJOR DIRECTOR
Damien Chazelle por "La La Land. La ciudad de las estrellas" (Gata con gafas y León)


MEJOR ACTRIZ
Emma Stone por "La La Land. La ciudad de las estrellas" (Gata con gafas)
Isabelle Huppert por "Elle" (León)

MEJOR ACTOR
Denzel Washington por "Fences" (Gata con gafas)
Cassey Affleck por "Manchester frente al mar" (León)

MEJOR ACTRIZ DE REPARTO
Viola Davis por "Fences" (Gata con gafas y León)

MEJOR ACTOR DE REPARTO
Mahershala Ali por "Moonlight" (Gata con gafas y León)

MEJOR PELICULA DE ANIMACIÓN
"Vaiana" (Gata con gafas)
"Kubo y las dos cuerdas mágicas" (León)

MEJOR GUIÓN ORIGINAL
Kenneth Lonergan por "Manchester frente al mar" (Gata con gafas y León)

MEJOR GUIÓN ADAPTADO
Barry Jenkins y Tarrel Alvin McCraney por "Moonlight" (Gata con gafas)
August Wilson por "Moonlight" (León)

MEJOR PELÍCULA DE HABLA NO INGLESA
"Tonni Erdman" por Alemania


ACTUALIZACIÓN 27/2/2017
Bueno, pues después de una ceremonia que ha dejado a todo el planeta con la boca abierta, con giro sorpresa digno de Shyamalan, es el momento de reconocer que...¡¡¡hemos empatado!!! Así que habrá que ir a comer/cenar y pagar a medias. Ahora solo nos falta ver "Moonlight" a ver si merece la pena.
Seguro que el año próximo la ceremonia no da tanto que hablar

miércoles, 15 de febrero de 2017

Almas fracturadas.


Tres adolescentes, Claire, Marcia y Cassey, son son raptadas tras la fiesta de cumpleaños de la primera de ellas por Kevin, un joven afectado por personalidad múltiple, por motivos desconocidos.

Mucho se está hablando de estos días de este película como la resurrección del ultimamente defenestrado Shyamalan, pregonando a los cuatro vientos que esta es su primera película que recupera el pulso desde "Señales" o, para los más radicales, incluso desde "El sexto sentido". Y si bien estoy de acuerdo que se trata de un trabajo estupendo, que seguramente vuelva a dar al realizador indio la posición de poder a la hora de levantar proyectos que tuvo a principio de este siglo, no estoy en absoluto de acuerdo con que haya estado tantos años perdidos. Si uno se libra de los prejuicios y de las modas que se dedica a aupar y a hundir realizadores de la manera más arbitraria, es bastante obvio que a excepción de la infumable "Airbender", todas sus películas tiene algo de interés. Quizás la peor sea "After Earth", a pesar de que el principal motivo de que no funcione es un error de casting flagrante, fruto del peor caso de nepotismo visto en el Hollywood reciente. Afortunadamente con su simpática "La visita" recuperó lo que mejor se le da: historias pequeñas, casi íntimas, basados en referentes populares (tebeos de superheroes, cuentos de hadas...) que les confieren una pátina fantástica, y que lo que que buscan en última instancia es reflexionar (con más o menos fortuna, siendo honestos) sobre temas universales: la incomunicación, la realización, la perdida de la Fé (religiosa o no), el miedo, la familia... Pues este "Múltiple" depura dicha fórmula para acercarse mucho a sus mejores trabajos.

Y eso que un tema como el de la personalidad múltiple tiene bastantes papeletas para caer en el ridículo, bien por una interpretación irrisoria del protagonista, o bien por una puesta en escena deficiente. Por suerte, tanto el protagonista y el realizador logran salir bastante airosos del desafio.

James McAvoy, que ya había demostrado en su carrera la capacidad de reflejar tanto candidez como perversión, ofrece aquí un tour de force que le permite salir airoso de papelones tales como travestirse de una sosias de la señora Rottenmeier o bailar breakdance desde la personalidad de un preadolescente. Si este papel hubiera caido en manos de un, por ejemplo, Jared Leto, seguro que estabamos ante una película muy distinta. Y peor.

Y luego está la estupenda (como casi siempre) puesta en escena de Shyamalan. Como en toda su carrera ,continua siendo un maestro a la hora de crear suspense (en la linea de sus maestros Hitchcock y Spielberg), con momentos como la modélica secuencia del rapto, que trabaja muy bien el punto de vista, o el climax  (y me trajo a la memoria "La mujer pantera", versión Torneur), tenso y clautrofóbico. También sigue siendo muy efectivo a la hora de crear encuadres que definan sus personajes. Hay algunos que saltan más a la vista, como esos planos que reflejan la espiral que asciende a la consulta de la psiquiatra, que quizás pequen de ser demasiado obvios. Pero hay otros aparentemente simples pero más efectivos, como el primer plano en el que aparece Cassey (dignamente defendida por Anna Taylor-Joy, aupada a grandes proyectos tras su intervención en "La bruja") que deja claro que se trata de alguién que se siente fuera de lugar en todo momento. O como mediante la mera distribución de las chicas en el encuadre en la habitación donde se encuentran retenidas, logra explicar tanto la relación que les une como la diferente actitud que tienen en su nueva situación. Y hay en esta película algo completamente nuevo en Shyamalan y es la carnalidad en el más amplio de los sentidos. En el sentido libidinoso del término, están las protagonistas adolescentes que van perdiendo ropa a lo largo de la película. Pero no se queda en el mero afán de enseñar carne tan típico del cine de terror, sino que el indio lo lleva un paso más allá. Dos de estas chicas, van perdiendo ropa
(sexy y a la última moda) conforme se van degradando y despersonalizando a los ojos de su captor, sellando su trágico destino. En el lado opuesto está la tercera de ellas, a la cual perder la ropa (oscura, holgada y un tanto ajada), es decir, al desprenderse de aquello que utiliza para ocultar lo que le avergüenza, logra la salvación. Y siguiendo con la carnalidad, sin entrar en detalles/spoilers es esta película de Shyamalan  más descarnada, y en la que el cuerpo y sus efluvios (cicatrices, sangre, visceras, orina...) juegan un papel más importante.


Sin embargo, en esta película Shyamalan sigue flaqueando en lo que casi siempre suponía el punto débil de sus películas: el guión. En este caso el problema es que el segundo acto se alarga demasiado, llegando un punto en el cual la película se atasca y el realizador no puede más que dar vueltas sobre el mismo tema. Si esta cinta hubiera tenido diez minutos menos (es la cinta más larga de su realizador...) el conjunto se hubiera visto favorecido. Eso sí, hay que reconocer que el libreto tiene por lo menos un apunte que le redime y es el poso melancólico que se va adueñando del relato: aquí el ya imprescindible twist shyamaliano, en lugar de desvelar un dato que haga replantearse todo el relato, ahonda en la tristeza inherente a la situación de los personajes principales, quedando la película casi como un estudio de víctimas de abusos. Todas ellas con un futuro bastante negro por delante además.

Si acaso "La visita" nos había dejado alguna duda, este "Multiple" confirma que Shyamalan no estaba muerto, sino de parranda. Ojala el éxito comercial que está teniendo le permite volver a levantar proyectos como los que cimentaron su fama. Y a la vista del alucinante cameo (yo solté un gritito en el cine) todo apunta a que puede haber retornos celebradísimos en el horizonte.


lunes, 30 de enero de 2017

Guerra en las galaxias.


Hace mucho tiempo, en una galaxia muy lejana, un comando de rebeldes robó los planos que mostraban el punto debil del arma definitiva del Imperio, la Estrella de la Muerte. Esta es su historia.

Y finalmente llegó el primero de los spin-offs del universo Star Wars (hagamos como que las películas de los ewoks nunca existieron...), que a buen seguro fueron el posible filón por el que Disney adquirió Lucasfilms. Y les ha salido la jugada redonda, a la vista de los excelentes resultados económicos obtenidos por este "Rogue One. Una historia de Star Wars". En el campo estrictamente cinematográfico, en cambio, aun les falta bastante para alcanzar las mejores cotas cinematográficas ofrecidas por la saga hasta este momento: "El imperio contrataca" y "La venganza de los Sith". Porque aun no siendo una mala película, la cinta sigue pecando de ese tono impersonal y algo inane que cada vez invade más las franquicias. Y si es que alguno recuerda lo que escribo por aquí (a mí mismo se me olvida en ocasiones...) quizás se alarme ante mi falta de coherencia, ya que hace unos meses defendí "Doctor Extraño" como ejemplo de buen cine impersonal. Y aunque quizás tengan razón, hay dos motivos por los que esa ausencia de personalidad no me parece perdonable aquí.

El primero de ellos es extracinematográfico, pero a mí me molesta un poco. Desde que Disney le pagó a Lucas aquel dineral por sus creaciones (con la noble intención de estrujarlo hasta la última gota...), no se han cansado de repetir que las posibilidades de este universo son infinitas en cuanto a tono y género, y que iban a exprimirlas al máximo. Además, en un ejercicio de audacia, para lograrlo iban a contratar siempre a distintos directores, todos ellos de cierta personalidad, para que les infundieran personalidades diferenciadas a sus propuestas. Sin embargo, a la vista de las injerencias por parte del estudio, y sobre todo,  de los resultados obtenidos por las dos películas vistas hasta ahora, se podían haber ahorrado esa supuesta diferenciación, y centrarse más en insuflar un poco más de imaginación y ritmo a esta reactivación de la saga galáctica por excelencia.

El segundo motivo es ya puramente cinematográfico. Siguiendo con la comparación con "Doctor Extraño", molesta que aquí no ocurra como en aquella, donde todo funcionaba como un mecanismo de relojería, con todos los componentes ajustados con un ritmo endiablado que no caía en ningún momento. La primera mitad de la película es bastante anodina y aburrida, y quizás solo el prologo se salve. La presentación de los personajes es un poco ramplona, y ninguno llega a tener auténtica identidad, más allá de lo que les puede aportar el carisma/buen hacer de interpretes como Diego Luna, Mads Mikelssen o Donnie Yen (mejor pasar por alto un despistadísimo Forest Whitaker, que parece que lleva un disfraz de cierto personaje de "Mad Max. Furia de la carretera"...). Además hay un cierto afán de darle complejidad a la historia, que lo que en realidad hace es que sea un tanto farragosa. Pero hay no acaba la cosa, ya que parece asustarles la posibilidad de que el público se pierda, y para evitarlo optan por una irritante sobreexplicación, tanto de lo ocurrido como de lo que va a ocurrir, sobre todo cierto personaje, que parece haber sido introducido, muy poco sutilmente,
para realizar esta función en la película. También resulta un tanto titubeante el tono de la cinta, que parece tener miedo de abrazar abiertamente un género cinematográfico, lo que no le beneficia en absoluto. Ese misma tibieza se puede aplicar a la aparición de personajes ya vistos en otras entregas de la saga con vistas a engarzar "Rogue One" dentro de la mitología existente. Hay veces en las que eso funciona (el cameo final, o la aparición de Jimmy Smith retomado a Bail Organa...) y otras en las que parece más un peaje  que otra cosa, como es el caso de cierta resurrección digital, que por reiterativa, pierde potencia; o la aparición de Darth Vader. Sobre esta última me gustaría decir que a pesar de que, para delirio de los fans se le dedica una de las mejores escenas de lucha que se han visto de este personaje, su aparición termina por ser bastante prescindible...

Sin embargo, a partir de la muerte de cierto personaje, la película gana en interés y mantiene el tipo hasta el final. Y es que es a partir de este momento es cuando la cinta abraza abiertamente el género bélico, lo que le confiere cierta tono propio dentro de el universo Star Wars y aumenta el interés. Es a partir de este momento cuando la cinta logra los mejores momentos, con una batalla final, a mi parecer muy superior a la que se vio en "El despertar de la fuerza". Aquí Gareth Edwards es capaz de mantener en equilibrio los múltiples platos que ha puesto a girar sin que ninguno llegue a romperse, logrando que funcione tanto la batalla a ras de suelo (con esa impagable imagen de AT-AT en lo que bien podría ser una isla del Pacífico), como la trifulca sideral. Es en este tramo de la película donde el equipo que se nos ha ido presentando torpemente se convierte en lo que tenían que haber sido desde el primer: una versión espacial de "Doce del patíbulo". Es además en este tramo cuando la película va  volviendose más sombría, para culminar en el plano final más melancólico de toda la saga. Porque esta película está presidida por un tono bastante fúnebre, sobre todo en su doblaje en español. Más allá del aciago destino de muchos personajes, que era algo bastante esperable, hay varios apuntes que, obviamente no estaban planeados, pero que hacen de esta película algo bastante más lúgubre de lo esperado. Hablo de detalles como el cameo de la malograda Carrie Fisher (rejuvenecida por la magia digital) o la ausencia de la voz del añorado Constantino Romero en la voz entrecortada de Darth Vader. Y también es justo reconocerle a Gareth Edwards, que a pesar de no lograr reinventar este universo como hizo J.J. Abrams con Star Trek (que no con la saga que hoy nos ocupa...) tiene chispazos de talento más alla de cumplir con funcionalidad el encargo. Y es que al igual que en sus irregulares pero interesantes trabajos previos "Monsters" y "Godzilla", el británico
tiene la capacidad de lograr siempre una o dos imágenes de una belleza siniestra que se quedan grabadas en la retina del espectador: hablo de momentos como los efectos del rayo de la Estrella de la Muerte vistos desde el punto de vista del planeta que lo sufre (toda una novedad en la saga), o ese bello plano de dos protagonistas abrazándose con una explosión de fondo.

Resumiendo: a pesar de que me parece una película bastante más satisfactorio que "El Despertar de la Fuerza" más le vale a Disney que se ponga las pilas con ese "The Last Jedi" para sacar las chispas que este universo puede tener, porque corren el riesgo de que el público se canse de esperar.