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lunes, 1 de junio de 2015

Carpocalypto


Tras un holocausto nuclear, Max Rocktansky, intenta sobrevivir en un mundo ultraviolento en el que el agua y el petroleo valen más que la sangre, atormentado por la muerta de su mujer y su hija. Tras ser raptado por los esbirros del sádico lider Immortan Joe, para ser usado como fuente de sangre para su ejercito de Medio vivos, Max se verá envuelto en la traición y plan de fuga de Imperator Furiosa, una de las conductoras de confianza de Joe.

Dentro del fenómeno actual de secuelas muy tardías que se nos viene encima, (a lo largo de este año también llegaran las nuevas entregas de "Jurassic Park" y "Star Wars") le ha tocado el turno a "Mad Max", la saga australiana que hizo de Mel Gibson una estrella y de George Miller un director puntero. Para los puristas de las clasificación no sé si esta película se trata de una secuela, un reboot o un remake. O todo eso junto. Y una vez vista la película bien, poco importa. Porque la podremos llamar de una manera u otra, pero de todas las formas seguiría siendo lo que es: una (muy) buena película.
Más de 30 años después de su última incursión en el mundo de Mad Max, Miller regresa al terreno postapocalíptico del que fue practicamente fundador (esta saga se adelantó a "Terminator", "Matrix", "12 Monos" y demás). Y lo hace con una seguridad en si mismo aplastante. Porque en lugar de dedicarse a enrevesar la trama (como venía a ser el caso de la interesante pero fallida "Prometheus"...), para revestir la película de importancia, opta por la trama más simple que uno pueda concebir, que le sirve como base para sustentar una persecución de dos horas, que deviene en cine primigenio, en cuanto a lo que busca es capturar la intensidad del movimiento. Vamos que entre esta película y "Asalto y robo de un tren" median 112 años, pero estan muy cerca en espíritu la una de la otra.

Porque esta película, sin alcanzar las cotas de excelencia de esa obra maestra que es "Apocalypto" (dirigida por ¡¡sorpresa!! Mel Gibson) bien podía verse en otro idioma y sin diálogos, y seguiría funcionando igual de bien. Y es que los personajes van construyendose a medida que los vemos actuar, (o más bien perseguir y ser perseguidos), sin necesidad de diálogos explicativos, ni flashbacks ni truquitos de cineastas perezosos. Pero claro, para que esta tipo de narrativa funcione, necesita realizadores que huyan de lo rutinario... Afortunadamente, Miller demuestra que a sus 70 años sigue manteniendo el vigor de siempre (y sino, que alguien revise las estupendas "El aceite de la vida", "Babe el cerdito valiente" o "Happy feet") demostrando un energía e inventiva que ya quisieran para sí muchos realizadores 40 años más jóvenes.

Toda la película esta rodada con una fisicidad que casi escuece, pero a la vez con un gran sentido del fantástico. Aunque la ambientación y la trama remiten más al western que a otro género, curiosamente, la manera que tiene Miller de rodar los coches y camiones, los acerca más fragatas que a carruajes tirados por caballos, dándole un punto surrealista a todo el conjunto. Esos arpones para abordar los coches en las persecuciones, los perseguidores colgados de los mástiles y saltando de un vehículo a otro a través de pértigas y cuerdas, como si se tratara de "El temible burlón" o "El capitán Blood". Y que decir del guitarrista, que parece sacado del más
enloquecido tebeo de la mítica "Metal Hurlant", y que viene a ser una mezcla entre Marilyn Manson y un actor de Cirque du Soleil, que se pasa toda la película a lomos de un camión lleno de altavoces, con el objetivo de arengar a las tropas, y cuyos riffs de guitarra se integran en la potente banda sonora a cargo de Junkie XL. Impagable. Pero es que además de estos detalles delirantes, hay como comenta unas lineas más arriba, momentos de una belleza arrebatadora, como la secuencia de la tormenta de arena, o el periplo en la zona pantanosa, fotografiado casi de manera continua de noche y en melancólicos colores azules.

A pesar de que la mayoría de la violencia que se ve no sea persona a persona, sino vehículo contra vehículo, la manera que tiene de rodar las colisiones entre estos hace que se sientan como seres vivos, hechos de huesos metálicos y gasolina en lugar de sangre. A este respecto, el de la humanización de las maquinas y la mecanización de las personas, hay apuntes estupendos, como la imagen del camión que chorrea la leche materna con la que pretenden hacer comercio, o la droga que Inmortan Joe (personaje interpretado por el actor
que daba vida al Cortadedos en "Mad Max 2", lo que puede ser visto como un guiño o como un enlace con las películas previas...) reparte entre sus acólitos cuando desea que se inmolen para él, una especie de anfetamina que se aplican en forma de spray plateado en la boca, con el objetivo de llegar al Valhalla como cromados. Pero sin hilar tan fino, el mismo Inmortan Joe puede ser visto como una fusión hombre-coche, con esa secuencias en las que se ven como le maquillan las cicatrices/le pintan las rayaduras; le colocan un armadura/le montan la carroceria; le conectan a un sistema de ventilación/le encienden el motor...



Sin embargo, lo que ofrece la película no queda solo en esa emoción visceral que genera y en un puñado de imágenes bellas, sino que arroja unas cuantas reflexiones a cerca del consumismo, la política y la sobreexplotación de la naturaleza actuales (que no son nuevas en la saga), para acabar convirtiendose en el mayor alegato feminista visto en años en la pantalla. Porque si algo reivindica la película, que refleja ese mundo ultraviolento y poblado por hombres, es el papel de la figura femenina como generadora de vida, luchadora y redentora de la Humanidad. No me extenderé en ello para no arruinar la película a aquellos que no la hayan visto, pero una vez vista, es algo bastante obvio y a aplaudir.

Y sería injusto hablar de "Mad Max. Furia en la carretera", sin comentar el excelente trabajo de sus dos protagonistas. Y es que aunque esta no sea lo que se suele calificar como (aunque a mí no me guste nada semejante apelativo) "película de actores", sin ellos, la cosa no funcionaría desde luego igual de bien. Por un lado Tom Hardy, poco tiempo de haberse pasado una película encerrado en un coche en marcha, se lanza de nuevo a la carretera y hace que uno no añore en ningún momento a Mel Gibson. Y por otro esta Charlize Theron, tan bien como  es habitual en ella, pero que además, con su ya icónica labor como la aguerrida conductora Imperator Furiosa pasa a ya a formar parte del Olimpo de personajes femeninos del fantástico, a la altura de la Ellen Ripley o Sarah Connor.


Una película que merece mucho la pena y que tiene ya asegurada la categoría de culto. Esperemos que el buen funcionamiento a nivel de crítica y público nos traiga esa prometida continuación.