Moises es criado como primo de Ramses, el futuro faraón, que se sirve del pueblo judio esclavizado para levantar sus pirámides y templos. El día que Moises descubra que en realidad es judio, su vida cambiará y se erigirá como libertador del pueblo oprimido.
Ridley Scott es actualmente un saco de arena a nivel de la cinefilia. Esta de moda lincharle. Y no es justo, porque quitando "Alien", en el siglo XXI ha realizado lo mejor de su obra. Desde su resurrección con "Gladiator" (que está bien, pero que a mí me parece que no es para tanto...) viene realizando algunas de las mejores películas de su carrera entre las que destacan dos películas que no tiene mucha prédica, pero que a mí me fascinan: "Hannibal", una rareza audaz, perversa y divertida, capaz de separarse de la sombra de su predecesora e incluso superarla; y
"El consejero" una grandísima muestra de cine negro y la mejor representación cinematográfica de la obra del genial Cormac McCarthy. Y esto se debe, sobre todo, a que con los años se ha depurado mucho como narrador. Sus películas no son redondas, pero dentro de que se tratan de productos de estudio, (casi) siempre consigue extraer de ellas ideas interesantes. "Exodus: Dioses y Reyes", digamoslo ya, no es uno de sus mejores trabajos, pero aun así tiene sus puntos de interés.
La primera mitad resulta un tanto aburrida. Como la historia ha sido mil veces vista y no se le aporta nada nuevo, la cosa se vuelve bastante cansina. Lo único que hay son personajes bastante planos que no consiguen hacer novedosas situaciones que oscilan entre lo predecible y lo farragoso. El director intenta introducir ideas repescadas de "Gladiator", como las batallas, o de manera más obvia, la rivalidad entre Moises y Ramses, que en ningún momento alcanza la tensión pretendida. De esto tiene tanta culpa Scott como sus guionistas, que no han sabido insuflarle interés ni, por ejemplo, aprovechar cosas como las implicaciones políticas que podía tener la historia y sus paralelismos con la situación acutal. Todo esto queda desaprovechado al centrarse por completo esta parte en el personaje de Moisés, protagonista absoluto, que es presentado de manera bastante tópica.

La segunda mitad se torna en cambio más interesante, no porque se desate el espectáculo (de hecho el momento más cargado de FX digitales, el de los cocodrilos, es el que más chirría...), sino por el acercamiento que hace a las situaciones más fantásticas, que es totalmente agnóstico. Al contrario que lo que pasaba con
"Noé" en la que Aranofsky, también desde una postura agnóstica, llevaba al limite la vertiente fantástica que permiten las historias bíblicas, optando por incluir hasta gigantes de roca, Scott hace lo opuesto. Se cuestionan en todo momento el componente divino de los hechos más inexplicables que vemos en la película.
La secuencia de la separación de las aguas lo muestra bastante claro. Al contrario que las representaciones más celebres de este episodio, en la que se le concede a Moisés la capacidad de manejar las aguas practicamente a su antojo, aquí se opta por una representación bastante distinta. El agua no queda como suspendida por un muro invisible, sino que se produce una bajada progresiva de su nivel, pero sin llegar a desaparecer por completo: no se trata de un simple paseo, sino que los judios tienen que mojarse al atraversalo. Y además al final Moises es engullido por las aguas. Sobrevive, pero se pega una buena aguadilla. ¿Se trata realmente de una acción de los dioses? ¿O hay una causa científica?
Pero la mejor la secuencia en este aspecto es la plaga que acaba con los primogénitos, resuelta con una sencillez y una eficacia aplastantes. Es de agradecer que a pesar de haber contado con todos los
medios posibles, Scott haya optado por una visión mucho más sencilla y
elegante, pero que ademas, llena de detalles inquietantes como esas luces que
se van apagando.
Y para rematar toda esta vision tan descreida de la religión
está la representación que hace de Dios, que es mostrado como ¡¡¡un niño
enrabietado y rencoroso!!! Además unicamente se aparece a Moises cuando este se
encuentra solo, y siempre que les observa alguien en la distancia, el profeta
aparece hablando solo.

Todo esto hace que la película, con todos sus fallos,
achacables sobre todo a la primera mitad, termine resultando simpática.
Principalmente por su valentía, que lejos de complacer al espectador de
blockbuster en general y a las poderosas masas religiosas del "Cinturón de
la Biblia" de EE.UU., ofrece una película un tanto incomoda, dentro de
los márgenes de una superproducción, por supuesto. Y también por el buen hacer artesano de
Scott, que ha dejado ya atrás aquellos excesos visuales, que a veces
funcionaban, pero que otras veces empachaban.
Una película fallida, que debería haber durado menos y que (y si alguien se toma la molestia de leerme con asiduidad, sabrá que no me gusta hacer predicciones...) casi seguro naufragará en la taquilla de USA, pero que quedará como una visión
curiosa de la historia de Moisés.