Ivan Locke es un capataz de obra en Inglaterra que se encuentra ante los momentos más difíciles de su vida personal y profesional. En el lado profesional, dirigir la mayor descarga de hormigón realizada nunca en Europa. Y en lo personal, hacerle saber a su mujer y sus hijos que va a tener un hijo, fruto de una infidelidad esporádica. Todo esto lo intentará resolver desde su coche mediante conversaciones telefónicas, mientras conduce para asistir al nacimiento de su nuevo hijo.
Esta película me intrigó al verla nombrada en algunas listas de lo mejor del año, ya que creo que a mi ciudad no llegó, ni oí sobre ella en su día. Y como Tom Hardy me parece un gran actor, pues ha acabado cayendo. Y aunque no creo que la incluya en mi lista de lo mejor de 2014 (que se está cocinando a falta de ver algunas películas que se me escaparon...) tengo que reconocer que me ha parecido una propuesta interesante.

Sin embargo, una gran interpretación no es solo lo que salva la película, y es que la labor del director y guionista, Stephen Knight, del que solo conocía su libreto para la estupenda "Promesas del Este", no desmerece. Los diálogos son creíbles y están ajustados, y la realización logra sortear la monotonía componiendo planos bastante originales, y dejando que en ocasiones sean exclusivamente la iluminación y la música las que hacen avanzar la historia. Lo de luz es lo que más me ha llamado la atención, logrando que esas luces amarillas de las farolas de la autopista definan a la perfección la soledad y melancolía que está sintiendo el protagonista.
Una película pequeña en concepcion e intenciones, pero no por ello hay que dejarla pasar. No es justo quejarse de la escasa originalidad del cine actual, y abandonar a su suerte cosas interesantes como esta.