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domingo, 18 de octubre de 2015

Involución


En un pueblo de Minnesota en 1990 una joven denuncia haber sido violada por su padre en el contexto de ceremonias de corte satánico. La investigación que llevará a cabo el policía Bruce Kenner destapara una supuesta trama con todo tipo de implicaciones.

Una de las películas más esperadas por el público era el regreso de Amenabar al cine tras seis años de ausencia. El realizador chileno ha optado en este caso por el  thriller, género al que pertenece la que a día de hoy me sigue pareciendo su mejor y más honesta película, "Tesis". Puede ser que tras los palos que se llevó "Agora", (cinta que a día de hoy aun no he sacado valor para ver después de ese espanto que fue "Mar adentro"...), haya decidido jugar sobre seguro y volver al género con el que se hizo un nombre en el cine español allá por los fecundos 90 del siglo pasado. Una maniobra comprensible y respetable, muchas veces vista a lo largo de la historia del cine, siendo uno de las últimos casos el de Shyamalan y su (afortunada) "La visita". Hasta aquí ningún problema en si mismo. El problema es que, como si la "Regresión" del título se hubiera apoderado del director, el resultado ha sido un ejemplo bastante rutinario de lo que también en los 90 se dio en llamar thriller psicológico, género que aunque aun nos hace pasar muy buenos ratos, dio también para auténticas castañas. Para entendernos: esta película es mucho más afín a "Las dos caras de la verdad" o "Jaque al asesino" que a "El silencio de los corderos" o "Seven".

Porque la película tiene dos problemas bien gordos.
Uno de ellos es el guión. La trama sin ser nada del otro mundo, no está mal del todo, teniendo cierto potencial, tanto de generar intriga, como de ofrecer un estudio sobre el miedo que Amenabar aspira (sin éxito) a realizar. Cierto que es que a partir de la mitad de la película se vuelve muy predecible con las pistas que el realizador y guionista va entregando, pero eso tampoco tiene porque ser malo: hay está "Vertigo", que desvela el secreto a mitad del metraje y hace de ello una grandísima virtud. De hecho hay alguna buena idea, como la representación del conflicto entre fe y ciencia, representados respectivamente por el párroco y el psicólogo, ambos empeñados en manipular los hechos de tal manera que beneficie a su religión o a su ciencia, haciendo oídos sordos a las evidencias que desarman la actitud tanto de uno como de otro. A mí lo que me sacó mucho de la historia fueron los diálogos. Como dijo la Gata con gafas cuando salimos del  cine, son como de estudiante de cine. De estudiante de cine mediocre además. Son totalmente irreales, forzados y bastante tontos además, en plan "¿De verdad me estás diciendo que crees que el no es culpable a pesar de todas las pruebas que hemos recogido?" y así. Uno no sabe si semejante desbarajuste se debe a la ausencia del habitual Mateo Gil como coguionista, o a que no ha querido esforzarse más.
Si bien es justo reconocer que a pesar de que aquí ejerce como pésimo dialoguista, la labor de Amenabar tras las cámaras, sin ser nada extraordinario, sigue siendo digna, porque podrá gustar o no este realizador, pero es innegable que sabe rodar. Ajustada a lo que quiere contar y a la ambigüedad que quiere que presida el relato, la realización tiene incluso algún momento brillante, como la visita al granero del policía incorporado por Ethan Hawke mientras escucha el relato que hace una victima de los hechos. Esta secuencia, además de ser la más desasogante de la película, viene a ser la condensación perfecta de todo el relato: es el único momento que demuestra el poder que tiene la narración y la sugestión sobre nuestras vivencias y nuestra percepción.
Y después de reconocer al Cesar lo que es del Cesar, queda el fallo que más condiciona la película, y es el poco acertado reparto. A pesar de que Ethan Hawke cumple de manera más que aceptable con su papel de policía, dos de los personajes más importantes de la trama quedan completamente deslucidos por la labor de sus interpretes. El primero es el psicologo al que da vida David Thewlis, que no solo resulta antipático (esto puede ser la intención de su director...), sino también plano y escasamente creible: más que un psicologo, lo que vemos en la película parece un actor interpretando a un
psicologo... Pero esto podría haberse llegado a aceptar si el personaje sobre el que se sustenta la película, no estuviera tan nefastamente interpretado por Emma Watson. Ella sola se basta y se sobra para hundir todas y cada una de las escenas en las que aparece: no resulta digna de pena cuando debería serlo ni ambigua cuando la historia lo requiere. Y lo que es peor, se le ve el plumero desde el principio a su personaje, desarticulando así toda la efectividad que podría tener la trama. Sé que las comparaciones son odiosas, pero tengo que reconocer que no podía evitar pensar en como Rosemund Pike interpretaba un personaje parecido en la magistral "Perdida", quedando su interpretación a años luz de la paupérrima labor que ofrece la ya crecida Hermione...


Amenabar ha vuelto al thriller, pero a pesar de que no entrega su peor trabajo, no alcanza el nivel de su opera prima y termina por dejar al espectador insatisfecho. Ojala siga haciendolos, pero de mejor manera. Esta claro que puede.