El otro día por fin vi (por medios alternativos, ya que nadie
ha querido estrenarla en mi ciudad…) una de las películas más polémicas y que más pasiones y odios despertó el pasado
año “Holy Motors” de Leos Carax.
La película nos narra un día en la vida de un hombre Dennis
Lavant, que se dedica a moverse por París en su limusina, que también hace las
veces de camerino, e ir adoptando las personalidades más dispares: de vagabunda
rumana a anciano moribundo, pasando por padre de adolescente rebelde y héroe trágico
de un musical.
A pesar de lo la enrevesada manera de contarla y la poco
coherencia (aparente) de la historia, como se puede ver, si se valora en
profundidad (o superficialmente, según se mire…), es bastante sencilla. Esto no
quita para que haya bastantes escenas que nos dejen bastante descolocados,
principalmente por la ruptura de tono que representa con lo visto
inmediatamente antes. Y claro, esto ha hecho, como pasa con todas las obras que
son tan crípticas como esta, que se disparen las interpretaciones y teorías
sobre de que va realmente la película: que si reflexión sobre el cine y sus
géneros; una retrospectiva sobre el
oficio de actor; una consideración sobre
los diferentes papeles que nos toca jugar a lo largo la vida. Bueno, pues en mi
opinión (no voy a ser yo menos que tantos otros…), lo que más llama la atención
es la disertación que hace sobre la
necesidad que tenemos de antagonistas (que actúan como revulsivos/fuerzas
motoras/“Holy Motors”) en determinadas situaciones para evolucionar y madurar,
o simplemente, para que hagamos lo que se espera de nosotros.
De todos modos el
que se quiera calentar más la cabeza, seguro que encuentra más interpretaciones
aún. Lo que pasa, es que el hacer obras tan crípticas y polisémicas, tiene un
problema, y es que también pueden esconder la nada más absoluta y confiar en
las masturbaciones mentales de público y crítica. Y yo considero eso un pelín
rastrero en esta y en cualquier
expresión artística, ya que el creador parece exigir un determinado nivel cultural
para disfrutar de su obra, algo que si bien es una opción lícita (a fin de
cuentas, el es el creador y puede hacer lo que quiera), a mí personalmente, es una opción que en ocasiones me echa un poco
para atrás. Y más cuando como esta presenta extravagancias cuyo único objetivo parece ser el de descolocar al espectador y demostrar lo rara y especial que es ¿a que viene sino el que la familia de uno de los personajes sean unos monos? ¿O que cierto personaje se cambie de peinado para quitarse la vida? Alguien me podrá rebatir esto y darme explicaciones (tengo que reconocer que yo mismo lo he hecho en otras ocasiones con otras películas...) pero para mi quedan en salidas de tono bastante huecas.



En fin, que la película no es la obra despreciable, pero dista bastante de ser la obra maestra que algunos claman por ahí. Es una película interesante pero que por momentos resulta un poco exasperante y a veces incluso aburrida, que, a mi entender, se habría beneficiado de un desarrollo algo menos extravagante. Os dejo el trailer:
Como post-data, os dejo con un videoclip de Animal Collective, un grupo que me venía a la mente al pensar en esta película. Al igual que "Holy Motors", son capaces de crear canciones emotivas y rompedoras, pero igualmente pueden dar lugar a auténticos plomazos que te hacen pensar ¿No se estarán quedando conmigo...? Os dejo con una canción de las del primer tipo, "Fireworks".