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miércoles, 24 de diciembre de 2014

Cuando más es menos...


El dragón Smaug se cierne sobre la Ciudad del Lago, mientras Bilbo y la compañía de los enanos se atrincheran en la Montaña Solitaria, con el rey Thorin cegado por la ambición del oro y dispuesto a cualquier cosas para defender su fortuna. Todo esto desembocará en la Batalla de los Cinco Ejércitos.

Pues como todo acaba en esta vida, la forzadísima trilogía que para saquearnos los bolsillos se ha inventado Peter Jackson a partir del humilde "El Hobbit", llega (¡¡por fín!!) a su fin con este "El Hobbit: La Batalla de los Cinco Ejércitos". Y la sensación que deja es amarga, porque uno albergaba ciertas esperanzas tras la mejoría que supuso la estimable "La desolación de Smaug"...

Si en la anterior entrega Jackson consiguió que los personajes, más allá de Bilbo, le importaran al espectador, aquí el neozelandés, lastrado por el coitus interruptus en el que acabo la anterior entrega, no consigue emocionar tanto como debería. Ya de primeras, ese inicio en marcha no favorece en nada a la película. Por mucho que el espectador actual este acostumbrado a la serialización y a seguir historias de temporada a temporada televisiva, es imposible lograr que el enfrentamiento con Smaug resulte tan emocionante como debería. Y es que hay que tener en cuenta que ha pasado un año desde que se vio al monstruo abandonando la Montaña Solitaria, y eso supone hacer un ejercicio de recuperación, que exige un tiempo, y el realizador no nos lo da. No deja de resultar paradójico que, tras haber alargado la saga hasta la extenuación, ahora Jackson pise el acelerador en exceso, uno no sabe si confiado en que el fan de la saga no se va a perder nunca, o si es un cierto egocentrismo lo que le mueve a pensar que las anteriores películas van a ser rememoradas de manera milimétrica por el espectador... Pero lo que más rabia da, aparte de haber pagado tres veces por algo que como mucho merecía dos, es que Jackson se muestra aquí perezoso, ya que la manera que tiene de resolver el enfrentamiento en una secuencia precréditos como estrategia para poner a la platea a tono, a la Bond, le funcionó muy bien en "La comunidad del anillo" o "El retorno del Rey", pero aquí no genera más que desconcierto. Sobre todo porque resulta un poco absurdo que algo que se anticipó tanto en la película anterior quede resuelto de manera tan ligera...
Después de eso, la cosa remonta en ocasiones, para volverse aburrida en otras. La parte de la trama que involucra a Bardo como líder de los humanos, carece de la emoción ansiada, quedando como un intento fallido de insuflar épica en la cinta, y se podría haber acortado sin que la película se hubiera resentido mucho. El papel que juegan los elfos en la cinta tampoco es que sea para tirar cohetes, más allá de las acrobacias de Legolas y de lo bien que le sientan las extensiones a Evangeline Lilly. Y Gandalf también queda un tanto deslucido, y si algo le salva es la labor del siempre excelente Ian McKellen.
Pero, afortunadamente no todo es decepcionante. Cada vez que Bilbo aparece en pantalla, la cosa remonta mucho, en parte gracias a que sus secuencias son las que estaban en el original literario y no las que Jackson se ha inventado para estrujar más la cartera del espectador, y en parte por la genial labor de Martin Freeman como Bilbo. Estos momentos si que trasmiten la aventura, la épica y la emoción que todos buscamos cuando vamos a ver estas películas. La dirección artística esta bien (si nos olvidamos de algunos maquillajes que cantan a la legua...), aunque tampoco descubre mucho que no hayamos visto en las dos películas previas. Eso sí, deja una imagen para el recuerdo: el comandante de los ejércitos de enanos dirigiendo a las tropas a lomos de ¡¡¡¡un lechón!!!! Y hay que reconocer que las batallas están bastante bien contadas: se siguen bien y presentan la espectacularidad esperada. Aunque también a consecuencia de haber estirado demasiado la cosa y del afán de repetir lo que funcionó en la anterior trilogía, en algún momento cae en el ridículo, como el instante en el que los enanos  fortificados se incorporan a la batalla. Cuando esto pasaba en "El retorno del Rey" la secuencia era impactante, porque llegaba Aragorn rodeado de miles de fantasmas; aquí se suman 13 enanos a una batalla en al que hay decenas de miles de personas ¡Y Jackson lo rueda igual, como si 13 guerrenos fueran a cambiar el destino de la batalla! Para haberse matado...
Y sí, piqué y la vi en 3D HFR. Y me reitero en lo que dije en su día: mejora mucho la experiencia del 3D, pero destruye el trabajo de fotografía, al rodarse con la misma iluminación para los dos formatos, 24 FPS y 48 FPS. Hasta el día en que se ruede una película exclusivamente destinada a este sistema no vamos a poder experimentar sus posibilidades al máximo. Y sigo creyendo que si películas como "Gravity" hubieran sido rodadas en este formato, se hubieran visto beneficiadas.
Con esto ya se acaba para siempre el periplo (alargadísimo) por la Tierra Media. Es mejor que "El Hobbit: Un viaje inesperado", pero peor que "El Hobbit: La desolación de Smaug". Si Jackson hubiera terminado la primera película cuando llegan a la Montaña Solitaria, y hubiera dejado el resto en una segunda película, daría mucha más pena saber que no se va a encontrar una película basada en Tolkien la próxima Navidad.




Para acabar, una pregunta ¿Si primero hubieran rodado este libro, en tres películas de tres horas, hubieramos visto "El señor de los anillos" llevado a la pantalla? Yo creo que no.



¡¡¡FELIZ NAVIDAD A TODOS!!!

jueves, 26 de diciembre de 2013

Un viaje hacia alguna parte


Retomando a Bilbo con su recién adquirido anillo, continuamos el viaje de los enanos y Gandalf decididos a vencer a Smaug y recuperar el tesoro bajo la montaña de sus antepasados.

Menos mal que en este "El hobbit: La desolación de Smaug" el señor Peter Jackson se ha dignado a contarnos cosas, porque después de la timada que fue la presentación de esta forzada trilogía, uno fue al cine empujado por afán completista más que otra cosa, pero esperandose lo peor. Vale que la primera fue una timada con algún momento para enmarcar, como el juego de las adivinanzas entre Smeagol y Bilbo, pero timada a fin de cuentas.




Este película deja claro que lo que se nos contó en la primera podía haberse resumido tranquilamente en una hora y haber cometido en este trilogía en un díptico de tres horas cada uno... Pero bueno, lo hecho, hecho está, así que mejor nos olvidamos de pecados pasados y disfrutamos de esta entretenida película.

Lo mejor de la película es que pasan bastantes cosas, y aunque en ocasiones hay cosas que si se sienten algo estiradas, lo que se nos cuenta tiene razón de ser, y no son meras secuencias de videojuego para distraer a la platea durante dos horas y media. Las secuencias de acción resultan más emocionantes porque queremos que los personajes superen esa dificultad, no porque haya unos movimientos de cámara enrevesados y unos monstruos muy vistosos. Lo que no quita para que las secuencias de acción estén muy bien rodadas, y que Jackson haya tenido el buen ojo de darles un tono más aventurero y menos tétrico que las de la otra trilogía, lo que es coherente con el tono más distendido de esta novela. En este aspecto son modélicos la emocionante y divertida huida de la ciudad de los elfos, y como no, el inicio del enfrentamiento con Smaug. Me gustó mucho la secuencia y la manera en la que se muestra la manera de luchar de los enanos, más basada en la inteligencia que en la pericia con la espada. Por supuesto que queda pendiente de ver la culminación en la próxima película, pero desde luego que ha empezado de manera notable.

Los personajes están más trabajados. Si en la primera los enanos se convertían en monigotes practicamente intercambiables unos con otros, en esta todos acaban con una personalidad definida, lo que hace que el espectador se interesa más por lo que les pase a todos, incluido los desvelos amorosos con el elfico-enanísticos. Y Jackson muestra que cuando quiere es un director capaz de crear imágenes fascinantes sin necesidad de inflarlo todo de efectos digitales, como esas monedas de plata que caen de la panza del dragón anunciando su presencia. El que tuvo retuvo.


Lo que acabo de comentar no quita para reconocer que los efectos especiales son bastante espectaculares, y lo han dado todo con Smaug, logrando que el personaje funcione más que bien. Es una pena que en mi ciudad no estrenen en V.O.S. (bueno, ni tampoco en 48fps...) para poder disfrutar de la fascinante voz del mejor Sherlock Holmes que nunca ha habido, Bennedith Cumberbatch. Por cierto, su amigo Watson está también muy bien en esta película, como es habitual en él. El actor que si está bastante mal es Orlando Bloom. Mucho peor que en sus anteriores interpretaciones como Legolas. No sé si es por que ya sabemos lo mal actor que es (le hemos visto echar a perder cosas como la interesante "El reino de los cielos"), o por que al haberlo introducido un poco con calzador, le falta fuste al personaje.

En el balance negativo de la película está, ademas de los (escasos) estiramientos forzados, toda la trama relativa a Gandalf, que se hace un poco pesada y se siente un poco forzada para enlazar esta saga de películas con la trilogía del anillo. Pero bueno, aun así no desluce demasiado el conjunto.

Recapitulando, una película que mejora la anterior película y que me ha convencido para pasar por caja el próximo mes de diciembre. Esperemos que esta entrega no haya sido un espejismo y la saga siga esta tendencia ascendente.


domingo, 23 de diciembre de 2012

Un viaje estirado


El otro día estrenaron "El hobbit: Una viaje inesperado" y había que ir a verla. En primer lugar, porque a pesar de no ser un fan de la fantasía heroica y la épica, hay que reconocer que la trilogía original estuvo muy bien y ocupa un más que merecido lugar en la historia del cine. Y luego estaba el tan comentado tema de estar rodada a 48 fotogramas por segundo, técnica con la que Peter Jackson pretende revolucionar el cine.

Para empezar hablaré un poco de la película en sí misma. Como casi todo el mundo sabe ya esta cinta es la primera de las tres partes en las que se ha adaptado "El hobbit", novela de J.R.R. Tolkien con la que iniciaba el universo de la Tierra Media, y en la que presentaba personajes y situaciones que luego desarrollaría en su obra magna, "El señor de los anillos". Y aquí está el primer problema: que se ha estirado demasiado la trama. Si en el caso de la trilogía original era lógico hacerlo así dada la magnitud de la obra original (más de 1000 paginas), en este caso no tiene razón de ser, ya que la novela ronda las 300 y para sacar de ahí tres películas de dos horas y medía, hay que estirar mucho la cosa. Y claro, el conjunto se resiente.
La película tiene importantes altibajos de ritmo, ya que hay secuencias que han sido alargadas hasta lograr que el espectador (o por lo menos yo), se desentienda. Sirva como ejemplo la secuencia en la que los trece enanos llegan a casa de Bilbo Bolsón: se hace eterna y además, no logra su propósito, que es el de presentar a cada enano de manera tal que quede definida su personalidad para el resto de la historia. Bueno, pues desde aquí reto a alguien a que recuerde el nombre de más de dos enanos una vez acabada la proyección. Media hora de película derrochada. Otro momento que se hace pesado es el concilio en Rivendel: por más que quieran evocar la maravillosa secuencia en la que se constituía la Comunidad del Anillo en la primera de las películas de la saga, no lo logran ni por asomo, con unos diálogos bastante tontos y enrevesados, que son tan liosos que tienen que volver a ser explicados mediante una conversación telepática entre dos de los personajes. Un pena.
Algunos han criticado el tono del relato por ser demasiado infantil. Para mi eso no supuso ningún problema. Aunque lo leí hace un montón de años, el tono de "El hobbit", es bastante más distendido que el de "El señor de los anillos", que puede resultar más plomizo (yo tengo que reconocer que no pude pasar del primer libro...). Bueno, pues ese tono más infantil se mantiene en "El hobbit: Un viaje inesperado": hay chistes escatológicos para niños y hasta canciones (que ya estaban en la novela) y ambos resultan bastante simpáticos. De hecho, la mejor secuencia es  una de las (a primera vista) más infantiles: el juego de adivinanzas entre Bilbo y Smeagol (para mí, el mejor personaje de toda la saga), que consigue resultar divertida a la par que tensa. Además hay que tener en cuenta que esta historia transcurre 60 años que "El señor de los anillos", y por tanto se trata de un mundo más luminoso que el que encontraremos más tarde.
Más allá de las adivinanzas, hay secuencias estupendas, como el prólogo que explica la conquista de la montaña por parte del dragón Smaug, en la cual, al solo ver partes aisladas de la bestia (una pata, un ojo, el morro) se aumenta su carácter legendario. O la secuencia en la que se inicia la narración de la historia en flashback y que enlaza con lo visto en las primeras secuencias de "La comunidad del anillo" de manera entrañable. O la espectacular aparición de los gigantes de piedra.
Otro de los aspectos en los que Peter Jackson demuestra no haber perdido el pulso es en las secuencias de acción, todas ellas bastante bien ejecutadas, aunque la manera que utilizan en ocasiones para resolver situaciones limite con intervención externa cuasi-divina puede resultar un poco molesta.



En cuanto a los actores, hay dos que destacan sobre el resto. El primero de ellos Martin Freeman, que interpreta un Bilbo Bolsón estupendo que logra hacer que funcionen secuencias que con otro seguramente hubieran sido infumables. Y el otro sería Ian McKellen, que con su habitual buen hacer, interprete a un Gandalf bastante alejado del que nos encontramos en la saga del anillo, es más joven, despreocupado y con más sentido del humor.




Y ahora los 48 fotogramas por segundo, o HFR, o 48 fps, o como más gusté. A pesar de que había leído por ahí que le daba un aspecto cutre, y que parecía televisiva o grabada con una cámara casera, me picaba bastante la curiosidad y me decidí a verla en este formato. Y la verdad es que fue una experiencia curiosa.
Empecemos por lo positivo, que lo hay y bastante. El 3D luce como nunca en este formato. Es el mejor 3D que se puede ver. Me parece que nadie puede discutir esto. Con 48 fps se logra una nitidez que nunca se había visto en formato tridimensional. La mayor velocidad de proyección hace que sea posible disfrutar del relieve de un modo inconcebible hasta ahora. Algunos dirán que ha habido 3D estupendos como "Tintin y el secreto del Unicornio", "La invención de Hugo", o "El asombroso Spiderman". Y bien cierto es que estas películas sacaban un partido narrativo (incluso  superior al que presenta "El hobbit") como ninguna otra lo ha hecho a este formato, pero de cara a ser disfrutado por el espectador, la nitidez del HFR es inigualable.
Pero no todo iba a ser positivo, y es que este aumento de la nitidez, hace que lo que vemos en pantalla resulte demasiado cristalino, tanto que parece menos "cine" que lo que estamos habituados.  Y esto llama aún más si cabe la atención en una película como esta, que evoca un universo fantástico, que además nos había sido presentado con una luz muy de cuento en las entregas previas de la saga.
Creo que los 48 fps pueden ser un avance, pero dudo que sea algo que se vaya a imponer como estandar, por lo menos a corto plazo. Quizás en un futuro, cuando se conozca más la técnica y los directores de fotografía estén más acostumbrados a ella, se pueda lograr que la ilumición en este formato vaya más allá del realismo.  Por eso, veo el HFR como una herramienta narrativa más con la que pueden contar los cineastas, y que puede ser estupenda en películas que busquen un look más realista, como por ejemplo podría ser una cinta de acción contemporanea, una de animación, o algo relacionado con la ciencia-ficción. Pero como me decía el otro día un amigo, no va a ser una cosa sencilla,  porque a pesar de que se ruede pensando en HFR, luego nunca va a ser exhibida solo en ese formato, lo que dificultara ver la película de manera adecuada...

En fín, que "El Hobbit: Un viaje inesperado" es una película de aventuras bastante disfrutable, a la que le hubiese sentado estupendamente durar media hora menos, pero de la que es fácil salir contento. Además se agradece volver a la Tierra Media después de tantos años, y sobre todo, reencontrarse con el pobre Smeagol, un personaje fascinante, capaz de ser repulsivo, tierno y peligroso a la vez. Y si se va a ver en 3D, mejor hacerlo en 48 fps. Es un salto importante.