Una mujer fascinada por los superheroes desde su infancia con problemas graves en su matrimonio. Una madre soltera que sufre el secuestro de su hija. Un banda criminal con tintes sectarios. Todos estas historias y personajes confluyen alrededor de Diamond Flash, un enigmático superheroe.
Después de quedar fascinado por la estupenda "Magical girl"no, había que recuperar el primer trabajo de Carlos Vermut "Diamond Flash". Y la experiencia ha sido interesante, pero desde luego, no tan satisfactoria como lo fue la visión de su segundo trabajo.
La primera película del realizador madrileño se embarca dentro de lo que se ha dado en llamar cine lo-fi y tiene todas sus señas de identidad: rodaje con cámaras no profesionales y predominio de planos estáticos; actores desconocidos y una narrativa muy fundamentada en los diálogos. Todo esto puede verse como una consecuencia del escaso presupuesto que seguramente manejó el realizador, pero dado que también se mantuvo, más depurado, eso sí, en su trabajo posterior, que ya contaba con menos apreturas presupuestarias, quizás se trate más de una seña de identidad y de una opción estética voluntaria.
Hasta aquí todo perfecto, ya que cuando veo una película nunca miro el presupuesto (de hecho la factura que presenta es más que aceptable...), sino lo que cuentan y como lo cuentan. El problema es que si ya en "Magical girl" había algunas caídas de ritmo a consecuencia de secuencias alargadas en excesos, y en el peor de los casos totalmente prescincidibles, en este "Diamond flash", este defecto se da en bastantes más ocasiones, demasiadas, y la película se resiente. Y es que esa deriva narrativa, en una trama como esta planteada con un estructura de historias cruzadas, es un problema aun mayor si cabe. Porque aunque Vermut sea un guionista imaginativo y un dialoguista más que aceptable, por momentos se deja llevar demasiado por las secuencias que está contando, prolongandolas muchísimo, y en otras incluye secuencias, cuyo único motivo parece ser que le gustan. Vease por ejemplo, la secuencia en el bar de cocteles, absolutamente prescindible y aburrida, o las conversaciones de la pareja de lesbianas, que necesitaban bastante tijera y perdón por el chiste fácil. Y mejor ni hablar del inserto de animación, que, por mucho que se pretenda audaz, no puede ser más insulso.
Y es una pena, porque la película en si tiene bastantes puntos de interés, porque ya en ella Vermut mostraba su interés por indagar en los abismos más oscuros del alma humana, y en sus deseos más secretos y vergonzantes. Pero en lugar de hacerlo mediante un drama, que sería lo esperable, lo hace, sorprendentemente a través de un relato con superheroes. Muy atípico, pero con superheroes a fin de cuentas. Y no deja de tener sentido, porque si sus películas tratan de las cosas que el ser humano mantiene escondidas bajo máscaras de normalidad, que mejor metáfora de ello, que el superheroe, un arquetipo que, por definición tiene una personalidad escindida entre su identidad pública y su vida secreta como justiciero enmascarado, y que en muchos casos vive al
límite de la moralidad y las leyes. Sin animo de querer destripar nada, es brillante la presentación que hace de la niña, hija de una mujer maltratada, y su obsesión con los superhéroes, y su evolución vital y personal ya en su edad adulta. Es en estos momentos, cuando más se acerca al cine de género (con obras maestras como "Watchmen", la película y el tebeo, y "El protegido" de Shyamalan como referentes), cuando la película se vuelve más interesantes. Aunque es justo reconocer también logra generar tensión más allá de estos momentos más de género, con secuencias tan poderosas como las que involucran a la madre de la niña desaparecida, perversa y potente.
Como decía al principio, una película curiosa, y con puntos de interés, sobre todo por servir de anticipo del trabajo venidero del director, pero que acaba siendo irregular y termina muy lastrada por esa deriva narrativa.

Y es una pena, porque la película en si tiene bastantes puntos de interés, porque ya en ella Vermut mostraba su interés por indagar en los abismos más oscuros del alma humana, y en sus deseos más secretos y vergonzantes. Pero en lugar de hacerlo mediante un drama, que sería lo esperable, lo hace, sorprendentemente a través de un relato con superheroes. Muy atípico, pero con superheroes a fin de cuentas. Y no deja de tener sentido, porque si sus películas tratan de las cosas que el ser humano mantiene escondidas bajo máscaras de normalidad, que mejor metáfora de ello, que el superheroe, un arquetipo que, por definición tiene una personalidad escindida entre su identidad pública y su vida secreta como justiciero enmascarado, y que en muchos casos vive al
límite de la moralidad y las leyes. Sin animo de querer destripar nada, es brillante la presentación que hace de la niña, hija de una mujer maltratada, y su obsesión con los superhéroes, y su evolución vital y personal ya en su edad adulta. Es en estos momentos, cuando más se acerca al cine de género (con obras maestras como "Watchmen", la película y el tebeo, y "El protegido" de Shyamalan como referentes), cuando la película se vuelve más interesantes. Aunque es justo reconocer también logra generar tensión más allá de estos momentos más de género, con secuencias tan poderosas como las que involucran a la madre de la niña desaparecida, perversa y potente.
Como decía al principio, una película curiosa, y con puntos de interés, sobre todo por servir de anticipo del trabajo venidero del director, pero que acaba siendo irregular y termina muy lastrada por esa deriva narrativa.