
Lo primero y más importante, es que mantiene lo que hizo a la primera película tan especial y es narrarla desde el punto de vista de los simios, y más concretamente, del de Cesar. Si no fuera así, estaríamos ante otra película postapocalíptica más. Los primeros 20 minutos son ejemplares a ese respecto, ya que el espectador asiste a un inicio que narra la vida diaria de los simios en el que se prescinde de los dialogos más allá del lenguaje de los signos. Y cuando aparece el ser humano, lo hace como un invasor. Pero es que en el final de la película, y esto no destripa nada, los humanos se apartan y la historia de Cesar sigue curso: por si quedaba alguna duda, los simios son aquí los protagonistas. Hay que quitarse el sombrero antes los responsables de la película, que han
tenido la valentia de no dar todo mascado, triturado y digerido, como viene siendo general en un blockbuster de este calibre. También es de agradecer que, lejos de hacer un espectáculo blanco, la historia tenga tintes políticos y sociales bastante pesimistas. Al plantear los dos bandos protagonistas como un reflejo el uno del otro, deja entrever una visión del individuo nada halagüeña, y que tristemente ha sido demostrada por la Historia una y otra vez: la tendencia a la violencia de la condición humana (y de la simiesca). Si bien siempre hay gente que intenta abogar por el diálogo y el entendimiento, papel que representarían el chimpancé Cesar (al que da vida Andy Serkis) y el humano Malcom (bien defendido por el actor Jason Clarke), los que suelen precipitar los hechos hacia la fatalidad suelen ser los resentidos, incapaces de entender otra manera de vida que la imposición ante el opuesto, actitud que representan el antiguo militar Dreyfuss (que incorpora Gary Oldman con su habitual solvencia) y el chimpancé usado en experimentación humana Koba (interpretado por Toby Kebbell). Y como (casi) siempre en esta saga, hay un final bastante pesimista...
Y en cuanto a la realización, pues poco se le puede echar en cara. Además de los citados 20 primeros minutos casi sin dialogo que definen a la perfección la sociedad simia, hay otros buenos momentos: la primera visita de las tropas de simios al asientamiento humano, tensa y solemne; la secuencia que envuelve a la cría de Cesar y una promesa no cumplida, con un suspense muy bien llevado; el ataque al asentamiento humano; y el climax final espectacular y bien rodado. Lo que si he echado en falta son los espectaculares movimientos de cámara de la primera entrega. Reflejaban muy bien el descubrimiento del mundo y de sus propias capacidades por parte de Cesar. Aquí, acorde con el tono más oscuro y adulto de la trama, la exposición es más seca y los planos no tienen la fluidez y el entusiasmo de aquella.

Lo que si he que me ha decepcionado un poco ha sido la banda sonora a cargo del casi siempre brillante Michael Giacino. La partitura me pareció demasiado épica en algunos momentos y se echa de menos los sonidos orgánicos con los que Patrick Doyle acompañó la anterior entrega.
Y para despedirme además de dejaros los curiosos (sobre todo el tercero) aunque totalmente prescindibles cortos que sirven como enlace entre las dos películas, decir que no voy a hablar de los efectos visuales, ya que estos son otra herramienta narrativa más, como el montaje o la fotografía. Lo mejor que se puede decir de ellos es que uno se olvida desde el primer minuto que lo que se está viendo es fruto de la infografía. Y otra cosa que me llamó la atención es que cuando empiezan los títulos de crédito, el primer actor que aparece es Andy Serkis como Cesar. Con eso queda todo dicho.