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martes, 22 de enero de 2013

El preso 24.601



Por fin se estrenó la película que adapta el musical que adapta la novela: “Los miserables” de Victor Hugo. La película era una apuesta casi segura: un precedente de éxito inmenso, un reparto de campanillas, un presupuesto generoso y un director recientemente oscarizado. ¿Qué más se puede desear? Pues que la cinta quede bien, por supuesto. Y la verdad es que quitando algún fallo de ritmo, debido a la magnitud de la obra original, la cosa les ha quedado francamente bien.

Por si alguien no conoce la trama, está ambientada a principios del siglo XIX en Francia, y cuenta la historia de Jean Valjean (Hugh Jackman), un hombre pobre que pasó 20 años en la cárcel por robar un trozo de pan, y sus intentos de rehacer su vida, a pesar del afán del que fuese su carcelero, Javert (Russell Crowe), por hacerle la vida imposible. Entre medias se describe la misera vida que llevaban los más desfavorecidos, así como intentos de revolución, y una historia de amor (casi) imposible.




En primer lugar tengo que avisar que yo me acerqué a la cinta con una opinión virgen: no he leido la novela ni he visto ninguna de las adaptaciones ni en teatro ni en cine. Me gustaría dejarlo claro, para que nadie eche de menos comparaciones ni referencias a las adaptaciones previas.

Como ya he comentado al principio la película tiene muchos puntos a su favor, y alguno en contra. Empezare por lo peor para centrarnos luego en lo positivo. Las pegas son relativas al desarrollo de la película, que si que se termina por hacerse un poco pesado en algún momento, sobre todo en toda la parte relativa al levantamiento en las calles de Paris, que tiene algún momento brillante, pero hace que se resienta el conjunto. Y más teniendo en cuenta que es un musical,  genero que por mucho que guste (como es mi caso), tiene más riesgo de hacerse cargante. Y más aun en un caso como este, en el que las canciones suponen más del 80% del metraje.

En el lado positivo de la balanza encontramos varios motivos que hacen que la película funcione.
 El primero de ellos es el origen, ya que tanto la historia original (potente y emotivo) y las estupendas canciones del musical que, en su mayoría, por lo menos, funcionan muy bien, a pesar de tener varios años a sus espaldas.
La realización de Tom Hopper  (al que me da la sensación que se le tiene/le tengo un poco de manía por haberle arrebatado con la, por otra parte, más que digna “El discurso del Rey” el Oscar a David Fincher…) tiene luces y sombras. Los aciertos se hacen más obvios en los momentos en los que la realización se hace más cinematográfica, huyendo del origen teatral de la propuesta. Así, aunque en algunos sitios se ha criticado el uso excesivo que hace del primer plano y del ojo de pez, cuesta entenderlo, ya que este tipo de planos, unidos al hecho de que la voz de los actores esté grabada en directo mientras interpretaban, me parece sin duda uno de los aciertos de la película. Sin esto no se hubiesen conseguido secuencias tan emotivas como el momento en el que Fantine (Anne Hathaway) interpreta la estupenda “I dreamed a dream”. Esta actitud más cinematográfica no se aplica solo a los momentos intimos, sino también en los más grandilocuentes, con espectaculares y descriptivos movimientos de cámara: el que abre la película, que empieza bajo el agua y se eleva a las alturas para luego volver a ras de suelo; el plano secuencia en el que Valjean decide renacer como persona; o los dos números musicales exclusivos de Javert, que logran transmitir la fragilidad y el abismo interior de un personaje a priori impenetrable y despiadado, situando la cámara al borde de una cornisa. Estos aciertos no quitan para que se le pueda echar en cara un uso excesivo de la cámara en mano y un montaje demasiado sincopado, que terminan por agotar, e impiden apreciar adecuadamente las coreografías.

Los actores cumplen todos sobradamente con el papel y con el canto. Además de los citados Jackman y Hathaway, hay que anotar el humor de Sacha Baron Cohen y Helena Bonhan-Carter (que resuelven muy bien el cargo de ser el alivio cómico y pícaro de la función) y la buena voz de la pareja romántica que componene Amanda Seyfried y Eddie Redmaine. En cuanto a voz, quizás el más limitado sea Crowe, pero con su saber hacer y presencia en pantalla, no queda en absoluto por debajo del resto del reparto.


Recapitulando, una película más que recomendable (a no ser que se sea alérgico a los musicales, en cuyo caso puede ser una tortura), con algunos momentos fascinantes, que quizás se hubiese beneficiado de algo de poda en su parte relativa a la Revolución.