Will Caster ha puesto en marcha un experimento sobre inteligencia artificial que podría cambiar el mundo tal y como se conoce. Unos terroristas antitecnología atentan contra su vida envenenandolo, pero antes de fallecer y gracias al citado experimento, su mujer y su mejor amigo serán capaces de transferir su mente a un ordenador. A partir de aquí, las consecuencias serán inesperadas.
No he oído más que echar pestes de este "Transcendence", y viene precedida por el hecho de ser uno de los mayores fracasos en taquilla en lo que va de año. Pues, un servidor, como Santo Tomás, es desconfiado, así que quería ver con mis propios ojos si el desastre era tan grande como anunciaban, porque, a priori, tenía buenos mimbres: un reparto de campanillas, un tema potente y actual, y el venir apadrinada por Christopher Nolan y dirigida por su director de fotografía, Wally Pfister. Y como pasa casi siempre, no me pareció para tanto.



¿Es todo despreciable? No. Ni muchos menos. Hay algún momento interesante, e incluso notable. La secuencia del ataque terrorista narrada en paralelo, tiene un sentido del suspense más que digno. Y hacia la mitad de la película hay ideas con jugo y que proponen una interesante reflexión sobre el caracter mesiánico del que se reviste la tecnología en nuestra sociedad: los enfermos y
discapacitados que visitan el refugio de la Inteligencia Artificial de Carter traen inmediatemente a la mente las peregrinaciones a Lourdes y similar; o ese momento en la que las particulas de nanotecnología ascienden al cielo, como si fuera la ascensión de un Dios. Son momentos que funcionan y que ayudan a mantener el interés del relato, que, en general, se ve sin resultar aburrido.
discapacitados que visitan el refugio de la Inteligencia Artificial de Carter traen inmediatemente a la mente las peregrinaciones a Lourdes y similar; o ese momento en la que las particulas de nanotecnología ascienden al cielo, como si fuera la ascensión de un Dios. Son momentos que funcionan y que ayudan a mantener el interés del relato, que, en general, se ve sin resultar aburrido.
En fín, que no merecía tantos palos. En manos de otro director como el propio Nolan, Verhoeven o Cronenberg, de aquí hubiera salido una gran película, y en manos de Pfister pues la cosa queda en un entretenimiento correcto. No creo que tengamos más oportunidades de ver la labor de este hombre tras las cámaras, puesto que el talegazo que se ha pegado la película ha sido de los que hacen época... Y a ver si lo próximo de Depp funciona bien, porque después de pegarse un (inmerecido) tortazo con la curiosa "El llanero solitario", está a un paso de volver a ser de nuevo ese buen actor que ninguna productora quiere al frente de sus producciones estrella...