lunes, 11 de mayo de 2020

Cine en random (XVI): "Nómadas"


Una médico de urgencias de un hospital de Los Angeles, recibe a un paciente, aparentemente un indigente, en estado catatónico que ha sido encontrado en la calle. Mientras le está examinando, el paciente reacciona agresivamente y le susurra unas palabras en francés a su oído, justo antes de morir. A partir de ahí, la médico se pondrá a investigar su pasado, contactando con su viuda, para descubrir que al contrario de lo que aparentaba, se trata de un reputado antropólogo, el Dr Pommier, lo que le llevará a descubrir una realidad que nunca había atisbado.


Otra película visitada en el confinamiento ha sido la primera cinta del añorado John McTiernan, "Nomadas". Y la verdad es que no ha sido nada fácil, ya que se trata de una película bastante díficil de conseguir y, a mi parecer, poco reivindicada. Desde luego que no se trata de una trabajo perfecto como si que serían sus siguientes trabajos, "Depredador" y "Jungla de Cristal", pero se trata de una película con bastante interés, que ya permitía vislumbrar que en la silla del director había una persona que sabía muy bien que hacer con una cámara.
En cuanto a los motivos para que esté olvidada, me imagino que entre ellos, además de no lograr el reconocimiento en su taquilla que si que se llevaron la mayoría de sus películas, está el hecho de que el guión, el único que firmó en su carrera McTiernan, es bastante demencial, y no es muy amigable con el gran público. En primer lugar no es nada lineal, y no solo porque esté narrado a base de larguísimos flashbacks que pueden despistar un tanto al espectador, sino que además, a partir de un momento se pone a variar con los puntos de vista en un juego que puede hacer que aquellos que necesitan que una película no tenga el más mínimo agujero, se desentiendan ya del todo. Y es que, sí, la película tiene bastantes agujeros en cuanto a sucesos inexplicables, encuentros casuales y comportamientos absurdos. Además, toda la parte relativa a los sucesos luctuosos ocurridos en la casa, que busca emparentar la película con el género de mansiones encantadas  y conseguir una justificación a la aparición de la tribu, no termina de funcionar ningún momento, y de hecho, a partir de un momento dado es dejada totalmente de lado...

De cualquier manera, tampoco hay que pasarse de exigente, ya que también tiene bastantes ideas
interesantes, mostrando como lo sobrenatural está agazapado de la normalidad que nos rodea (vease la perturbadora secuencia que implica a una monja). Pero quizás la idea más interesante sea lo relativo a la caracterización de la tribus urbanas como algo sobrenatural y alejado de la realidad, a los que nunca vemos hacer nada humano como comer ni practicamente hablar: son seres decadentes y hedonistas que solo interactuan entre ellos, y tienen una serie de normas de conducta propias, como si se trataran casi de vampiros. También es interesante el proceso de fascinación/posesión/reencarnación que sufren de manera progresiva  los dos protagonistas. Hay que reconocer que si este guión hubiera caído en manos de un realizador sin pericia narrando, yo también me hubiera acabado desentendiendo de la historia, pero como el que está detrás de la cámara no es un cualquiera, sino McTiernan el que está al mando, pues me lo acabo tragando todo.


La película tiene un tono bastante ochentero en cuanto al uso de la luz y las canciones en la linea de producciones de la época como "Los viajeros de la noche" o  "Jovenes Ocultos", eso sí, sin llegar a los excesos de la por lo demás interesante "El Ansia" de Tony Scott (otra vez vampiros todos ellos...), ya que aquí está todo más comedido. No hay que temer aquí el montaje percutante y, en muchos casos, confuso, que la MTV puso de moda: a pesar de que aquí haya luces brillantes, humo y filtros, McTiernan no pierde el control y si algo puede narrarlo sin un corte, con esos elegantes movimientos de cámara que siempre le caracterizaron (o caracterizan, porque pese a que lo parezca, no está muerto...), lo hace. Además sabe cuando usar
cada registro visual: así cuando el personaje de Pommier se dedica a seguir a la tribu de pandilleros urbanos, lo hace con un tono casi documental, que lo emparente con las investigaciones de campo que se nos cuenta que realizó el personaje en la sabana o entre los Innuit. Viendo estos momentos a uno le vienen a la mente también imágenes tanto de la "La profecía" como de "Impacto", al igual que "Nomadas" retratos de una obsesión, en la que la fascinación por la imagen y más concretamente la fotografía se convierten en un puntal de la trama. En cambio, si en un momento dado la historia tiene que tomar una atmósfera más fantasmagórica y de ensoñación, muestra que sabe como hacerlo. A este respecto la película me trajo a la mente en varios momentos, de manera inesperada, la magistral "Mullholland Drive", no solo por la narrativa fragmentada (llegamos a ver en un momento dado ensoñaciones dentro de flashbacks...), sino también por la ambientación en Los
Angeles, que se convierte en un personaje más de la película, y sobre todo, por la relación que establece entre las dos mujeres protagonistas, ambigua y con cierta aura erótica (el momento en el que se despiertan juntas es impagable...). Apuntar también que en esta película McTiernan ya adelanta la justamente célebre caída al vacío del personaje de Alan Rickman en "Jungla de Cristal": parece que este hombre disfruta mucho de lanzar a sus actores desde rascacielos... Cierto es que en un momento dado cerca del final, el asalto a la casa, la cosa se le va de las manos y le queda un tanto confuso y forzada, pero en la escena que le sigue y cierra le película, recupera el tono para acabar con una secuencia tan sugerente como perturbadora.

En fín, que se trata de una película imperfecta, pero muy entretenida, sin tiempos muertos y cortita, que tiene bastante interés por si misma y no solo para completistas de este añorados director. A descubrir.



lunes, 4 de mayo de 2020

Cine en random (XV): "El hombre de mimbre"


Un polícia, católico ferviente y a punto de casarse, es reclamada en una isla perdida del norte de Escocía para investigar la denuncia de la desaparición de una muchacha de 12 años. Cuando llega a ella se encuentra con que nadie parecer echar de menos a la muchacha, ni siquiera su supuesta madre. Pero es que todo en la isla está envuelto en un halo de extrañeza que no hará más que aumentar cuanto más vaya conociendo de ella.

Otra película que ha caído en estos días de recogimiento y contemplación ha sido este "El hombre de mimbre" de 1973. Aclaro el año de producción porque en los 2000 se hizo un remake con Nicolas Cage y dirigido por el puntualmente interesante Neil LaButte, que no he tenido ocasión de ver. La película se puede encuadrar dentro de lo que se ha dado en llamar terror folklórico (apuesto a que "Midsommar", que no he tenido valor de ver después de padecer aquel timo que fue "Hereditary", le debe mucho...). Sin embargo, los referentes que más me vinieron a la cabeza viendola, fueron por un parte, "El prisionero", por qué las dos acaban con una suerte de happening y por la ubicación aislada física y emocionalmente del mundo, y por, otro lado, las narraciones de Lovecraft, con esas poblaciones endogámicas y enfermizas y que viven de espaldas a los valores reinantes en la sociedad.

Se trata de la única película que he visto de este realizador, Robin Hardy (lo cual no es raro, ya que solo hizo dos más...), sin embargo, si que tenía alguna referencia más del autor del libreto. Aunque está basado en una novela de David Pinner, "Ritual" que desconozco,  el guión es del guionista y dramaturgo de renombre Anthony Shaffer, el autor de entre otras, "La huella", con la que, por cierto, comparte cierta estructura en cuanto a acumulo giros y a  ese ambiente paranoico que recorre toda la trama, aunque en este caso, la película que nos ocupa me ha parecido bastante superior a aquella. La idea sobre la que pivota toda la historia es la de
enfrentar las creencias y valores de la sociedad occidental, con la moral judeocristiana a la cabeza, con un paganismo primigenio basado en la Naturaleza y los elementos como faros vitales. Pero todo esto, que podía asustar un poco por parecer muy sesudo, lo hace sin perder un instante, y ya desde los mismos créditos nos mete de lleno en la película, con ese viaje en hidroavión atravesando todas las Highlands escocesas, bonitas pero un auténtico páramo vistas desde el cielo mientras suena una música de corte melancólico, hasta que vislumbra la isla, con un verdor que contrasta con lo anterior y rebosa vida, y que se acompaña de una animada melodía folk. De esta manera así, guionista y director, preparan al espectador para el enfrentamiento entre los dos concepciones vitales, a la vez que demuestra que estamos llegando a un sitio basicamente inaccesible y aislado del mundo a todos los niveles.

Una vez en la isla este choque e ideas sigue, con el policía escandalizado ante la vivencia que se hace en el pueblo de temas como la muerte y la sexualidad. El protagonista, representa los más férreos valores morales de la sociedad occidental, no solo como rígido católico que como afirma en un momento dado no cree en el sexo antes del matrimonio, sino como figura de la ley que marca las normas a respetar. Así conforme va descubriendo que la muerte, el sexo y la desnudez no son un tabú en la isla, todo su ideario se empieza a desmoronar. A este respecto hay imágenes y secuencias brillantes y
turbadoras, como esa madre que se dedica a dar el pecho a su bebé apoyada en una lápida ya desvencijada de un cementerio; o la divertida y turbadora secuencia en la que el protagonista intenta reprimir la tentación sexual que le genera la mesonera de la pensión donde se hospeda, tentandole con su canto, como si de una sirena se tratara, a través de la pared que separa sus habitaciones, generando en él un estado de febril frustración. También es muy interesante el uso que hace el realizador de las canciones, todas ellas, llenas de referencias y juegos de palabras sexuales, que son cantadas tanto por niños como por ancianos, y que suenan por igual en el pub local y en la escuela, donde por cierto, los alumnos juegan
durante el recreo a celebrar rituales de fertilidad con una marcada simbología fálica ¿?. Sin embargo, el realizador, inteligentemente creo yo, no termina por decantarse ni por una creencia ni por otra, mostrando que, paganismo como cristianismo, son dos como maneras irracionales de entender la vida, dejando a ambas al mismo nivel (que es tirando a bajo, por cierto).







No sería justo hablar de la película sin reconocer la excelente labor de los actores, entre los que destacan los protagonistas Edward Woodward, y un curiosísimo Christopher Lee, alejado de la pose aristocrática que tantas veces defendió, para convertirse en un lider cuasihippie, además de una inolvidable Britt Ekland, que he descubierto, fue mujer de Peter Sellers.




Robin Hardy realizó una secuela en el siglo XXI llamada "The wicker tree", que intentaré ver si consigo encontrarla, y se quedó con las ganas de cerrar la trilogía con un crowdfounding, que no logró lo esperado, viendose frustadas en última instancia todas las posibilidades de llevarla a cabo con su muerte en poco después.

La película me ha parecido estupenda. Muchos cineastas la citan entre sus cintas favoritas y no me cuesta entenderlo: es corta e intensa, y es de esas que no se olvidan. Si os gusta el fantástico no os la perdais.