domingo, 12 de octubre de 2014

Lo que la marisma esconde.


El 20 de Septiembre de 1980 dos policías madrileños llegan a un pueblo en las marismas del Guadalquivir para investigar la desaparición de dos hermanas adolescentes. Lo que al principio parece una fuga de las jovenes, acaba desembocando en algo perverso e intrincado.


A veces hay que fiarse de los trailers. Aunque la función de estos sea la de vender una película (muchas veces al precio que sea) y en tantas ocasiones han sido el cebo para sacarnos nuestro dinero con auténticas chorradas, de vez en cuando lo que pinta bien en el trailer se transforma en una película sólida. Bueno pues en este caso, el estupendo trailer con el que se presentó "La isla mínima", es el anticipo de uno de los mejores thrillers de la temporada.





La película vendría a ser una traslación a la península del thiller sureño norteamericano que tantas veces hemos visto con todas sus señas de identidad: comunidades cerradas en si mismas que parecen vivir casi de espaldas al mundo, miradas al mundo sobrenatural, la inmunidad de los poderosos, una sexualidad enrarecida y pegajosa... Pero no se dedica el realizador simplemente a cambiar de ubicación las rasgos básicos de un género tan codificado, sino que les insufla bastante ingenio y brío.
Ya desde los títulos de crédito (los mejores títulos españoles que he visto en muuucho tiempo...), el realizador juega a desconcertar al espectador con esas imágenes aéreas de las marismas, que asemejan las circunvoluciones cerebrales. Nada va a ser lo que parece.
Esos planos, que se repiten a lo largo de la película, y que algunos podrán tomar por esteticistas y gratuitos, pero a mí no me lo parecen. Igual si que es cierto que se hace un poco reiterativo su uso, pero es indudable que consiguen enrarecer el ambiente ya desde el principio, y que el espectador se preste a mirar con otros ojos el idílico paisaje de las marismas, que pasan a ser un terreno peligroso y lleno de secretos. Porque la marisma es un personaje más de la película: los subterfugios, la humedad, los atajos, los canales... Es curioso como un entorno tan cinematográfico no se haya prodigado más en el cine. El director estruja el paisaje de tal manera que uno siente el calor y al humedad. Y casi hasta las picaduras de mosquito.

Si bien lo que más llama la atención es la estupenda realización (con secuencias como esa persecución nocturna por las marismas, excelentemente rodada), no sería justo reconocer que el guión funciona bastante bien y sabe hacer evolucionar por igual tanto la investigación como la denuncia social, que retrata una España todavía totalmente dominada por caciques y la alargada sombra de Franco.

Y para acabar, llamar la atención sobre el trabajo que realizan los dos protagonistas. Raul Arevalo logra que uno recupere la fe en él tras verle en un despropósito como "La vida inesperada", pero el que se lleva la palma es Javier Gutierrez. Este actor demuestra que sabe hacer algo más que papeles tontos en comedias más tontas aun, y compone un personaje complejo y ambiguo, llenando la pantalla cada vez que aparece.





Y dejo para el final el tema de el parecido con la primera temporada de "True detective". Es indudable que la serie norteamericana viene varias veces a la cabeza viendo la película por ambientación, coincidencias argumentales, el tono de la historia... Las cuentas no cuadran, ya que el rodaje de este película acabó en diciembre del 2013 y "True detective" no se estrenó hasta enero de el año siguiente, pero a uno siempre le queda la duda: ¿Esteremos ante una de esas casualidades cuasicósmicas? ¿O tuvo el director acceso a la serie antes de su estreno y se empapó de ella? Probablemente nunca la sabremos, pero, por favor, que eso no haga que nadie no vaya a ver esta película, que merece mucho la pena. Y no está la cosa como para perderse la mejor película española estrenada en lo que va de año.





sábado, 4 de octubre de 2014

Capturando la infancia.


Mason es el hijo de un joven matrimonio tejano divorciado. A lo largo de la película se ve su maduración durante 12 años, presenciando como cambia él y lo que le rodea: su familia, sus amigos..

¿Se puede rodar la vida? Imagino que Linklater se ha hecho muchas veces esta pregunta. Es obvio que le interesa mucho la capacidad del cine para reflejar el paso del tiempo y lograr trascender la ficción para convertirse en algo real. Ya viene haciendolo en los últimos 18 años con su serie "Antes de..." que tomo como punto de partida una película romántica un pelín tontorrona y pretenciosa para ir narrando una de las más interesantes y honestas crónicas que uno recuerda haber visto en pantalla sobre la evolución de una relación de pareja. Pues con esta película el director vuelve a incidir en el tema, con más maestría si cabe.

Y eso que yo entraba con un poco de escepticismo a ver este "Boyhood. Momentos de una vida",  por dos motivos. Por un lado me daba miedo que hubiera mucho ruido y pocas nueces, porque a veces estrategias extravagantes como la que ha seguido Linklater para rodar este trabajo (12 años de rodaje intermitente...) no son más que maniobras publicitarias destinadas a conseguir bombo medíatico: la primera película rodada con un movil; la primera película rodada en un plano secuencia; la primera película rodada en esperanto... Y por otra parte, me asustaba lo opuesto: que en su afán de capturar el tiempo, el director hubiera parido una película pretenciosa y en exceso trascendente.

No había motivo para estar asustado. La idea de rodar durante doce años con los mismos actores, sin ser totalmente imprescindible (si distintos actores hubieran interpretado el papel protagonista en las sucesivas etapas de su vida, hubiera salido una película más que correcta...) lo cierto es que dota a la película de una autenticidad que hubiera sido muy difícil lograr de otro modo. Ver envejecer a los actores convierte la película en algo casi orgánico y hace que por momentos uno tenga la sensación de estar viendo un documental con un punto de vouyerismo. Eso sí, que nadie piense que lo que va a ver es una película escabrosa: aunque el director no huye de mostrar los dramas en la vida del chico y su familia (¿que vida no los tiene?), el acercamiento que hace a ellos es bastante natural, huyendo siempre del morbo. Y tampoco hace un
especial hincapie el realizador en remarcar los hechos más importantes de la vida del chaval, de hecho bastantes de ellos quedan en off. En ocasiones, vemos cosas que es obvio que le van a marcar su futuro, pero en otras, vemos momentos banales, que aparentemente no aportan mucho a la trama ni al personaje, y sin embargo, son imprescindibles para darle esa coherencia tonal. Sería un poco tramposo por parte del autor perseguir un tono realista y luego basar la película únicamente en momentos trascendentales: al igual que en la película, en la vida son muchas veces los momentos aparentemente intrascendentes los que mejor nos definen. Y aquí hay otro punto que me pareció muy interesante: los personajes se refieren a hechos o a personas que han tenido gran calado en su vida, y nosotros como espectador no los vemos nunca. Esto genera una sensación de desconcierto en el espectador: no sabemos si el personaje esta mintiendo a los que le rodean sobre el hecho, o si se está engañando a si mismo sobre la importancia real que ese hecho tuvo en su vida.

Otro hecho remarcable es que el director aprovecha la evolución de el protagonista para hacer una radiografía de la evolución de sus padres (excelentemente encarnados por Patricia Arquette y Ethan Hawke): por un lado vemos como la madre conquista su independencia económica y emocional, por lo menos aparentemente (atención al momento de la despedida en la cocina...) pero no sin antes haber sufrido muchos reveses emocionales y profesionales; y por otro el padre pasar de ser un hombre ansioso de libertad que malamente cumplía con sus responsabilidades paternas para pasar a convertirse (a saber por cuanto tiempo) en el marido, padre y yerno perfecto en el  llamado "Cinturón de la Biblia" (con esas casi surreales escenas del cumpleaños y las prácticas de tiro...). Lo que deja claro el director es que, los adultos, aunque siempre intentemos hacer parecer lo contrario, venimos a estar tan desorientados como los niños y adolescentes. Igual de perdidos, pero con arrugas, canas y más kilos

La cámara está siempre a la altura de los personajes, no ha condescencia ni admiración, lo que aumenta la citada sensación de vouyerismo, de colarse en la vida de otros. Y en todo momento se respeta de manera escrupulosa el punto de visa subjetivo del protagonista: no hay nada que el personaje no vea que llegue a los ojos del espectador. Este realismo tambien se extiende a los escenarios, todos reales y la fotografía, con tonos de imágenes domésticas. Eso sí, a mí me pareció notar que los últimos compases de la película estaban rodados con cámaras digitales: además de una suerte de diario personal, de manera involuntaria, la película también ha terminado por erigirse en una crónica de la evolución de los medios de rodaje de los últimos 15 años. El estilo naturalista con el que está rodada la película me recordó en algunos momentos a "Los 400 golpes" de Truffaut. Y me imagino que no será casual, ya que seguramente las películas sobre Antoine Dumel del cineasta francés habrán rondado la mente del Linklater a la hora de poner en marcha todo el proceso.

Y antes de acabar una cosa, habrá alguno que critique el uso de canciones de pop-rock que hace la película (Coldplay, Gnarls Barkley, Hero, The Flaming Lips, Wilco, The Black Keys, Arcade Fire, Kings of Leon, Vampire Weekend...) por ser tramposo y buscar solo embellecer las secuencias para hacerlas más emotivas. Y, puede ser que algo de eso haya, pero la verdad es que el realizador hace un uso riguroso de la música contemporanea de cada momento, nunca se usa música posterior a lo que se nos está narrando, de tal manera que las canciones se pueden ver como la música que tiene en su reproductor el protagonista en cada época.


Una película que no conviene perderse y sin duda una de las mejores que he visto en lo que va de año. Y eso que aun no ha salido a la luz su making of, que seguro que cuando lo haga resulta tan fascinante como la película misma.


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