martes, 20 de agosto de 2013

Disfrutar como un chiquillo


Pues aunque con un poco de retraso por aquello de viajes vacacionales y demás, el otro día vimos la gran esperanza blanca de los blockbusters veraniegos. Y es que aunque la cosa empezó muy bien con "Iron Man 3", el resto de supuestos pelotazos habían dejado, en algunos casos más y en otros menos, que desear. Así que uno ya solo podía confiar en el freakie que del Toro lleva dentro, y que por fin hubiera logrado una película de alto presupuesto redonda (dentro de las baratas si que tiene una: esa maravilla que es "El espinazo del diablo"). Y afortunadamente, nuestras plegarias han sido oídas y nos hemos encontrado con un entretenimiento de primera clase y una futura cinta de culto.

En el año 2017 se abre una brecha en el fondo marino del Océano Pacífico, y de ella empiezan a salir monstruos gigantes, conocidos como kaijus, provenientes de otra dimensión. De primeras se tira del ejercito para hacerles frente, que siempre es muy socorrido, pero al poco, alguien tiene la idea más logíca: que todos los países del mundo se alíen para construir los jaggers, robot tan gigantes como los monstruos pilotados por dos humanos que deben compenetrarse a un nivel muy intimo. Al principio los robots son un éxito, pero una serie de fallos terminan por marginar el programa de los jagger, por otras estrategias defensivas. Sin embargo, conforme la aparición de kaijus se hace mas frecuente, se impone recuperarlos como opción desesperada. Para ello, el mariscal Pentecost (Idris Elba), recupera a Raleigh (Charlie Hunnam) un legendario piloto que tras una batalla traumática, abandonó su carrera de piloto y se escondió de todo y de todos.




Como se puede ver leyendo el argumento, no estamos ante una historia sofisticada, ( a un chaval de 12 años se le podría haber ocurrido), pero por suerte, la historia está contada con una convicción y una fuerza que es imposible no dejarse llevar por esta vorágine de héroes traumatizados que vencen sus miedos, mariscales duros como el acero pero tiernos en el fondo, pilotos chuletas capaces de redimirse, científicos brillantes/chiflados (según el momento en el que les pilles...), traficantes de restos de kaiju, investigadoras inigualables con la lucha con el bo, y lo más importante: hostias como panes entre robots y monstruos de más de 100 metros de alto.

Pero claro, películas llenas de elementos que sobre el papel pintan de maravilla y luego al plasmarlas en celuloide quedan en despropósitos, conocemos todos (así a bote pronto me ha venido a la mente "Van Helsing", que podría haber sido una maravilla y se quedó en truñazo...). Menos mal que aquí hemos contado con un equipo y un director detrás que son capaces de imprimirle un vigor y un amor que sobrepasa la pantalla y que te hace meterte y disfrutar como un gorrino en el fango. Y esto es algo de agradecer si tenemos en cuenta que los materiales de los que parte esta película son Godzilla, Mazinger Z, Bioman, la lucha libre, los videojuegos, el manga y King Kong... De otra manera, sería totalmente imposible creerse momentos como ese en el que un robos utiliza un carguero como un kendo. O que dos hombres se metan en una pelea porque uno de ellos se refiera a la mujer que le gusta delante de ella, como su novio (¿Alguien ha olvidado la ofensa que era esto cuando se tenían 10 años?).

Todo esto pasa por el sentido de la maravilla y el cariño que se ha puesto a realizar toda la película. Es de agradecer todo el aire aventurero y el humor que se le imprime a la película, que la aleja del depresionismo tan en boga hoy en día en el cine fantástico. Detalles como el tráfico de restos de kaiju en el mercado negro, o como se integra en la sociedad la aparición de los monstruos y los robots son un ejemplo de ello. Y luego esta el diseño y la concepción, tanto de los monstruos como de los robots: todos tiene personalidad y alma. No parecen clónicos diseñados por un profesional, sino por un alguien que aprecia el material con el que trabajo. Así entre los monstruos encontramos homenajes a los monstruos clásicos como Godzilla, Mothra, o (mi favorito) King Kong. Y lo mismo entre los robots: estan llenos de abolladuras y roces de las peleas previas, y los remaches, pistones y válvulas que les hacen sentir orgánicos, vivos. Además tienen nombres tan deliciosamene delirantes como "Gipsy Danger", o el más alucinante, el ruso "Cherno Alpha", con una cabeza que remeda un reactor nuclear ¡¡¡!!!

Y en cuanto a la puesta en escena en si, hay momento muy brillante: el estupendo flashback en el que se nos explica el origen de la relación entre dos personajes, elegante y emotivo. Sin olvidar el plato fuerte de la función, las peleas entre monstruos, que están rodadas con excelente pulso y la tranquilidad suficiente para que no nos perdamos nada de lo que ocurre en pantalla, que es mucho. Y aunque ningún actor se va a lleca premios por su actuación cumplen más que bien con su papel, destacando el carisma de Idris Elba, o el cachondo personaje que defiende Ron Perlman.

Por si no ha quedado claro, me ha gustado mucho la película y la recomiendo a todo el mundo que sea capaz de dejarse llevar, entrar en contacto con el niño que todos llevamos dentro y olvidarse de sus preocupaciones durante 2 horas. No es la salvación del cine ni una obra maestra. Tampoco lo fue "Avatar" y le llovieron premios y millones, que al parecer no le están cayendo a esta. El tiempo terminará poniendola en su lugar.


lunes, 19 de agosto de 2013

Deuda saldada


Como ya dije cuando escribí sobre "El tesoro de la Sierra Madre", este verano estoy aprovechando los huecos que tengo para ponerme al día con algunas carencias imperdonables, y una de ellas era Charles Dickens, del que tengo que reconocer, con bastante rubor de vergüenza, que no había leído nada. NADA DE NADA. Así que tocaba enmendarse. Y decidí hacerlo con "Historia de dos ciudades". Y a falta de mejores palabras, solo puedo decir que me alegro no haber esperado más para leer este pedazo de obra maestra.

Por si hay algún descarriado más por ahí como yo, contaré un poco de que va la novela. A medio caballo entre Inglaterra y Francia, se nos va contando la Revolución Francesa y sus años previos a través de una serie de personajes cuya vida se desarrolla a caballo entre los dos países. Para establecer un mejor panorama de todo esto, encontramos sus personajes entre todas los estamentos de las sociedades de las dos naciones: de desposeídos labradores franceses a los nobles que les esquilman hasta el agua que beben y de vigilantes-recaderos de (más otros trabajos menos legales...) un banco del Soho londinense a sus altos empleados. Todos estos y muchos más.

Este libro me ha impresionado por muchos motivos.
Uno de ellos es la manera que tiene el autor de tejer todo un tapiz a base de episodios en principio inconexos que, poco a poco, se van mostrando determinantes: una gran manera de unir no solo los destinos de los personajes, sino también la de dos paises tan importantes el uno para el otro, y a la vez con tantas disputas a cuestas, como la pérfida Albion y la Galia.
Otra cosa que me ha llamado la atención es como el escritor manipula al lector para hacerle cambiar su punto de vista, convirtiendo lo que al principio desea en algo que, cuando finalmente ocurre, pasa a ser algo horripilante. y al revés, de tal manera que al final el lector termina por darse cuenta de que está en terreno inseguro y de hay que meditar todo y valorar las consecuencias de cualquier cosa que nos cuente. Además de verter una mirada bastante ecuánime sobre la Revolución Francesa, mostrando la asfixiante situación previa a ella, pero también la retahíla de cabezas que hizo rodar (literalmente).
Luego estan los personajes, algunos de ellos inolvidables como el patético Carton, que es uno de los mejores antihéroes que he conocido, el hilarante Jerry Cruncher, con sus modales salvajes y su cachonda jerga al hablar, o el misterioso doctor Manette.
Y por último, pero quizás lo más importante, ¡¡como escribía este tío!! Posee un estilo muy vivo, cinematográfico en el mejor sentido del termino (no en el de "El código Da Vinci" y similares...), y capaz de saltar en la misma página de la carcajada a la congoja al borde de la lágrima. Hay frases que se se te quedan grabadas para siempre, a veces por su ingenio, y a veces por su profundidad. Y que decir del final, uno de los mas emotivos que recuerdo haber leído nunca.

Antes de que arda la red, avisamos de que nuestra gata esta bien, pero como estamos en Agosto, hemos cogido a Sua para que nos haga una sustitución de verano

Por si no ha quedado claro, lo recomiendo a cualquiera que sepa leer y que al igual que yo haya cometido el error de no leerlo hasta ahora. Y por supuesto que me voy a leer más libros de este hombre. Auguro muchas buenas horas de lectura.