jueves, 21 de agosto de 2014

La galaxia está (muy) bien guardada


Peter Quills, alias Star Lord, vive de encontrar objetos en los confines del espacio y venderlos al mejor postor desde que fue abducido cuando era un niño en la Tierra por una banda de saqueadores espaciales. Tras robar el Orbe, un objeto cuya utilidad desconoce para venderlo, se verá envuelto en una trama que enfrenta que podría desembocar en la destrucción del Universo. Afortunadamente en su camino encontrara a otros inadaptados como él: Gamora, Groot, Drax y Rocket, con los que terminará formando, casi contra su voluntad, los Guardianes de la Galaxia, la última esperanza del Universo...

Había que ir a ver esta película con cierta precaución. Porque, a pesar de tenerle muchas ganas por los divertidos trailers con los que la habían adelantado y por los elogios que se oían por todas partes, podía ser una de esas películas que acaba siendo victima de un exceso de expectativas. Lo que a día de hoy ha dado en llamarse hype...
No hay que tener miedo: la película es una GOZADA. De principio a fin.

A pesar de llevar leyendo tebeos Marvel practicamente desde que se leer, no conocía a ninguno de los protagonistas, y como yo le pasa a mucha gente, así que, a priori parecía una apuesta arriesgada el dedicarles una superproducción a estos personaje. Pero Marvel, en una jugada inteligentísima, ha puesto al frente de la película a James Gunn, un hombre formado en la serie B (y también la Z, la Troma, para ser exactos...)) y le ha dado bastante libertad (siempre dentro de los márgenes de una producción Marvel). De sus trabajos previos conozco la serie de cortometrajes  "PG-porn", que, protagonizadas por actrices porno, son unos divertidos ejercicios de ironía y autoconciencia, al tratarse de delirantes piezas de porno, ¡¡sin porno!!. Sus otros trabajos son el guión de la mejor películas de zombies de los últimos 40 años, el remake de "Amanecer de los muertos" (que espero algún día caiga por aquí). Y la curiosísima "Super", una cinta que era a la vez vitriólica parodia y apasionada carta de amor al género superheroíco, todo desde una perspectiva netamente trash.

Pues con estos antecedentes Gunn construye lo que vendría a ver una versión superheroica y gamberra de "El mago de Oz": una serie de protagonistas con carencias por su triste pasado, trasladados a un mundo que no es el suyo, en el que se enfrentan a amenazas más grandes que la vida que les harán aprender sobre si mismos y sus capacidades. Nada nuevo bajo el Sol. Pero, claro el director lo llena de emoción, humor y autoconsciencia, logrando una de las mejores películas de superheroes que se han visto. ¿Y como lo hace?



Lo primero los actores están todos estupendos: Chris Pratt derrocha carisma encarnando a Peter Quill siempre pegado a su walkman como lazo de unión a la Tierra y a la madre de la que se vió desposeido; Zoe Saldanha dando vida a Gamora y convirtiendose en la musa de la ciencia ficción, solo igualada por Sigourney Weaver; Dave Batista más que aceptable como un Drax; y como no los Han Solo y Chewbaca del siglo XXI, Groot y Rocket, que roban todas sus secuencias. Los secundarios (quitando Michael Rooker haciendo de Michael Rooker) y el villano (ese Ronan el Acusador es quizás el punto más flojo del conjunto...) quedan un poco deslucidos eso sí. Sobre todo me da pena en el caso de Benicio de Toro dando vida a El Coleccionista, un personaje que desde aquellos enfrentamientos entre heroes que organizaba, siempre me ha fascinado. A ver que hacen con él en las siguientes películas, porque el actor y el personaje tienen potencial y aquí se queda la cosa casi en un cameo desaprovechado.






Luego está el guión, que rebosa unos diálogos simpatiquísimos, conscientes de que el terreno en el que se encuentran no puede ser tomado del todo en serio, pero sin caer en un exceso de ironía que podría hacer que nos desentendieramos de los personajes. Y la verdad es que hay ratos que pueden llegar a emocionarnos si nos encuentran con la guardia baja... No solo eso, sino que hay momentos en el que el sentido de la maravilla  (ese polen fluoresecente que segrega Groot) y la aventura poseen el relato, sin que le hagan a uno arquear la ceja... Además vamos conociendo cosas de su pasado que a la vez hacen avanzar la trama sin caer en flashbacks mil veces vistos. Y luego está el tramo final, que funciona a las mil maravillas, sin quedar como una mera traca final.

Las secuencias de acción están muy bien rodadas. Y eso que la película transita géneros muy distintos: empieza como una película de aventuras, para pasar a convertirse en un thriller carcelario y acabar en una epopeya sideral. Además están llenas de detalles surrealistas (el momento empalamiento de Groot, y no digo más...) que les dan un puntito distinto.

El diseño de producción es otro de los puntos fuertes. Se ha apostado por el color, que llena la pantalla en todo momento y le da un tono pop de tebeo añejo (de cuatricromia, vamos) delicioso.Y dentro de ese diseño pop metería de lleno la selección musical del walkman de Star Lord (una idea deudora de Tarantino en un 100%), que (cor)rompe el tono épico que acompaña a este tipo de películas logrando darle al conjunto un tono desenfado.




Una gozada que todo amante del buen cine de entretenimiento debería ver. Es un delito dejar pasar cintas como estas, que ennoblecen el noble arte de entretener y hacer soñar a la platea.
"Nosotros somos Groot"


viernes, 15 de agosto de 2014

Para el chatarrero...


Como uno tiene sus bajas pasiones, y un punto masoca, y hay que cumplir lo prometido, llegó el momento de ver este "Transformers: La era de la extinción". Ha sido una mala idea.

Han pasado varios años de la batalla de Chicago que mostró "Transformers: La cara oculta de la Luna". A consecuencia de los devastadores efectos de aquella, todos los Transformers, Decepticons y Autobots, están siendo perseguidos y aniquilados por la CIA. Así que los robots sobreviven ocultandose. Así un inventor de Texas medio arruinado, dará con Optimus Prime en pésimo estado, que tras un poco de chapa y pintura, intentará reunir a los Autobots para desenmascarar los intereses que hay tras su persecución...

Menudo argumento ¿eh? Bien, pues la película es así de mala. Algunos me dirán que a ver que me iba esperar viniendo de quien viene y siendo la cuarta entrega de una serie y que merecido me lo tengo. Pues como ya reconocí en su día, yo disfruté bastante de la tercera entrega, que ofreció uno de los climax más espectaculares que he visto en pantalla. Además, Mark Wahlberg puede se un actor más que solvente, la colaboración con Michael Bay que presentó el año pasado fue su mejor película y una de las que a mi más me gustaron. Así que uno, iluso que es, esperaba sacar de aquí un rato delirante, entretenido y (sé que esto va a sonar bisoño, pero así lo pensaba) más maduro. Va a ser que no...

Si algo no se podía negar hasta ahora es que las películas de Transformers daban lo que prometían: muchas secuencias de acción de robots gigantes dandose para el pelo. Y es que por lo menos la mitad del metraje estaba ocupado por secuencias de batallas. Pues en esta película, que la más larga de la saga (y se nota...), se echa a faltar acción. A pesar de que la secuencia de apertura no está mal del todo, es muy corta, y el resto de las secuencias de acción son bastante repetitivas, incluso la breve batalla final, en la que aparecen los Dinobots, que manda huevos meter robots dinosaurios en una película y que resulten anodinos... Bay parece empeñado en meter secuencias explicativas para intentar aclarar una trama que tiene la curiosa virtud de ser a la vez simple y enrevesada, cuando lo que de verdad quiere ver el espectador es ver a Optimus Prime repartiendo estopa. Y eso que sobre el papel hay algunas (escasa) buenas ideas, como que los Transformers se vean perseguidos y ejecutados por el gobierno estadounidense después de haber salvado el mundo, o que se relacione la extinción de los dinosaurios con la primera llegada de los Transformers a la Tierra. Pero se quedan en nada.

El humor que intenta meter solo funciona cuando es Stanley Tucci (el único actor que parece saber de que va la cosa...), dando vida a una suerte de Steve Jobs venido a más, el que suelta las frases. El resto de bromas son tontas y sin gracia, por mucho que el pobre Mark Walhberg, que está aquí peor que en ninguna película en la que le haya visto, se comporte como un cromagnon y no pare de martirizar al novio de su hija... Espeluznante. Y el resto de los actores, pues peor aun, con especial mención para la actriz que interpreta a la hija de Walhberg (ni el nombre me voy a molestar en buscar) que hace que uno eche de menos las capacidades interpretativas de Megan Fox. Con eso lo digo todo...

Sé que esto dejará a alguno con el culo torcido, pero a Bay se le ve desganado. Me explico. Sigue teniendo los mismos tics: siempre está atardeciendo; todas las mujeres son potenciales modelos de Victoria´s Secret (a no ser que sean gorditas graciosas); la bandera americana está por todas partes; y la vida trascurre a cámara lenta y en contrapicado. Pero en este caso, no logra trasmitir la pasión que, se compartiera o no, conseguían  desprender sus películas. Se siente forzado y sin ganas. Hay una secuencia de la película en la que un personaje, en un antiguo cine abandonando dice, ante un poster de ¡¡¡"Rio Bravo"!!! que el cine ya no es lo que era, y que todos son secuelas, remakes y adaptaciones de cosas ya conocidas. ¿¿WTF?? Y si uno piensa que en un principio, el director de Los Angeles dio su participación en la saga por terminada con la anterior entrega, y que ahora afirma que no volverá para la quinta entrega (que la habrá: más de 1000 millones de dolares lo aseguran...), pues queda todo más claro.

Este plano resume el cine de Michael Bay a la perfección...
Una pérdida de tiempo. Solo espero que de verdad sea la última, o que por lo menos Bay se dedique a hacer otras cosas. El tema es si habrá más historias sobre criminales culturistas oligofrénicos ambiciosos o similares en las que pueda dar lo mejor de sí mismo...


domingo, 10 de agosto de 2014

Recuperando clásicos (XIV): "Centauros del desierto"


Pues así como sin darme cuenta voy a analizar por aquí la tercera obra maestra de John Ford. Con este hombre me pasa algo curioso: sus películas siempre me han gustado, pero es que conforme pasa el tiempo, me voy dando cuenta de que tras la aparente sencillez  y entretenimiento con las que se ven, hay un lenguaje cinematográfico muy trabajado y depurado. Serán cosas de la edad...

Ethan regresa al rancho de su hermano tras 8 años sin verle. En este tiempo ha luchado en la guerra civil en el bando de los confederados (aunque el dice no haberse rendido nunca...). Al poco de su regreso los Comanches atacan el rancho acabando con toda la familia excepto las dos hijas, a las que secuestran. Ethan consagrará los próximos años de su vida a buscarlas por todo el Oeste...

Pocas películas generan tanto consenso entre cinefilia y cineastas como esta para ser considerada una obra maestra. Y es que el entramado que construye Ford sobre un andamiaje a priori tan simple es fascinante. Desde el primer plano hasta el último. Y esta expresión no es una frase hecha, porque los dos iguales, marcando a fuego el destino del protagonista.





La primera imagen que vemos es la silueta del Ethan recortándose en la distancia sobre Monument Valley a través de la puerta abierta del rancho. No será la primera vez que veamos un plano tomado desde el interior a través de una puerta. Y esto que se convierte en una constante en la película es una manera muy sutil y elegante de mostrar la inadapatación del personaje de Ethan a la civilización: él ya no forma parte de ese mundo, por decisión propia probablemente, y nunca formará parte de él. Pero es que en las secuencias en las que está dentro de casas, la manera de mostrarlo deja patente su incomodidad y extrañeza. Esto se ve muy bien los pasajes que trascurren en el interior de la casa del hermano, en los que Ford pone la cámara en un ligero contrapicado, que parece mostrar al personaje aprisionado por el techo de la construcción.

Y es que ese es otro de los puntos que llaman la atención de la película: convertir en protagonista a un personaje racista, violento y amargado. Nada más lejos de lo que entonces era habitual en John Wayne, la mayor estrella del momento, famosa por haber dado vida a héroes míticos. Eso sí, todos estos atributos van siendo matizados a lo largo de la cinta. Aunque siente un odio tremendo hacía los indios (llega a disparar al cadáver de uno de ellos para obligarle a vagar como alma en pena según sus tradiciones…), la molestia que se ha tomado en conocer su idioma y su forma de vida, no dejan de ser una manera de respetarlos (además de gestos como la actitud ante la muerte de cierta india o su propio testamento), lo que les confiere más entidad que la de salvajes de una sola pieza. Su violencia viene marcada por sus vivencias en la Guerra Civil. Y su amargura viene dada por tener el corazón roto a consecuencia del amor no correspondido.

La manera de que tiene el realizador tuerto de mostrar todo esto es mediante sugerencias. La ya citada primera secuencia es ejemplar a ese respecto. En base a la manera de mostrar la llegada de Ethan al rancho de su hermano y la actitud respecto a este y a su mujer, y sin casi diálogos, se hace al espectador consciente de que Ethan estuvo (y está) enamorado de su cuñada, y se establecen dudas sobre la paternidad de la sobrina de 8 años, que es justo el tiempo que Ethan ha estado fuera… Pero no es este el único momento: ahí están la mirada que se dedican en un funeral Laurie y  Martin, que hace intuir la incipiente historia de amor entre ambos; o la inquietante mirada que dedica Ethan hacia el inalcanzable rancho de su familia, sabiendo que puede estar siendo atacado por los indios. Y más que guardo para no destripar la película para aquellos que haya cometido el error de no haberla visto aun.

El uso de las elipsis también es fascinante. Practicamente todas las secuencias violentas suceden fuera campo: el ataque de los indios al rancho familiar, el ataque suicida de Brad, el hallazgo del cadaver de Lucy por parte de Ethan. Pero el efecto que logra así, al dejarlo a la imaginación, es mucho más potente. Otra muestra de maestría narrativa es la idea de narrar gran parte de la película a traves de una carta, que sirve para concentrar varios años de busqueda en unas pocas secuencias.




La fotografía es otro de los puntos fuertes de la película. Rodada en Vistavision, la manera que tiene Winton C. Hoch, que ya había ganado dos Oscars a las ordenes de Ford, de mostrar en pantalla Monument Valley es canónica y ha servido de inspiración (reconocida además) a David Lean o Steven Spielberg a la hora de fotografiar paisajes en "Lawrence de Arabia" o "Encuentros en la tercera fase". No busca un uso realista de la luz, sino que la utiliza como si fuera una paleta para reflejar los sentimientos de los personajes. Algunos de los momentos en los que mejor se puede ver esto es en el ataque al rancho con la puesta de sol, en el funeral o en la incursión en la poblado indio al amanecer.



También funciona muy bien la música. Si pasamos por alto la incursión un tanto forzada de la canción de turno (en "El hombre tranquilo" estaba justificada; aquí no tiene mucho sentido más allá de lo mucho que le gustaba el folk a Ford y de meter al cantante popular de turno en la película...) la banda sonora brilla tanto en los momentos de suspense como en los melancólicos. Algo que esperable contando que viene de la mano de Max Steiner, el hombre que puso música a "Casablanca", "Lo que el viento se llevó", "Al rojo vivo", "El tesoro de la Sierra Madre" o "El halcón y la flecha". Ahí es nada...

Esta película tiene muchas más cosas buenas, que me guardo para no aburrir al personal, como la labor de todo el reparto (atención a Natalie Wood en su primer papel), lo bien rodadas que están la secuencias de acción y la capacidad que tiene de tratar temas tan profundos como la religión con una ligereza pasmosa. Como nota curiosa, tengo que decir que el título que se le dió en su estreno español, es uno de esos escasos casos en los que la "creatividad" de los traductores enriquece la película, y es que el tono mitológico de "Centauros del desierto", es muy superior a "Los buscadores" que vendría a ser la traducción literal. Una feliz licencia.


Curiosamente esta película, al igual que tantas obras maestras del cine ("Vertigo", "Ciudadano Kane"...) fue recibida con bastante tibieza en el momento de su estreno y no se llevó ningún gran premio aquella temporada. Sin embargo el tiempo ha ido poniendola en su lugar y su legado e influencia a día de hoy es inmenso. Que cosas...
Por si no lo he dejado claro, todo el mundo debería verla, y el que no lo haya hecho que aproveche el verano y le eche un vistazo. No se arrepentirá.


lunes, 28 de julio de 2014

Cine en random (VII): "El impostor"

En 1994 Nicholas Barclay de 13 años desapareció en San Antonio, Texas. Tres años después en octubre de 1997, en Linares, Jaen aparece un adolescente diciendo ser él y haber sido victima durante esos 3 años de abusos físicos y sexuales. Obviamente el adolescente no era Nicholas Barclay, sino un hombre de 23 años que se hizo pasar por él. Pero esta no sera la única mentira en una de las historias más rocamboléscas que se recuerdan...

Me acerqué a esta película siguiendo la recomendación de un amigo. De primeras no estaba del todo convencido por lo que me comentó, ya que me parecía que iba a ser bastante sensacionalista (el gran mal de los documentales, que además cada vez va más en aumento...), pero insistió tanto que le hice caso. Y la verdad es que ha sido una experiencia, no sé si buena o mala, pero desde luego bastante perturbadora.
Al contrario de otros documentales que tienen la intención de mostrar situaciones con la intención de dar a conocer LA VERDAD (olvidando que el documental es un genero cinematográfico como otro cualquiera, y que nos cuenta a lo sumo, una parte de la verdad, o como mucho la verdad del realizador), este desde el primer momento busca construir el suspense. Además lo hace a la manera de Hitchcock, revelando sus cartas desde el principio. Desde los primeros compases de la película queda claro que el aparecido es un impostor, pero el tema no es tanto ese, sino como (y porque) llegó la familia a aceptarlo como propio, ya que llegó a pasar con ellos ¡¡¡3 meses!!!

En esta película hay algo que normalmente no me gusta encontrarme en un documental, y es la reconstrucción dramática. No sí será una mania personal, pero cuando hay una recreación dramática de los hechos, me siento como si estuviera delante de un programa cutre de sucesos. Un buen realizador de documentales tiene que saber crear tensión y emoción a base de imagenes reales y los testimonios reales si los hubiera. Y si no se es capaz de hacer eso, pues entonces lo que tendría que hacer sería una película de ficción inspirada en los hechos reales. Pero aquí sin embargo, el uso de las dramatizaciones está justificado, ya que si tenemos en cuenta que la película se sustenta sobre la representación y la mentira, que mejor manera de mostrarlo que con una reconstrucción dramática.


Así, la película, valiendose de reconstrucciones, más los ambiguos comentarios tanto de la familia como del impostor, empuja poco a poco al espectador al desconcierto. Va creando un entramado en el que, partiendo de una situación más o menos segura en la que cree conocer el embuste sobre el que se articula toda la trama desde el principio, todo se va complicando hasta volverse más borroso, y uno esta cada vez menos seguro de lo que está viendo y oyendo. El retrato de la familia, típicos exponente de la llamada basura blanca, es de lo más desconcertante que he visto en bastante tiempo: todo empieza con la familía muy afectada por la desaparición del chaval, pero poco a poco, la cosa se va volviendo más turbia y aparecen sombras en ese retrato idílico que pretenden vender. Y el impostor, aunque intenta vender una justificación para su miserable comportamiento, acaba retratado como un ser totalmente despreciable, como demuestran esos planos finales, en los que sabiéndose el centro de la atención del momento, se dedica a imitar a Michael Jackson mientras le van a meter a la cárcel.

Un documental interesante y bastante perturbador, que no recibió mucha atención, y que la merece. Os dejo el trailer, y también este enlace a la pagina de Youtube donde se puede ver.

miércoles, 23 de julio de 2014

Al Cesar lo que es de Cesar


10 años después de que un virus mortal diezmara la población humana y permitiera a la incipiente civilización de los simios florecer, algunos de los hombres de la colonia humana establecida en San Francisco se aventuran en los bosques de los monos para intentar encontrar una fuente de energía que les permiten sobrevivir. La relación con los simios que viven en la zona, liderados por Cesar, el primer simio inteligente, será muy tensa y permitirá conocer lo mejor y lo peor de las dos especies.

Todo llega en esta vida, hasta la continuación de la mejor película de ciencia-ficción que uno recuerda haber visto en una sala de cine en bastante tiempo. La expectación era máxima, ya que aunque la primera película pilló al público por sorpresa (nadie esperaba nada ya de una película de la saga de los simios...), con el tiempo su fama no ha hecho más que crecer, y todo el mundo quería que esta entrega mantuviera el nivel de la original. Uno había oído voces que decían que era incluso superior a la primera entrega. Si una película tenía el riesgo de hype esta temporada, era "El amanecer del planeta de los simios". Afortunadamente, ha sabido colmar las expectativas. Eso sí, sin superar a la anterior (aunque seamos justos, pocas películas lo han hecho desde entonces...).

¿Y porque no supera a la anterior? Pues yo el principal fallo que le veo es el guión. No porque los diálogos sean malos, ni las situaciones increibles, ni porque falte ritmo, sino porque trae a la mente demasiadas historias previas. Esto no es malo en sí mismo, ya que los referentes que toma son "La batalla por el planeta de los simios" (que es para mí la mejor secuela de todas las que generó la saga original, y que a su vez bebía de muchos westerns de alianzas forzosas) y "El rey león", es decir, grandes películas con temas potentes y univerales. Pero claro,  el efecto sorpresa queda casi anulado, y este fue, sin duda, uno de los motivos por los que el original tuvo tanto impacto. Aparte de esto no creo que se le puedan poner más pegas a esta secuela. Y es que hasta el guión, que como he dicho es el punto más endeble, está lleno de varios apuntes que logran que quitar la sensación de deja vu.


Lo primero y más importante, es que mantiene lo que hizo a la primera película tan especial y es narrarla desde el punto de vista de los simios, y más concretamente, del de Cesar. Si no fuera así, estaríamos ante otra película postapocalíptica más. Los primeros 20 minutos son ejemplares a ese respecto, ya que el espectador asiste a  un inicio que narra la vida diaria de los simios en el que se prescinde de los dialogos más allá del lenguaje de los signos. Y cuando aparece el ser humano, lo hace como un invasor. Pero es que en el final de la película, y esto no destripa nada, los humanos se apartan y la historia de Cesar sigue curso: por si quedaba alguna duda, los simios son aquí los protagonistas. Hay que quitarse el sombrero antes los responsables de la película, que han
tenido la valentia de no dar todo mascado, triturado y digerido, como viene siendo general en un blockbuster de este calibre. También es de agradecer que, lejos de hacer un espectáculo blanco, la historia tenga tintes políticos y sociales bastante pesimistas. Al plantear los dos bandos protagonistas como un reflejo el uno del otro, deja entrever una visión del individuo nada halagüeña, y que tristemente ha sido demostrada por la Historia una y otra vez: la tendencia a la violencia de la condición humana (y de la simiesca). Si bien siempre hay gente que intenta abogar por el diálogo y el entendimiento, papel que representarían el chimpancé Cesar (al que da vida Andy Serkis) y el humano Malcom (bien defendido por el actor Jason Clarke), los que suelen precipitar los hechos hacia la fatalidad suelen ser los resentidos, incapaces de entender otra manera de vida que la imposición ante el opuesto, actitud que representan el antiguo militar Dreyfuss (que incorpora Gary Oldman con su habitual solvencia) y el chimpancé usado en experimentación humana Koba (interpretado por Toby Kebbell). Y como (casi) siempre en esta saga, hay un final bastante pesimista...

Y en cuanto a la realización, pues poco se le puede echar en cara. Además de los citados 20 primeros minutos casi sin dialogo que definen a la perfección la sociedad simia, hay otros buenos momentos:  la primera visita de las tropas de simios al asientamiento humano, tensa y solemne; la secuencia que envuelve a la cría de Cesar y una promesa no cumplida, con un suspense muy bien llevado; el ataque al asentamiento humano; y el climax final espectacular y bien rodado. Lo que si he echado en falta son los espectaculares movimientos de cámara de la primera entrega. Reflejaban muy bien el descubrimiento del mundo y de sus propias capacidades por parte de Cesar. Aquí, acorde con el tono más oscuro y adulto de la trama, la exposición es más seca y los planos no tienen la fluidez y el entusiasmo de aquella.



Lo que si he que me ha decepcionado un poco ha sido la banda sonora a cargo del casi siempre brillante Michael Giacino. La partitura me pareció demasiado épica en algunos momentos y se echa de menos los sonidos orgánicos con los que Patrick Doyle acompañó la anterior entrega.





Y para despedirme además de dejaros los curiosos (sobre todo el tercero) aunque totalmente prescindibles cortos que sirven como enlace entre las dos películas, decir que no voy a hablar de los efectos visuales, ya que estos son otra herramienta narrativa más, como el montaje o la fotografía. Lo mejor que se puede decir de ellos es que uno se olvida desde el primer minuto que lo que se está viendo es fruto de la infografía. Y otra cosa que me llamó la atención es que cuando empiezan los títulos de crédito, el primer actor que aparece es Andy Serkis como Cesar. Con eso queda todo dicho.






domingo, 20 de julio de 2014

Ha muerto Alex Angulo


No se me ocurre peor manera de despedir la semana que con esta noticia, la muerte de Alex Angulo esta tarde en un accidente de tráfico.

Era un hombre lleno de carisma y tremendamente entrañable, capaz de hacer fácil lo difícil y con una naturalidad pasmosa. Hizo muchos grandes papeles, pero para mí siempre será el padre Berriartua en "El día de la bestia", una película que a mí (y me conta que a otros muchos) nos cambió su manera de entender el cine español, haciendonos ver que aquí se podía hacer todo tipo de cine. Pero además de con Alex de la Iglesia también colaboró con Pedro Almodovar, Imanol Uribe y Guillermo del Toro.


Una gran perdida. Os dejo con el corto que protagonizó para Alex de la Iglesia, "Mirindas asesinas". Descanse en paz.

viernes, 18 de julio de 2014

Brillantes susitutos.

Hace unas semanas se publicó el segundo tomo y cierre de la colección "FF". Esta serie nació como complemento de "Los cuatro fantásticos", algo de lo que siempre hay que desconfiar, por el tufo a maniobra comercial que tiene, pero como estaban detras Matt Fraction, que me tiene maravillado con "Ojo de Halcón", y Mike Allred, que es de todo menos convencional pues piqué.

La serie surge de un grupo que se constituye para cubrir la ausencia de Reed, Sue, Johnny y Ben al frente de la Fundación Futura, una suerte de escuela para jovenes dotados que tiene su sede en el edificio Baxter. Los imaginautas se ven obligados a abandonar la Tierra para realizar un viaje a otra dimensión, que en duración terrestre será solo de unos minutos. Los elegidos son El Hombre Hormiga Scott Lang, la inhumana Medua, Hulka y Miss Cosa, el último ligue de la Antorcha Humana, que como no tiene poderes se enfundará el traje que lució en tiempos remotos Ms. Marvel cuando estuvo en los 4F. Pero como es lógico, todo se complica.

Si alguien no conoce los referentes que he ido desplegando que no se preocupe, porque esta serie funciona como una historia cerrada y autocontenida. No hay cruces con otras series ni acaba en un continuara ni nada de eso. Yo mismo llevo muchísimos años sin leer los 4F y eso no ha impedido que disfrute como un enano. Porque sí, la he disfrutado mucho.





Fraction desde el primer momento es consciente de que el popero dibujo de Allred va a condicionar la serie y le da un tono ciencia ficción delirante y desenfadada. Que nadie se asuste al leer esto, porque está todo lo que ha hecho famoso a los 4F: amenazas espaciales, viajes en el tiempo, visitas a Latveria,  y personajes de toda la vida venidos de un futuro. Los autores se atreven incluso a ponerse metalingüísticos, con momentos como aquel en el que disertan sobre la moral de los heroes y villanos según el color de su traje, o aquel en el que Fraction y Allred visitan la serie. Pero todo ello revestido de un humor surrealista y nada sesudo, con diálogos con mucha chispa. Los alumnos de la Fundación Futuro son algunos de los que brindan los momentos más divertidos, con su inocencia y gamberrismo. Pero no hay que olvidar las apariciones del Vigilante, del que descubrimos su faceta libidinosa, o el Hombre Dragón, o el Hombre Imposible, con problemas con su churumbel. Y ya como guinda, hay en el tebeo referencias cinematográficas a "Los doce del patíbulo" de Aldrich (salta a la vista nada más leerlo) o hasta el "Fitzcarraldo" de Herzog, en un número narrado parcialmente como un video doméstico.



Hasta ahora solo he hablado del guión, pero si este logra funcionar tan bien, es por la labor del dibujante. Cuesta pensar en un dibujante más adecuado para esta serie que Allred, heredero de la vena más pop de Jack Kirby pasada por el tamiz de Roy Lichtenstein, y sin miedo a experimentar con la narración, con planos alucinantes. Además la labor de su esposa Laura en el color, con esos colores sólidos sin degradaciones aumenta el tono de estar leyendo un tebeo de esos de la infancia, en el que la diversión y la aventura estaban aseguradas. Además, en las escasas sustituciones que le hacen, el que le cubre es un tal Joe Quinones, del que no había oído hablar en mi vida, pero que se pliega al estilo de Allred, dando un tono unitario que beneficia la serie.
Normalmente me entristece que cierren una serie que me gusta, pero en este caso, no me ha dado pena,  no porque no me haya gustado, sino porque, en el fondo, todos, incluso los autores sabemos que es mejor que sea así: acabar en alto antes de que se eche a perder y todo quede deslucido.




En resumidas cuentas, un tebeo recomendable y fresquito para el verano. Animarse. Como despedida, una canción de The Gear, la banda de Mike Allred.