lunes, 27 de octubre de 2014

Cuando Morrison dominaba los mutantes...


Aprovechando la edición que sacó Panini hace unos meses para rentabilizar el estreno de la notable "X-Men: Dias de un futuro pasado" me hice con la mítica etapa de Grant Morrison al frente de los mutantes. Y si bien hay que reconocer que el paso del tiempo le ha restado algo de potencia, no por la saga en si misma, sino por el uso que se ha ido haciendo de sus hallazgos.

Marvel andaba recuperándose de la travesía en el desierto que habían sido los infames 90 (en lo que a tebeos de superheroes se refiere, que en el tebeo americano hubo cosas tan geniales como el nacimiento del sello Legends o el despunte de Daniel Clowes...). La década que empezó con expectativas de ir hacia el infinito y más allá tras ver pulverizadas todas las cifras de ventas en el año 91 (cifras aun no superadas...), acabó con la bancarrota de la editorial y lo que es peor, unos tebeos que en la mayoría de los casos a lo mejor que pueden aspirar es a ser olvidados. Como todo iba a ser mejorar, se cedió las riendas a Bill Jemas y a Joe Quesada, y se les dió libertad para hacer lo que quisieran. Gracias a estos surgieron cosas tan interesantes como el Spiderman de Strazynski, la creación del Universo Ultimate (con Millar y Bendis a los mandos, demostrando que las reimaginaciones podían merecer la pena...), los Statix de Milligan y Allred, el "1502" de Gaiman y Kubert. O estos New X-Men de Grant Morrison.
Morrison venía petarlo con su faceta más comercial en DC gracias a su reinterpretación de la Liga de la Justicia. Así que Quesada y Jemas pensaron, que aprovechando el tirón de la película de Bryan Singer, era el momento de darle un empujón a los mutantes. Y vaya si lo dieron.
El escoces en verdad no inventó mucho, ya que los conceptos sobre los que pivotó su etapa estaban ahí desde los primeros numeros de al serie: la Escuela de Charles Xavier como hervidero de hormonas adolescentes; la faceta épica y galáctica de los mutantes; el miedo que suscitan los mutantes; y todo ello bañado en una visión posmoderna (es decir entre el homenaje y la parodia) el delirio pop inherente a la Edad de Plata y de Bronce de los superheroes. Es decir, un mix de las etapas de Thomas y Adams con la de Claremont y Byrne con un punto de los primeros Nuevos Mutantes. Todo ello, eso sí, pasado por la peculiar visión de este hombre.
Los jefazos de Marvel le dieron a Morrison carta blanca y le permitieron desentenderse de crossovers, sinergias y demás mandangas. Y el autor optó por crear su propia continuidad. No es necesario saber que es lo que había pasado con los mutantes antes ni tampoco después. De hecho, no es casi necesario ni siquiera conocer a los personajes para disfrutar de lo que se nos narra: estos son los Nuevos X-Men de Grant Morrison y tiene principio y fin.

La primera saga con la que empezó fue un puñetazo en la mesa: introducía a la hermana melliza oculta de Charles Xavier y exterminaba a los millones de mutantes exiliados en la isla de Genosha. Esto es un empiece, si señor. Pero es que además los de Marvel lograron mucha propaganda extra cuando se produjeron los infames atentados del 11-S, porque Morrison y su fiel escudero Quitely, hicieron que una de las viñetas del tebeo fuera la imagen de una centinela visto desde dentro de un rascacielos a punto de colisionar con él. ¿Casualidad? ¿O es que la magia que Morrison dice practicar iba a ser finalmente algo más que una pose?
A partir de aquí hay momentos buenísimos y otros que quedan algo más irregulares.
Entre los primeros, las sagas que trascurren en la escuela con la recuperación de protagonismo por parte de los alumnos, que brinda alguno de los mejores momentos con nuevos personajes como Pico, Angel, Quentin Quire o Xorn. Pero Morrison no solo se esmera en los personajes nuevos, sino que desarrolla otros cambiando para siempre su devenir, como ocurre con Emma Frost y Cíclope. El tratamiento que hace de este último es modélico y debería servir como ejemplo de como (r)evolucionar un personaje, sin traicionar su idiosincrasia. Otras sagas buenas son la del imperios Shiar, aquella que introduce a Fantomex, o el final, con esa distopía con la que Morrison clausura los mutantes (de nuevo la etapa de Claremont y Byrne en la recamara...). Por lo menos en lo que a él respecta.
En el otro lado de la balanza, estarían las sagas que desmerecen un poco el conjunto: la trama detectivesca que implica a Bishop y Sabra, bastante mediocre; la saga relacionada con Arma X, mal resuelta y a la que no beneficia en nada el trabajo de Bachalo (un hombre que me suele gustar, pero que saca aquí su faceta más farragosa); o la conclusión de la saga relativa al Fenix y a Magneto, con un final un tanto absurdo. Aun así, incluso en sus momento más bajos, Morrison sabe despertar interés, sobre todo por lo bien dialogadas que están las historia.

En el apartado gráfico, pues al historia de siempre en las series regulares, el baile de dibujantes hace que el conjunto se resienta un poco y pierda coherencia. El que brilla por encima de todos es Quitely, como era de esperar. Su narrativa es alucinante y el número sin dialogos en el que Emma Frost y Jean Grey se internan en la mente de Charles Xavier, está sin duda entre los mejores tebeos de mutantes jamas publicados. Aparte de eso me encanta como retrata este hombre a los estudiantes adolescentes, porque, no nos engañemos ¿Hay algo más hermosamente feo que la adolescencia? No. Pues imaginetelo si encima te hubieran salido alas de mosca. O peor aún, pico y plumas. Pero claro, la labor maravillosa de este hombre tiene un precio, y esa es una lentitud probervial. Como se hubiera decidido que el iba a ser el único de dibujar esta serie costara lo que costara, pues aún estaríamos esperando a que acabara.
Y claro aquí entran los sustitutos, de estilo totalmente distinto a este hombre: Phil Jimenez, colaborador habitual de Morrison también, y que por mucho que le comparen a George Perez, a mí nunca me ha convencido mucho, porque su estilo termina quedando a medio camino entre lo épico y lo realista, y siempre me genera insatisfacción; Leinil Yu, un hombre que a día de hoy recibe todo tipo de parabienes, y que tampoco me termina de convencer, y menos aun en estos trabajos primerizos, más preocupado en crear ilustraciones llamativas que en narrar una historia y lo mismo para Ethan van Sciver, otro que hoy tiene caracter de dibujante hot, vayase a saber porque...; IgorKordey, que se llevó muchos palos, y merece romper una lanza a favor de él, ya hace una labor más que digna, porque a pesar de carecer del acabado preciosista que se gastan los otros dibujantes, es valiente y tiene una narrativa clara y audaz, como la viñeta que dejo al lado de
Emma Frost, que me encanta; John Paul Leon se encarga de un único número, y menos mal, porque casi consigue hundir la emotiva historia que protagoniza Xorn; del farragoso trabajo de Chris Bachalo en esta saga ya he hablado antes; y para acabar la recuperación para los mutantes de  Marc Silvestri, con un estilo totalmente alejado del que le encumbró a finales de los 80 al frente de "La patrulla-X", pero que al contrario que en otros trabajos suyos, en este caso, sí que se ajusta a la historia que está contando.





Con todos sus altibajos, el nivel de la historia, es, como mínimo, de bien alto. Y la edición de Panini esta muy ajustada en precio y tiene bastantes extras, así que es un momento estupendo para hacerse con una de las mejores etapas de los mutantes de todos los tiempos.


domingo, 19 de octubre de 2014

Sin posibilidad de escape


Nick Dunne, al llegar a casa el día de su quinto aniversario de boda, halla signos de violencia y ningún rastro de su mujer. A partir de eso momento se pondrá en marchar una investigación policial que le tomará como principal sospechoso ¿Es el realmente el culpable?

David Fincher siempre ha defendido que el cine más que entretener, debería inquietar. Y conmigo lo ha logrado en muchas ocasiones. Pero curiosamente, no fue con "Se7en", su película más cercana al terror (interesante, pero lejos de la maestría de lo que vendría después) con la que me aterrorizó, sino con "El club de la lucha", su primera obra maestra. Además es a partir de esta película cuando el director empezó a desarrollar plenamente su discurso sobre el ser humano moderno. Esto no quiere decir que no hubieran asomado pinceladas en "Se7en" y "The Game", pero lo hacían de manera más tangencial: y es que, al igual que ocurre con las posteriores "La habitación del pánico" y "Millenium. Los hombres que no amaban a las mujeres", su condición de películas de género y la mera (aunque enorme) profesionalidad que las preside, hace que el retrato de la sociedad actual que preside toda su obra quede en ellas algo diluido. Yo creo que es en las obras que tienen más indefinición genérica en aquellas en las que su descarnada visión del mundo se hace más palpable: en "El club de la lucha" nos obligó, a hostias, a una generación entera a plantearnos cual iba a ser nuestra vida y que estabamos dispuestos a hacer al respecto para hacerla más auténtica; con "Zodiac" mostró los rincones más oscuros del alma humana y el precio de la obsesión; en "El curioso caso de Benjamin Button" se dedico hablar de la familia, del amor y de la vida y la muerte con una delicadeza y una determinación pocas veces vista; y con "La red social" se dedicó a sacar los colores a las redes sociales y a aquellos que las defienden como la mayor herramienta de comunicación jamas creada, demostrando que sus propios creadores eran incapaces de comunicarse con las personas que más querían, cegados por la avaricia y el orgullo. Sin embargo, nunca se había introducido en la intimidad (y más concretamente en uno de sus pilares, el matrimonio) de la sociedad occidental de manera tan estrecha y tan inmisericorde. En esta "Perdida" toma como armazón la desaparición de una mujer para, aunando varios géneros (thriller, drama de pareja, sátira de los medios de comunicación) asestar un puñetazo en la barriga del espectador.


Es imposible referirse a esta película sin destripar nada, así que los que no la hayan visto y vayan a hacerlo (todo el mundo debería hacerlo) que deje de leer a partir de aquí, hasta el final de la entrada.
Lo repito en grande, que no me perdonaría estropearle a nadie esta maravilla.

A PARTIR DE AQUI, SPOILERS



Lo que más me ha llamado la atención es la actitud del realizador. Y es que Fincher se muestra más pesimista que nunca: si en "El club de la lucha" mostraba que la situación era bastante deprimente pero aun había posibilidad de salvación si se conseguía sacar a la gente del atontamiento en el que estaba inmersa (aunque fuera a base de golpes y bombas), en "Perdida" la batalla por enmendarnos está, y perdón por el chiste, perdida. Y el demoledor final, con la maldad perpetuandose no deja ninguna duda... Pero bueno, vayamos por partes.


El centro de toda la película es el personaje de Amy, excelentemente incorporado por Rosemund Pike. Esta terrorífica femme fatale del siglo XXI ejemplifica a la perfección los males de la sociedad moderna: superficial, cínica, manipuladora, y totalmente carente de escrúpulos para lograr lo que cree merecer. Hasta aquí, una femme fatale de manual. Pero es que aquí, todo esto unido a el rasgo que la hace totalmente contemporánea: un afán infinito con vivir una vida soñada y envidada por todos los que le rodean, y una total desconexión con el mundo real. El periplo del personaje en la casa de campo del personaje de Dessi (incorporado por Neil Patrick Harris) es la demostración última de todo esto: en lo que va de año ha habido pocas imagenes tan perversas como la mueca de satisfacción de Amy ante el espejo mientras utiliza una botella para fingir una violación anal. Pero este personaje no esta hecho a sí mismo: es la destilación de los peor de nuestra sociedad lograda a lo largo de varias generaciones. ¿Porque acaso este personaje no es en parte así por sus padres? La vampirización que estos han hecho de su vida a través de las novelas infantiles inspiradas en ella es bastante retorcida. Y no podemos olvidar la antipática actitud de los citados progenitores en la rueda de prensa y la condescendencia que presentan ante Nick en todo momento... Uno acaba por pensar que Amy ha terminado creyendose capaz de manipular su realidad, tal y como sus padre han venido haciendo durante toda su vida para sacar tajada.

Pero no es este el único personaje negativo. El protagonista, Nick (en la que probablemente sea la mejor actuación de Ben Affleck), quizás no sea tan despiadado, pero no es un dechado de virtudes. Miente y usa su carisma para obtener lo que quiere. Pero lo peor de todo no es eso, sino que cuando intenta ser honesto, todo se tuerce, y solo consigue enmendar la situación cuando decide entrar en el juego de manipulaciones que plantea el personaje de Amy. Aquí hay que reseñar dos de las mejores secuencias de la película: la preparación previa a la que el protagonista es sometido por su abogado antes de su entrevista en un programa amarillo de máxima audiencia, rodada como si fuera un amaestramiento en todo regla (al protagonista se le lanzan bolitas de comida para premiarle o castigarle...); y la posterior entrevista. Sobre todo esta última secuencia vuelve a demostrar que Fincher es un genio de la narrativa cinematográfica, no solo por ambigüedad con la que resuelve la escena, sino por el uso que hace del montaje, ya que no el espectador no ve la escena cuando el personaje la vive, sino cuando se retransmite por televisión: en el mundo en que vivimos, nada tiene valor hasta que no está legitimado por los medios de comunicación.

Y el resto de la fauna que puebla la película tampoco son para tirar cohetes: presentadoras televisivas amarillistas y oportunistas; rednecks ignorantes y avariciosos; niños ricos vanidosos e inseguros; abogados mediáticos que saben que en la sociedad actual los juicios se ganan antes en los medios que en los juzgados (de hecho, en la película ni siquiera se llega a ver uno...). Los dos únicos personajes que tienen algún rasgo positivo son la inspectora de polícía que investiga la desaparición, profesional y medianamente ecuanime; y la hermana melliza de Nick, que es quizás el único personaje que muestra un amor desinteresado y noble por otro en toda la película

La trama de thriller y la investigación no es lo que más le interesa mucho al director y opta por hacerla grotesca hasta límites casi caricaturescos, con golpes de efecto y momentos en el límite de lo verosimil ¿Pero es realmente una caricatura? ¿O en verdad somos los ciudadanos los que somos grotescos? Con todo, es admirable el uso que hay de los puntos de vista y como va manipulando al espectador a través de la visualización de lo que Amy escribe en su diario. Pocas cosas habrá más perversas, que usar un diario  (el único sitio en el que ser siempre uno mismo, en el que no es necesario aparentar...) para manipular y hacer daño a la gente.

Y para acabar, la realización de la película. Algunos dirán que se trata de una película simple y que la puesta en escena de Fincher es la más sencilla que nunca ha realizado. Craso error. Yo no definiría el aspecto visual de esta película como sencillo, sino más bien como desnudo. No hay nada superfluo en ella, no hay filigranas visuales ni salidas de tono. Pero está todo muy pensado. No es el trabajo de un perezoso. Fincher sigue calculando sus trabajos con la misma precisión, como ha quedado claro en los ejemplos que he ido poniendo y en más cosas. La configuración que hace de los planos esta muy trabajada, tanto en la composición como en la iluminación, de tal manera, que por momentos uno cree estar mirando un cuadro de Hooper. Y su maestría se ve en cosas, como por ejemplo el uso que hace de los espejos para reflejar la mentira. O en como maneja la rueda de prensa o el discurso en el parque con un montaje prodigioso. O la inquietante visita al centro comercial abandonado y ocupado por vagabundos... Y remarcar la música, su tercera colaboración con Trent Reznor y Atticus Ross, que con un estilo minimalista, aumenta el ambiente perverso que preside toda la cinta.


SE ACABARON LOS SPOILERS

Que la vaya a ver todo el mundo. Fincher ha vuelto a parir otra maravilla. Además del trailer os dejo un video muy interesante repasando su carrera. Ojala este hombre estrene películas cada temporada. O mejor aun, cada mes. O mucho mejor aun, cada semana.






domingo, 12 de octubre de 2014

Lo que la marisma esconde.


El 20 de Septiembre de 1980 dos policías madrileños llegan a un pueblo en las marismas del Guadalquivir para investigar la desaparición de dos hermanas adolescentes. Lo que al principio parece una fuga de las jovenes, acaba desembocando en algo perverso e intrincado.


A veces hay que fiarse de los trailers. Aunque la función de estos sea la de vender una película (muchas veces al precio que sea) y en tantas ocasiones han sido el cebo para sacarnos nuestro dinero con auténticas chorradas, de vez en cuando lo que pinta bien en el trailer se transforma en una película sólida. Bueno pues en este caso, el estupendo trailer con el que se presentó "La isla mínima", es el anticipo de uno de los mejores thrillers de la temporada.





La película vendría a ser una traslación a la península del thiller sureño norteamericano que tantas veces hemos visto con todas sus señas de identidad: comunidades cerradas en si mismas que parecen vivir casi de espaldas al mundo, miradas al mundo sobrenatural, la inmunidad de los poderosos, una sexualidad enrarecida y pegajosa... Pero no se dedica el realizador simplemente a cambiar de ubicación las rasgos básicos de un género tan codificado, sino que les insufla bastante ingenio y brío.
Ya desde los títulos de crédito (los mejores títulos españoles que he visto en muuucho tiempo...), el realizador juega a desconcertar al espectador con esas imágenes aéreas de las marismas, que asemejan las circunvoluciones cerebrales. Nada va a ser lo que parece.
Esos planos, que se repiten a lo largo de la película, y que algunos podrán tomar por esteticistas y gratuitos, pero a mí no me lo parecen. Igual si que es cierto que se hace un poco reiterativo su uso, pero es indudable que consiguen enrarecer el ambiente ya desde el principio, y que el espectador se preste a mirar con otros ojos el idílico paisaje de las marismas, que pasan a ser un terreno peligroso y lleno de secretos. Porque la marisma es un personaje más de la película: los subterfugios, la humedad, los atajos, los canales... Es curioso como un entorno tan cinematográfico no se haya prodigado más en el cine. El director estruja el paisaje de tal manera que uno siente el calor y al humedad. Y casi hasta las picaduras de mosquito.

Si bien lo que más llama la atención es la estupenda realización (con secuencias como esa persecución nocturna por las marismas, excelentemente rodada), no sería justo reconocer que el guión funciona bastante bien y sabe hacer evolucionar por igual tanto la investigación como la denuncia social, que retrata una España todavía totalmente dominada por caciques y la alargada sombra de Franco.

Y para acabar, llamar la atención sobre el trabajo que realizan los dos protagonistas. Raul Arevalo logra que uno recupere la fe en él tras verle en un despropósito como "La vida inesperada", pero el que se lleva la palma es Javier Gutierrez. Este actor demuestra que sabe hacer algo más que papeles tontos en comedias más tontas aun, y compone un personaje complejo y ambiguo, llenando la pantalla cada vez que aparece.





Y dejo para el final el tema de el parecido con la primera temporada de "True detective". Es indudable que la serie norteamericana viene varias veces a la cabeza viendo la película por ambientación, coincidencias argumentales, el tono de la historia... Las cuentas no cuadran, ya que el rodaje de este película acabó en diciembre del 2013 y "True detective" no se estrenó hasta enero de el año siguiente, pero a uno siempre le queda la duda: ¿Esteremos ante una de esas casualidades cuasicósmicas? ¿O tuvo el director acceso a la serie antes de su estreno y se empapó de ella? Probablemente nunca la sabremos, pero, por favor, que eso no haga que nadie no vaya a ver esta película, que merece mucho la pena. Y no está la cosa como para perderse la mejor película española estrenada en lo que va de año.





sábado, 4 de octubre de 2014

Capturando la infancia.


Mason es el hijo de un joven matrimonio tejano divorciado. A lo largo de la película se ve su maduración durante 12 años, presenciando como cambia él y lo que le rodea: su familia, sus amigos..

¿Se puede rodar la vida? Imagino que Linklater se ha hecho muchas veces esta pregunta. Es obvio que le interesa mucho la capacidad del cine para reflejar el paso del tiempo y lograr trascender la ficción para convertirse en algo real. Ya viene haciendolo en los últimos 18 años con su serie "Antes de..." que tomo como punto de partida una película romántica un pelín tontorrona y pretenciosa para ir narrando una de las más interesantes y honestas crónicas que uno recuerda haber visto en pantalla sobre la evolución de una relación de pareja. Pues con esta película el director vuelve a incidir en el tema, con más maestría si cabe.

Y eso que yo entraba con un poco de escepticismo a ver este "Boyhood. Momentos de una vida",  por dos motivos. Por un lado me daba miedo que hubiera mucho ruido y pocas nueces, porque a veces estrategias extravagantes como la que ha seguido Linklater para rodar este trabajo (12 años de rodaje intermitente...) no son más que maniobras publicitarias destinadas a conseguir bombo medíatico: la primera película rodada con un movil; la primera película rodada en un plano secuencia; la primera película rodada en esperanto... Y por otra parte, me asustaba lo opuesto: que en su afán de capturar el tiempo, el director hubiera parido una película pretenciosa y en exceso trascendente.

No había motivo para estar asustado. La idea de rodar durante doce años con los mismos actores, sin ser totalmente imprescindible (si distintos actores hubieran interpretado el papel protagonista en las sucesivas etapas de su vida, hubiera salido una película más que correcta...) lo cierto es que dota a la película de una autenticidad que hubiera sido muy difícil lograr de otro modo. Ver envejecer a los actores convierte la película en algo casi orgánico y hace que por momentos uno tenga la sensación de estar viendo un documental con un punto de vouyerismo. Eso sí, que nadie piense que lo que va a ver es una película escabrosa: aunque el director no huye de mostrar los dramas en la vida del chico y su familia (¿que vida no los tiene?), el acercamiento que hace a ellos es bastante natural, huyendo siempre del morbo. Y tampoco hace un
especial hincapie el realizador en remarcar los hechos más importantes de la vida del chaval, de hecho bastantes de ellos quedan en off. En ocasiones, vemos cosas que es obvio que le van a marcar su futuro, pero en otras, vemos momentos banales, que aparentemente no aportan mucho a la trama ni al personaje, y sin embargo, son imprescindibles para darle esa coherencia tonal. Sería un poco tramposo por parte del autor perseguir un tono realista y luego basar la película únicamente en momentos trascendentales: al igual que en la película, en la vida son muchas veces los momentos aparentemente intrascendentes los que mejor nos definen. Y aquí hay otro punto que me pareció muy interesante: los personajes se refieren a hechos o a personas que han tenido gran calado en su vida, y nosotros como espectador no los vemos nunca. Esto genera una sensación de desconcierto en el espectador: no sabemos si el personaje esta mintiendo a los que le rodean sobre el hecho, o si se está engañando a si mismo sobre la importancia real que ese hecho tuvo en su vida.

Otro hecho remarcable es que el director aprovecha la evolución de el protagonista para hacer una radiografía de la evolución de sus padres (excelentemente encarnados por Patricia Arquette y Ethan Hawke): por un lado vemos como la madre conquista su independencia económica y emocional, por lo menos aparentemente (atención al momento de la despedida en la cocina...) pero no sin antes haber sufrido muchos reveses emocionales y profesionales; y por otro el padre pasar de ser un hombre ansioso de libertad que malamente cumplía con sus responsabilidades paternas para pasar a convertirse (a saber por cuanto tiempo) en el marido, padre y yerno perfecto en el  llamado "Cinturón de la Biblia" (con esas casi surreales escenas del cumpleaños y las prácticas de tiro...). Lo que deja claro el director es que, los adultos, aunque siempre intentemos hacer parecer lo contrario, venimos a estar tan desorientados como los niños y adolescentes. Igual de perdidos, pero con arrugas, canas y más kilos

La cámara está siempre a la altura de los personajes, no ha condescencia ni admiración, lo que aumenta la citada sensación de vouyerismo, de colarse en la vida de otros. Y en todo momento se respeta de manera escrupulosa el punto de visa subjetivo del protagonista: no hay nada que el personaje no vea que llegue a los ojos del espectador. Este realismo tambien se extiende a los escenarios, todos reales y la fotografía, con tonos de imágenes domésticas. Eso sí, a mí me pareció notar que los últimos compases de la película estaban rodados con cámaras digitales: además de una suerte de diario personal, de manera involuntaria, la película también ha terminado por erigirse en una crónica de la evolución de los medios de rodaje de los últimos 15 años. El estilo naturalista con el que está rodada la película me recordó en algunos momentos a "Los 400 golpes" de Truffaut. Y me imagino que no será casual, ya que seguramente las películas sobre Antoine Dumel del cineasta francés habrán rondado la mente del Linklater a la hora de poner en marcha todo el proceso.

Y antes de acabar una cosa, habrá alguno que critique el uso de canciones de pop-rock que hace la película (Coldplay, Gnarls Barkley, Hero, The Flaming Lips, Wilco, The Black Keys, Arcade Fire, Kings of Leon, Vampire Weekend...) por ser tramposo y buscar solo embellecer las secuencias para hacerlas más emotivas. Y, puede ser que algo de eso haya, pero la verdad es que el realizador hace un uso riguroso de la música contemporanea de cada momento, nunca se usa música posterior a lo que se nos está narrando, de tal manera que las canciones se pueden ver como la música que tiene en su reproductor el protagonista en cada época.


Una película que no conviene perderse y sin duda una de las mejores que he visto en lo que va de año. Y eso que aun no ha salido a la luz su making of, que seguro que cuando lo haga resulta tan fascinante como la película misma.


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viernes, 26 de septiembre de 2014

Jugando en el Estrecho.



El Niño es un joven que vive junto al Estrecho de Gibraltar, que con su capacidad para conducir lanchas cargadas de hachís a través logrará poner en jaque a la Policía de zona, además de convertirse en el objetivo de los mafiosos locales.


Cinco años le ha costado a Daniel Monzón estrenar su última película desde la exitosa y magistral "Celda 211". Y se ha hecho largo por el buen sabor de boca que dejó aquella cinta, que es para mí uno de los mejores thrillers carcelarios que he visto. ¿Ha merecido la pena la espera? En general, sí. Ya desde la misma concepción de "El Niño", el director ha buscado alejarse de su anterior trabajo. Ha huido del tono pesimista y claustrofóbico de aquella para ofrecer una propuesta más ligera, luminosa y más aventurera. Y eso es lo mejor y lo peor de la cinta.



¿Porque lo mejor? La película le ha quedado entretenida, sus algo más de dos horas no se hacen aburridas en ningún momento y en general las dos tramas de la película funcionan bastante bien. 
La de los policías adultos no es que sea muy innovadora (lo del traidor es un poco previsible...), pero mantiene el interés y la manera que tiene de mostrar como funciona Gibraltar, es fresca y a la vez algo perturbadora, y además se trata de algo que no recuerdo haber visto nunca en el cine. También esta bien contado todo lo relativo al modus operandi de la policía de aduanas en el Estrecho, que trae a la mente la segunda temporada de "The Wire", lo mejor de esa serie, (buena, pero algo sobrevalorada a mi parecer). Aunque también hay que decir que, Monzón y Gerrikaetxebarria, parece que confiando en los buenos actores que van a defender los personajes (llama la atención  Luis Tosar, que está tan excelente como siempre), no se esfuerzan mucho en darle profundidad a los personajes. Cuando uno ve la película, los interpretes logran que uno no se lo plantee, pero una vez vista, si se piensa un poco en ello, no tienen mucha chicha...
Y luego está la parte de los chavales, que era lo que más me hacía recelar desde la distancia ( daba miedo que fuera una mera concesión para atraer a las salas a los adolescentes y adolescentas ansiosos de aventuras cannabicas y guaperas con ojazos...), pero que por sorpresa, queda bastante bien. Y es que si los policías solo se sostenían por quien les daba vida, los personajes jóvenes resultan bastante creíbles, en gran parte gracias a los diálogos (sorprendentemente he leído de gente que criticaba la manera de hablar de los personajes... ¿Pero como van a hablar unos chavales malagueños?) y a la labor de los intérpretes, bastante auténticos y
carismáticos. Todos excepto el personaje que da título a la película, Jesus Castro, que será muy guapo y tendrá los ojos muy bonitos, pero que es de largo, el peor interprete de todos. El periplo por Marruecos en los campos de marihuana tienenmucha potencia visual y enseñan algo muy pocas veces visto, y las persecuciones entre las lanchas y los helicópteros quedan bastante intensas, sobre todo gracias a la fisicidad con la que están rodadas y a la ausencia de efectos digitales. Y el tono aventurero, al que contribuye no poco la excelente partitura de Roque Baños, que se le imprime a esta parte, hace que sea muy amena: no es tanto la ambición lo que les mueve, sino la camaradería y la adrenalina que genera.



Pero esta ligereza es curiosamente, la mayor pega de la película. Y lo es porque le resta algo que trascendencia al conjunto. Aunque hay momentos de violencia bastante contundentes y bien rodados, cuando la cinta acaba, el espectador no tiene sensación de que todo lo que han vivido les vaya a cambiar la vida a los personajes. A pesar de que se han visto envueltos en situaciones bastante serias, estas no parecen tener consecuencias reales en su vida. Y hace que la película quede entretenida, pero un poco intrascendente.



De todos modos, es una pelícual más que digna, y desde aquí no podemos más que desear que este hombre siga rodando. Y a ser posible thrillers y con más frecuencia...



jueves, 18 de septiembre de 2014

No somos policías. Somos espías.


Issa es un joven checheno, que tras pasar una temporada en una carcel rusa por colaboración con grupos yihaddistas, consigue llegar como polizón a Hamburgo, ciudad que está en el punto de mira de todos los servicios de espionaje tras haber sido uno de los lugares en los que se gestaron los atentados del 11-S. A su llegada, se convierte en el objetivo a seguir por parte de Gunter, un agente de los servicios secretos (y alegales) alemanes. En esta trama se verán también implicados banqueros corruptos, abogadas de ONGs, supuestos benefactores musulmanes y la CIA.

Esta película ha estado a punto de escaparseme, ya que no había tenido ninguna noticia de ella. Y es curioso, porque el trabajo del realizador Anton Corbijn tanto en sus videos musicales como en "El americano" (sorprendentemente aún no he visto "Control", su debut narrando la historia de Ian Curtis, que tiene muchos votos para gustarme...) me parece muy interesante. Y además la última película que vi basada en una novela de John Le Carré (otro autor al que no he leído, aunque estoy convencido de que me gustaría...), "El topo", me pareció una obra maestra. Pero bueno, uno anda disperso en ocasiones...


Las tramas de Le Carré, siempre muestran los intestinos de los gobiernos y de las multinacionales que controlan el destino del mundo. Y sus protagonistas son seres grises tanto emocional como moralmente, cuyo asidero vital es su trabajo. En este caso, el realizador se centra en hacer un retrato moral de sus personajes, y por extensión de la condición humana ¿Cuanta maldad puede tolerarse en una persona hasta considerarla malvada? ¿En que punto deja el fin de justificar los medios? El guión desarrolla todo esto muy bien, aunque quizás lo haga en base a dejar un poco de lado la parte de thriller.   La tristeza
vital de los personajes llega al espectador por medio de sus acciones: vagan por la gris ciudad de Hamburgo en tugurios de mala muerte, puertos y furgonetas de escucha; comen y duermen mal y beben demasiado; y la mejor demostración de su vacío emocional es que la única muestra de afecto que se da entre dos personajes, es un beso que tiene como objetivo el hacerles pasar inadvertidos mientras realizan un seguimiento. Los espías que nos presenta la historia han mentido tantas veces a sus informadores diciendoles que cuando traicionan o venden a alguien en verdad les están ayudando, que se lo han llegado a creer ellos mismos. Y luego están los poderes burocráticos y económicos que dirigen todo, manipuladores, ambiciosos y sin ningún tipo de lealtad hacia nada ni nadie.

Para mostrar esto, Corbijn opta por una realización sobria, que deja respirar a las secuencias para hacer creíbles a sus personajes. Al contrario de lo que puediera esperarse de una realizador procedente del mundo del videoclip, se huye en todo momento del esteticismo (algo que no lograba hacer del todo en "El americano"...) y la puesta en escena se pliega en todo momento al guión.  No hay ningún exceso y el tono de la cinta es seco y adulto: no hay forzados diálogos aclaratorios entre personajes ni flashbacks. Alguno pensará que esto es sinónimo de realización plana y sin chispa: ni por asomo. Hay muchos momentos muy bien resueltos. Hay está el plano inicial en el que vemos como el agua calmada del puerto de Hamburgo se ve de repente agitada por el barco en el que llega Issa de polizón, lo que es una metáfora visual de como la llegada de ese joven va a poner patas arriba la vida de mucha gente. O la secuencia del interrogatorio entre la abogada idealista y Gunter, en la que hace un estupendo uso del enfoque en planos repetidos para mostrarnos como los personajes van cambiando de parecer. Y el final, muy deprimente y de una tensión muy bien resuelta en el que el cazador se convierte en cazado.

Todos los actores, hasta Rachel McAddams, están muy bien, pero si alguien brilla con luz propia es el malogrado Phillip Seymour Hoffman. Sé que algún queda alguna que otra película suya por estrenar, pero creo que este es el mejor cierre que puede tener su carrera. Su personaje, que vendría a ser una versión más cínica y baqueteada por la vida del que interpreto en la fallida "La guerra de Charlie Wilson" (y que era lo mejor de aquello, con un monologo final de los que hacen época...), y lo compone a base de una mezcla entre profesionalidad, perspicacia, impulsividad, dejadez personal y mucha, mucha tristeza.

Una buena película que no conviene dejar escapar. No llega al nivel de "El topo", pero lo cierto es que pocas lo hacen. A ver si después de esto dejo atrás mi pereza y empiezo a leer a John Le Carré. Y una memorable despedida para Seymour Hoffman.


viernes, 12 de septiembre de 2014

Llevada al límite



Lucy es una chica americana que está estudiando en Taiwan. Pero lo que le gusta más es la fiesta. Así que un día, tras una noche de farra, su último ligue la obliga a hacer de correo en un chanchullo de drogas. La cosa se complica y finalmente la convierte en una mula obligada a la que injertan una nueva droga experimental. La bolsa se rompe y en lugar de morirse, Lucy empieza a desarrollar progresivamente su capacidad cerebral por encima del tan famoso 10% y empieza a adquirir habilidades inesperadas...

Esta película es curiosa por muchos motivos.
El primero es su relación con "Trascendence", otra propuesta de los últimos meses sobre la evolución de la mente humana. No tanto porque traten temas parecidos (eso no es nada nuevo hay: están las películas de estreno casi simultaneo sobre meteoritos, Robin Hood, volcanes o incluso peces animados...) sino por como evoluciona cada una de ellas. Si en "Trascendence", a pesar de su nombre y de venir apadrinada por el sobrio Christopher Nolan, encontrabamos al final una película algo hueca tanto en fondo como forma, ahora está en los cines "Lucy", que a pesar de ser vendida como el nuevo producto de acción del largamente disperso Luc Besson, acaba exprimiendo muchos más las posibilidades tanto visuales como narrativas que el tema ofrece y el género de acción le ofrecen, para terminar sobrepasándolo.
Luego está el hecho de que en las dos cintas esté Morgan Freeman, interpretando un papel similar. Esto no es nuevo, ya que a día de hoy Freeman es un actor encasillado. Pero es que además, este hombre está haciendo ultimamente unos documentales bastante curiosos que hablan sobre ciencia. Se ve que los documentales le han hecho que le pique el gusanillo de la ciencia extrema.
Y por último lo más anecdótico: la similaridad del personaje protagonista con el que viene interpretando Johansson en el universo Marvel, la Viuda Negra, ya que se puede ver esta película casí como el origen apócrifo de este personaje, lo cual no deja de tener cierta gracia...

Aunque siendo justos, la película tiene más interés, más allá de estas anecdotillas. Y lo es, por sorpresa, gracias a la labor de Besson tras la cámara.
Ya desde el principio el director opta por, tras un prólogo situado en los albores de la humanidad, ir llenando la secuencia en la que Lucy es forzada a servir de correo por su último ligue, con insertos de cacerias de depredadores animales. Esto, que podía haber sido un recurso un poco simplón para inyectar tensión en la trama, es bastante interesante, ya que el comportamiento animal y su evolución va a ser el tema principal de la película. Además, la secuencia explicatoria de rigor sobre el uso del cerebro humano está resuelta de manera bastante agil y nada perezosa: la conferencia a cargo del neurólogo al que da vida Morgan Freeman, está intercalada a través de montaje paralelo en los primeros compases de Lucy tras iniciar
el proceso de potenciación de sus capacidades mentales. Y no queda ahí la cosa, ya que Besson, se toma la molestia de adaptar la manera de filmar las secuencias de acción al momento del desarrollo en el que se encuentra la protagonista: en los primeros compases, cuando aun es una chica normal, el montaje es más sincopado y nervioso, aunque bien rodado; cuando se inician sus poderes se muestra algo exhibicionista, algo lógico, teniendo en cuenta que es lo más coherente comportarse así al descubrirse semejante capacidades; pero conforme va adquiriendo más control sobre su cerebro, las secuencias se van volviendo más desapasionadas y frías, para acabar dejando de lado la acción en los últimos cinco minutos y abrazando abiertamente la ciencia ficción más cerebral en los estupendos minutos finales. Probablemente esa giro progresivo a la ciencia ficción, es uno de los motivos que uno de los adolescentes de la panda que tenía detrás y que seguro esperaban una película de acción de principio a fin soltara "¡¡Vaya mierda de peli!!"

Se pasó un poco el muchacho. No es una obra maestra, pero, como ya he dicho, está bastante bien resuelta y es bastante menos convencional de lo que se puede esperar, así que se disfruta bastante. Y además del trailer, dejó la canción de los créditos, de Damon Alborn, que me moló bastante.