miércoles, 17 de diciembre de 2014

Los chavales del jaco

Renton, Sick Boy, Spud, Tommy y Begbie, los futuros protagonistas de "Trainspotting", tienen unos 20 años en el Edimburgo de mediados de los 80. Dejados de lado por las políticas de la Thatcher, la mayoría de ellos acabaran enganchados a la heroina.

Ultimamente estoy volviendo mucho a Irvine Welsh, si hace poco salía por aquí la adaptación de su novela "Escoria", hoy hablo de su última novela.Casi diez años después de darle continuación (la estupenda "Porno") a la novela que le dio la fama "Trainspotting", Irvine Welsh regresa con este "Skagboys" a sus personajes fetiche, y al que seguramente sea su alter ego, Mark Renton para describir los hechos que echaron a perder a la mayoría de sus compañeros de generación. Vamos lo que se ha dado en llamar, una precuela...
Con los años Welsh se ha ido depurando mucho como narrador, dejando de la lado la narrativa sincopada que tenían sus primeros trabajos, que venían a ser casi una concatenación de anécdotas vividas por los mismos personajes. Ahora se nota que el autor tiene claro desde el principio hasta donde quiere llegar, y eso le da una narrativa más medida y cohesionada.

Este cambio narrativo, que ya se iba viendo en parte en "Las pesadillas de Marabú" y "Escoria", se hizo tangible en la excepcional "Cola", que vendría a ser una novela bisagra en su carrera, acometiendo a partir de ahí novelas más ambiciosas en duración y narrativa. Welsh a devenido en una suerte de Dickens del siglo XXI, que retrata con una certera mirada entre irónica, tierna y descarnada la sociedad contemporanea. Su prosa rica, con un genial manejo de todo tipo de registros y sus agudas referencias a la cultura popular del momento, lo convierte en un gran cronista. Y al igual qir el maestro Dickens, es muy difícil no dejarse arrastrar por su escritura y acabarse sus novelas en un suspiro.

A la par que ha ido mejorando su escritura, el escritor ha ido dejando atrás esos escenas brutales que tan frecuentes eran en sus primeras obras. Habrá alguno que eche esto de menos, y que acuse al escocés de haber perdido espontaneidad y haberse aburguesado, y aunque si que ha pedido algo de frescura y sobre todo de humor, yo lo veo como un avance. En esta novela, aunque los exabruptos son menores, hay secuencias que ponen la piel de gallina, como aquella en la que una adolescente acuciada por el mono y su chulo, llega a acostarse con el hombre que mató a su padre por dinero. O la secuencia de sexo salvaje y totalmente amarga que se produce entre Renton y otra mujer, un ejercicio de autocastigo brutal que define de manera perfecta el desasosiego y nihilismo del protagonista...

Volviendo con el tema del humor, como ya he comentado, en este obra hay bastante menos, pero es que toda la novela está presidido por un tono melancólico y triste. En parte quizás sea deba por lo que esta novela tiene de autobiográfica, lo que seguramente haya hecho que muchas vivencias y recuerdos de amigos fallecidos a causa de la epidemia del SIDA y me imagino que ese tema le habrá dejado pocas ganas de bromear.Y por otra parte está el hecho de que al conocer el destino fatídico que van a tener algunos de los personajes, que hace que el lector tenga la sensación de estar presenciando un accidente a cámara lenta: por momentos se siente cierta angustia por lo que a los personajes les espera a la vuelta de la esquina...

Pero no solo habla de la adicción al caballo, sino que también refleja muy bien el desmembramiento del sistema social que llevo a cabo la Thatcher, con esas represiones brutales de las huelgas, y la sensación de desamparo que eso genero en los jóvenes de aquella generación.

Una buena novela, triste y amarga, pero que da voz a uno de los peores dramas que hubo en la Europa de los 80, la adicción masiva de la heroina. Un buen regalo para fechas venideras. Para cerrar, una canción mítica de "La polla records" que a buen seguro le hubiera encantado al Mark Renton de 20 años. Y al de 40 también...



jueves, 11 de diciembre de 2014

Travesía por el desierto


Moises es criado como primo de Ramses, el futuro faraón, que se sirve del pueblo judio esclavizado para levantar sus pirámides y templos. El día que Moises descubra que en realidad es judio, su vida cambiará y se erigirá como libertador del pueblo oprimido.

Ridley Scott es actualmente un saco de arena a nivel de la cinefilia. Esta de moda lincharle. Y no es justo, porque quitando "Alien", en el siglo XXI ha realizado lo mejor de su obra. Desde su resurrección con "Gladiator" (que está bien, pero que a mí me parece que no es para tanto...) viene realizando algunas de las mejores películas de su carrera entre las que destacan dos películas que no tiene mucha prédica, pero que a mí me fascinan: "Hannibal", una rareza audaz, perversa y divertida, capaz de separarse de la sombra de su predecesora e incluso superarla; y "El consejero" una grandísima muestra de cine negro y la mejor representación cinematográfica de la obra del genial Cormac McCarthy. Y esto se debe, sobre todo, a que con los años se ha depurado mucho como narrador. Sus películas no son redondas, pero dentro de que se tratan de productos de estudio, (casi) siempre consigue extraer de ellas ideas interesantes. "Exodus: Dioses y Reyes", digamoslo ya, no es uno de sus mejores trabajos, pero aun así tiene sus puntos de interés.

La primera mitad resulta un tanto aburrida. Como la historia ha sido mil veces vista y no se le aporta nada nuevo, la cosa se vuelve bastante cansina. Lo único que hay son personajes bastante planos que no consiguen hacer novedosas situaciones que oscilan entre lo predecible y lo farragoso. El director intenta introducir ideas repescadas de "Gladiator", como las batallas, o de manera más obvia, la rivalidad entre Moises y Ramses, que en ningún momento alcanza la tensión pretendida. De esto tiene tanta culpa Scott como sus guionistas, que no han sabido insuflarle interés ni, por ejemplo, aprovechar cosas como las implicaciones políticas que podía tener la historia y sus paralelismos con la situación acutal. Todo esto queda desaprovechado al centrarse por completo esta parte en el personaje de Moisés, protagonista absoluto, que es presentado de manera bastante tópica.

La segunda mitad se torna en cambio más interesante, no porque se desate el espectáculo (de hecho el momento más cargado de FX digitales, el de los cocodrilos, es el que más chirría...), sino por el acercamiento que hace a las situaciones más fantásticas, que es totalmente agnóstico. Al contrario que lo que pasaba con "Noé" en la que Aranofsky,  también desde una postura agnóstica, llevaba al limite la vertiente fantástica que permiten las historias bíblicas, optando por incluir hasta gigantes de roca, Scott hace lo opuesto. Se cuestionan en todo momento el componente divino de los hechos más inexplicables que vemos en la película.

La secuencia de la separación de las aguas lo muestra bastante claro. Al contrario que las representaciones más celebres de este episodio, en la que se le concede a Moisés la capacidad de manejar las aguas practicamente a su antojo, aquí se opta por una representación bastante distinta. El agua no queda como suspendida por un muro invisible, sino que se produce una bajada progresiva de su nivel, pero sin llegar a desaparecer por completo: no se trata de un simple paseo, sino que los judios tienen que mojarse al atraversalo. Y además al final Moises es engullido por las aguas. Sobrevive, pero se pega una buena aguadilla. ¿Se trata realmente de una acción de los dioses? ¿O hay una causa científica?

Pero la mejor la secuencia en este aspecto es la plaga que acaba con los primogénitos, resuelta con una sencillez y una eficacia aplastantes. Es de agradecer que a pesar de haber contado con todos los medios posibles, Scott haya optado por una visión mucho más sencilla y elegante, pero que ademas, llena de detalles inquietantes como esas luces que se van apagando.






Y para rematar toda esta vision tan descreida de la religión está la representación que hace de Dios, que es mostrado como ¡¡¡un niño enrabietado y rencoroso!!! Además unicamente se aparece a Moises cuando este se encuentra solo, y siempre que les observa alguien en la distancia, el profeta aparece hablando solo.

Todo esto hace que la película, con todos sus fallos, achacables sobre todo a la primera mitad, termine resultando simpática. Principalmente por su valentía, que lejos de complacer al espectador de blockbuster en general y a las poderosas masas religiosas del "Cinturón de la Biblia" de EE.UU., ofrece una película un tanto incomoda, dentro de los márgenes de una superproducción, por supuesto. Y también por el buen hacer artesano de Scott, que ha dejado ya atrás aquellos excesos visuales, que a veces funcionaban, pero que otras veces empachaban.




Una película fallida, que debería haber durado menos y que (y si alguien se toma la molestia de leerme con asiduidad, sabrá que no me gusta hacer predicciones...) casi seguro naufragará en la taquilla de USA, pero que quedará como una visión curiosa de la historia de Moisés.

viernes, 5 de diciembre de 2014

Con la Humanidad bajo cero


En el año 2031, lo que queda de la Humanidad tras una glaciación fruto experimento fallido para intentar paliar el calentamiento global, sobrevive en un tren que traza una ruta continua alrededor del mundo. Dentro del tren, la sociedad está dividida en castas, los pobres viven hacinados en los vagones de cola, mientras que los ricos, que disfrutan de todo tipo de recursos y gozan de todos los lujos en los vagones delanteros. Curtis Everett, uno de los desfavorecidos, encabezará una rebelión que busca acabar con esto...
Tras renegar y resignarme a que esta película no fuera a estrenar en mi ciudad, hace unos días, gracias a Raymond, acabé disfrutando de esta película en el salón de mi casa. Y sí, he dicho disfrutar. Y mucho.
Para su desembarco en el cine internacional Boong Jon-ho ha optado por una película de ciencia ficción postapocalíptica basada en un tebeo francés (que desconozco, por cierto). Y si bien es cierto, que toda la película tiene un tono cercano a Humaoides, la célebre publicación gala, en la cinta encontramos muchos géneros más,  algo que de primeras puede chocar, pero que si se conoce un poco la carrera de este interesantísimo director coreano, es bastante esperable. Porque todas sus películas con un pastiche de géneros. Casi siempre brillantes. Da igual que se trata de un policiaco ("Memories of a murder"), una película de monstruos ("The Host") o un drama familiar ("Madeo"): en propuestas a priori tan codificadas como estas, Joon-ho siempre encuentra hueco para extender su variado mosaico de géneros.
En este caso, el realizador compartimenta más el salto de géneros y se sirve de los distintos vagones como contenedores que separan los géneros. Así empezamos en el exterior con una distopía postacolíptica, para entrar en el vagón de cola y presenciar una película de prisioneros Y luego vamos superando vagones a la par que transitamos géneros: acción, sátira, artes marciales, denuncia social y thriller de conspiraciones. Esto no tiene porque ser bueno en si mismo, ya que esto podría dar lugar a un mero mash-up sin gracia. Pero lo interesante es como el realizador se sirve de esta mezcolanza para hacer avanzar la trama con un objetivo que nunca pierde de vista. Si el realizador va cambiando los géneros no es por divertir al público y  a el mismo, sino que se trata de una hábil estrategia que hace que el espectador viva la misma evolución que los personajes. Al empezar en un género tan codificado como la ciencia ficción e ir retorciendo la trama, lo que en principio sería territorio conocido, va mutando hasta convertirse en algo totalmente heterogeneo e impredecible, tanto para los personajes como para el espectador. Y todo esto eclosiona del todo en el último vagón, donde se produce la revelación que hace replantearse todo lo que hemos visto y que tiene una jugosa y malvada reflexión política.
Esta acumulación de géneros se produce de manera fluida además de por mano firme del director, que orquesta muy bien la puesta en escena (si quitamos la primera secuencia de acción, que es bastante farragosa) componiendo imágenes muy potentes, y logrando mantener el interés de manera constante a lo largo de las dos horas de metraje, pero también y en gran parte por la labor de los actores. Chris Evans realiza la mejor interpretación que le he visto hasta la fecha y monstruos de la escena como Song Kan-ho (el actor fetiche del director) Tilda Swinton, John Hurt, pero sobre todo Ed Harris, alucinante como siempre, que retoma aquí parcialmente su personaje de Cristof de "El show de Truman".


Una gran película. Heterogenea, a medio camino entre el blockbuster y el arte, triste y divertida, pesimista y esperanzadora, confirma a Boong Joon-ho, como uno de los grandes del panorama internacional. Cada vez me da más rabía no haber tenido la ocasión de verla en pantalla grande..

sábado, 29 de noviembre de 2014

El ojo como espejo del alma


Un joven investigador médico se dedica a estudiar el tema que siempre le ha obsesionado, los ojos de la gente. Un día conoce a una chica en una fiesta de disfraces, a la que solo consigue verle los ojos ,con la que queda fascinado. Tras bastantes pesquisas, consigue encontrarla y comienza una relación con ella, hecho que cambiará tanto su vida como su investigación.

Empujado por la recepción que había tenido en festivales como Sitges, fui a ver este "Orígenes", una mixtura entre drama romántico independiente del corte de "500 días juntos" unido con ciencia ficción de corte realista a la manera de "Primer" o "Pi". Al parecer el anterior trabajo de este director "Another Earth" tenía un tono similar. Ya veré si le dedico un tiempo. Aunque este tono también lo podemos encontrar en otras propuestas recientes, como por ejemplo, "Monster". Pero al contrario que aquella, está no termina de ensamblar bien las dos partes y el resultado se resiente...

La primera parte de la película, la que se centra más en el romanticismo, tiene los peores tics del cine romántico indie postadolescente: ubicación de postín (en esta ocasión Manhattan) en la que es inexplicable que se puedan permitir vivir dos jovenes que están empezando a ganarse la vida; protagonistas jóvenes cuidadosamente desgreñados y con gafas que luego se puedan quitar para mostrar luego lo bellos que son en realidad; desadaptados encantados de serlos y sin auténtica turbiedad dentro de ellos más allá de cierto look hipster retro desaliñado a la hora de vestir; diálogos pretendidamente profundos e inteligentes que en realidad ya están mil y una veces oídos en series y películas; fiestas adornadas con música neofolk... Vamos que vendría a ser algo así como un anuncio de Ralph Lauren. O mejor aun, un videoclip de Death Cab for Cutie. Esta parte resulta aburrida y predecible (porque hace tiempo que esas poses indies se convirtieron en auténticos clichés), además de, por lo menos a mí, un tanto exasperante.

En cambio en la segunda mitad, tras un momento intenso que sirve de bisagra y un salto de 7 años, todo gana en interés y la cinta eleva miras a nivel argumental, para plantear reflexiones más interesantes tanto relativas a las relaciones de pareja como a los planteamientos más místicos, y de puesta en escena.
Aquí hay bastantes ideas que aumentan el interés de la propuesta. La primera es la antipatía y excesiva frialdad con la que quedan retratados el matrimonio de  científicos. Hay escenas en las que parece que lo único que les mueve en su vida es la investigación por encima de su matrimonio y hasta de sus hijos. Por momentos parece que se han unido por meras cuestiones prácticas. Y ya como guinda está el comentario sobre el proyecto que tienen de construir un laboratorio en su garaje para experimentar con su hijo recien nacido ¿¿¿???? Aunque estos apuntes, redimen el tono un tanto blandengue que venía gastando la película, también es cierto que el realizador tampoco termina por llevar al límite este retrato descarnado, algo que, por ejemplo, si que hacía Vincenzo Natali en la reivindicable "Splice".
Y luego ya entrando en temas más filosóficos inherentes a la ciencia-ficción, es cierto que el tema de la trascendencia y más concretamente de la reencarnación (no es gratuito que el tramo final trascurra en la India...) sobrevuela toda la cinta. Sin embargo el director no termina por dar una explicación cerrada al tema, y esa ambigüedad, enriquece el conjunto: el espectador se queda con la duda si el protagonista en realidad ha descubierto algo, o es su afan por revivir a la persona perdida lo que le hace aferrarse a algo, cuando menos, endeble.

En cuanto a la plasmación en imágenes, aquí el realizador Mike Cahill logra desprenderse de los tics romantico-hipsters de la primera parte y se muestra más entonado. La investigación que rodea al bebe y a las imagenes que este reconoce son bastante inquietantes y están bien llevadas. Y momentos como la repetición de cierto movimiento de cámara grandilocuente al encontrar a un personaje por los ojos, o el final, quizás sean una muestra de lo que este director puede llegar a ofrecer. Esperemos que siga por ese camino.



sábado, 22 de noviembre de 2014

Hasta el infinito y más allá...



Estamos unos años (indeterminados) en el futuro, la vida en la Tierra está condenada a extinguirse a consecuencia de una alteración en el metabolismo del oxígeno de los seres vivos (o algo así...). Se ha puesto en marcha un programa para intentar colonizar otros planetas a galaxias de distancia, llegado a ellos a través de un agujero de gusano que ha aparecido en los anillos de Saturno. Uno de los elegidos para pilotar la nave colonizadora es Cooper, una padre viudo de dos hijos, que se vió obligado a dejar su carrera como piloto de la NASA. Junto con otros tres astronautas, intentará descubrir si realmente la raza humana puede habitar en otros planetas.

Papelón que tenía entre manos Christopher Nolan. Tras haber alcanzado la cima de lo que hasta ahora ha dado de sí el cine de superheroes (serio) con "El caballero oscuro", el mundo se dividió entre los que estaban dispuestos a abrazar cualquier cosa que hiciera como si fuera una religión, y aquellos dispuestos a crucificarle en la plaza del pueblo. Incomprensiblemente, al menos para mí, la que probablemente sea su mejor película, "Origen", generó rechazo en unos cuantos siendo tachada de pretenciosa y excesiva. Con "El caballero oscuro: la leyenda renace" le cayeron aún más palos, y si bien es cierto que no estaba a la altura de la película precedente, es una cinta con más puntos positivos que negativos. Y ahora con este "Interestelar" la mitad de la platea le estaba esperando con los cuchillos en alto para hacerlo trizas y la otra esperaba esta cinta como la salvación del cine de ciencia ficción. Ambos saldrán del cine con sus expectativas colmadas: los odiadores tendrán su confirmación de su megalomanía, de su condescendencia y de su pretenciosidad; y sus adoradores saldrán dando palmas con las orejas al demostrar Nolan que además de ser un director que intenta llevar más allá el cine de entretenimiento, ha sido capaz de realizar su película más emotiva, siendo este indudablemente el mayor punto débil en su perfil como cineasta. Y los dos tienen razón. Por lo menos parcialmente.

Los odiadores verán aquí confirmada las ansias megalómanas del inglés. Tras haber realizado la película de superheroes definitiva, aplica el mismo empeño a la ciencia ficción. Y la película se resiente en varios puntos por ello.

El primero es la duración de la película. Son más de dos horas y media, mucho tiempo para mantener el interés del espectador. Y Nolan no lo logra plenamente, y a mitad de película se produce un bache narrativo, casi tan grande que está a punto de llevar a pique la película. Toda la parte que trascurre en el planeta al que ha sido enviado el científico Mann es además de aburrida, tremendamente predecible. Desde el momento que ves al actor que lo encarna, se ve venir el giro de guión supuestamente sorprendente, y el enfrentamiento al que da lugar es de lo peor que ha filmado este realizador. Puedo entender el motivo por el que lo ha incluido en la trama y que persigue mostrando eso, pero no es algo que no se pueda tratar de otra manera, lo que hubiera permitido dejar la película en, por lo menos, media hora menos, que le hubiera sentado de maravilla.
También está la necesidad que este director parece sentir en ocasiones de ofrecer explicaciones al espectador. Uno no sabe si tomarselo como un acción para facilitar el entendimiento por todo tipo de público, o si en realidad se trata de una actitud condescendiente, que demuestra una desconfianza absoluta en la inteligencia del público en plan "voy a dejarselo bien clarito, no vaya a ser que se me pierdan, que ya sabemos que esta gente no da para mucho..."



Y luego está otra cosa que igual entra ya en una manía personal, pero es la fijación que tiene este hombre con poner muchos finales a sus películas. En "El caballero oscuro: La leyenda renace" se le podía perdonar, porque lo que contaba resultaba emotivo y pertinente (la visión de Alfred de Bruce y Selina y el origen de Robin eran secuencias maravillosas...), pero aquí es bastante prescindible tanto el destino de Amelia como el de Murphy: no solo alargan la película, sino que le restan mucha fuerza a lo que hubiera dado de sí dejar sus destinos más abiertos. Pero lo peor es el destino de Cooper, que además de forzadísimo, queda muy increíble. Y para que resulte increíble en una película de viajes espaciales y agujeros de gusano, tiene que ser muy, muy exagerado...


Pero los defensores de Nolan también encontraran en esta película aquello que le ha hecho amar, y con razón, al realizador inglés.

Esta película, lleva mas allá el humanismo, una idea que siempre ha sobrevolado su obra, pero que ya despuntaba en "Origen" y que tomaba aún más cuerpo en "El caballero oscuro: La leyenda renace" y es el situar al ser humano como centro del universo, para bien y para mal: nosotros somos responsables de la situación actual, pero también somos los únicos capaces de arreglarlo. No debemos culpar a otros ni pretender que nadie venga a enmendar la plana: somos el origen y la solución. No se puede hacer otra que intentar aprender de los errores e intentar buscar una solución a los problemas que hemos generado en este mundo. Me parece valiente y noble que utilice esa idea, sin recurrir a catástrofes ni intervenciones celestiales ni para plantear ni para resolver la historia.

Ese enfoque esta bien, pero la idea que está mejor tratada es el fugacidad del tiempo: ese es el enemigo a batir. Dentro de la estructura narrativa de la película es el gatillo que pone en marcha el suspense y la tensión en las mejores secuencias. De hecho, en el tramo de la cinta en el que esta idea queda aparte, es cuando cae el interés y el ritmo cae a niveles preocupantes... Y ya a nivel de la historia que se cuenta, se apuntan varias ideas interesantes como la estupenda secuencia en la que Cooper ve por primera vez los mensajes enviados por su familia tras años de viaje espacial, una secuencia emotiva y ajustada que condensa 30 años en pocos minutos (es la escena de lucimiento de McConaughey, y cumple más que dignamente...); o el pasaje en el planeta dominado por el oleaje y sus consecuencias, que hace que el espectador reflexione sobre el auténtico valor de el tiempo y que es lo que hacemos con él en nuestra vida. Curiosamente, a pesar de que esto está muy bien tratado, hay que reconocer que luego el propio director desluce esta idea, ya que tras haber articulado todo su discurso sobre la incapacidad de resistir el paso del tiempo, se dedica a hace vivir a personajes durante más de 100 años sin mucha explicación y sin que tampoco añadan mucho a la historia...
Además de esto que he comentado, se van apuntando muchas más ideas interesantes en la película, como la anulación de las misiones Apollo de la historia por parte de los gobiernos (un inteligente guiño a Orwell); la ausencia de guerras en el mundo con el objetivo de alcanzar un objetivo común; el ninguneo que sufren los científicos por parte del gobierno (una buena crítica a la actitud que prevalece en tiempos de crisis ante la I+D)... No creo que nadie puede decir que Nolan es corto de miras: sus películas desbordan ideas. El problema es que el hambre del director es mayor a su apetito, y al final, como pasaba en su última película, no se saca todo el jugo a premisas tan interesantes.

Otro punto que sorprende para bien, es la relevancia que ganan tanto la ya citada emotividad como el humor en esta película. Curiosamente, los momentos más divertidos son los que brindan los robots, que roban muchas de las escenas... Parece que el director comienza a perder el miedo a que no se le tome en serio si introduce humor en sus historias, un mal endémico en directores que malinterpretan conceptos como solemnidad y trascendencia.

Y ya para acabar hay que reconocer que el director británico no ha perdido el pulso a la hora de componer secuencias de acción espectaculares y bien coreografiadas, en las que Nolan, defensor a ultranza del celuloide y lo analógico, sigue sacando todo el jugo posible a las miniaturas y los efectos mecánicos. Además crea una de las secuencias más hipnóticas del año, la que acontece tras atravesar el agujero negro, en la que lleva un paso más allá ese afán por desarmar las leyes de la (meta)física que tan bien puso en imágenes en "Origen".



Y voy plegando que me ha quedado la entrada como la película, demasiado larga. A pesar de todo, espero que también como la película, merezca la pena terminarla. Porque por más que "Interestelar" sea una cinta un tanto arrítmics y con puntos fallidos, tiene en su haber bastantes puntos de interés e ideas valientes, como para que merezca le pena verla.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Y este año disco nuevo... (XXIV): TV on the radio


Retomo esta sección que ha estado en animación suspendida casi medio año en parte porque no hubiera ningún grupo que estrenara disco del que me apeteciera hablar, y en parte porque no me da la vida. Pero mañana los neoyorkinos vuelven a las andadas tras el mediocre "Nine types of light" con "Seeds". Y aunque los adelantos que han presentado no son lo mejor que se ha oido de ellos, no está de más llamar la atención sobre una banda que no siempre ha recibido la atención que merecía.
Surgidos en Nueva York en los albores del presente siglo, esta banda que viene a ser una mixtura de Prince, David Bowie, Red Hot Chili Peppers (los que molaban, no los de ahora...), y un punto punk cercano a lo Bad Brains. Todo ello defendido en un directo bastante potente.

El trabajo con el que se presentaron en sociedad fue "OK Calculator", en referencia/homenaje/parodia (tachese lo que más rabia dé) al "OK Computer" de Radiohead. Gracias a el consiguieron girar y lograron llamar la atención lo suficiente como para conseguir editar en 2004 su primer largo "Desperate Youth, Blood Thirsty Babes", con el que lograron cierta celebridad. Yo lo conocí después de sus trabajos posteriores, pero no cuesta entender que funcionara sobre todo gracias a lo bien que suena "Staring at the sun", que además se acompaña de un video más que resultón.





En 2006, sacaban "Return to cookie mountain" que tuvo mucha prédica y no faltó en casi ninguna lista de los mejor de aquel año. La verdad es que es un gran disco, en el que la vertiene experimental de la banda queda más pulida, y la música se vuelve más accesible. El pepinazo del disco fue la cañera "Playhouses", que ha sonado en un montón de anuncios y series, y que es un trallazo rockero de los buenos, que trae a la mente a los mejores Red Hot Chili Peppers. Pero eso no quita que haya salidas de tono tan maravillosas como "Let the devil in" o "A-method" , que no se porque, pero que a mí con su percusión final me trae a la cabeza un tablao flamenco. Para cerrar el disco la optimista "Tonight", que es una deliciosa pildorita pop y lo más luminoso que habían hecho hasta entonces los de Brooklyn, a la que sigue a "Wash that day away", que funciona a modo epílogo y replanteamiento de su sonido. Como muestra aquí al lado os dejo "Playhouses" y a renglón seguido la aflamencada (por lo menos para mí...) "A-Method".





Y en 2009 llegó el que a día de hoy es su disco que más me gusta "Dear Science". ¿Es mejor que el anterior? No lo sé. A lo mejor es porque se trata de su disco más funky, lleno de melodías bailables y tarareables de principio. O quizás sea  simplemente se trata de un disco más digerible y que yo nunca he sido de mucha rareza... El caso es que lo disfruto de principio a fin, desde ese inicio en alto con "Halfway home" para seguir con ese "Crying" que es puro soul, e ir avanzando por el disco con  momentos 100% bailables como "Dancing Choose" o "Golden age" (esta última con arreglos ochenteros a lo Prince incluidos) y medios tiempos tan emotivos como "Family tree". Justo antes de acabar, está el corte más punk y oscuro del disco "DLZ", que, además fue utilizado en "Breaking bad", para después abrazar de nuevo la luz  y buscar un cierre más optimista con "Lover´s Day". Está última es una canción rica y exhuberante, con un montonazo de instrumentos, que se van añadiendo hasta casi dar la sensación que se ha improvisado una banda de música para hacer una demostración de amor. Como ya he dicho, recomiendo escucharlo de principio a fin, pero para poneros los dientes largo arriba teneís "Dancing Choose" y aquí abajo "Lover´s day".



En 2011 volvieron con "Nine types of light", que para mí es su trabajo más flojete, y por eso mismo no lo escuche mucho. Además tiene una triste anécdota, y es que a punto de finalizar la grabación del disco, al bajista Gerard Smith le detectaron un cancer de pulmón del que murió unos meses más tarde. A pesar de que para otros discos no habían hecho casí videoclips, en este caso optaron por lo contrario e hicieron una película del mismo nombre  con todas las canciones, intercalada con entrevistas. Un curioso experimento. Ahí os lo dejo





Y mañana sale a la luz "Seeds". ¿Que esperar de él? Pues no podemos confiarnos, los dos adelantos oficiales dan una de cal y otra de arena. Uno de ellos, "Happy Idiot" me recuerda a lo peor de los no muy memorables Bloc Party, y eso me preocupa. En cambio, el otro, "Careful  you" me simpatiza muchos más, aunque solo sea por ese guiño francés con el que abren la canción. La solución a las dudas, mañana mismo, cuando podamos escucharlo entero. Crucemos los dedos...





viernes, 14 de noviembre de 2014

Recuperando clásicos (XV): "Gilda"


Esta entrada va dedicada a mi madre, que adora esta película y me le descubrió, y que hoy cumple años. ¡¡Felicidades Mamá!!

En 1944 el buscavidas norteamericano Johnny Farrell da con sus maltrechos huesos en Buenos Aires. Allí será tomado como empleado de sguridad por el acuadalado dueño del casino ilegal de la ciudad, Ballin Mundson. Todo irá bien, hasta que la mujer que le malogró la vida, la despampanante Gilda, aparezca repentinamente como la nueva mujer de Mundson.

Cuesta hablar de una de la películas más míticas de todos los tiempos, pero como siempre me ha encantado (el poster adornó durante muchos años mi habitación...) y hace poco la editaron en Blu Ray, me apetecía darle un repaso. Y sigue siendo tan fascinante como cuando la descubrí hace ya casi 20 años. Algunos dirán que se trata de una cinta muy mitificada, pero para mí esta mítica está totalmente justificada, ya que se trata de una de las historias de amor más ardientes jamas puestas en pantalla.

Dejemos las cosas clara, esta película no se trata de una obra de director, sino que entraría de lleno dentro de lo que se llaman productos de estudio. Esto a algunos les echará para atrás, esgrimiendo que si algo no tiene rasgos autorales detrás no puede tener ningún interés, pero lo que realmente debería importar a la hora de ver la película no debería ser esto, sino los resultados. Y amig@ aquí el resultado es muy bueno.

Hay que partir de la base que lo que puso en marcha esta obra fue el interés por explotar el status de Rita Hayworth como la mujer más sexy del momento. Y vaya que si lo explotó; hay secuencias que están grabadas a fuego en la cultura popular. Y con motivo. Pero con este objetivo se han parido muchas películas que han caído en el más profundo de los olvidos. Y si este no ha sido el destino de "Gilda"  es porque todos los implicados en ella hicieron una gran labor. A este respecto recomiendo ver el extra que acompaña al BD, en el que Baz Lurhman y Martin Scorsese ponen en contexto el valor de la película.

Para empezar la historia, que algunos les parecerá que es un poco simple, y desde luego que no es tan alambicada como se estilaba por entonces en el cine negro (caso de "El sueño eterno" o "El halcón maltés), pero en la que no se echa en falta complejidad, ya que sino hubiera hecho perder el interés sobre lo que realmente importa: la relación entre Gilda y Johnny. Y eso sí que está bastante bien desarrollado.  Algunos se quejaran de que la trama criminal de la película es un tanto simplona, y no les falta razón, pero es que no creo que fuera nunca ese el principal objetivo de sus autores. El guión tiene la idea brillante (y audaz: estamos en los 40), de utilizar como catalizador de la trama el personaje de Mundson, que no solo hace que se reencuentren Gilda y Johnny, sino que con su actitud ambigua ante ambos, le da mucha chispa a la cosa. Hay bastantes detalles a este respecto, como el fálico bastón que siempre usa (al que se refiere como su mejor amigo), que contiene una navaja retractil oculta (no digo nada y lo digo todo) y que es con el que salva la vida a Johnny cuando le conoce... Pero la cosa no queda ir, la actitud que tiene hasta Gilda no puede ser más turbia, ya que desde el principio dice haberla "comprado", como
otro más de los caros adornos de su casa, pero es que además en ningún momento muestra deseo por ella (pocos hombres heterosexuales no se verían atraídos por Gilda...) y cuando se enfurece por su relación con Johnny, uno no sabe si es por ella o porque el que realmente le atrae a Mundson es Johnny. Pero lo que ha hecho que haya pasado a la historia esta película es la química que desprenden Glenn Ford y Rita Hayworth, que echan chispas. La manera en la que se utiliza el odio que se tienen sus personajes para mostrar el amor que se niegan a mostrar es deliciosamente divertida, gracias tanto a la labor del director y guionistas, como a la de la pareja protagonista, que están estupendos.

Como ya comentaba al principio, estamos ante un producto de estudio, y el resultado final depende en gran parte de la labor de los diferentes departamentos. Así, a cargo de la iluminación encontramos al gran Rudolph Maté, que años más tarde acabaría realizando películas como "Cuando los mundos chocan". Las canciones (que no canta la Hayworth...) son también responsables del poder de la película con "Amado mio", y sobre todo la inolvidable interpretaciones "Put the Blame on me", ardiente y que llegó a generar el rumor, en la España de los 40, que la escena estaba censurada y que Gilda se quedaba totalmente desnuda. Pobres incautos...

Y para acabar, me gustaría romper una lanza a favor del director. Charles Vidor fue una de tantos artesanos de la época de los estudios de Hollywood. Su principal labor era llevar el proyecto a buen puerto, haciendo una buena labor coordinando a los distintos profesionales que trabajaban en la película, logrando un producto vendible y popular, sin pasarse del presupuesto ni del calendario. Pero a pesar de todo fue capaz de algunos chispazos de talento. Hablo de momentos como el plano inicial, en la que la cámara se eleva desde el suelo para entrar en la historia: una bonita manera de introducir al espectador en un mundo casi mitológico, al que se accede ascendiendo. O siguiendo con el paralelismo mitológico, la idea de convertir el despacho desde el que Mundson controla todo el garito de juego, ubicado en la parte alta del local, en una suerte Olimpo griego, en el que seres cuasidivinos se entregan a sus dramas y decide el destino de los mortales como si se tratara de un juego (vease el suicidio del traficante de tungsteno...).

Y como guinda, un par de anécdotas. La bomba atómica de Hiroshima se llamó Gilda, por su potencia. Y ya a nivel ibérico, no me resisto a decir que, al igual que la Joan Fontaine de "Rebeca" de Hitchcock termino dando nombre a las chaquetas de ese tipo, la Rita Hayworth de esta película le dió su nombre a un tipo de banderillas debido a la sagacidad de una tasquero donostiarra, que le dió ese nombre. Por su carácter picante, como es lógico. Cuando pasan cosas como esa, es que marcó mucho a la gente...









Una película merecidamente mítica (no como otras, como, ejem, "Casablanca"...), que todo el mundo debería ver al menos una vez.