martes, 30 de junio de 2015

Parque (meta)jurásico

22 años después de la infructuosa apertura de "Jurassic Park", el parque temático "Jurassic World" se ha convertido en el parque temático más espectacular del mundo. Sin embargo, empujados por la necesidad de seguir ofreciendo novedades nunca vistas, sus responsables se dedican a manipular el ADN y lograr especies nuevas más sangrientas y espectaculares, como el Indominnus Rex. Cuando este especimen se escape de su jaula, coincidiendo con la visita de los sobrinos adolescentes de la directora del parque, cundirá el pánico, y solo Owen Grady, exmilitar y experto adiestrador de dinosaurios, podrá hacerle frente.

Siguiendo con la moda (de la que se puede considerar precursora la excelente "El Origen del Planeta de los simios", escrita, curiosamente por los mismos guionistas de esta película...) de secuelas/resurreciones tardias  (que a la vista del éxito logrado por "Mad Max" y sobre, por la que ahora toca, tiene visos de no haber hecho más que empezar, con las secuelas de  "Star Wars" y "Blade Runner" en el horizonte...), llega, como iba a faltar, la puesta al día de "Parque Jurásico".


¿Que ofrece esta nueva entrega? Pues una trama bastante similar a la de la primera entrega, lo cual no deja de tener su lógica,  ya que era la única que transcurría en un parque temático:  con sus niños en peligro; su castigo a la avaricia y a manipular las leyes de la naturaleza; su traidor; y sus persecuciones de dinosaurios. Pero no sería justo quedarse en eso, ya que la segunda entrega también viene a la memoria en momentos como la primera cacería en la jungla, y la tercera también con la aparición de los dinosaurios voladores, que hicieron su irrupción en esa entrega. Todo eso servido con bastante corrección y competencia, manteniendo el ritmo y el interés a lo largo del metraje. El encargado de coordinar esta entrega ha sido Colin Trevorrow, que repitiendo la jugada de poner a cargo de  "Godzilla" a Gareth Edwards, venía de dirigir una película de independiente "Seguridad no garantizda", que desconozco. Como ya comento, el hombre sale bastante bien parado del proyecto, y resuelve la papeleta con oficio y destellos de brillantez, con esa imagen del Indominus Rex reflejandose en la girosfera previo a atacarla; o la de Bryce Dallas Howard sujetando la bengala frente al T-Rex, que se trata de una imagen concebida a imagen y semejanza de la aparición de Ripley a lomos del robot en la magistral "Aliens".



Y alguno se preguntará "¿Y eso es todo? Pues para eso me veo las películas previas y ya esta." Pues no. Es de ley reconocerle a la película que tiene algo de lo que carecían todas las entregas previas, y es un héroe carísmatico con el que la audiencia se identifica y que hace que uno se meta más en la historia. Y es que hasta ahora casi todos los personajes de esta saga habían sido un tanto antipáticos. Eso ha cambiado con la incorporación que Chris Pratt hace de Owen Grady, que derrocha simpatía, y le afianza como el Harrison Ford del siglo XXI. Si de verdad van a acometer un reinicio de Indiana Jones, no se me ocurren mejores actores que él...

Y ante lo visto hasta ahora, se puede pensar "Otra superproducción correcta más. Casi que me ahorro el dinero". Pues independientemente de lo que uno esté dispuesto a pagar por dos horas de entretenimiento, la cosa no acaba allí, ya que la película va diseminando a lo largo y ancho de ella curiosos apunte metacinematográficos, que sin llegar a ser explotados del todo ni tampoco terminar de integrarse en la trama, hacen de la película algo menos convencional de lo que podría parecer a simple vista.
Lo primero que llama la atención son la metáforas un tanto obvias que insertan en el largometraje: el dinosaurio marino gigante que devora a un gran tiburón (que se puede ver, además de como una broma que Spielberg se gasta a sí mismo, como representación de como el taquillazo digital acabó con el taquillazo analógico...), o el comentario de Bryce Dallas Howard sobre como los dinosaurios eran llamativos hace 22 años, pero ahora hay que dar un golpe de efecto nunca visto para atraer a la gente al parque (aquí se podría sustituir el concepto de parque por cine, y encontraríamos la dinámica imperante en el cine de entretenimiento actual...). Pero es que más allá de
Esto, la película, en base a repetir conceptos e imágenes de las entregas previas (y la música, a cargo de  Michael Giaccino, que remeda/homenajea en momento el icónico tema principal de Williams...), puede llegar a verse como un parque de atracciones para los espectadores de esas entregas previas: los espectadores/visitantes, hemos/han pagado por tener emociones y experiencias (que ya le son conocidas) y hay que cumplir y entregarselas aumentadas. Vease sino la actitud un tanto descerebrado de los visitantes en las distintas atracciones y espectáculos, grabando todo con sus telefonos móviles; la visita al centro donde trascurría el climax de "Parque Jurásico" dotada de una atmósfera muy siniestra; o la pelea final entre depredadores, ya vista en la primera y tercera entregas, y que aquí es llevada la paroxismo...

Desgraciadamente, el realizador no termina de llevar la jugada hasta el final, quizás porque no sepa, quizás porque no le dejaron. Si todo esto que he comentado hubiera recibido un tono más exagerado, que hubiera hecho terminado de hacer irreal la experiencia, estaríamos sin duda ante el blockbuster más subversivo visto en mucho tiempo. Pero habrá que quedarse con lo que realmente hay y dejar las suposiciones de lado...

De cualquier manera se trata de la mejor de las secuelas de la primera entrega y, como ya he comentado, entretiene de principio a fin.

domingo, 28 de junio de 2015

¡¡¡100.000 visitas!!!

Pues aunque seguro que a muchos les parecerá una cifra nimia (y seguramente lo sea...) hemos alcanzado esa llamativa cifra redonda.  ¡¡Y no solo eso, también más de 2400 comentarios!! Más, muchísimo más de lo que nunca hubiera imaginado al crear el blog. Gracias a tod@s y espero seguir escribiendo cosas (aunque sea de manera menos prolífica que antes por la paternidad...) que os apetezca leer y comentar por muchos años.


martes, 16 de junio de 2015

Cine en random (X): "La espuma de los días"




Colin es un joven parisino enormemente creativo y algo tímido, que en una fiesta se enamora de Chloe, una mujer soñadora y optimista. Pese a las reticencias iniciales de ella, finalmente su amor crecerá hasta que acaban casándose. Sin embargo, su amor se verá ensombreciendo por problemas de salud...


¿Volverá Gondry a alcanzar el nivel de sus dos primeros trabajos? Esa es la pregunta del millón, que todos los que quedamos embelesados con ellos nos seguimos haciendo, cada vez con menos esperanza, todo sea dicho, pero que hace que sea un director a tener muy en cuenta. Eso sí, viendo que la actriz protagonistas es Audrey Tatou, pues a uno le entraba un poco de miedo de que Gondry hubiera abrazado la ñoñez empachosa de "Amelie"...

Voy a dejar claro que no conozco ni la novela de Boris Vian ni la película de los 60 que inspiró. Por eso es posible que los problemas de guión (o más bien de ritmo...) que presenta esta película, estén ya en el libro del  que parte. Pero aun así, contando con que una adaptación, como su propio nombre indica, significa adaptar y transformar para adecuar a otro medio (porque lo que funciona en una disciplina no funciona en otra), algo de responsabilidad tendrán los guionistas.. Es por eso cuando la necesidad de un coguionista del nivel de Charlie Kaufman se hace patente: los guiones de Kaufman serán todo lo bizarros que se quiera, pero en todo momento plegados al desarrollo dramático de los personajes y de la historia.


Las películas de Gondry, más personales (como sería el caso de "La ciencia del sueño" y "Rebobine, por favor"), se pierden en ocasiones en la parafernalia visual y en dar riendo suelta al personal mundo de su realizador, dejando a veces de lado lo que necesita la historia. Pues en esta ocasión, en la primera mitad de de la película, se muestra tan empeñado en hacerlo, que uno no sabe si pensar si está poniendo a prueba al espectador, con tantas animaciones y un diseño de producción tan bizarro. Se podría tildar casi de una realización kamikaze, como si el realizador estuviera en las últimas, (como uno de los personajes de la película) y este trabajo se tratará del último trabajo de su carrera y tuviera que volcar en ella su mundo interior de manera desaforada, independiente de si entorpece o no la historia.

Este problema se siente, sobre todo, en su primera mitad. Aquí hay cosas como el ratón que vive en casa; los platos de cocina del personaje interpretado por Omar Sy; la obsesion con ese sosías de Sartre que tiene el amigo del protagonista; o la estúpida fusión de maquina de piano y maquina de cocteles. El realizador se habrá quedado a gusto metiendo esto en la película, pero a punto esta de sacar al espectador de ella, y de hecho seguro que lo ha hecho con muchos. Sin embargo, siendo como es una película ametralladora, a base de lanzar tantas ideas hay varias que dan en el blanco:  la factoría de oficinistas tecleando como si de una cadena de montaje se tratara la vida del personaje y firmandola como Boris Viain, que es una buena manera de reflexionar sobre la aleatoriedad de la ficción, y por añaduría, de la vida misma; o el uso de la pantalla partida durante la luna de miel de los protagonistas, una manera curiosa de mostrar su muy distinta forma de ver el mundo.. Sin embargo, el hecho de volcarlas en un aluvión de rarezas, le resta impacto. Pero, afortunadamente, avanzada la película, el pulso de la película mejora.

En la segunda mitad, cuando todo se empieza a torcer y se desata el drama, la cosa mejora. Así uno puede llegar a pensar que Gondry ha jugado la carta de coger a actores famosos por haber protagonizado películas de buen rollo como "Amelie" o "Intocables" para pillar al espectador (que, como yo, repito, no conoce la novela original) con el paso cambiado, a la espera de que se produzca una solución mágica y maravillosa que arregle todo, forzando así cierta tensión en la situaciones dramáticas que se van sucediendo. Pero es que además es

en a partir de aquí cuando la capacidad de Gondry para crear poesía (no mera parafernalia visual) queda al fin al descubierto, con ideas muy bellas, (que no describiré con mucho detalle para no arruinar la sorpresa): la visualización de cuando contrae la enfermedad; la casa, que va empequeñeciendose confome vayan aumentando los problemas; el periplo laboral en la fabrica de armas, un tanto obvio, pero aun así interesante; la estancia en el sanatorio y el tratamiento y avance de la enfermedad, visualmente fascinante y melancólico; o el funeral, con un bello virado a blanco y negro.

Como siempre en las películas de Gondry la elección músical está muy cuidada, estando la banda sonora copada por canciones de Duke Ellington, que realiza un cameo, y cuya canción "Mood Indigo" fue el nombre con el que la película fue estrenada en los países angloparlantes. Además hay canciones de The Lumineers entre otros y la banda sonora está compuesta por uno de los integrantes de la antigua banda de Gondry, "Oui oui", con colaboración del mísmisimo Paul McCarthney.


Una película imperfecta pero interesante. Al principio de la entrada me preguntaba si  Gondry volvería a alcanzar el nivel de sus primeros trabajso. Seguramente no lo haga. Pero si mantiene el nivel de esta película, conseguirá que, por lo menos, mantengamos la esperanza de que así sea.

domingo, 7 de junio de 2015

La ciudad de los prodigios.






Casey Newton es una joven optimista y apasionada de la ciencia, que mediante un pin que le transporta a  Tomorrowland, un mundo paralelo tecnológicamente muy superior y aparentemente perfecto, verá su destino ligado a Frank Walker, un genial pero desencantado científico, que ha decidido recluirse en su casa.

Había ganas de ver la segunda propuesta en imagen real del interesante Brad Bird, que fue capaz de sacar a la saga "Misión: Imposible" de la tumba, tras realizar la mejor secuela de las tres que había tenido la gran película de Brian De Palma en su primera incursión fuera del cine de animación. Además durante toda la promoción había mantenido un aire enigmático, que, unido a que no se basa en nada previo (lo que la convierta casi en la única superproducción norteamericana plenamente original del año...), le ponían a uno los dientes largos.

Si algo confirma esta película, es que Bird es un narrador consumado, capaz de captar la atención como nadie desde el primer momento. Y eso que estamos hablando de una producción que esta narrada en flashback y tiene hasta tres planos narrativos distintos. Un ejemplo es el largo prólogo, que nos pone en antecedentes para la película, narrado con un sentido de la maravilla que no se recordaba desde ciertas películas de Spielberg y los mejores trabajos de la Pixar (a lo que contribuye bastante la banda sonora de Michael Giaccino, el John Williams de la nueva generación, y la fotografía de Claudio Miranda, que ya deslumbró con su trabajo en "El curioso caso de Benjamin Button" o "La vida de Pi"). Este sentido de la maravilla se mantiene durante el primer y segundo acto de la película, con excelentes secuencias: la primera incursión de Casey (una más que aceptable Britt Roberson) en Tomorrowland, resuelta en un plano secuencia de quitarse el sombrero y que es una forma muy bella de reflejar lo maravillada que está la muchacha ante ese nuevo mundo; el paso por la tienda de merchandising, lleno de guiños y homenajes a la ciencia ficción y la fantasía del siglo XX; la huida de casa del personaje que encarna Clooney; o el maravilloso tramo que trascurre en París, que genera un momento, que ya entra de pleno derecho en el Olimpo de las imágenes steampunk que ha dado el cine.



Bird maneja estupendamente todas las pistas del circo, hasta el tramo final, y aquí es cuando uno lamenta que detrás del guión encontremos entre otros a Damon Lindelof, un hombre que sabe parir ideas interesantes ("Perdidos" o esta misma cinta son confirmaciones de ello) pero que es incapaz de no ser engullido por ellas. Aunque la cosa empieza bien y presenta ideas que rozan lo brillante, como todo lo relativo al personaje de Athenea y su relación con Walker, siempre acaba liando la cosa hasta límites excesivos que dan al traste (en mayor o menor grado) con lo planteado previamente. En este caso ese problema surge en el climax del relato, momento en el que se enrevesa la cosa, con reflexiones metacinematográficas y científicas, que tienen su interés aunque no vengan mucho a cuento, pero que además son resueltas de una manera bastante simple y convencional. Además de desaprovechar a un actor excelente como Hugh Laurie. Y que conste que no estoy hablando de que no me convenza el final feliz y lleno de esperanza, ya que yo sabía a lo que iba al ver una película Disney, sino de la solución que se le da a ello. De cualquier manera la película deja buen sabor de boca, y aunque quizás se trate del trabajo más endeble de Bird, se hace muy entretenida y se agradece su originalidad.

Por último, no puede cerrar este texto sin una reflexión. Las imágenes de la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia, utilizada para dar cuerpo a ese Tomorrowland en estado de preabandono, tienen un valor que solo será reconocido por el espectador patrio. Y es que se me ocurren pocas metáforas visuales mejores que la de este fascinante y megalomano monumento construido en los tiempos en los que el cielo parecía el límite para una economía que bullía espolada por el auge inmobiliario (auge también fomentado desde todas y cada una de las administraciones públicas), y que a día de hoy ha quedado convertido en un carísimo y doloroso recuerdo de lo que pudo ser y no fue. Una ruina del Mundo del Mañana...

lunes, 1 de junio de 2015

Carpocalypto


Tras un holocausto nuclear, Max Rocktansky, intenta sobrevivir en un mundo ultraviolento en el que el agua y el petroleo valen más que la sangre, atormentado por la muerta de su mujer y su hija. Tras ser raptado por los esbirros del sádico lider Immortan Joe, para ser usado como fuente de sangre para su ejercito de Medio vivos, Max se verá envuelto en la traición y plan de fuga de Imperator Furiosa, una de las conductoras de confianza de Joe.

Dentro del fenómeno actual de secuelas muy tardías que se nos viene encima, (a lo largo de este año también llegaran las nuevas entregas de "Jurassic Park" y "Star Wars") le ha tocado el turno a "Mad Max", la saga australiana que hizo de Mel Gibson una estrella y de George Miller un director puntero. Para los puristas de las clasificación no sé si esta película se trata de una secuela, un reboot o un remake. O todo eso junto. Y una vez vista la película bien, poco importa. Porque la podremos llamar de una manera u otra, pero de todas las formas seguiría siendo lo que es: una (muy) buena película.
Más de 30 años después de su última incursión en el mundo de Mad Max, Miller regresa al terreno postapocalíptico del que fue practicamente fundador (esta saga se adelantó a "Terminator", "Matrix", "12 Monos" y demás). Y lo hace con una seguridad en si mismo aplastante. Porque en lugar de dedicarse a enrevesar la trama (como venía a ser el caso de la interesante pero fallida "Prometheus"...), para revestir la película de importancia, opta por la trama más simple que uno pueda concebir, que le sirve como base para sustentar una persecución de dos horas, que deviene en cine primigenio, en cuanto a lo que busca es capturar la intensidad del movimiento. Vamos que entre esta película y "Asalto y robo de un tren" median 112 años, pero estan muy cerca en espíritu la una de la otra.

Porque esta película, sin alcanzar las cotas de excelencia de esa obra maestra que es "Apocalypto" (dirigida por ¡¡sorpresa!! Mel Gibson) bien podía verse en otro idioma y sin diálogos, y seguiría funcionando igual de bien. Y es que los personajes van construyendose a medida que los vemos actuar, (o más bien perseguir y ser perseguidos), sin necesidad de diálogos explicativos, ni flashbacks ni truquitos de cineastas perezosos. Pero claro, para que esta tipo de narrativa funcione, necesita realizadores que huyan de lo rutinario... Afortunadamente, Miller demuestra que a sus 70 años sigue manteniendo el vigor de siempre (y sino, que alguien revise las estupendas "El aceite de la vida", "Babe el cerdito valiente" o "Happy feet") demostrando un energía e inventiva que ya quisieran para sí muchos realizadores 40 años más jóvenes.

Toda la película esta rodada con una fisicidad que casi escuece, pero a la vez con un gran sentido del fantástico. Aunque la ambientación y la trama remiten más al western que a otro género, curiosamente, la manera que tiene Miller de rodar los coches y camiones, los acerca más fragatas que a carruajes tirados por caballos, dándole un punto surrealista a todo el conjunto. Esos arpones para abordar los coches en las persecuciones, los perseguidores colgados de los mástiles y saltando de un vehículo a otro a través de pértigas y cuerdas, como si se tratara de "El temible burlón" o "El capitán Blood". Y que decir del guitarrista, que parece sacado del más
enloquecido tebeo de la mítica "Metal Hurlant", y que viene a ser una mezcla entre Marilyn Manson y un actor de Cirque du Soleil, que se pasa toda la película a lomos de un camión lleno de altavoces, con el objetivo de arengar a las tropas, y cuyos riffs de guitarra se integran en la potente banda sonora a cargo de Junkie XL. Impagable. Pero es que además de estos detalles delirantes, hay como comenta unas lineas más arriba, momentos de una belleza arrebatadora, como la secuencia de la tormenta de arena, o el periplo en la zona pantanosa, fotografiado casi de manera continua de noche y en melancólicos colores azules.

A pesar de que la mayoría de la violencia que se ve no sea persona a persona, sino vehículo contra vehículo, la manera que tiene de rodar las colisiones entre estos hace que se sientan como seres vivos, hechos de huesos metálicos y gasolina en lugar de sangre. A este respecto, el de la humanización de las maquinas y la mecanización de las personas, hay apuntes estupendos, como la imagen del camión que chorrea la leche materna con la que pretenden hacer comercio, o la droga que Inmortan Joe (personaje interpretado por el actor
que daba vida al Cortadedos en "Mad Max 2", lo que puede ser visto como un guiño o como un enlace con las películas previas...) reparte entre sus acólitos cuando desea que se inmolen para él, una especie de anfetamina que se aplican en forma de spray plateado en la boca, con el objetivo de llegar al Valhalla como cromados. Pero sin hilar tan fino, el mismo Inmortan Joe puede ser visto como una fusión hombre-coche, con esa secuencias en las que se ven como le maquillan las cicatrices/le pintan las rayaduras; le colocan un armadura/le montan la carroceria; le conectan a un sistema de ventilación/le encienden el motor...



Sin embargo, lo que ofrece la película no queda solo en esa emoción visceral que genera y en un puñado de imágenes bellas, sino que arroja unas cuantas reflexiones a cerca del consumismo, la política y la sobreexplotación de la naturaleza actuales (que no son nuevas en la saga), para acabar convirtiendose en el mayor alegato feminista visto en años en la pantalla. Porque si algo reivindica la película, que refleja ese mundo ultraviolento y poblado por hombres, es el papel de la figura femenina como generadora de vida, luchadora y redentora de la Humanidad. No me extenderé en ello para no arruinar la película a aquellos que no la hayan visto, pero una vez vista, es algo bastante obvio y a aplaudir.

Y sería injusto hablar de "Mad Max. Furia en la carretera", sin comentar el excelente trabajo de sus dos protagonistas. Y es que aunque esta no sea lo que se suele calificar como (aunque a mí no me guste nada semejante apelativo) "película de actores", sin ellos, la cosa no funcionaría desde luego igual de bien. Por un lado Tom Hardy, poco tiempo de haberse pasado una película encerrado en un coche en marcha, se lanza de nuevo a la carretera y hace que uno no añore en ningún momento a Mel Gibson. Y por otro esta Charlize Theron, tan bien como  es habitual en ella, pero que además, con su ya icónica labor como la aguerrida conductora Imperator Furiosa pasa a ya a formar parte del Olimpo de personajes femeninos del fantástico, a la altura de la Ellen Ripley o Sarah Connor.


Una película que merece mucho la pena y que tiene ya asegurada la categoría de culto. Esperemos que el buen funcionamiento a nivel de crítica y público nos traiga esa prometida continuación.

martes, 26 de mayo de 2015

Clases magistrales.


Un día en una librería me encontre este libro en un edición de bolsillo y di palmas con las orejas, ya que hasta entonces solo había encontrado por internet ediciones de lujo bastante caras, que se me iba de presupuesto.
Ahora un poco de contexto. Por si alguien no lo sabe hay que tener en cuenta el contexto en el cual se produjeron estas conversaciones. Hitchcock había sido visto hasta entonces como un mero artesano que realizaba películas de suspense, hasta que gracias sobre todo a la labor de Truffaut y Claude Chabrol cuando eran críticos en "Cahiers du cinema", se empezó a gestar el cambio en la valoración que se hacía de su trabajo, para llegar a ser reconocido a día de hoy como uno de los más, sino el más, importante creador de formas de la historia del cine.

Hitch se muestre muy severo con su cine, y no tiene problema en reconocer los fallos que el considera que tienen sus películas. Se explaya en todos los aspectos, tanto la construcción del guión y los actores, como los aspectos técnicos. Y no tiene ningún problema en asumir los fallos en todos ellos. A veces reconoce que los fallos se debieron a sí mismo: bien por su inexperiencia, en sus primeras películas inglesas, y también en sus primeras incursiones en el cine norteamericano: bien por su afán de lograr repercusión, lo que le llevo en ocasiones a luchar por conseguir a las estrellas más grandes del momento, como Paul Newman o Ingrid Bergman, como protagonistas, por más que no fueran los más apropiados para esos roles. En ocasiones acusa de esas deficiencias a la falta de medios, y en otras a las ingerencias del estudio o del productor, sobre todo a Selznick. Hay momentos  en los que esa dureza para consigo mismo me ha sorprendido especialmente, como lo duro que se muestra con películas como "La soga" o "Naufragos", dos de sus trabajos que más me gustan... Tendré que volver a revisarlas, a ver si tiene razón don Alfredo, o se pasó de exigente con su obra
Curiosamente nunca culpa al público de los fracasos: nunca sale de su boca un "esa película fue incomprendida" o un "el público no estaba preparado para esa película aun". Esto último llama la atención, cuando día sí, día también encontramos a advenenizos defendiendo sus fracasos a capa y espada y culpando a la audiencia de inmadura o de mal gusto (por más que esos sean dos males también frecuentes a día de hoy entre los espectadores). Aunque es cierto, que con libros como este, y corrientes de pensamientos auspiciadas por "Cahiers de cinema" y "Sight & Sound" se fue dando forma a lo que se ha llamado "política de los autores" a la hora de juzgar una película, que entiende al cine como arte y al director como su único creador. Sin embargo, cuando uno se para a leer entrevistas con John Ford, Howard Hawks, Buñuel, o esta con Hitchcock, encentra para su sorpresa que ellos, basicamenet se veían como creadores de ficciones para entretener al público. Cuanto distancia hay entre esta generación y los que se erigen en salvadores del cine porque su corto haya sido seleccionado en Sundance... Pero volvamos al tema, que me dejo llevar.
Con los que no se muestra tan comprensivo es con cierto sector de la crítica cinematográfica, a los que el califica de "verosímiles" (y que hoy en día siguen existiendo... aunque afortunadamente cada vez en menos medida), que derrengaban su cine por el hecho de sostenerse sobre premisas poco creíbles. Afortunadamente, Hitchcock siempre defendía de que el se valía de sus guiones como premisas sobre las que desarrollar la intriga mediante sus míticas set-pieces.
Además de esto otra cosas que sorprende mucho es como  las conversaciones le consolidan como un narrador nato, ya que no pierde la ocasión para contar anécdotas, personales o de otros, y como las habría resuelto visualmente de una manera que es casi como la estuviera uno viendo. Así deja comentarios jugosos como que su desprecio por narrar con diálogo lo que puede ser descrito con la cámara (ese error/horror que sigue igual de extendido a día de hoy...); que el primer ataque de la asesina de "Psicosis" no fue rodado por Perkins, sino por otro hombre disfrazado para desorientar al público; que en los 70 encontraba francamente difícil encontrar proyectos, ya que todo lo que se ofrecían eran thrillers de alta carga política, algo que a él nunca le atrajo; o la que a mí quizás me ha resultado más sorprendente, que es cuando argumenta que a él lo que realmente le interesaba era imaginar una película, concibiendo los planos y el story-board, algo que en lo que fue pionero, siendo el rodaje en realidad algo bastante tedioso, y, atención, que el sería feliz si una vez escrito el guión y realizada la puesta en escena, ¡¡bastara con introducirlo en un ordenador para obtener la película!! ¿Que hubiera hecho Hitch en estos tiempos de la imágenes de síntesis digital y la animación por ordenador? ¿Se estaba adelantando el maestro 30 años a lo que luego traería la Pixar? Nunca lo sabremos...
Dado que las conversaciones acabaron antes de que rodara sus dos últimos trabajos, "Frenesí" y "La trama", la última parte del libro vendría a ser una suerte de apéndice en el que Truffaut comenta sus últimas conversaciones con el maestro en relación con el estreno y recepción de estos trabajos, además de los homenajes que recibió en los últimos años en los que el realizador francés estuvo presente. Y es una pena, porque uno echa de menos que no se explaye sobre esa obra maestra que es "Frenesí".
Truffaut tiene una actitud aceptablemente valiente, señalando las cosas que el considera que funcionan y las que no de la película, y sabe salir bastante bien parado de entrevistar a alguien a quien admira tanto, lo que no tiene que ser sencillo. Pero me decepciona un poco como hasta el epílogo, que como ya he comentado no es una conversación como tal, no reflexiona, por ejemplo, sobre la tremenda carga sexual que tenían las películas del maestro, uno no sabe si por pudor ante una persona de la edad de Hitchcock. Si no, no se entiende que pase de largos temas tan obvios y tan interesantes como la homosexualidad latente en "La soga" y "Rebeca"; la amarga reflexión sobre el matrimonio que supone "La ventana indiscreta", con el personaje interpretado por Stewart aceptando unicamente el matrimonio tras partirse las dos piernas, signo obvio de la castración.


De cualquier manera un grandísimo libro que todo amante de Hitchcock y del cine (¿se puede ser lo uno sin ser lo otro?) debería leer. Muy recomendable. Como despedida os dejo un video con todos los cameos que realizó en sus películas.




miércoles, 20 de mayo de 2015

De chandalero arrabalero a exquisito espía.


Hace poco hablabamos por aquí de la entretenida "Kingsman. El servicio Secreto". Como la película me dejó tan buen sabor de boca, pues al final me decidí a darle una oportunidad, y eso que de una década para aquí casi todos los trabajos de este hombre me han decepcionado, pero bueno, todo el mundo tiene derecho a una nueva oportunidad.

Mark Millar es un excelente creador de premisas. Su cabeza pare ideas atractivas y, lo que parece que le importa más a él en los últimos tiempos, vendibles. Desde que vio la luz y descubrió que la pasta estaba en vender los derechos de sus obras (de hecho tengo una entrevista suya en la que afirmaba sin ningún pudor que ese era el objetivo de sus obras de creación propia...), parece esforzarse más en idear puntos de partida llamativos y promocionarlos, que en darles un desarrollo y final a la altura. Por eso mismo, cada vez espero con menos ganas sus trabajos. Y eso que hace algo más de una década me cautivó hasta la médula con su primer volumen de "The Ultimates", tebeos que leí hasta el desgaste y me empeñaba en descubrir a cualquiera que se me acercara, y que son uno de los motivos del triunfo del actual universo Marvel cinematográfico. Pero el declive que viene sufriendo su obra desde entonces (quitando chispazos puntuales de simpatía y diversión como "Old Man Logan", el primer volumen de "Kick Ass" o el simpático "Supercrooks"),  parece no tener fin. ¿Confirma este nuevo tebeo su declive? Pues ni si, ni no, sino todo lo contrario.

Desde luego que la premisa es atractiva, y está aceptablemente desarrollada. El escocés continua teniendo chispa a la hora de escribir diálogos ingeniosos en distintos registros. Es indudable que sabe crear momentos entretenidos y consigue que los personajes tengan el carisma suficiente como para que a uno le importe lo que le están contando. El problema es que su tendencia a tirar de la exageración y el humor de brocha gorda no parece tener fin. Porque, por ejemplo, ¿es necesario sacar a un niño haciendo un porro ante los ojos divertidos de sus padres para demostrar lo mal que ejercen de progenitores? ¿Convertir al villano en un cornudo apaleado era la única forma de hacerlo más risible y patético? Yo creo que no. Es un poco rastrero que un autor, que ha demostrado que puede escribir cosas muy interesantes, tire por tierra el nivel de sus obras en el afán de contentar a cuanta más gente mejor. En la entrada que dediqué a la película comentaba la gran labor de la guionista Jane Goldmam, y una vez leido el tebeo, no puedo sino confirmarlo. Aunque también es justo reconocer que hay una idea estupenda de Millar que la guionista no ha sabido/querido/aprovechar, y es el final, que huye de la pirotecnia de bombas humanas de color para ofrecer un climax que recuerda, salvando las distancias, al de "El perfume" de Patrick Suskind.
El plan para raptar estrellas es a priori interesante, aunque se queda en algo superficial, y no aprovecha la idea de ahondar en el poder que tienen las celebridades a nivel social. Aquí hay que darle mérito de nuevo a la guionista por haber sabido dar a esto el giro adecuado, dejando una idea que en pantalla iba quedar en una mera sucesión de cameos para en cambio poner en relieve el poder que las telecomunicaciones en nuestra sociedad.
En cuanto a Gibbons al dibujo, pues poco se le puede reprochar: es un narrador muy consumado y siempre logra lo que queire. Quizás si que resulta llamativo que el detallismo y la finura del trazo que presentó en su obra magna "Watchmen" ha quedado atrás, para acercarse cada vez más el de trazo grueso de Steve Dillon, de tal manera que si nos dijeran que algunas de las páginas del tebeo han sido realizadas por este último, no costaría nada creerlo.









Al final de todo, lo que que queda es un tebeo entretenido que ha servido de germen para una película aun más entretenida y elaborada. ¿Pero no sería acaso eso lo que los tres autores pretendían con este trabajo?