viernes, 12 de mayo de 2017

Garrafón.


Una mañana cualquiera en Madrid. En un bar cualquiera, los parroquianos habituales y algunos que no lo son apuran sus consumiciones. Sin embargo, cuando uno de ellos sea abatido de un balazo al salir del bar, todo dará un vuelco.


Varias veces he reiterado mi amor por el cineasta bilbaino, y su importancia capital, por lo menos en lo que a mi generación respecta, en hacer que, con la magistral "El día de la bestia", viéramos el cine español como una cinematografía capaz de ir más alla de la comedia más o menos gruesa y los dramas histórico-panfletarios según la corriente política de turno. En mi caso, me hizo además descubrir mucho cine español que él reivindicaba en cuanto tenía ocasión, que me ha servido para descubrir auténticas maravillas y mostrarme que había mucho más de lo que parecía.

A lo largo de los años su cine habrá podido ser acusado de cualquier cosa (irregular, excesivo, incapaz de dar finales redondos...) pero siempre ha mostrado brío. Por eso me ha resultado particularmente decepcionante este "El Bar". Todo lo que perfila su cine está: un punto de partida explosivo, la obsesión por ambientar las historias en espacios cerrados, personajes que sacan lo peor (algunas, pocas, veces lo mejor) en situaciones extremas, el humor negro a medio camino entre el costumbrismo y la caricatura... Pero no está lo más importante: la pasión. Pese a que algunos de sus guiones tuvieran sus más y sus menos, la convicción con la que el realizador bilbaíno  rueda, logra que sus películas, aunque imperfectas, sean casi siempre interesantes. Aquí no. En sus mejores momentos, la película ofrece corrección (aunque podría ser sido filmada por cualquier artesano competente de esta o cualquier cinematografía) y en los peores, bordea peligrosamente lo tedioso, como ocurre en el alargadísimo tramo final, lleno a demás de agujeros de guión, que se hacen en este trabajo más evidentes que nunca.

No se saca provecho al punto de partida, una suerte de traslación de "La Niebla" (el libro de King y la película de Darabont) a la sociedad ibérica, algo a priori óptimo para que de la Iglesia pudiera desplegar todo su arsenal. Pues es una oportunidad perdida, porque el componente fantástico/paranoico de la trama queda del todo olvidado a partir de la mitad de la película (y esto daba para mucho a poco que se lo hubieran trabajado...), ni tampoco la caricatura de nuestra sociedad resulta tan brutalmente certera como las que realizó en "La comunidad", "Crimen Ferpecto" o "Muertos de risa".

Si acaso alguien salva (parcialmente) la función son los actores. Porque aunque lo primero que viene a la mente a la hora de pensar en  Alex de la Iglesia sea su humor descarnado y salvaje, su ausencia de complejos a la hora de encarar cualquier género y  su gran manejo de las secuencias de suspense y de acción, la gente parece olvidar lo bueno que es eligiendo y dirigiendo actores. El fue uno de los pioneros a la hora configurar repartos que hacían coincidir a figuras emergentes con actores consagrados/semirretirados, algo que con los años se convirtió casi en una constante en cualquier película española. Pero es que además es capaz de exprimir a sus interpretes para hasta lograr de ellos sus mejores trabajos: vease como logró las mejores interpretaciones de la carrera de gente como Sancho Gracia, Hugo Silva, Mario Casas, Carlos Areces, Raphael o Blanca Suarez.

Este año Alex de la  Iglesia estrena película de nuevo, un remake de una película italiana auspiciado por Mediaset. Crucemos los dedos para que este "El Bar" haya sido un tropezón aislado.

6 comentarios:

  1. Siempre es alguien a quien se le da una oportunidad porque es un autor de verdad... Me hace recordar al caso de Shyamalan...

    Escuché alguna critica buena tambien de ésta, cuando la vea te digo...

    Saludos 🙋

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    1. Ojala la travesía por el desierto de de la Iglesia no sea tan penosa como al de Shyamalan, aunque si luego vuelve con gozadas como "La visita" o "Múltiple", bienvenido sea.
      Saludos

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  2. Totalmente de acuerdo, cuando la acción pasa al subterraneo del bar decae por alargar las escenas al máximo. Lástima, porque cuando untan de aceite al vagabundo para que pueda pasar por el agujero es una escena impactante. Lo mejor, la primera mitad.
    Saludos.
    Borgo.

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    1. Yo también creo que es una sensación generalizada el que la segunda mitad desmerece mucho.
      A ver si lo proximo de él que cae este año tiene más fuste.
      Saludos

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  3. Respuestas
    1. Tiene pintaza, pero no fructifica.
      Una lástima.

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