viernes, 25 de abril de 2014

Recuperando clásicos (XII): "Malditos bastardos"


Hace unos días recuperé esta película. En su día me gustó mucho, pero me dejó un pelín decepcionado, por un motivo que luego explicaré. En este nuevo visionado, he disfrutado aun más y no ha habido lugar para la insatisfacción.

Durante la Segunda Guerra Mundial, en la Francia ocupada, a Soshana, la única superviviente de una familia de judíos franceses se le presenta la oportunidad de vengarse de los judíos y en particular de Hans Landa, el brillante y cruel oficial de las SS conocido como " El Cazajudios" que acabó con los suyos. Por otra parte, el ejercito norteamericano infiltra en las lineas enemigas un escuadrón conocido como "Los Bastardos". Este comando, capitaneado por el oficial indio-judío Aldo Raine tiene un único objetivo: matar nazis.




Sé que lo he dicho más veces, pero ahí va de nuevo: Tarantino da lo mejor de sí cuanto más se acerca los géneros, tanto a nivel de escritura como de realización. Sus películas más flojas me parecen "Pulp Fiction" y "Jackie Brown". No son malas películas, pero a estas dos cintas yo les encuentro un exceso de afán por decir "aquí estoy yo". Con chispazos brillantes. Pero ombliguismo a fin de cuentas. Afortunadamente, con "Kill Bill 1&2" dejó de lado eso y todo mejoró. Alcanzando su cumbre (por ahora, que espero que siga por esta senda) con "Malditos Bastardos" y "Django desencadenado".


Voy a empezar con lo que me chocó en su día y que hizo de su primera visión una experiencia muy divertida pero algo frustrante. Es la estructura teatral que tiene la trama, una losa que lastra muchas de las películas de este hombre. No me cuesta mucho imaginar una representación teatral de esta obra en cinco actos. Por momentos, parece que el director va directamente a las partes que le divierten o en las que se sabe fuerte, dejando de lado la progresión de la trama. Hay que reconocer que no se trata de algo que el director haya ocultado en sus obras, que casí siempre están dividas en bloques, o capítulos con título y todo. Es una decisión personal y respetable (Tarantino firma la película) y hasta cierto punto lógica, viniendo de un creador que ha hecho del mash-up cinematográfico la razón de ser de su carrera, pero que a mí me saca a veces de sus películas: el ritmo se resiente, y la trama queda menos fluida. Este problema se nota sobre todo en "Kill Bill", que en su separación por capítulos, que a la vez delimitan los distintos géneros que quería rememorar, la quita cohesión a la historia. Aquí afortunadamente, el número de capítulos es menor que en "Kill Bill", (porque el numero de géneros que revisita es menor), y esa sensación disminuye. Esta tendencia a hacer cambios radicales de tono sería aun menor en "Django desencadenado" que le quedó más homogénea. En el buen sentido.
Y siguiendo con el tema de los géneros, aquí está el otro punto que me hizo en su día no disfrutar todo lo que debía de esta película. Y es que tras oír a Tarantino diciendo a diestro y siniestro a cualquier micrófono que le acercaran, que sus referentes habían sido "Aquel maldito tren blindado" (de la que retomo el título que tuvo esta cinta en su estreno norteamericano...), "Doce del patíbulo", "Los cañones de Navarone" o "El desafío de las aguilas", uno esperaba encontrarse una película de comandos en la Segunda Guerra Mundial pasada por el personal prisma de este hombre. Y de eso en esta película hay poco. O por lo menos, menos de lo que yo esperaba. Porque que nadie se lleve a engaño: no estamos ante una cinta bélica. La ambientación en la Segunda Guerra Mundial es un marco para ambientar y llevar al espectador a un sitio icónico en el que Tarantino puede jugar con él. La cita que abre la película ya es una declaración de principios, con  ese "Erase una vez en la Francia ocupada...". Y el poco interés por el rigor histórico que demuestra a lo largo de la cinta, lo confirma. Poco le interesa la historia. Lo que quiere es contarnos una película de suspense. Y muy buena además.

La primera secuencia deja claro por donde van a ir los tiros. Una de esas escenas que le dejan a uno ya clavado en el asiento. Tarantino demuestra un manejo del suspense envidiable a la par que presenta el personaje más celebre de esta película, Hans Landa y lanzó al estrallato a Christoph Waltz. Luego volveremos a él. En este secuencia, el realizador evoca con la misma soltura a Hitchcock, Ford (del que Tarantino incomprensiblemente reniega, pero que quizás le haya influido más de lo que piensa, como demuestra ese plano de la puesta abierta al campo...) y los omnipresentes en la obra de este director, DePalma (el movimiento de cámara que
atraviesa los muros es inconfundible) y Leone (esa dilatación del tiempo es inconfundible). Después de esto tendremos otras secuencias en este estilo, no tan bien resueltas pero casí: la reyerta en el bar (que por un pelo no queda anulada por un exceso de duración); el primer encuentro entre Soshana y Hans Landa; y la secuencia final en la que confluyen todas las subtramas que se  han ido mostrando y Tarantino hace su homenaje definitivo al cine. Y no sería justo reconocerle ignorar otros buenos momentos, que funcionan a pesar de no ser set pieces: la secuencia en la que se presenta a "El Oso Judio" (sorprendentemente bien interpretado por Eli Roth) a ritmo de Ennio Morricone; o la divertida  y cinéfila (de manera implícita y explícita) secuencia en los cuarteles británicos, en la que encontramos a un Mike Myers irreconocible, y al mítico protagonista de "Los pájaros", Rod Taylor, dando vida al mismísimo Winston Churchill.

Ya he dejado caer antes la importancia que tiene la interpretación que Christoph Waltz hace de Hans Landa para que la película funcione. El entonces semidesconocido actor compone un personaje fascinante, a medio camino entre el típico subordinado eficiente, arribista y lameculos y un psicópata de los de toda la vida. Me parece encomiable lo que consigue, ya que en manos de cualquier otro hubiera caído en el ridículo más espantoso y dado al traste con la película, y aquí logra ser a la par divertido y terrorífico. Imprescindible eso sí, ver la película en V.O. para disfrutar del trabajo de este hombre en todo su esplendor. El resto de los actores, aunque no realizan una labor tan llamativa, tampoco están nada mal. Melanie Laurent borda el papel de víctima ansiosa de venganza, pero quizás el que más me ha gustado el Fassbender, que aquí empezaba a despuntar en el panorama internacional y compone como solo el sabe hacer a un oficial ingles, crítico de cine en su vida de civil, que por momentos parece hermano del militar del David Niven de "Los cañones de Navarone".

No puedo acabar esta entrada sin alabar la labor de iluminación de Robert Richardson, el mejor cámara de la actualidad, ni la selección musical de Tarantino, tan ecléctica como siempre yendo de Morriconne a Bowie con Giorgio Moroder sin despeinarse.



Se me ha hinchado la cabeza de ver películas de Tarantino...
Una gran película, de la que aun no he encontrado a nadie que hable mal. Yo solo puedo esperar que un día de estos haga esa película de comandos que tenía que haber sido esta. O que por lo menos siga trabajando los géneros. Esto último parece que si se va a cumplir, ya que ese  western titulado "The Hateful Eight", que ya en su título referencia al nombre original de "Doce del patíbulo", "The dirty dozen" (crucemos los dedos) y del que hace unos días hizo una lectura de guión en un teatro (que curioso...) sigue adelante después de toda la polémica de filtración de guión, renuncia al proyecto y demás. Ojala se cumpla.


jueves, 17 de abril de 2014

El diluvio universal


Todo llega en esta vida y por fín, casi un año y medio después de incluirla en mi lista de lo más esperado para 2013 (vale que igual me pasé de rapidillo), se estreno, la (a priori, que una vez vista no lo es tanto) polémica interpretación que Darren Aronofsky hace del episodio del diluvio universal: "Noé".

Diez generaciones después de que Caín acabará con Abel, casi toda la tierra está dominada por los descendientes del primero, que se han dedicado a explotar la Tierra hasta la extenuación, sin preocuparse de las consecuencias de sus actos. Sin embargo, Noé, un descendiente del otro hermano de Caín y Abel, Set, que intenta vivir en comunión con la naturaleza respetando todas las criaturas, comienza a tener visiones en las que Dios le avisa de que se va a producir un cataclismo que acabará con todos los humanos, y le elige para preservar todas las especies.


Aunque parece que Aronofsky tuvo que pelear mucho para conseguir presentar finalmente su montaje de la película, resulta un poco sorprendente ya que la cinta logra en gran medida el difícil triple objetivo de: 1) ser respetuosa con la Biblia; 2) ocupar un lugar coherente en la obra de su realizador; 3) y ser un digno espectáculo.

El primer punto es logrado por una narración bastante canónica de la historia, sobre todo en el primer tramo de la película. Es indudable que la historia de Noé y su arca es muy potente (no hay que olvidar que forma parte del libro que ha generado el fenómeno fan más grande de la historia conocida...) y el director sabe exprimir esos aspectos estupendamente. En lugar de obviar los elementos más fantásticos de la historia, los potencia, logrando que la película trascienda la adaptación realista y abrace los momentos icónicos, que hacen más fácil dejarse empatizar con los personajes y dejarse llevar por lo narrado. SPOILER Eso sí, aunque no ahorra esos detalles crueles y escabrosos que tanto abundan en el Antiguo Testamento, me ha parecido uno concesión a la correción política muy forzada el destino de Cam, el hijo mediano de Noé. Si en la historia real, era condenado a la esclavitud por ver a su padre desnudo y borracho, siendo esta cita la justificación utilizada por los injustificables esclavistas que se dedicaron a capturar y
explotar africanos, aquí el personaje abandona a su padre por decisión propia por un cúmulo de desencuentros con él. Aunque en la historia de la película no resulta forzado, si que es una actitud poco valiente e inesperada después de lo que nos ha ido mostrando, sobre todo lo que acontece dentro del barco. Así que tirón de orejas para Aronofsky por esto...SPOILER

En lo referente a la ubicación de la película en el contexto de la obra de Darren Aronofsky, es fácil entender porque esta historia le atrapó siendo niño y le ha continuado fascinando durante los años. El director ha optado por presentar a Noé como el primer ecologista, preocupado por racionar los recurso que brinda la Naturaleza y dejar una huella mínima de su paso por el mundo. Pero además de  eso, enfoca la historia de tal manera que convierte al protagonista en otro más de sus personajes obsesivos, al borde de (si no plenamente inmersos en) la psicosis. Toda la parte que trascurre en el Arca durante el diluvio le emparenta con los protagonistas de "Pi. Fe en el caos" o "El cisne negro", y no escatima en mostrarnos el lado oscuro, con esas visiones mesiánicas que asolan al personaje: es capaz de dejar morir a miles de personas porque Dios se lo ha pedido haciendo oidos sordos a sus alaridos, y casí (que estamos en una película de 130 millones de dolares y no hay que pasarse con las cosas escabrosas...) no les salva ni formar parte de su familia. Y por otra parte, su actitud respecto a su familia y el intento de mantenerla unida a pesar de la necesidad de cumplir la misión para la que se siente elegido, trae a la mente pasajes de la durísima "Requiem por un sueño" o del
calvario que vivía el protagonista de "El luchador" para intentar reconciliarse con su familia. Y los que busquen las secuencias hipnóticas que han marcado el cine de su realizador, encontraran lo que buscan en la representación que hace de la creación o las visiones de Noé, bastante impresionantes. Algunos se quejaran de que no lleve la apuesta hasta el final, como si ha hecho en todos sus trabajos previos, pero a mí, quitando el apunte que he revelado arriba, el resto me ha resultado bastante satisfactorio.

Y por último la película como cine de espectáculo. En primer lugar aclarar que mantiene buen ritmo y resulta muy entretenida a pesar de sus casi dos horas y media. Algunos se han quejado de la incursión de Los Vigilantes, unos angeles caidos convertidos en monstruos de piedra y que vienen a ser unos Transformers del Antiguo Testamento. A mí me han gustado. No sé si será por mi debilidad por los monstruos grandes, pero funcionan y potencian el tono fantástico de la película, lo que le favorece y hace que llegue más fácil a la genet. Las secuencias de la llegada de los animales están rodadas con bastante sentido de la maravilla y el inicio del diluvio está bien resuelto. No me ha convencido tanto como están rodadas las batallas, que tiene un montaje demasiado entrecortado para mí gusto. La labor de los actores es más que digna. Los actores jóvenes son los más flojos, pero Ray Winstone da la altura con el villano Tubal Cain (que por momentos parece un doble de Mickey Rourke, en las época en las que no se duchaba...). Jennifer Connelly y Russell Crowe están tan bien como siempre, y se agradece el interés que pone Anthony Hopkins, que en sus últimas actuaciones solo mostraba pereza y ganas de cobrar el cheque.

En fín que es una buena película. Puede que a algunos les parezca que ha quedado demasiado complaciente, pero yo creo que tiene bastantes puntos de interés como para dejar escaparla.