viernes, 30 de septiembre de 2016

El país de los (cien)mil jetas.


En el año 1994 el director de la Guardia Civil Luis Roldán se puso en contacto con Francisco Paesa, espía y embajador para que le ayudara a huir de España y evadir el dinero que el alto cargo de Interior había ido sustrayendo a base de comisiones y robos a los fondos reservados. Todo lo que pasó desde ese momento hasta la detención de Roldán en febrero de 1995 es un misterio, sobre el que esta película arroja luz.


Continua Alberto Rodriguez desempolvando la historia reciente española por la vía del thriller.
Retomando la vertiente social primigenia del género negro, el realizador andaluz ha retratado de manera descarnada los 80 mostrando sin piedad la gestación del endiosado 1992 (la interesante pero irregular "Grupo 7"),  y ha desposeido a la Transición del tono conciliador que los historiadores han querido imponerle en la magistral "La Isla Mínima". Ahora le toca el turno a los 90, que inmortaliza reflejando uno de los episodios más chuscos y delirantes de la democracia, cuyo protagonista, Francisco Paesa, curiosamente ha quedado confirmado con el tiempo como un auténtico pionero en el uso de influencias, cuentas en paraisos y blanqueo de dinero. Y también la perspectiva de los años han dado Roldan el título de visionario... al adelantarse más de 15 años a la moda de la realización de selfies en pleno desfase fiestero. Con mujeres desnudas, alcohol y hasta farlopa como atrezzo.

Al contrario que en sus dos películas previas, que iban más a lo íntimo, a la gentes a pie de calle, aquí Alberto Rodriguez eleva sus miras para retratar a los más altos en el escalafón social. Igualmente, el referente cinematográfico también cambia, aunque en toda su obra la vista se fije en el thriller norteamericano de los 70: si en "Grupo 7" y "La isla mínima" la referencia eran los ásperos y solitarios policiacos de Don Siegel y William Friedkin,  "El hombre de las mil caras" fija su mirada en las intrigas de conspiraciones políticas de Pakula o Pollack. Pasado eso sí por el prisma ibérico de la picaresca, la mala uva y el egoísmo. Porque como bien dice un personaje de la película en determinado momento, eso es algo inherente a nuestro ADN. El "Lazarillo de Tormes" no se escribió en Dinamarca, sino en la Piel de toro...

Confirmado ya como un consumado narrador, Rodriguez opta por la sencilla pero eficaz treta narrativa de contar la historia desde el prisma de un personajes secundario de la trama, en este caso Jesús Camoes, muy bien incorparado por José Coronado. Esto le permite a los guionistas impedir que el espectador se pierda a lo largo de la alambicada trama mediante los apuntes que este personaje va introduciendo con voz en off. Pero no solo se sirven de este personaje como un asidero para el espectador, sino que al tratarse de alguien que iba siempre unos pasos por detrás en el intricado plan de Paesa, los autores se sirven de él para darle un vuelco con sorpresa en el último tercio de la cinta, sin caer en temibles sorpresas abracadabrantes que hagan tambalearse todo lo (excelentemente) construido hasta ese momento.

A nivel de puesta en escena, Rodriguez filma con un desparpajo y ligereza, herencia de los Fincher y Scorsese más desinhibidos, que hacen que, a pesar de la ingente cantidad de información que suministra, el espectador no se pierda y, además la película pase como un suspiro. Porque curiosamente, la cinta también introduce bastante humor. Retorcido y sutil como el propio Paesa, pero humor. Principalmente a través de la figura de Juan Alberto Belloch, pero mi añorado Vázquez Montalban en la curiosa "Roldan. Ni vivo ni muerto"...). Tengo que reconocer que esto fue lo que más me chirrió de la película cuando la estaba viendo, sobre todo en su primera mitad, ya que este personaje siempre me ha parecido alguien despreciable, un auténtico sinvergüenza, que dejo a la Guardia Civil con sus robos sin fondos para las pensiones de los huérfanos y viudas de los caídos en acto de servicio, o ni siquiera dinero echar gasolina en los coches para que pudieran patrullar. Los autores han optado por reflejar de primeras a Roldan tal y como este sujeto se veía a si mismo. Sin embargo, conforme va avanzando la trama van desperdigando detalles maliciosos que unidos con su situación final dejan claro su naturaleza avariciosa, mentirosa y prepotente. Aunque sería injusto reducir a esto el buen trabajo del realizador, ya que también logra introducir suspense y ambiguedad cuando la historia lo necesita.
sobre todo, Luis Roldán. Porque a es delincuente, opta por presentarlo como alguien sobrio, y serio, que no sonrie nunca, y aparentemente muy seguro de lo que hace y sin nada de que avergonzarse, y casi digno de pena (en las antípodas del retrato que dió

Los actores están todos estupendos, con especial mención al siempre genial Eduard Fernandez, justo y necesario ganador de la Concha de Plata de San Sebastian al mejor actor. Incluso interpretes que no me suelen convencer, como Marte Etura o Carlos Santos, cumplen más que dignamente con su papel.

La factura de la película es intachable con una música minimalísta de Julio de la Rosa (que recuerda a los trabajos de Reznor y Atticus, para, de nuevo, Fincher), y una fotografía de Alex Catalan, que si bien no tiene un papel tan importante como en "La isla mínima", refleja muy bien con su uso de masas oscuras la turbiedad de las relaciones entre los personajes.


En definitiva, una estupenda película, que es desde ya el modelo a seguir para lo que debería ser el thriller político patrio, un género totalmente inexplorado. Y eso que cada vez que uno se asoma a un periódico, observa que hay materia prima de sobra...


jueves, 15 de septiembre de 2016

Escuadron Perdido



Ante el incensante aumento de amenazas sobrehumanas, la senadora Amanda Weller decide poner en marcha un equipo especial de asalto formada por supervillanos que rozan la psicopatía en el mejor de los casos, y a los que tendrá controlados bajo amenaza de muerte.

Desgraciadamente para todos los amantes del cine y de los tebeos superheroicos, el Universo DC cinematográfico continua buscando su voz. Tras una interesante "BvS: Amanecer de la Justicia", que tenía muchas imperfecciones, pero que por lo menos tenía una voz propia, con este "Escuadron Suicida" Warner vuelve a retroceder en su pretendida construcción de un universo superheróico diferenciado. Desde el minuto cero queda claro que lo que se pretendía lograr con esta película era crear "Guardianes de la Galaxia" de DC, tirando de antihéroes a la manera de la magistral "Doce del patíbulo", y buscando un punto canalla y fresco. Pero de tanto querer ser cool y cañero, cae en el cliché: lo que se pretende irreverente y audaz, acaba resultando impostado. La mejor demostración de ellos, es el uso de la música y sobre todo, de las canciones (otro tic heredado de "Guardianes de la Galaxia", de la que llegan a fusilar un corte de manera explicita..). Aunque la selección esta muy bien hecha, en un momento dado se llega a perder la cuenta de cuantas canciones se han usado no ya en la película, sino ¡¡¡en una misma escena!!! y lo que se intentaba que fuera un elemento de ritmo, deviene en un lastre que hace sombra a lo que se ve en pantalla.

Pero lo que más me ha dolido es lo diluida que ha quedado la huella de un realizador tan personal como David Ayer.
Los interesantes y complejos personajes de casi todas sus películas ("Sin tregua", "Corazones de hierro", "Los Reyes de la Calle") brillan aquí por su ausencia. Quitando  a El Diablo, todos los personajes que no están interpretados por una estrella (o sea Will Smith, Jared Leto y Margot Robbie) son meros extras con diálogo, incapaces de generar emoción en la platea. Y con todo tampoco es para tirar cohetes: Will Smith está tan correcto como siempre, pero no ha podido resistirse a hacer de de Deadshot un mercenario con principios; y si bien es de agradecer hacer una versión del Joker que se aleja del punto punk de Nolan y lo acerca más a los excesos y derroches de la cultura gansta hiphopera con sus pistolas, sus oros y sus tatuajes, también hay que reconocer que no consigue borrar la sombra del malogrado Ledger. Bastante mejor parada sale la Harley Quinn de Margot Robbie, que deviene en icónica, pero más por la estupenda labor  de la actriz, a medio camino entre la provocación sexual, la ingenuidad y la demencia, que por el desarrollo de su personaje, que está lleno de bandazos inexplicables: vale que esté loca, pero ni esto vale para justificar los bandazos en su comportamiento.
También me resultó un poco decepcionante el manejo de las secuencias de acción, que es aceptablemente efectivo, pero carece de la contundencia esperada del firmante de "Corazones de hierro".  Es llamativa, por ejemplo, la tibieza de ideas como ese ejercito de humanos reconvertidos para la ocasión en una suerte de cuerpos de barro, carentes de sangre y facciones humanas. Vale que esto apesta a distancia que es una imposición del estudio para evitar la temida calificación "R" que impida que los adolescentes vayan a verla, pero lo que queda como resultado es una aséptica matanza digna de un videojuego del montón.

¿Desaparece del todo la personalidad de Ayer? Pues afortunadamente no, pero casi.
El tono cínico y pesimista que tenían sus trabajos se deja ver aquí en muy pequeñas ráfagas, siendo
una de las más interesantes el personaje de Amanda Waller, al que da vida una terrorífica Viola Davis, que compone una burócrata que resulta mucho más terrorífica que cualquiera de los miembros del "Escuadron Suicida" por su ausencia total de escrúpulos para lograr lo que quiere.
El aliento trágico que impregnaba sus obras previas solo asoma en todo su esplendor en todo lo relativo a El Diablo: tanto su drama personal, narrado a través de las llamas que es capaz de generar en la que para mí es la mejor secuencia de la película, como su papel en el climax, son lo más emocionante e intenso de esta cinta. Y puestos a a salvar cosas, tampoco desmerece el personaje de la Hechicera, con un origen con la chicha suficiente para que el personaje suscite interés, que además se apoya en una visualización de sus transformaciones resuelta con ingenio sin recaer unicamente en los FX.

Y eso es todo. Una película distraida que termina sabiendo a muy poco viniendo de quien y habiendo visto trailers tan alucinantes como el que os dejo a continuación, que fue con el que los espectadores comenzamos a salivar de mala manera. Craso error.